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Vol. 129 - Número 10 - Julio 2008 (en Castellano) |
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Parsifal de Wagner (Parte II)
ALAN SENIOR
(El Sr. Alan Senior a menudo da conferencias sobre Arte, Música y Teosofía y es el Editor de Círculos, la revista de la Sociedad Teosófica en Escocia. Este artículo aparecerá en tres partes.)
Acto I Algo salió muy mal. El mundo dejó de tener significado y el rey del Grial, aceptando el orden establecido, carecía de poder y la tierra se convirtió en un páramo. Pero un joven héroe estaba destinado a encontrar el Grial, que vislumbraría y luego desecharía debido a su fracaso en comprender su naturaleza y propósito. La acción ocurre en Monsalvat (el Monte de la Salvación), en algún lugar de la España Gótica donde el castillo, construido por los caballeros, contiene el Templo del Grial. Sin embargo, como ya dijimos, para Wagner los lugares reales carecen de importancia en el argumento y deliberadamente mezcla el tiempo y el espacio. Después del Preludio, el Primer Acto se inicia con trombones que tocan diana, un llamado a despertar para convocar a los caballeros a emprender esfuerzos espirituales. En el bosque el caballero principal Gurnemanz levanta unos pocos caballeros que permanecieron como defensores del Grial y a quienes a menudo se los envía al mundo para corregir el mal, defender la justicia y proteger al débil. Gurnemanz representa el Manas Superior, o el Principio de la Mente. Se indica que en él existe un desarrollo mental total, pero se necesitará un estado de consciencia aún más elevado para redimir la Hermandad. Amfortas el caballero del Grial (que proviene del latín infirmitas, 'padecimiento') llega en una nube para su baño matinal en el lago. Él es el hijo de Titurel, el anciano fundador de la Orden de los Caballeros del Grial y el constructor del Castillo como un santuario para albergar las sagradas reliquias. A menudo se considera a Amfortas como el Rey Pescador que, en el relato del Rey Arturo, rige el páramo. Debe curarse antes que la tierra pueda ser fértil nuevamente. En algunas tradiciones el pez tiene un significado especial y lo usaron los primeros cristianos como palabra de pase y símbolo de Cristo. El Rey Pescador también está relacionado con el salmón del folclore celta, el rey del pez y el símbolo del conocimiento. Existe también un juego de palabras en los términos franceses, donde 'pescador' y 'pecador' son casi iguales (pêcheur/pécheur). Hay muchas referencias al pez en los Evangelios, y en la antigua literatura Hindú el primer Avatâra de Vishnu era un pez. HPB lo llama una herencia de los caldeos –el Dragón de Babilonia-, el hombre pez que era el instructor e intérprete de la gente. Entonces el pez era un símbolo sagrado en muchos grupos de los misterios, que traían a la gente de regreso de la muerte a la vida, a un nivel más elevado del ser, la misión de Jesús era hacer que los discípulos fueran “pescadores de hombres”(Mat. IV:19, Marcos I:17, Lucas V:10, donde se lo interpreta como quienes trabajan para obtener prosélitos). Volviendo al relato, Amfortas (que no es una figura trágica en Wolfram, pero a quien llaman pescador en el Libro Cinco) tiene una herida que no curará y ni el baño, ni hierba medicinal alguna puede aliviar su dolor por mucho tiempo. Sólo se puede curar colocando la sagrada Lanza en las manos de la persona correcta; en el Sendero de Retorno sólo el Uno, no los muchos, puede ayudar, porque Amfortas representa el Manas inferior. Ahora, la silvestre y femenina figura de Kundry ingresa rápidamente con un pequeño frasco de cristal, otro remedio para Amfortas, el que recorrió una larga distancia desde tierras lejanas. Wagner tomó esta idea del suceso bíblico del uso de un costoso ungüento de María Magdalena, obtenido de una tierra lejana, llevado en un recipiente de alabastro para ungir a Jesús. En el “Mabinogion” Kundry es Herodías, esposa de Herodes, condenada a deambular para siempre porque se rió al ver la cabeza de Juan el Bautista, y hay una referencia a esto en el Acto II. Pero Wagner, mientras retuvo el nombre de Herodías, la condena por reírse en la cara de Jesús cuando llevaba la cruz, una maldición que la sentenció a constantes renacimientos, como una seductora encadenada a acciones previas de vida en vida. Ahora ella busca perdón sirviendo a los caballeros del Grial como mensajera. Wagner adaptó a Kundry de la repugnante damisela Condrie y de otra llamada “Condrie la Belle”, hermana de Gawain en Parzival, y esto probablemente le dio a Wagner la idea de darle un carácter dual. El nombre “Kundry” también se relaciona con la Kunde alemana (que significa noticias o información), apropiado a su rol de mensajera. Hay aquí otra relación con María Magdalena, a quien se la llamó “apóstol de los apóstoles” y la palabra apostle en griego también significa 'mensajero', exactamente su rol en la Resurrección. Pero, sabiendo que Wagner estudió religiones orientales, el nombre también se puede relacionar con 'kundalini', definido como “el poder serpentino” o “aquella que se enrosca”, y Kundry ciertamente llega vestida con una toga de pieles de serpiente. Este poder oculto y flamígero, cuando se pone en acción, puede matar o crear, y se lo llama 'serpentino' porque se mueve en el cuerpo como una espiral, manifestándose como dos grandes fuerzas de atracción y repulsión. De modo que Kundry representa el alma irracional del hombre, la naturaleza animal –útil en su estado legítimo de servicio al hombre superior, pero un peligro mortal cuando se le permite regir en vez de obedecer. La piel de serpiente también simboliza la doctrina del renacimiento, porque al igual que la serpiente muda su piel periódicamente, así el Ego en su evolución toma un cuerpo tras otro para ganar experiencias aquí en la tierra. En respuesta a la declaración de desconfianza de los caballeros respecto a Kundry, Gurnemanz responde:
Puede que ella esté bajo una maldición de alguna vida pasada, que no podemos ver, y trata de perder los grilletes del pecado, por cuyas acciones avanzamos. Seguramente ella se beneficia como consecuencia, ayudándose a sí misma mientras nos sirve a nosotros.
Pero Kundry periódicamente es subyugada por el malvado mago Klingsor, quien la transforma en una mujer de exquisita belleza, una seductora que le ayuda a derrotar a los caballeros, y ella puede liberarse sólo con aquél que se resista a sus tentaciones. Ella alternadamente sirve a los caballeros del Grial y a Klingsor, a veces respondiendo al llamado del yo superior, y otras cediendo a la atracción de la vida sensorial inferior. Los piadosos caballeros ignoran esta naturaleza dual y permanecen inconscientes al hecho de que es ella quien ha seducido y arruinado a Amfortas. Klingsor intenta siempre alejar a los caballeros de su búsqueda espiritual en un mundo regido por el deseo; como Wagner afirma: “obnubilando el juicio divino del hombre por medio de las impresiones de los sentidos del mundo material, y por lo tanto conduciéndolo a un mundo de decepción”. Ahora Kundry advierte que si el bálsamo que ella trajo falla, no habrá ninguna otra cosa para aliviar el sufrimiento de Amfortas, es decir, nada dentro de las limitaciones del conocimiento ordinario puede curar o transformar la consciencia interna. La Teosofía nos dice que los esfuerzos internos hacia una consciencia más elevada pueden llevar a un cambio real en los átomos físicos que responderán a energías más elevadas y a un beneficio consecuente en la materia física. Entonces Kundry, en su servicio a la hermandad simboliza la Materia, y ayuda a su propia evolución y también a la de los caballeros, manteniéndolos unidos mientras su consciencia está enfocada en cosas espirituales, “la cabeza en el cielo pero los pies en la tierra”, como se dice. La sagrada Lanza que perforó el costado del cuerpo de Cristo, siempre se asocia con el Grial, y aquí Amfortas lo pierde al caer en manos de Klingsor, escasamente mencionado en Wolfram. Esta fue clavada en el costado de Amfortas, causándole la herida que no sanará, producida por su descenso en el reino del deseo; sólo Gurnemanz lo salvó de volverse prisionero en el castillo mágico de Klingsor. Klingsor representa a kâma (deseo) que lo llevó a cometer algún acto profano por el que quiere expiar, redimir y entrar a la Fraternidad. Pero su egoísmo, ambiciones y deseos permanecen, evidenciados cuando trata de tomar el Grial, y es apartado. Entonces él recurrió a la hechicería, estableció un dominio rival y creó un castillo encantado con un jardín lujoso y placentero lleno de hermosas mujeres (mostrado en el Acto II). Este Jardín de la Ilusión fue diseñado para atrapar a los caballeros del Grial, para destruir su pura voluntad y violar sus votos de castidad, debilitando así la Hermandad. Ahora sólo unos pocos permanecen defendiendo el Grial. Amfortas partió con la sagrada Lanza, un símbolo universal del poder espiritual para eliminar el hechizo, pero fue seducido por “una mujer de gran belleza”, sólo identificada más tarde como Kundry en su aspecto más bajo, como la esclava de Klingsor, la gran engañadora. En palabras de HPB: “No es la carne la que siempre tienta, sino el Manas Inferior, el que con sus imágenes, lleva a la carne a la tentación”. Amfortas, que simboliza este Manas inferior concreto, mientras estaba bajo la influencia del glamour, estaba hechizado, y Klingsor pudo blandir la Lanza, hiriéndolo en el costado por lo que fue abandonado como una ruina. La pureza se perdió, se corrompió la voluntad, y el deseo triunfó. La herida de Amfortas es el “gran dolor de la humanidad” y no sanará, pero su determinación sagrada original le permite por lo menos prevenir la ruina total, cuando en la oración recibió la visión de un elegido, “el tonto inocente”, que llegó como el repartidor, alguien de gran compasión más que de intelecto. Él tiene conocimiento del verdadero Yo, y está libre de la existencia condicionada, que en palabras de Sri Sankarâchârya (autor de La Joya Suprema del Discernimiento) “conducirá a la unidad completamente hecha realidad del yo con Brahman”. Todo eso ocurrió en el pasado. Ahora un cisne herido llega volando desde el lago y cae muerto con una flecha en su pecho. Un joven incondicional (Parsifal) aparece como el perpetrador de este hecho, pero en esta etapa él permanece inconsciente de toda acción incorrecta. Wagner superpuso aquí su lectura budista de un episodio en la vida de Gautama cuando él ayudó a un cisne herido por su malvado primo Devadatta. Un cisne en sánscrito es el Hamsa, que significa el alma o espíritu que migra hacia el cuerpo y fuera de él. Cuando Hamsa se asocia con Kâla (Eternidad) se transforma en el “Cisne de la Eternidad”, siempre existente. También es un compuesto de Aham-Sah, 'Yo-Él' o 'Yo soy Eso', de modo que el cisne es el yo separado (la consciencia individual) en una etapa, y cuando se la trasciende se transforma en Paramahamsa. Esto indica que Parsifal hirió o trascendió el yo separado y está listo para proceder hacia la consciencia total, o Buddhi. Es interesante que el poema épico finlandés, el Kalevala, contiene la misma idea. Aquí “El Cisne de Tuonela” (descripto en el tercer movimiento de las Leyendas Lemminkâinen de Sibelius, Op.22) trasciende el tiempo y la mortalidad en su forma de Paramahamsa, y por lo tanto no puede ser herido por Kullervo en su deseo de matarlo, mientras está bajo la influencia de una tentadora parecida a Kundry, la hija de Pohjola. Pero ahora, con la guía de Gurnemanz, Parsifal ve el error de la destrucción sin sentido y el matar a una criatura inofensiva, infundiendo en él de este modo la compasión y la determinación a no matar más. Wagner adquirió el sentido budista de la sacralidad de la vida y señalaba que esa vida inofensiva (ahimsâ) es un pre-requisito esencial para la vida espiritual. Desde 1878 hasta su muerte ocurrida pocos años después, escribió artículos condenando la maldad y degeneración de la sociedad, con sus deportes sangrientos y la vivisección, defendiendo así el vegetarianismo.[1] Entonces Parsifal destruye su arco, pero cuando se lo interroga no sabe su nombre, origen o vida pasada. Esto sugiere el nivel buddhico por medio del cual el Alma espiritual en el hombre, el vehículo de Âtmâ, yace más allá de la individualidad y de las diferentes personalidades de vidas pasadas. Kundry agrega que él fue criado por su madre en un ambiente salvaje, Herzeleide (el Dolor del Corazón), aislado de los peligros de la batalla que había matado a su padre antes del nacimiento de su hijo. Estar confinado a lo salvaje, sin conocimiento de su verdadera naturaleza, “en la oscuridad” por así decirlo, sugiere un estado incompleto, y la ausencia de toda influencia paterna (“el Padre”) significa que se le impidió completar su verdadero destino, permaneciendo aniñado y cómodo, pero sin oportunidades para el crecimiento del alma. Entonces él tuvo que romper con estas restricciones y “seguir hacia adelante”, pero en esta etapa permanece tontamente sin la influencia del mundo y sin experiencia. Él recuerda cómo vio una tropa de caballeros pasando por el costado del bosque, siguiéndolos día y noche. Él tuvo un conocimiento intuitivo de su afinidad espiritual con los caballeros del Grial. Gurnemanz sospecha, por revelaciones posteriores sobre el entorno de Parsifal, que este puede ser el tonto de mente pura prometido para aliviar a Amfortas, y decide llevarlo al Castillo a compartir la celebración del amor de los caballeros y el descubrimiento del Grial. El momento de este sagrado festejo de la Hermandad se aproxima con los sonidos del Verwandlungmusik (describiendo la transformación del escenario de una pradera al vestíbulo del Grial) y escuchamos el tema del Grial a medida que la procesión entra al gran vestíbulo. Este es un interludio poderoso con trombones que intervienen por un largo espacio, aumentando suavemente. También se escuchan toques de campanas a medida que los caballeros se mueven con paso majestuoso. Se acomodan en la mesa con el coro: “en homenaje a la última celebración del amor” y los pajes traen el Grial cubierto. Los jóvenes en la galería cantan un coro de penitencia y el Motivo de Fe se escucha como si fuera cantado por ángeles, mientras que la orquesta susurra un breve postludium, tal vez el efecto musical más exquisito de toda la obra. Los caballeros imploran al culpable y arruinado guardián, Amfortas, que lleve a cabo el rito sagrado del servicio del Grial, de modo que la presencia del Grial pueda renovar su determinación a realizar grandes hazañas. Está descubierto, e ilumina la penumbra circundante con su brillo. La luz que se vierte es la benéfica luz de la sabiduría, y al verla, se espera que Parsifal haga la pregunta formal: “¿A quién sirve el Grial?”, pero permanece silencioso, sin comprender nada del ritual. Aunque parece ser una pregunta sin importancia, incluso irrelevante, ha sido destacada por muchos poetas a fin de hacernos reflexionar en la respuesta. Algunos sostienen que sirve al rey del Grial y está ubicado dentro de él, su naturaleza “de caballero”. Las feministas podrían decir que sirve al reino de la Diosa, la de la Naturaleza, del misterio y del amor. Tal vez la mejor respuesta es que sirva al Reino, en términos esotéricos, el Yo Superior. En otras palabras el Grial sirve a quienes desean servir; habiendo sido transformados por él, se vuelven completamente altruistas, alcanzando un nivel más elevado de consciencia, un nuevo significado a la vida cuando se ha logrado un nivel completamente prístino de pensamiento, sentimiento y comprensión. Aunque Parsifal falla en hacer la pregunta, siente gran compasión y, físicamente, la herida en el costado de Amfortas, que grita en agonía, sangra nuevamente cada vez que se muestra el Grial. Esotéricamente, quienes están aprisionados en la mente inferior no pueden soportar la visión de la sabiduría divina. Amfortas lamenta el hecho de que ha traicionado la Causa rindiéndose a la sensualidad y a la ilusión. Su enfermedad ejemplifica la corrupción de la humanidad misma. Parsifal siente por afinidad el mismo dolor, pero no puede comprender por qué, y permanece en silencio. Como HPB dice: “Sentir compasión sin un resultado práctico adecuado surgiendo del mismo, es no mostrarse como altruista, sino lo contrario. El verdadero auto-desarrollo en líneas esotéricas es la acción”. Este tema de la compasión impregna todo el drama musical y proviene de la comprensión de Wagner, por sus estudios de Budismo, de que la compasión es ciertamente la Ley de las leyes, de las cuales el ideal budista, el Bodhisattva cuyo ser es sabiduría, es la expresión fundamental. La Voz del Silencio también afirma que “no puedes hollar el Sendero antes que te hayas convertido en el Sendero mismo. Deja que tu alma preste oídos a cada grito de dolor como el loto desnuda su corazón para beber el sol de la mañana”. Pero Parsifal todavía no alcanzó esa etapa, y rechaza el Llamado. En palabras de Joseph Campbell:
Los mitos y relatos populares de todo el mundo dejan en claro que la negativa es esencialmente un rechazo a abandonar lo que uno considera que es de nuestro interés. El futuro se considera no en términos de una serie constante de muertes y nacimientos, sino como si nuestro sistema actual de ideales, virtudes, metas, y ventajas, fuera fijo y seguro.[2]
Para Wagner también, un mito era un vehículo de conocimiento humano, que nos acerca a nuestro yo real y a nuestra condición actual, usando símbolos y caracteres para dar forma objetiva a nuestras tendencias internas mientras transmiten significados que son atemporales. Él vio que los mitos son un modo de ocultar y revelar ideas de santidad, sacralidad y redención, y en “Parsifal”, como en La Doctrina Secreta, estamos invitados a participar en estos misterios. Mientras tanto Gurnemanz le pregunta a Parsifal si él comprende lo que ha visto, pero dominado por el sufrimiento que presenció no puede responder. Sin estar “totalmente despierto” mira con inocente sorpresa, abrumado por las visiones vividas. Su corazón y su mente no están todavía en afinidad con “el gran corazón y mente de toda la humanidad” como La Voz del Silencio nos pide contemplar de modo incesante, porque la verdadera compasión debe estar funcionando antes que la acción impersonal tenga lugar. Enojado, Gurnemanz llama a Parsifal un tonto total y lo expulsa del Templo. Sin embargo, una voz celestial aclama una vez más que el tonto inocente aprenderá por medio de la compasión. Parsifal encontró intuitivamente su compañero y destino espirituales, que finalmente conducen a una expansión de consciencia. Pero durante algunos años él deambulará en el mundo de las acciones y tentaciones, aprendiendo a tratar presiones, seducciones e ilusiones del mundo exterior, su emocionalismo, encanto, e intriga, todos intentando distraerlo y alejarlo de la vida superior. Estas pruebas exigen coraje, perseverancia, y devoción a la verdad, que decidirán si él permanece puro y virtuoso, porque Cristo enseñó que un hombre debe nacer nuevamente del espíritu, y sin tentación no hay transformación. Si Parsifal cumple estas exigencias, que se presentan a todos los buscadores de la verdad, podrá devolver la Lanza, curar a Amfortas, restaurar el páramo y hacerlo fructífero. Referencias
[1] Desafortunadamente, como sabemos, Wagner también mantuvo que la impureza racial era la fuente del mal y que “el dios de la guerra judío sediento de sangre, propiedades y poder” había corrompido al Cristianismo, “la religión de la compasión y la renunciación”. Este anti-semitismo era, sin embargo, un principio más que una práctica pero Wagner despreció la “escabrosa, corrupta e ignorante Prensa alemana dirigida por judíos”, y este rechazo se extendió incluso a la música de Mendelssohn, un Judío. Pero Sir Georg Solti, el gran conductor vagneriano, enfatizó que cualquiera que pueda crear los primeros cuatro acordes de “Tristán”, epítome de amor y belleza, ya sea anti-semita, revolucionario, liberal o realista, es primero y principalmente un genio musical y permanecerá así mientras perdure nuestra civilización. [2] The Hero with a Thousand Faces (El Héroe con mil caras) p.59-60, Princeton University Press, 1973.
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