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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 129 - Número 10 - Julio 2008 (en Castellano)

 
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La Teosofía y la actualidad

 

ANON

 

(Reimpreso de  Theosophical Siftings, vol. 2 - 1889-90)

 

   Según La Doctrina Secreta, hace aproximadamente 4.990 años comenzó el ciclo en el que estamos ahora, llamado en Ocultismo la Edad Negra (Kali Yuga).  Para nosotros, los Arios de la quinta sub-raza de la Quinta Raza Raíz, este ciclo durará aún miles de años más. Los “Maestros” nos enseñan que los periodos de luz son seguidos por periodos de oscuridad. El primero ya concluyó para esta raza, el segundo reina actualmente.  Este ciclo, como lo sugiere su nombre, es de poca espiritualidad, dominado por un materialismo burdo.  Al tratar, por lo tanto, los efectos de los tremendos esfuerzos que se hacen actualmente para difundir los contenidos de la antigua Sabiduría de los Tiempos, estas características deben recordarse constantemente. Las principales razones que indujeron a los “Adeptos” a seleccionar el inicio del último cuarto de siglo como el momento adecuado bajo la ley kármica para promover abiertamente la Teosofía, tal vez sean conocidas sólo por ellos. Una autoridad muy elevada en temas ocultos, sin embargo, mencionó dos consideraciones que influyeron a los “Líderes del Mundo” en este tema. Las fuerzas ocultas que operaban en unas mil salas de sesiones espiritistas condujeron a una amplia difusión de creencias muy equivocadas respecto a estados post-mortem humanos; el materialismo científico estaba destruyendo rápidamente toda la espiritualidad en las clases cultas de la actualidad. En 1875, por lo tanto, los devotos sirvientes de la gran fraternidad fundaron por su orden la Sociedad Teosófica, y con Isis sin Velo comenzó la publicación de una parte de la sabiduría esotérica, concluyendo más tarde con La Doctrina Secreta. Exponiendo como lo hace, la síntesis de la religión, la filosofía y la ciencia, afirmando ser la base sobre la que descansan todos los credos esotéricos de hoy, y ofreciendo una solución a algunos de los problemas más oscuros de la vida, la Antigua Sabiduría de los Tiempos tuvo una recepción variada de la gente de su época. No es sorprendente que ocasionara cierta enemistad en algunos sectores, porque como dijo luego un ocultista: “toda verdad nace en el mundo entre gritos de odio”.  Otras mentes de tendencias amplias y liberales le dieron la bienvenida con ardor, y trabajaron mucho y bien para difundir ampliamente sus principios.

   Por el contrario, la gran masa de sectarios la observaron con desprecio o indiferencia, según la fuerza de su apego a las varias ideas religiosas de su época. No es, sin embargo, ir más allá de la verdad al afirmar que de los numerosos opositores de la Teosofía ninguno comprendió adecuadamente sus principios, mientras que los escritos de algunos de ellos -se puede afirmar con certeza- permanecen como recuerdo constante de las profundidades de degradación a las que el dominio sin obstáculos de los prejuicios e ignorancia puede arrastrar la mente humana.

   Las diferencias fundamentales entre las enseñanzas y las creencias de los así llamados Espiritistas y los Teósofos se explican fácilmente.  E2stos últimos niegan la participación de “espíritus” en la producción de los bien conocidos fenómenos en las sesiones espiritistas, sosteniendo, por el contrario, que éstos pueden ser exhibidos a plena luz del día, y por el ejercicio de poderes naturales, ahora latentes en la mayoría de los hombres y desarrollados sólo en unos pocos en el presente. Los ocultistas han probado su caso, exhibiendo estos poderes anormales muchas veces, y en muchos lugares avalados por una masa de evidencia que nada puede negar. Si la explicación oculta de fenómeno “espiritista” no se acepta, este permanecerá inexplicable por siempre, como un tema de burla para los escépticos y de desesperación para muchos creyentes, porque éstos saben que estos incidentes ocurren, aunque ven lo absurdo de atribuir a los espíritus de los muertos la total tontería de producir golpes a menudo, etc.

   La controversia entre el Ocultismo y la ciencia materialista comienza en la misma base. Todo está compuesto de átomos indivisibles en constante movimiento, y el Éter llena todo espacio interestelar, afirma el materialismo.  La Materia, la Fuerza y el Éter, por lo tanto, componen el universo desde el punto de vista materialita, aunque la ciencia admite que realmente no sabe nada de la constitución de ninguno de ellos.  Los ocultistas niegan la verdad esencial de la hipótesis atómica. Analicen, dicen, el átomo más pequeño que sea concebible, y ustedes tienen solamente un punto matemático, con ninguno de los atributos de la materia, usando la palabra en el sentido ordinario. Entonces, en ocultismo, el espacio potencial está compuesto totalmente de vidas, combinadas y diferenciadas en la Vida Una.  Esta última vibra de igual modo en los soles del espacio y en el grano de arena más pequeño. No hay nada muerto en el universo;  todo lo que existe, vive.  La ciencia materialista nunca podrá explicar el fenómeno del mesmerismo tan conocido actualmente, la clarividencia, etc., así como no reconoce ninguna facultad en el hombre más allá de los cinco sentidos y sus funciones en el plano físico. Por otra parte, el Ocultismo afirma que existen varios estados de consciencia, cada uno con sus sentidos apropiados en el organismo humano. De igual modo explica la clarividencia como el sexto sentido que aparecerá, ahora sólo desarrollado en unas pocas personas, pero que en un futuro distante será común a todos.  Las opiniones de eminentes científicos respecto al origen e historia del universo y del hombre son puramente especulativas y sujetas a cambios constantes.  Único e inalcanzable en su extensión de concepción, es el estupendo sistema de evolución físico, mental y espiritual, que abarca el cosmos, dado para esta época en La Doctrina Secreta.  La ciencia física, ciega e imperfecta, se mueve a tientas en este plano, constantemente tomando los efectos como causas, perdida entre las ilusiones de los sentidos. Sin embargo, a pesar del materialismo general de los científicos, algunos de los más intuitivos entre ellos parecen estar en el borde de reconciliar sus avanzadas opiniones con las enseñanzas del Ocultismo. Una masa de evidencia que proporciona esta afirmación se da en La Doctrina Secreta. A medida que transcurre el tiempo, se hará más y más evidente que es sólo la Teosofía la que puede unir el actual abismo entre la religión y la ciencia, mostrándole a ambas que son sólo partes de la Verdad Una. La Verdad debe ser siempre una. Por lo tanto, el espectáculo de divorcio entre la religión y la ciencia presentado por esta época, de controversias incesantes e implacables entre los líderes de ambos grupos, no puede ser permanente. Es sólo la antigua Religión Sabiduría la que puede establecer la armonía y consolidar todas las ramas del conocimiento humano,  y cuando esto suceda, la oscuridad desaparecerá y reinará la paz y la luz.  Es sólo tal vez en el ciclo que se avecina, que la gran deuda existente con los custodios del conocimiento esotérico será debidamente reconocida.  Hasta que llegue ese momento, sólo unos pocos la aceptarán, y la mayoría continuará rechazándola.

   Antes que los “Adeptos” extrajeran de sus vastos depósitos de tradición arcaica y publicaran extensas porciones de historia humana, ¿qué sabían los más importantes eruditos de esta época sobre el pasado remoto?  Muy poco de los primeros días de la raza Aria, y de más allá, nada. Ahora, gracias a quienes saben, tenemos los principales bosquejos de la historia humana respecto a los últimos 18.000.000 de años. Por fin, realmente sabemos algo de los continentes sumergidos y de las antiguas razas gigantes, de los constructores civilizados de las paredes de Tiro, de las ruinas ciclópeas diseminadas por Asia, Europa, y América, de los arquitectos de las enormes estatuas de las Islas de Pascua y Bamiana. Los apresurados intentos hechos anteriormente por así llamados eruditos para comprimir la historia del mundo en unos 6.000 años, actualmente casi han concluido; y el público en general pronto podrá escuchar sin ningún shock severo ocasionado a sus ideas religiosas, que el gran continente de Atlántida se hundió bajo las olas hace más de 4.000.000 años atrás, y Lemuria sufrió el mismo destino milenios antes. El avance del ciclo del conocimiento es lento, pero seguro.

   La vanidad de algunas mentes occidentales no se muestra de modo más destacado que en la negación de la existencia misma de los “Maestros de la Sabiduría” por quienes por crédito propio como hombres de capacidad e inteligencia, podrían muy bien hacer una pausa antes de llegar a tal decisión.  Porque al hacerlo así, rechazan deliberadamente una masa de evidencia confiable que bastaría, aparte del prejuicio, para probar el asunto a satisfacción de cualquier investigador razonable. La falta de espacio evita actualmente la reunión de todas estas pruebas tan accesibles. Sin embargo, se puede afirmar que ningún creyente en la doctrina de la evolución y el progreso constante de la raza humana puede negar consistentemente la probabilidad de la existencia actual de estos Hermanos Mayores, que son ciertamente el resultado de edades de luchas y conquistas sobre el yo inferior en la naturaleza humana y a quienes, el futuro cercano verá que los hombres comunes considerarán como ideales de todo lo bueno y lo verdadero.

 

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