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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 130 - Número 1 - Octubre 2008 (en Castellano)

 
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Hacer que la bellota

se convierta en un roble

 

  1. SRI RAM

  El Sr. N. Sri Ram fue Presidente de la Sociedad Teosófica desde 1953 a 1973 y Editor de The Theosophist.  Esta es una charla no revisada por el autor y publicada por primera vez.

 

   El MAESTRO a quien uno contempla, no debería ser para ninguno de nosotros un mero nombre o sólo una imagen, sino una Realidad cada vez más bella.  Según nuestra experiencia que es la realidad para nosotros, hablando de modo relativo, Él es el Ideal, el ne plus ultra de nuestra realización actual, la encarnación de lo más excelso en nuestra imaginación.  Él representa la concepción de lo que cada uno de nosotros tenemos, de lo que esperamos ser, la perfección humana o espiritual.

   La perfección es la marca del Espíritu o de la Divinidad en cada etapa, y el Espíritu es siempre trascendente en uno de sus aspectos eternamente duales, difícil de alcanzar, porque nunca puede ser totalmente contenido en ningún recipiente en el que se vierte a sí mismo.  Es indefinible, subjetivo, porque es integral e indivisible.

   La perfección que está en cada uno de nosotros es un germen o un punto, desde el punto de vista del Tiempo, pero existe en su totalidad en la Eternidad.  Nuestra concepción de nosotros mismos como realmente somos debe cambiar a medida que cambiamos.  El tiempo y la eternidad son sólo dos lados de una misma moneda, el disco de una Verdad siempre presente.  El tiempo es la distancia entre nuestro presente ‘conocimiento’ y nuestro futuro Ser; o, expresándolo más directamente, nuestro Ser y nuestra ignorancia.

   Miramos una estrella en el cielo, una estrella solitaria digamos, en la que nos podemos concentrar maravillados.  Es un sol, a diferencia de otros soles, porque representa un Logos entre innumerables Logos reconocidos, en un cosmos repleto de vida.  La estrella es apenas visible debido a los años luz que ocultan su gloria.  Si de modo similar tenemos el poder de un telescopio para mirar dentro nuestro, veremos la estrella en el cielo más alto, nuestro verdadero Yo, como el Sol de su universo, el Logos-a-ser, el origen de cualquier cosa que vaya a fluir en el universo de su tiempo y espacio.  Se nos dice que existe un plano donde el Pasado, el Presente y el Futuro están juntos, donde el Fin y el Principio se unen milagrosamente.

   Es el velo del Tiempo, oscuro cuando miramos hacia atrás, dorado hacia delante, que oculta la Perfección que existe eternamente.  Si podemos abolir el Tiempo aunque sea por un momento, nos movemos dentro del velo, y quién lo iba a decir, estamos en la Eternidad!

   La semilla de nuestra perfección la llamamos la Mónada, la chispa que pende de la Llama divina por el hilo más fino. Es el principio precursor de nuestra naturaleza, la Estrella solitaria cuyo resplandeciente Rayo ilumina la cámara oscura de nuestra conciencia.

   La relación entre el Yo superior en nosotros y nuestro yo inferior en sus aspectos más finos, es como la del Maestro y el Discípulo dispuesto.  Ese Yo es el silencio del que surge cada palabra creativa de nuestro ser.  En India al modelo del verdadero Maestro espiritual se lo describe como el silencioso, el Meditativo, eternamente joven, porque está más allá del alcance transformador del Tiempo, y enseña en silencio, la profundidad de ese lecho marino en el que ninguna caída se oye, donde existe un misterio eterno, y silencio.

   El Maestro une el Ser del Discípulo con el Suyo, y la energía que fluye, es una energía pura que el discípulo usa para transformarse.  Ese cambio, que es una serie de cambios, es parte del trabajo ante nosotros, y en su intensidad es Yoga o unión, que desde el punto de vista de la técnica por medio de la cual se produce, es armonización.  Generalmente queremos que los demás cambien para que se adapten a nosotros, que cambien las condiciones externas para adaptarse a nuestra conveniencia o para que aumente nuestro placer.  Tenemos que aprender a cambiar nosotros, no para adaptarnos al mundo como es, sino por modelos capaces de armonizar finalmente al mundo y a nosotros.

   Este trabajo, en sus diferentes etapas, incluye la armonización o alineación del Ego con la Personalidad, la Mónada con el Ego, y por último del Logos, por medio de manifestaciones intermedias, con la Mónada, y existen también más procesos detallados y complementarios de armonización de cada parte de estas entidades o manifestaciones con las otras.  Finalmente tiene que ser totalmente una consciencia, una realización consciente, desde el centro espiritual interno de nosotros, a la circunstancia material más externa.

   En el proceso se forman lazos y relaciones, la reconciliación de partes discordantes, y la emergencia de cada todo integrado en uno superior.  Tenemos que comenzar este trabajo de auto-transformación, que incluye auto-purificación, incluso desde donde estamos.

   En nuestra etapa estamos relacionados con el Cuerpo, las Emociones y la Mente.  A cada una de ellas se las debe traer a un estado perfecto de orden.  Yoga es un estado de funcionamiento integral, que requiere una unión total y detallada.  Algunos sistemas comienzan con una parte del individuo, otros con otra, a esto se debe la variedad de métodos y sistemas.

   No podemos hacer mucho con el cuerpo físico porque es el vehículo especial de nuestro Karma.  Es el basamento sólido de la preparación a la que nos sometemos en el proceso de nuestros encuentros con el mundo exterior.  Pero debemos hacer lo mejor que podamos, y hacer lo mejor bajo impedimentos físicos, intentar mucho y lograr poco y estar contentos con los resultados, desarrolla una voluntad y mente superior a la que obtenemos con el éxito fácil y una vanidad auto-satisfecha.

   El centro de la consciencia del hombre espiritual no está en el cuerpo, ni en las emociones o la mente.  Está en un punto donde controla e integra a todos ellos.  El cuerpo debe volverse un recipiente de gracia  que lleva la flor blanca de la vida pura, una pieza del mecanismo que  elige, usa y descarta según las necesidades del espíritu que habita en su interior.

   Nuestro principal problema en esta etapa de evolución es con las Emociones y la Mente.  Para el mundo en general el problema ni siquiera es tanto con las emociones, como con las Pasiones y la Mente.  Hemos avanzado de la etapa en la que la mente estaba totalmente gobernada por los Deseos; sin embargo en la mayoría de nosotros el Deseo en sus formas más sutiles domina y dirige la mente.  Debemos aprender a dejarlo de lado totalmente.

   Así nos preparamos para la unión de la Mente con Buddhi, por lo menos debemos definitivamente unir nuestra mente con la naturaleza de ese principio espiritual.  Llegará el momento cuando las Emociones que reflejan ese principio Búddhico lograrán con la Mente una armonía perfecta.  En todas las grandes obras de arte y literatura existe armonía o unión.  Nuestra naturaleza debe asumir sus cualidades.  Tenemos que desarrollar en nuestro funcionamiento mental y emocional las cualidades de la imaginación en la selección de temas, colores, perspectiva, sintaxis, lucidez y orden.  La mente y las emociones deberían estar perfectamente armonizadas donde la mente percibe un nacimiento.  Las Emociones deben reaccionar con belleza, y donde las Emociones conducen por un movimiento espontáneo, con un gusto instintivo, la Mente debe ser capaz de seguir y aprobar. El flujo de las emociones y las formas que creamos por medio de la mente, deben hacer una síntesis perfecta.

   En el Bhagavadgitâ  Sri Krshna, que es el Logos con vestimenta de hombre, pide a sus devotos: ‘Rindan la mente y Buddhi a Mí.’ Cuando lo más chico emerge en lo más elevado nunca pierde nada de valor.  Cuando se rinde todo a lo Supremo, todo está todavía en movimiento pero de acuerdo al modelo del Señor, como una expresión de Su Ser.  El individuo cesa de tener una voluntad propia, o mejor dicho ha disuelto la falsa voluntad de egoísmo y ausencia de unidad, y actúa con la verdadera voluntad, la Voluntad individual en todas las cosas. Cuando prevalece esa unidad, todo está en orden, tanto afuera como en el interior.  Nuestra mente debe volverse un instrumento de creación y no usurpar la función de la Voluntad que determina.

   Uno puede comprender su parte en relación a Buddhi, contemplando el nacimiento de una creación musical.  El músico intuye una melodía como en un sueño, llega como de ninguna parte.  Nada totalmente nuevo, como una idea, puede llegar a nosotros por un proceso mental basado en lo conocido.  Por ejemplo, no pueden imaginarse una fragancia que nunca conocieron.  Pueden sintetizar, pero sólo es una reconstrucción de lo viejo.  El músico en su vuelo a lo desconocido atrapa el alma de su melodía como una esencia intangible, como una gota de fragancia, por así decirlo, pero la fragancia se difunde e impregna su ser musical.  Ahora es capaz de construirle un cuerpo y una forma.

   La función de la mente es crear, construir, corporizar, expresar, formular, hacer que la bellota se vuelva un roble.  Así la Mente Divina inspirada con el poder de la Palabra Divina creó el molde universal para la expresión del Espíritu universal.  El alma de cada creación no está en la mente, procede de más allá de la mente.  Las semillas que crecen y se vuelven un roble, y cada planta bella y magnificente, y cada árbol en un jardín de belleza perfecta, son semillas que caen del cielo y no son la cosecha o Karma.

   Debemos prepararnos para vivir nuestra vida de una forma nueva, no quedarnos para siempre en lo viejo;  vivir de lo superior, no de lo inferior.  Se dice que el Yogui, establece primero su hogar en la tierra, luego en el agua, posteriormente en el aire, y por último en el éter, hablando de modo figurado. Finalmente vive, estando su conciencia centrada en el mundo de las ideas divinas, donde están los arquetipos de todo lo que ve en los mundos inferiores: cosas, relaciones, percepciones, conceptos.

   ¿Cómo nos conectaremos con ese nivel?  No sólo contemplando la Verdad, lo Bueno y lo Bello, sino también creándolos con cada acto pequeño, no sólo imaginándolos como principios abstractos inmediatos sino dándole a esos ideales fundamentales una expresión individualista y específica en cada pequeño pensamiento y acto.

   Esta es una tarea constante, vivir con un trasfondo universal, con una compasión tan amplia como el corazón pueda expresar, y sin embargo fijando la atención al llamado del momento, estar observando los cielos y crear desde ese trasfondo universal algo de significación duradera.  ¿Qué es la creación?  Convertir el lugar en el que te encuentras transitando, en un bello lugar, un lugar de fragancia, y no un lugar espiritualmente deprimente y desordenado. Plantar allí, si no es posible un oasis, por lo menos un jardín, si no se puede un jardín, sólo una rosa, un jazmín, una violeta, no necesariamente ostentándolo a la vista pública; incluso aunque esté oculto en la tímida muerte, en la imperceptible sombra de vuestra aspiración privada, aún así es creación.

   Cuando puedan hacer un universo expandido con vuestro corazón, y mantenerlo siempre abierto, fresco, y sensible a la luz y a toda radiación cósmica secreta, y al mismo tiempo construido en un punto de acción donde puedan actuar con toda la fuerza de vuestro ser; unan la circunferencia con el centro, vivan no sólo con una pequeña parte de vosotros sino con toda la extensión de vuestro ser, positivo para la acción, específico en cada hecho, pero negativo para recibir las impresiones más sutiles de personas y cosas; con un corazón que está vacío de deseos, pero siempre desplegado como un tapiz de oraciones, sobre el que pueden recibir a cualquiera, a cualquier cosa,  este es el objeto de vuestra adoración y búsqueda.


 

 

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