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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 129 - Número 6 - Marzo 2008 (en Castellano)

 
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¿Somos investigadores?

 

G. Ramanathan

 

(Presidente de la Rama teosófica Trissur y miembro de la Comisión Ejecutiva de la Federación Teosófica Kerala, India)

 

 

   El espíritu de investigación es la nota distintiva de un teósofo.  En una de las cartas a A. P. Sinnett, exVice-Presidente de la Sociedad Teosófica, el Mahatma KH expresó que “el Adepto es la eflorescencia rara de una generación de investigadores” (Carta Nº2).  Esto muestra cuán esencial es tener una naturaleza investigadora.  Los fundadores de la Sociedad y quienes se unieron a ellos en el comienzo de la S.T. eran verdaderos investigadores.  Observaron el mundo fenomenal con una mente abierta y estaban receptivos a lo que procedía de dimensiones más elevadas.  No creían ciegamente lo que otros decían, ni rechazaban inmediatamente, sino que aprendían la verdad por medio de una observación cuidadosa y por la meditación.

   HPB, en un artículo sobre ‘Mahatmas y Chelas’ (HPB Enseña, de Miguel Gomes), describe claramente “la creencia ciega y la fe”. Ella dice: “La fe ciega es una expresión usada algunas veces para indicar una creencia sin percepción o comprensión; mientras que la verdadera percepción del Manas es esa creencia iluminada que es el verdadero significado de la palabra ‘fe’.” Esta creencia debería estar acompañada a su vez del conocimiento, porque “el verdadero conocimiento trae con él la fe”.  Las enseñanzas ocultas han sido dadas por HPB misma, en su literatura clásica teosófica.  También el Presidente Fundador, el Cnel. H. S. Olcott, y otros grandes teósofos como la Dra. Annie Besant, C. W. Leadbeater, y otros, escribieron sobre sus percepciones iluminadas, sobre la naturaleza del Universo y la evolución del hombre.  Todo esto es el fruto de la comprensión clara, y de investigaciones cuidadosas y permanentes.

   Pero la verdadera pregunta es si el miembro común de la S.T. simplemente se adhiere a estas afirmaciones, o medita profundamente sobre ellas y realmente aprende.  En las Cartas de los Maestros de Sabiduría (Primera Serie), Carta Nº 59, dirigida a la Dra. Annie  Besant por el Mahatma KH en 1900 (nueve años después de la muerte de HPB), KH dice:

 

La S.T. y sus miembros están fabricando lentamente un credo. Un refrán tibetano dice “la credulidad alimenta a la credulidad y termina en hipocresía”.  Pocos son los que pueden saber todo respecto a nosotros. ¿Vamos a ser favorecidos y convertidos en ídolos de…  .La cresta de la ola del avance intelectual debe ser atraída y guiada hacia la espiritualidad.  No se la puede forzar con creencias y adoración emocional.  La esencia de los pensamientos más elevados de los miembros como grupo, deben guiar todas las acciones en la S.T.

 

   La Sociedad Teosófica moderna fue fundada sobre los delineamientos e instrucciones dadas por los Maestros de Sabiduría por medio de sus cartas y otros procedimientos ocultos.  En este contexto, lo expresado por el Mahatma KH asume gran importancia, y no hay lugar para la adoración ciega y la superstición en el movimiento teosófico.

   Cuando las claras percepciones de los grandes se expresan con palabras, obviamente hay una severa limitación. J. Krishnamurti, uno de los más grandes pensadores espirituales del siglo veinte, advirtió una y otra vez que “la descripción no es lo descripto”.  A menos que meditemos y desarrollemos una percepción intuitiva sobre las enseñanzas teosóficas dadas por medio de los libros, no va a ocurrir nada importante.  Formar nuevos conceptos e ideas en el nivel mental basados en información recibida de libros, sólo puede ayudarnos a formar una ilusión tras otra.  Después de sentirse desilusionado con el mundo exterior, el buscador espiritual puede tener ideas fantásticas sobre la vida espiritual basadas en mera información obtenida de libros, y puede buscar refugio en ella.  La mente apegada a comodidades terrenales y que busca seguridad, está impregnada de deseos sensuales, y por lo tanto no puede ir más allá de las dimensiones físicas de nuestra existencia. La sabiduría transmitida en los libros permanece difícil de alcanzar.

   La Voz del Silencio dice (1.26): “El nombre de la segunda Sala, es la del Aprendizaje. En ella tu alma encontrará los capullos de la vida, pero bajo cada flor una serpiente enroscada.” La creencia ciega y un enfoque dogmático sólo puede ayudarnos a volvernos hipócritas, y no a producir una transformación fundamental en nuestra vida.  Las maravillosas enseñanzas reveladas sobre la existencia de dimensiones más elevadas, sobre la unidad de la existencia en el universo, y el gran esquema evolutivo explicadas en la Teosofía, son temas para ser investigados y percibidos.  La existencia en la dimensión física visible, es sólo la punta del témpano, y existen dimensiones más profundas que todavía deben ser reveladas.  Estas son un asunto que un estudiante de Teosofía serio, no debería ni aceptar ciegamente ni rechazar, sino enfocarlo con una mente investigadora.

   Una mente pura y abierta es el pre-requisito para profundizar en estas preguntas de la vida.  La mente es el vínculo entre el espíritu y la materia, y puede ser un reflejo de lo que es en la dimensión espiritual, y estar receptiva a la profunda sabiduría transmitida en las enseñanzas teosóficas, que no pertenecen a la tierra.  El estudiante de Teosofía debe desarrollar la percepción interior de la sabiduría que subyace en las palabras, controlando el proceso del pensamiento.  La observación de la mente elevará la cualidad del discernimiento, como para ponerle fin a pensamientos groseros y desordenados.  J. Krishnamurti mencionó reiteradamente la importancia de observar nuestro proceso del pensamiento y descubrir la verdad de las cosas sin depender de una autoridad, de interpretaciones y libros.  Sus enseñanzas son una exhortación a la humanidad para que investigue.

   En los libros, vemos opiniones e interpretaciones que indican claramente que no podemos depender del conocimiento como la última palabra sobre la verdad.  Por ejemplo, en Escritos Esotéricos (Esoteric Writings) del gran ocultista T. Subba Row, nos encontramos con diferentes opiniones sobre la fecha y la doctrina de Sankarâchârya, que destaca el hecho de que no podemos tomar las opiniones y los puntos de vista de otros como la última palabra o creer ciegamente que son la Verdad.  En el mismo libro, escribe que “la Sociedad no constituye un cuerpo de maestros religiosos, sino que es simplemente una asociación de investigadores y buscadores”.

   El estudiante de Teosofía debe acercarse a estas enseñanzas con una mente investigadora.  El aprendizaje sólo ocurre cuando la mente está  libre de toda inhibición y atadura. La comprensión cada vez más profunda de cuánto dependemos de la tradición, de la creencia ciega, de la superstición, y, hablando en general, de las circunstancias externas, nos ayudará a trascender los grilletes de la mente. En nuestra vida diaria, hay ocasiones en las que nuestra imagen de nosotros mismos es puesta a prueba.  En vez de apoyarnos a nosotros mismos con excusas y justificativos, si nos observamos como un testigo, nos proveerá de una maravillosa oportunidad de percibir cuán esclavos somos del miedo, de las opiniones de los demás, de la tradición, etc.  Estos son los momentos en los que podemos salir de nuestra caparazón y obtener un destello del más allá.  Sólo una mente que no se apega a ninguna creencia o deseo, y que es imperturbable, es capaz de observar y aprender en esos momentos, y las profundas verdades veladas en las grandes enseñanzas de la Teosofía se develan.

   Esta es la maravillosa enseñanza que Krishnamurti nos dio, quien enfatizó la importancia de una mente investigadora.  La verdadera búsqueda y aprendizaje sólo florecen en una atmósfera donde la libertad de pensamiento existe. La resolución que menciona la ‘Libertad de Pensamiento’ como el principio fundamental que gobierna las actividades de la Sociedad Teosófica, aprobada por el Consejo General de la Sociedad, es una declaración clara de que es un centro de Aprendizaje.

 

 

Para distinguir entre lo esencial y lo no-esencial, deben ejercitar el ceder con gentileza, tener una disposición dulce en todos los asuntos que no son esenciales.  Es bueno ceder en cosas pequeñas que no tienen importancia, a fin de poder continuar perfectamente con aquellas cosas que sí importan…

 

Deben aprender a distinguir en todo a vuestro alrededor, y en todos, entre el elemento permanente y el perecedero, entre la superficie y el contenido, es decir entre lo eterno y lo transitorio.

Annie Besant

 

  

 

 

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