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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 130 - Número 1 - Octubre 2008 (en Castellano)

 
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Annie Besant, un tributo

 

SAROJINI NAIDU

 

De una transmisión radial de la Sra. Sarojini Naidu, Gobernadora Deuttar Pradesh, 1947.  Reimpreso de The Theosophist, octubre 1987.

 

   Todo el mundo, todo lo que queda del mundo civilizado, está unido en la celebración del aniversario del nacimiento de alguien que nació lejos, muy lejos de India, una pequeña niña risueña, una niña como cualquier otra, que vertía las mismas lágrimas, reía de igual modo, que bailaba al sol.  Y quién podría haber predicho hace cien años que esta niña crecería y se convertiría en una de las figuras inmortales de la historia.  Todo el mundo sabe la historia de los primeros años de Annie Besant.  Cuando en su juventud, ella mostró algunos signos de ese espíritu activo que la convirtió en una de las más grandes rebeldes del mundo.  Pero no fue hasta que pasó por un largo aprendizaje en Inglaterra -hasta que llevó a cabo sus primeras guerras contra la injusticia, hasta que en la camaradería de grandes reformadores enseñó el evangelio de la emancipación para la humanidad­- que ella llegó a la India.

   Yo tenía quince años, era una niña soñadora. Y cuando esta mujer, en el esplendor de su madurez llegó a India, resonó en una nación asombrada como la figura de alguna diosa que recobra vida. No era bella en el sentido común, era majestuosa, y yo que he visto tantas reinas en mi vida, nunca vi una tan imponente, una cuyo prestigio tuviera un efecto tan inmediato y duradero.  Ella llegó como un peregrino buscando el sendero de la sabiduría que pensó la gente de la India podría enseñarle. Pero cuando descubrió que India había perdido su propia herencia, cuando descubrió que los hijos e hijas de esta antigua tierra ignoraban su propia cultura, su gran filosofía, su propia iluminación, ella misma se transformó en maestra.

   Y es como maestra que la conocí. Su oratoria era incomparable, los gestos de su mano cuando hablaba, ¡el brillo de sus ojos cuando giraba para dirigirse a la audiencia!  Cada fibra de su ser era un éxtasis de dedicación a la causa de la India. Su primer trabajo fue a favor de la educación, el fundamento mismo de la civilización. En la ciudad donde comenzó su primer trabajo a orillas del Ganges, está su monumento más perdurable. Su trabajo educativo todavía no puede ser valorado. Su trabajo de reforma social, y su primera batalla contra toda forma de injusticia, aún debe encontrar un historiador con la verdadera perspectiva para apreciarlo. Pero ella es muy conocida en India, como lo es para el mundo actualmente, y es claramente recordada por su gran trabajo político. Es tan extraño que haya sido una mujer europea, extranjera de nacimiento y ciertamente más india que todos nosotros, quien nos enseñara que la libertad era nuestro derecho por nacimiento, y que ningún sacrificio era demasiado grande como para lograr esta libertad. A lo ancho y a lo largo del país ella voló sobre las alas de la inspiración y reavivó los corazones dormidos de nuestra gente devolviéndolos a la vida.

   Hoy, que nuestra libertad es algo nuevo para nosotros, cuando aún no nos hemos acostumbrado a la bandera de la libertad desafiando los vientos del cielo y del amanecer, nuestros pensamientos vuelven en gratitud a esta persona magna y gloriosa, que era un líder de los más importantes que trabajaron por la libertad.  La vi volverse apacible con el pasar de los años, de ser una reina imperiosa con prestigio y autoridad, a transformarse en una anciana con hombros curvados, cabello blanco y una frágil memoria, pero más grande aún que en el apogeo de su vida, más magnificente con sus hombros curvados que en la marea alta de su femineidad.  Ella se volvió no la reina sino la profetiza, la sacerdotisa, la adivina. Murió porque lo viejo debe morir; murió porque había vivido más que el lapso normal de la vida humana. Pero su trabajo permanece. Por la libertad de este país, los hombres y las mujeres honrarán por siempre su nombre. Ella estaba entre ese pequeño pero gran grupo de visionarios, guerreros, profetas, que previeron y predijeron el día de la libertad, y fue ella la que inspiró los corazones de los indios para avanzar y luchar, sin medir el costo.

   En el centésimo aniversario de su nacimiento, regocijémonos de haber tenido el privilegio de vivir bajo la radiante influencia de su ser. Recordemos las palabras doradas que fluyeron como un río revitalizante de su dorada voz para inspirar y reavivar nuestros corazones. Recordemos esta mujer que no fue meramente un ser humano, sino la encarnación de todo el poder, de toda la pasión, de todo éxtasis y toda la gloria de su femineidad, cuya misión es servicio. Su familia incluyó todo el censo de la humanidad.  No tuvo limitaciones de color, credo o casta, y al envejecer cada vez más, su poder cambió y se volvió apacible, y se enriqueció por medio de un amor sin par que era la maternidad encarnada.

   A la memoria de esta mujer rindo mi tributo, mi homenaje, no sólo como india y compañera de trabajo, sino como alguien que desde temprana edad se sintió inspirada a trabajar por la gloria de su país y que aprendió sus primeras lecciones de patriotismo de los labios de esta mujer que fue conocida como Annie Besant en vida, y como una gran madre del pueblo indio después de su muerte.

 

 

 

    

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