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Vol. 129 - Número 7 - Abril 2008 (en Castellano) |
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Estudios sobre La Voz del Silencio, Parte 11
John Algeo
El Dr. John Algeo es el Vice-Presidente internacional de la Sociedad Teosófica y Profesor Emeritus de la Universidad de Georgia, EEUU, y tiene muchas distinciones académicas.
La metáfora de las “tres vestiduras”, introducida en los versos 140 y 141, continúa en los versos siguientes:
[142] La vestidura Shangna,22 puede verdaderamente proporcionar luz eterna. La vestidura Shangna sólo da el Nirvāna de la destrucción; pone término al renacimiento, pero, O lanoo, también mata la compasión. Los Buddhas perfectos que están revestidos de la gloria de Dharmakāya, ya no pueden ayudar a la salvación del hombre. ¡Ay! ¿Serán los Yoes sacrificados al Yo; la humanidad, al bienestar de unidades?
[143] Sabe, Oh principiante, este es el Sendero Abierto, el camino a la bienaventuranza egoísta, rechazado por los Bodhisattvas del Corazón Secreto, los Buddhas de Compasión.
[144] Vivir para el bien de la humanidad es el primer paso. Practicar las seis virtudes23 gloriosas es el segundo.
[145] Tomar para sí la humilde vestidura Nirmānakāya es renunciar a la eterna felicidad para uno mismo, para ayudar a la salvación del hombre. Alcanzar la bienaventuranza del Nirvāna para luego renunciar a ella, es el paso final, supremo, el más alto en el Sendero de renunciación.
[146] Sabe, Oh discípulo, este es el Sendero Secreto, elegido por los Buddhas de Perfección, que sacrificaron el YO al los yoes más débiles.
[147] Pero, si la Doctrina del Corazón es de un vuelo excesivamente elevado para ti, si necesitas auxilio para ti mismo y temes ofrecer tu ayuda a los demás, entonces, tú de corazón tímido, sábelo con tiempo: conténtate con la Doctrina del Ojo de la Ley. No obstante ten esperanza. Porque si el Sendero Secreto es inaccesible para ti hoy, estará a tu alcance mañana. 23 Aprende que ningún esfuerzo, ni el más pequeño, ya sea en dirección correcta o incorrecta, puede desvanecerse del mundo de las causas. Ni aún el humo inútil queda sin huella. “Una palabra dura proferida en vidas pasadas no se destruye sino que vuelve nuevamente”. Del pimentero no brotarán rosas, ni la estrella argentina del dulce jazmín se tornará espina o cardo.
[148] Puedes tú crear en este día las oportunidades para tu mañana. En la Gran Jornada, las causas sembradas a cada hora, llevarán consigo, cada una de ellas, su cosecha de efectos, porque una justicia estricta gobierna el mundo. Con poderoso alcance de acción que nunca yerra, imparte a los mortales vidas de bienestar o sufrimiento, progenie kármica de todos nuestros pensamientos y actos anteriores.
[149] Atesora pues tanto mérito como haya en reserva para ti, o tú de corazón paciente. Ten buen ánimo y conténtate con tu suerte. Tal es tu karma, el Karma del ciclo de tus nacimientos, el destino de aquellos que, en su dolor y pena, han nacido junto contigo, regocíjate y llora de vida en vida, encadenado a tus acciones pasadas.
COMENTARIO. Blavatsky inicia su interpretación de las “tres vestiduras” con el verso 142. Adoptar la vestidura Dharmakāya es estar unido con lo absoluto, la realidad última, la naturaleza búdica. Estar unido de esta manera es perder todo contacto con las limitaciones del mundo, y por consiguiente no estar en condiciones de participar en la iluminación de los demás. Unirse con lo Absoluto es, por supuesto la meta suprema de todos los seres, pero una meta final no es lo mismo que una meta cercana, y La Voz del Silencio argumenta a favor de la conveniencia de una meta próxima diferente, una dedicada a enseñar y a ayudar a los demás a encontrar el Camino. El sendero de dedicarse a ayudar a los demás, aún a expensas de nuestra propia e inmediata libertad de las restricciones y frustraciones de la vida, es el ideal bodhisattva recomendado por el budismo del norte. El sendero de buscar la iluminación personal, siguiendo las enseñanzas dadas por el Buddha histórico para alcanzar esa iluminación y por lo tanto la liberación del nirvāna, es el ideal Arhat asociado con el budismo del sur. El Arhat (literalmente “que merece respeto” u “honorable”) se considera que entra a ese estado por medio de una iniciación, para lo cual, lleva puesta una vestidura de iniciación, tejida de cáñamo. “Shangna” o “shana” literalmente es ‘cáñamo’ o una tela hecha con él; simboliza la adquisición de la sabiduría y la destrucción de la personalidad separada, como lo aclara la glosa de HPB:
GLOSA 22. La vestidura Shangna, de Shangnavasu de Rājagrha, el tercer gran Arhat o Patriarca, como los orientalistas denominan a la jerarquía de los 33 Arhats que difundieron el budismo. La ‘Vestidura Shangna’ significa, metafóricamente, la adquisición de la sabiduría mediante la cual se entra al Nirvāna de destrucción (de la personalidad). Literalmente, la vestidura de iniciación de los neófitos. Edkins afirma que este ‘tejido de hierba’ fue traído a China desde Tibet en la Dinastía Tong. “Cuando nace un Arhan, esta planta se encuentra brotando en un paraje impoluto” dicen las leyendas china y la tibetana.
El verso 142 destaca una paradoja: La perfección no da lugar a la imperfección o al sufrimiento. Por lo tanto aquellos que han conquistado la perfección no pueden participar del sufrimiento de los demás (ser compasivos) o en el alivio de ese sufrimiento. Solamente lo que aún no es perfecto puede ayudar a lo imperfecto. ¿Qué es mejor, continuar imperfecto y trabajar para el bienestar de muchos seres humanos imperfectos o alcanzar la perfección en el Yo Uno y no tener nada para contribuir a los demás? La Voz no tiene problemas en contestar a esa pregunta. En el verso 143, la segunda opción se llama el sendero ‘abierto’ o exotérico. Es la enseñanza pública de las religiones: ¡sálvense! ¡Ilumínense! Se dice que es el camino a la ‘bienaventuranza egoísta’. Y ese es otro aspecto de la paradoja. ¿Cómo puede el desinterés ser egoísta? Esa opción es rechazada por aquellos que siguen el ‘corazón secreto’ o la sabiduría esotérica. Ellos permanecen en el mundo y son Budas de compasión. Otro aspecto de la paradoja se expone en el verso 144. Volverse perfecto, es decir, practicar las seis gloriosas virtudes, está en segundo lugar en los pasos que uno da en el Sendero. Lo más importante es ‘vivir para beneficiar a la humanidad’. El camino hacia la perfección personal es olvidarse de uno mismo sirviendo a los demás. Las seis gloriosas virtudes son los pāramitā-s (descriptos más adelante en los versos 198 y 206-213), como la glosa de HPB lo aclara:
Glosa 23. “Practicar el Sendero Pāramitā” significa convertirse en un Yogui con vistas a volverse un asceta.
Primero, nos olvidamos de nosotros mismos y nos dedicamos a ayudar a los demás. Después podemos tratar de volvernos mejores por medio de la práctica de disciplinas espirituales y de la adquisición de virtudes que se extienden desde la primera de las pāramitā-s, en particular, compartir lo que uno tiene con los demás (dāna o dar) hasta la última, especialmente adquirir una nueva percepción de la naturaleza de las cosas (prajñā o sabiduría intuitiva). La alternativa a fundirse con lo absoluto y dejar este mundo, es continuar en él, una alternativa desarrollada en los versos 145 y 146. Si no adoptamos la vestidura Dharmakāya, volviéndonos perfectamente iluminados y fundiéndonos con lo absoluto, podemos en cambio adoptar la vestidura Nirmānakāya, es decir, permanecer en este mundo, continuar encarnando para enseñar a los demás, y de ese modo ayudarlos a liberarse del sufrimiento y la frustración. Como se señaló anteriormente, el Nirmānakāya Buda es el Buda histórico, que encarna para instruir a la humanidad. La forma más elevada de renunciación es no renunciar al mundo. Es desistir a renunciar al mundo y por lo tanto seguir siendo una parte de él. Es el sendero ‘secreto’ o esotérico. Es la enseñanza del lado interno de todas las grandes tradiciones religiosas: no ‘ser salvado’ sino ‘ayudar a salvar’. Aquellos que toman este sendero, sacrifican su unión con el gran y perfecto Yo por el bien de los débiles e imperfectos yoes de todos los seres. Seguir un ideal así, sin embargo, no es fácil. Se requiere de gran coraje para renunciar a la paz y al bienestar optando por el trabajo y la aflicción. Por lo tanto, el verso 147 dice que si no nos sentimos capaces de enfrentar este desafío, deberíamos simplemente seguir las enseñanzas públicas y exotéricas de las religiones, la ‘doctrina del ojo’. Pero no perdamos la esperanza. Si no estamos listos para encarar el desafío ahora, en esta vida, podemos estarlo mañana:
Glosa 24. ‘Mañana’ significa el próximo nacimiento o reencarnación.
Este consuelo puede hacernos recordar el final del poético extracto que comienza “Existe un camino”: “Para aquellos que triunfan, existe una recompensa más allá de toda palabra: el poder de bendecir y de salvar a la humanidad. Para aquellos que fracasan, existen otras vidas en las que el éxito puede llegar.” El camino, el sendero del bodhisattva, la vestidura Nirmānakāya está a nuestro alcance. Si no lo aceptamos en esta vida, está bien. Siempre existe otra oportunidad. El principio de karma garantiza que ningún esfuerzo que hagamos quedará sin su resultado, pequeño o grande, bueno o malo. El más pequeño intento hecho hacia el progreso espiritual finalmente dará sus frutos, como también los dará toda mala acción: “Una palabra dura pronunciada en vidas pasadas, no se destruye sino que vuelve nuevamente”, dicho que se encontró en una nota que forma parte de ‘Los Preceptos de la Escuela Prasanga’. El verso 148 continua con una amplia declaración sobre la profundidad e inevitabilidad de la acción de karma en nuestras vidas y en todo el proceso mundial. Se aplica a la trayectoria completa de nuestra evolución, como dice la glosa:
Glosa 25. El ‘Gran Viaje’ es el ciclo completo de existencias, en una Ronda.
El Karma sin embargo, es un tema complejo que a menudo simplificamos demasiado. Algo de su complejidad se insinúa en el verso 149, que alude al hecho de que nuestras acciones involucran a los demás. Nuestro karma o acciones no sólo nos afectan a nosotros mismos, sino también a otros seres. Todos estamos interrelacionados, participamos de las vidas de los demás. Es, por cierto, este hecho el que hace que esta discusión sobre karma no sea una digresión (como puede parecer a primera vista) sino una parte integral de la discusión sobre las dos opciones aparentemente viables para nosotros: buscar nuestra propia salvación, o renunciar a la salvación personal para trabajar por la salvación de todos. El mensaje de La Voz parece ser, ‘no que deberíamos’ ser altruistas e interesados por el bienestar de los demás, sino que ese interés por los demás es la única opción real. La propuesta exotérica, la ‘doctrina del ojo’, o el ‘sendero abierto’, es solamente una medida provisional. El sendero bodhisattva de servicio a toda vida es la única opción, porque estamos todos interrelacionados kármicamente, y porque toda acción que realizamos afecta a los demás.
MEDITACION. Medite en el verso 144: “Vivir para beneficiar a la humanidad es el primer paso.”
Los versos siguientes 150-160 desarrollan en algún detalle el concepto de un Sendero comunitario o colectivo que seguimos como parte de un grupo en evolución o banda de servidores que se han dedicado al bienestar de los demás.
VERSOS [150-160]:
[150] Trabaja por ellos hoy, y ellos trabajarán por ti mañana. [151] De la yema de la renuncia del yo, brota el dulce fruto de la Liberación final. [152] Condenado a perecer está aquel que, por miedo a Māra, se refrena de ayudar al hombre, a no ser que sea en provecho propio. El peregrino que ansía refrescar sus cansados miembros en las aguas torrentosas, pero que no se atreve a sumergirse por temor a la corriente, se arriesga a morir de calor. La inacción basada en el miedo egoísta no puede producir más que malos frutos. [153] El devoto egoísta vive sin propósito. El hombre que no desempeña la tarea que tiene asignada en la vida, ha vivido en vano. [154] Sigue la rueda de la vida; sigue la rueda del deber para con la raza y la familia, el amigo y el enemigo, y cierra tu mente a los placeres así como al dolor. Agota la ley de retribución kármica. Obtiene siddhis para tu futuro nacimiento. [155] Si no puedes ser el sol, entonces se un humilde planeta. Si no te es dable resplandecer como el sol del mediodía sobre el monte nevado de eternal pureza, entonces, oh neófito, elige un camino más humilde. [156] Señala el camino, aunque sea débilmente y confundido entre la multitud, como hace la estrella vespertina a aquellos que siguen su ruta en la oscuridad. [157] Contempla a Migmar [Marte], como cubriendo su ojo con su velo carmesí, pasa majestuosamente sobre la Tierra adormecida. Contempla el aura ardiente de la mano de Lhagpa [Mercurio] extendida en señal de amorosa protección sobre las cabezas de los ascetas. Ambos son ahora servidores de Nyima [el Sol],26 dejados en su ausencia como silenciosos centinelas durante la noche. Ambos fueron brillantes nyima-s en pasados kalpa-s, y podrán, en días venideros, convertirse en dos Soles. Así son las caídas y los ascensos de la Ley Kármica en la Naturaleza. [158] O lanoo, sé como ellos. Brinda luz y consuelo al peregrino agobiado, y busca a aquel que sabe todavía menos que tú; aquel que en desdichada desolación, está hambriento del pan de la sabiduría, y del pan que alimenta a la sombra, sin un Instructor, sin esperanza, o consuelo; y hazle oír la Ley. [159] Dile, O candidato, que aquel que hace del orgullo y del amor propio unos esclavos de la devoción; que aquel que, aferrándose a la existencia, ofrece, no obstante, su paciencia y sumisión a la Ley, como una dulce flor depositada a los pies de Sākya-Thub-pa [Buddha], llega a ser un srotāpatti27 en la presente encarnación. Los siddhi-s de perfección pueden columbrarse a lo lejos, muy lejos, pero el primer paso se ha dado, él ha entrado a la corriente, y puede obtener la visión del águila de montaña, el oído de la tímida cierva. [160] Dile, O aspirante, que la verdadera devoción puede devolverle el conocimiento, aquel que fue suyo en sus anteriores nacimientos. La vista del deva y el oído del deva no pueden adquirirse en una breve existencia.
COMENTARIO. Los ‘ellos’ del verso 150 son aquellos a los que se refiere el verso 149, que forman ‘contigo’ un grupo kármico, cuyos karmas influyen a los otros del grupo. Los miembros de ese grupo tienen un karma colectivo o ‘distributivo’, como HPB lo llama en La Clave de la Teosofía, en el que las acciones de cada miembro del grupo afectan a todos los otros miembros.
Este concepto de nuestra mutua
conexión kármica dentro de un grupo, es un curioso reflejo del
principio evolutivo de individualización. En la evolución, la
conciencia se mueve a partir de un alma grupo, un alma que se
manifiesta en un número de cuerpos físicos simultáneamente (como,
por ejemplo, todas las abejas en una colmena son más bien
expresiones de una vida singular en vez de vidas separadas), hacia
almas grupos cada vez más pequeños, que consisten de sólo unas pocas
expresiones encarnadas, hasta que se alcanza el estado humano. Al
volvernos humanos, nos ‘individualizamos’. Es decir, la entidad o
mónada evolucionante se expresa a sí misma en sólo una forma
personal Por lo tanto, nosotros los humanos somos los seres más separados, divididos y aislados del cosmos. La angustia del aislamiento es la ‘maldición’ de la ‘caída’ humana, expulsados de un Edén integrado, donde vivíamos en una integración armoniosa pero inconciente con los otros seres, hacia un mundo fragmentado de auto-conciencia. Pero ese no es el fin de la evolución. Ciertamente, lejos de ser el cenit de la evolución espiritual, el estado humano está, en cierto modo, en su nadir. Desde el estado auto-conciente de aislada separatividad, evolucionamos hacia una reintegración conciente con los otros seres, en la que retenemos nuestra identidad separada única pero nos volvemos concientes de nuestra unidad fundamental en el Reino del Ser. El resultado es un reestablecimiento, no de la vieja alma grupo, sino de una conciencia análoga a ella: una conciencia colectiva con conciencia de sí misma en la cual cada individuo retiene una identidad distinta, pero también comparte con todos los demás individuos una conciencia común de su unidad y mutua participación en la Vida Una. El primer paso hacia esta reintegración conciente es la formación de grupos kármicos, en los que las almas humanas que evolucionan están unidas una a la otra por un karma compartido y finalmente por una conciencia compartida. La liberación final de las limitaciones de la existencia depende de que superemos (o ‘renunciemos’) a la ilusión de un yo aislado y separado (verso 151), y esa superación comienza con el karma que compartimos con los demás. Aquellos que tratan de mantener el estado de aislamiento con el que la vida humana comienza al momento de su individualización del alma grupo, están condenados a fracasar, ya que es un callejón sin salida en lo evolutivo. Solamente cuando vivimos una vida de servicio altruista, trabajando por los demás como ellos trabajan por nosotros, cumplimos el propósito de nuestras vidas. Nuestro trabajo señalado en la vida consiste en hacer contacto con nuestro prójimo, volverse parte de un grupo de almas distintas en evolución pero interrelacionadas (versos 152-153). El primer Objetivo de la Sociedad Teosófica es sumamente relevante aquí. El primer Objetivo se considera a menudo como una generalización piadosa, una afirmación poco práctica de un ideal imposible. No es nada de eso, es muy específico, muy práctico, y muy real. El núcleo al que se refiere, como formado por los Miembros de la Sociedad, es en realidad una de estas agrupaciones kármicas o grupos colectivos de almas. Esto no quiere decir que todo aquel que firma un formulario de solicitud y paga la cuota, automáticamente se vuelve parte de ese núcleo. Decir eso sería superstición. Pero todo el que se une a la Sociedad tiene en consecuencia una oportunidad de volverse parte de este núcleo. Si lo logramos o no depende de nosotros. Tiene que ser una decisión conciente, tomada libremente. Dentro de nuestra siempre creciente conciencia colectiva, cada uno de nosotros tiene un camino o deber señalado. Siguiendo ese camino, cumpliendo ese deber sin considerar las consecuencias que nos pueda acarrear personalmente, agotamos nuestro karma personal y desarrollamos los siddhis superiores, que son los poderes de la sabiduría, la compasión, la creatividad, y la armonía (verso 154). Nuestro deber no es inalterable; por el contrario, varía con el tiempo, y tenemos que cumplir cualquier deber que tengamos en un momento dado. Cuando somos un sol, deberíamos brillar como un sol; cuando somos un planeta, deberíamos movernos como lo hacen los planetas (155-158). La cuestión sobre el deber relativo y variable se ilustra en una creencia que dice que los planetas actuales Marte y Mercurio fueron en el pasado soles y en el futuro serán soles nuevamente. El verso 157 usa nombres para los cuerpos celestiales: Migmar, Lhagpa, y Nyima, que HPB comenta.
Glosa 26. Nyima, el Sol en la Astrología Tibetana. Migmar o Marte se simboliza con un ‘ojo’, y Lhagpa o Mercurio con una ‘mano’.
Como Migmar con su Ojo y Lhagpa con su Mano, debemos velar y dar ayuda proporcionando luz y bienestar a nuestros compañeros peregrinos en el Camino (verso 158). Por lo tanto al sacrificar lo que parece ser nuestro interés personal al ‘Shakya-Thub-pa’ o Buddha, no sólo al Gautama Buddha histórico, sino la naturaleza Búdica Eterna, entramos en el Sendero o dentro de la ‘corriente’, como el verso 159 indica. Nos convertimos, para usar un término Budista tradicional, en un srotāpatti, lo cual HPB glosa:
Glosa 27. Srotāpatti o “el que entra en la corriente” del Nirvana, raramente puede obtener Nirvāna en un solo nacimiento a menos que alcance el objetivo por alguna razón excepcional. Generalmente, se dice que un chela comienza el esfuerzo ascendente en una vida, y sólo lo termina o alcanza en su siguiente séptimo nacimiento.
Habitualmente el budismo reconoce cuatro etapas en el Sendero de Iluminación y Liberación:
Los diez grilletes son modos equivocados de pensar y desear que tienen que ser eliminados, uno a uno, a medida que transitamos el Sendero hacia el objetivo final. En la tradición Teosófica, estas cuatro etapas se refieren a las cuatro primeras iniciaciones. Probablemente es mejor no considerarlas como iniciaciones formales como las de la Francmasonería o como etapas de desarrollo completamente diferentes, sino como un símbolo del hecho que la iluminación, la liberación, o la salvación, no sucede todo de una vez, de repente, sino que es un proceso que se desarrolla por grados. Obtener la iluminación no es como apretar el interruptor que inmediatamente enciende la luz. Más bien es como girar un regulador de intensidad de luz para incrementar gradualmente la luminosidad hasta el máximo posible. Sin embargo, se debe dar el primer paso, y ese comienzo es un acto específico, como es el poner nuestra mano en el interruptor o pasar por la puerta hacia el Sendero. Nos tomó largo tiempo perder el conocimiento que una vez tuvimos. Nos tomará bastante recobrarlo y liberarnos de la ignorancia con la que lo hemos reemplazado. No deberíamos anhelar poderes especiales y percepciones (“la visión del águila de la montaña, el oído de la tímida cierva” del verso 159 o la “vista y el oído del deva” del verso 160). En cambio deberíamos entrar en la corriente, formar los eslabones que nos unen con los demás, y finalmente se dará todo lo demás.
MEDITACIÓN. 1. Considere las implicancias de convertirse, no en un simple miembro con carné de la Sociedad Teosófica, sino en parte de un núcleo de la fraternidad universal. En ese núcleo, ¿cuál es nuestra relación con los otros miembros del núcleo? ¿Qué le debemos? ¿Qué compartimos con ellos? 2. Reflexione sobre la siguiente declaración poética de HPB:
Existe un Camino, empinado y espinoso, Plagado de peligros de todo tipo, pero aún así un Camino. Que conduce al mismo corazón del universo.
Puedo decirte cómo encontrar a aquellos que Te mostrarán la entrada secreta que Abre hacia adentro únicamente, y cierra rápidamente Detrás del neófito para siempre.
No existe peligro que el coraje intrépido no pueda superar. No existe prueba que la pureza sin manchas no pueda atravesar. No existe dificultad que el intelecto poderoso no pueda vencer.
Para aquellos que triunfan, hay una recompensa Más allá de toda palabra: el poder de bendecir y salvar a la humanidad. Para aquellos que fallan, hay otras vidas en las que el triunfo puede venir.
◊ ◊ ◊ ◊ ◊ ◊ ◊
Esta es mi simple religión. No se necesitan templos; no se necesita una filosofía complicada. Nuestro propio cerebro, nuestro propio corazón es nuestro templo; la filosofía es la bondad.
Dalai Lama
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