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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 129 - Número 2 - Noviembre
2007 (en Castellano)

 
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 Olcott y Blavatsky: Gemelos Teosóficos

Un Ensayo sobre Arquetipos

 

John Algeo

 

 

(El Dr. John Algeo es Vice-Presidente internacional de la S.T. y Profesor Emérito  de la Universidad de Georgia, EEUU, con muchas distinciones académicas)

Solíamos referirnos a nosotros mismos como los Gemelos Teosóficos [ODL 1.9:14]1

   La alusión que hace Henry Steel Olcott respecto a Helena Blavatsky y a él mismo como los “Gemelos Teosóficos” tiene significados que no son inmediatamente visibles. En la superficie, parece ser sólo una declaración de que ellos eran afines respecto a la Teosofía. Sin embargo, la expresión evoca también una referencia arquetípica. Estos comentarios son un ensayo, o un intento, para explorar ese recuerdo considerando cuatro cosas: primero, la naturaleza de los arquetipos; segundo, el alcance y el significado del arquetipo de los Gemelos; tercero, cómo ese arquetipo se aplica a Olcott y Blavatsky; y finalmente, cómo se aplica también a todos nosotros.

 

  1. Arquetipos

   Al igual que muchas otras cosas en el pensamiento Occidental, el concepto de los arquetipos se remonta a Platón. Platón postuló la existencia de las formas ideales, de las cuales todos los objetos de este mundo son sólo copias o reflejos pobres. Las formas ideales arquetípicas de Platón son absolutamente reales e inmutables. Sus reflejos en nuestro mundo son sólo relativamente reales y efímeros. Supuestamente, existe un árbol arquetípico, a partir del cual todos los robles, pinos, palmeras, olmos, etc., son sólo reflejos parciales e imperfectos. Por diferentes que esos árboles particulares puedan parecer unos de otros, todos comparten la cualidad de “ser árbol”. Esas variedades particulares de árboles son todos ejemplares del arquetipo del Árbol.

   La teoría de los arquetipos de Platón se relaciona y puede haberse desarrollado de su interés por analizar el lenguaje para descubrir la Verdad. Si hablamos sobre árboles, y si agrupamos robles, pinos, palmeras, olmos, etc., dentro de esa categoría, la cualidad de “ser árbol” debe existir aparte de esos árboles particulares. De lo contrario nuestro lenguaje no tiene un fundamento en la realidad, y la filosofía (en la medida en que consiste en analizar el lenguaje para llegar a la verdad) es vacía.

   El psicólogo suizo Carl Jung actualizó e interiorizó los arquetipos. Jung sostenía que estos son contenidos de nuestra mente inconciente colectiva, desarrollados a través de edades evolutivas por medio de las experiencias de nuestros ancestros.  Él creía que estos son propiedad común de nuestra especie y, como contenidos del inconciente, no son accesibles directamente a través de la mente conciente. En cambio, él pensaba que los arquetipos inconcientes son energías poderosas que se manifiestan en la mente conciente a través de sueños, visiones, símbolos, etc.

   Las manifestaciones arquetípicas varían en su naturaleza de una cultura a otra, pero en cada cultura están reconociblemente relacionadas con su fuente inconciente común. Así, está el arquetipo de la Gran Madre que se manifiesta como Isis en Egipto, Kwan Yin en China, la Venus de Willendorf de la Edad de Piedra en Austria, la de los múltiples pechos Diana de Éfeso, la Virgen Madre María en el Cristianismo, Sofía en el Gnosticismo, Kāli en Hinduismo, etc. Las diferentes manifestaciones culturales se centran en aspectos distintos del arquetipo inconciente común, por eso puede parecer superficialmente muy diferente, pero todos comparten una cualidad fundamental, esencial; en el caso de los ejemplos citados, esa cualidad es “maternidad”.

   Jung desarrolló su teoría de los arquetipos para explicar cómo algunos de sus pacientes podían soñar o garabatear complejas imágenes simbólicas que son esencialmente las mismas que aquellas en los antiguos manuscritos alquímicos, que no podrían haber conocido en modo alguno.  Él postuló un aspecto de la mente humana de la cual no somos directamente concientes, pero que heredamos de nuestros ancestros, así como heredamos las características físicas de nuestros cuerpos.

   Los arquetipos de Platón y Jung son conceptos claramente relacionados, pero también son conceptos obviamente diferentes. ¿Cuál es, entonces, la interpretación teosófica del concepto de los arquetipos? Es una enseñanza teosófica fundamental que toda forma externa está modelada sobre una forma interna. Lo que las cosas son no les está impuesto desde el exterior,  sino que se desarrolla a partir de sus naturalezas internas.

   Al abordar la pregunta de cómo las especies se diferencian unas de otras (una pregunta planteada y respondida por Charles Darwin), H. P. Blavatsky se refiere al “hecho oculto de la diferenciación de las especies a partir de tipos-raíces astrales originales” (DS 2:737). El término astral usado aquí no tiene su más específico significado posterior de “emocional”, más bien significa “interno” o “sútil”. Estos tipos-raíces astrales (o internos) son los arquetipos. Blavatsky continúa explicando:

 

Sea lo que sea... “la selección natural”, etc., etc., pueda lograr,  la unidad fundamental del plan estructural permanece prácticamente inafectado por cualquiera de las modificaciones subsiguientes. En cierto sentido, la “Unidad de Tipo” común, para todos los reinos animal y humano, es. . .  un testigo de la unidad esencial de la “plantilla” que la Naturaleza ha seguido para diseñar a sus criaturas.

 

   Lo que Blavatsky dice aquí no es diferente de lo que los genetistas actuales están diciendo. Aunque la selección natural Darwiniana explica cómo se diferencian las especies, todas las especies de todas las criaturas vivientes  están construidas de acuerdo a la misma “unidad fundamental del plan estructural”. Hoy los científicos han identificado ese “plan estructural” como el ADN,  que es la base molecular de toda herencia. Es la “plantilla” de la Naturaleza, de acuerdo a la cual las formas físicas de todas las criaturas son moldeadas.

   Una interpretación teosófica relacionada se expone en el siguiente pasaje:

 

Así cada mortal tiene su contraparte inmortal, o mejor dicho su Arquetipo, en el cielo. Esto significa que el primero [el mortal] está indisolublemente unido al último [el inmortal], en cada una de sus encarnaciones, y durante el periodo del ciclo de nacimientos; sólo está unido por medio del Principio espiritual e intelectual en él, enteramente distinto del yo inferior, nunca a través de la personalidad terrenal. (Collected Writings 14:51).

 

   Blavatsky aquí esta hablando sobre lo que usualmente se conoce como nuestra personalidad y nuestra individualidad. Y ella se refiere a nuestra individualidad como nuestro “Arquetipo”; es el “Principio espiritual e intelectual” inmortal en nosotros, que se manifiesta o refleja en nuestra “personalidad terrenal” mortal. Así como la Naturaleza tiene una “plantilla” arquetípica según la cual se diseñan todas las cosas vivientes, así nosotros individualmente tenemos un arquetipo, nuestro “Principio espiritual e intelectual”, que se refleja y se expresa a sí mismo por medio de nuestra “personalidad terrenal” mortal, o mejor dicho de nuestra serie de personalidades terrenales sucesivas.

   Este concepto de nuestra individualidad como nuestro arquetipo se expresa también en el maravilloso mito de la creación, del volumen sobre Antropogénesis de La Doctrina Secreta. La Stanza 17 de esa serie del Libro de Dzyan relata la construcción de la constitución humana por medio de un grupo (con la típica indecisión e ineficacia de una comisión). El grupo comienza su trabajo entusiastamente. Los Padres Lunares nos dan nuestra forma, sobre la cual la Tierra moldea un cuerpo. El Sol nos da nuestra vitalidad, y determinados Dhyāni-s (o meditadores) nos dan un “espejo” de nuestro cuerpo (también llamado sombra astral o interna). Un hijo del dios del fuego nos da nuestras pasiones e instintos animales. Esos dones son las bases de nuestra personalidad terrenal. Sin embargo, luego se señala que los seres humanos también necesitan “una mente para abarcar el universo”. Pero, desafortunadamente, nadie del grupo puede proveérsela. Por lo tanto la evolución ha llegado a un punto muerto.

   Sin embargo, repentinamente aparecen salvadores como Llaneros Solitarios en caballos blancos. Ellos son los mānasaputra-s (un término que significa “hijos de la mente”); ellos son la descendencia de las inteligencias cósmicas, y encarnan dentro de las personalidades terrenales sin mente. Estos mānasaputra-s son nuestras individualidades, nuestros arquetipos, el “nosotros” real. Nuestras personalidades, las cuales usualmente consideramos como nosotros mismos, realmente son sólo los reflejos imperfectos y parciales de los arquetipos absolutamente reales y permanentes, que son nuestras individualidades. Como Blavatsky dice en algún lugar:

 

La filosofía oculta nos enseña que la mente humana (o manas inferior) es un rayo directo o reflejo del Principio más elevado, la Mente Noética. Esta última es el Ego reencarnante que los antiguos filósofos Arios llaman Mānasaputra, los “Hijos de la Mente” o de Mahat, La Mente Cósmica Universal. (Collected Writings 12:411)

 

Por lo tanto, teosóficamente hablando, los arquetipos son las realidades internas o “astrales” (es decir, sutiles), de las cuales las formas externas son sólo las expresiones temporarias. Respecto a nosotros como seres humanos, nuestras personalidades terrenales externas son sólo los tipos o expresiones de nuestras individualidades internas y arquetípicas.

 

  1. El Arquetipo de los Gemelos

   Entre los muchos arquetipos que encuentran expresión por todo el mundo en mitologías, literatura, leyendas, y de otras maneras, está el de los Gemelos.2 Ahora bien, el arquetipo de los Gemelos no siempre se expresa en los escritos simbólicos del mundo como gemelos genéticamente idénticos. En cambio, el arquetipo se puede expresar como hermanos o amigos, y por ende, enemigos. El arquetipo se puede expresar por medio de dos personas, relacionadas por lazos de sangre o no, que comparten ciertas características. Y tales características compartidas justifican que dichas personas se las considere como dos seres que han sido “hermanados”, es decir, estrechamente asociados o relacionados. 

   Hablando más específicamente, hay dos tipos de Gemelos arquetípicos: Los Gemelos Cooperantes y los Gemelos Rivales. Quizás el ejemplo más conocido de Gemelos Cooperantes son los Dioscuri, Castor y Pollux. (Dioscuri es un término griego que puede traducirse como “jóvenes divinos”). Castor y Pollux eran medio hermanos, ambos hijos de Leda; pero tenían padres diferentes. El padre de Castor era el marido de Leda, Tyndareüs, rey de Esparta. El padre de Pollux, sin embargo, era el dios Zeus, que había quedado prendado de Leda y la visitó en forma de cisne. Como resultado de sus paternidades diferentes, Castor era mortal pero Pollux era inmortal; aún así eran hermanos y amigos íntimos. Crecieron juntos; navegaron juntos con los Argonautas para encontrar el Vellocino de Oro; juntos cazaron el jabalí Caledonio.

   Sin embargo, fortuitamente Castor, el hermano mortal, fue muerto en combate, y su hermano inmortal, Pollux, quedó desolado. Entonces Pollux se presentó ante su padre Zeus y le suplicó que le permitiera compartir su inmortalidad con su hermano mortal. Él le propuso que estuvieran juntos para siempre, la mitad del tiempo en el Hades, donde iban los muertos comunes, y la otra mitad en el Monte Olimpus, donde moran los dioses. Zeus estaba tan conmovido por esta muestra de lealtad fraternal que puso ambos jóvenes en el cielo como estrellas, donde aún brillan intensamente en la constelación de Géminis, los Gemelos.

   No es difícil encontrar otros ejemplos de Gemelos Cooperantes. Otro muy significativo es el de los Aśvin-s Hindúes, dioses caballos gemelos quienes están casi seguro relacionados históricamente con la Dioscuri griego (los hindúes y los griegos son dos pueblos con culturas estrechamente relacionadas). Un par hebreo son David y Jonathan. (Recuerde que los Gemelos arquetípicos no necesitan ser gemelos genéticos o aún emparentados, pero en cambio pueden ser almas gemelas.) Ejemplos recientes son los gemelos biológicos Fred y George Weasley en la serie de libros de Harry Potter. Algunos gemelos cooperantes son muy parecidos el uno al otro: Fred y George Weasley son un ejemplo de ello. Otros contrastan marcadamente en algún aspecto. Así en la Dioscuri, Castor es mortal y Pollux es inmortal.

   También los Gemelos Rivales son conocidos ampliamente. El ejemplo occidental más famoso del arquetipo son Caín y Abel, en el cual Caín, un granjero, asesina a su hermano Abel, un pastor. Un par similar es Rómulo y Remo,  gemelos amamantados por una loba. Rómulo se propuso fundar la ciudad de Roma, pero cuando Remo se burló de sus primeros esfuerzos, Rómulo lo mató. En Irán, Ahura Mazda,  el “Señor Sabio”, emanó dos espíritus: Spenta Mainyu y Angra Mainyu, el Espíritu Divino y el Espíritu Destructivo, que son eternamente diferentes el uno del otro. En Egipto, Osiris es asesinado y su cuerpo mutilado por su mellizo maligno, el dios Set. La rivalidad no necesita ser violenta: en el caso bíblico de Maria y Marta, María es estudiosa y teórica, mientras que Marta es servicial y práctica. El Dr. Jekyll y el Sr. Hyde de Robert Louis Stevenson es un caso inusual en que los mellizos rivales son aspectos diferentes de la misma persona, un tópico también usado en la obra Wizard of Earthsea (Mago de TierraMar) de Ursula LeGuin, en la cual Geb y su sombra son la misma entidad. El mejor ejemplo conocido de Gemelos Rivales en la literatura contemporánea son Harry Potter y Voldemort, que ni siquiera son de la misma generación, pero que comparten partes de sus almas y cuerpos el uno con el otro y por lo tanto son literalmente almas gemelas y hermanos de sangre.

   En algunos casos, gemelos que podría parecer que son rivales terminan como cooperantes. La épica babilónica de Gilgamesh nos da un ejemplo. Gilgamesh es un gran rey de la ciudad de Uruk.  Él representa civilización, orden, y educación. Enkidu es un hombre salvaje indisciplinado que vive entre animales y vaga por el desierto. Enkidu ataca a Gilgamesh, que es lo opuesto a él en casi todo, pero en la contienda resulta ganador Gilgamesh en virtud de su fortaleza y estrategia. El orden y la civilización (representada por Gilgamesh) superan el desorden y lo primitivo (representado por Enkidu). Enkidu, sin embargo, queda tan impresionado por la habilidad de Gilgamesh que le provoca admiración, y ambos hacen un juramento de lealtad mutua y se hacen entrañables amigos por el resto de sus vidas.  La sustitución de la oposición a mano armada por asociación fraternal también se encuentra en las historias del Rey Arturo y Lancelot y de Robin Hood y Pequeño John.

   La mayoría de los ejemplos de Gemelos arquetípicos están formados por pares que son del mismo sexo. Pero también existen ejemplos de gemelos co-sexuales. En el mito griego, Apolo y Artemisa, el dios del sol y la diosa de la luna, son gemelos descendientes de Zeus y de la Titanesa Leto. El mito japonés dice que el mundo (o al menos las islas de Japón) fue creado por un par de hermano-hermana: Izanagi y Izanami. Una antigua literatura para niños, los libros de los Gemelos Bobbsey, describen las aventuras de dos pares de gemelos, cada uno formado por un hermano y una hermana: los mayores Bert y Nan y los más pequeños Flossie y Freddie. Un par más reciente que se descubrió que son mellizos son Luke Skywalker y Leia Organa de La Guerra de las Galaxias.

   Además de los gemelos mencionados precedentemente, tanto cooperantes como rivales, se pueden hallar otros en los mitos de los africanos occidentales, mayas, navajos, canaanitas, sumerios, y otras culturas. ¿Por qué los gemelos están tan generalizados en la literatura y los mitos? Hablando desde una visión jungiana, podríamos decir que los gemelos representan la sensación que tenemos de la diferencia entre nuestro propio ego y algún “otro nosotros”. El otro puede ser una sombra o un Yo mejor; una máscara o un anima/animus. (alma).

   Arquetípicamente hablando, los Gemelos son dos aspectos de nosotros. Si deseamos transformarnos, debemos primero reconocer qué somos. Los mitos y las historias ayudan bastante a que hagamos ese reconocimiento. Porque nosotros somos todos los arquetipos. Al observar cómo interactúan, aprendemos quiénes y qué somos, y, lo más importante es que aprendemos cómo podemos cambiar. El arquetipo de los Gemelos también ayuda a definir nuestra relación con otros seres humanos: tanto cooperantes como rivales. La cooperación y la rivalidad no son mutuamente excluyentes. De hecho, en el mejor de los casos, la rivalidad conduce a una cooperación fraternal, como en el mito de Gilgamesh y Enkidu. Todas las relaciones humanas implican tanto rivalidad como cooperación. Lo que se necesita es un equilibrio entre esos opuestos. Y esta observación nos lleva a Olcott y Blavatsky.

 

  1. Olcott y Blavatsky como Gemelos

   Los arquetipos tienen un medio para expresarse, no sólo en mitos y en la literatura, sino también en la vida de las personas. En Old Diary Leaves (Historia de la Sociedad Teosófica, edición en castellano), Henry Steel Olcott, refiriéndose a Helena Petrovna Blavatsky y a él mismo, hizo la famosa declaración: “Solíamos hablar de nosotros mismos como los Gemelos Teosóficos (ODL 1.9:141).” Dicha declaración ha sido tomada como la consigna de este artículo. ¿Qué significa esta declaración de Olcott? ¿Qué podemos concluir, a partir de sus propias palabras, que quiso decir con esa declaración? ¿Y qué diferencia hace? Estas preguntas son el tema del resto de este artículo.

   Con respecto a los objetivos y a la entrega, Olcott y Blavatsky fueron la encarnación de los Gemelos cooperantes.  Y es sin dudas lo que Olcott tuvo en mente cuando escribió la frase antes mencionada. Pero Olcott y Blavatsky eran marcadamente diferentes en otros aspectos, y dichas diferencias a veces los llevaba a ser la encarnación de los Gemelos rivales. Esa combinación de cooperación y rivalidad es bastante normal en las interrelaciones humanas.

   Olcott y Blavatsky eran parecidos en su entrega total al trabajo de los Maestros. La devoción de Blavatsky hacia los Maestros a lo largo de toda su vida fue la nota predominante en todas las cosas que ella hizo. El Maestro KH escribió de Olcott:

 

En él podemos confiar bajo toda circunstancia, y nos presta su leal servicio estando bien o estando mal . . . ¿Dónde podemos encontrar una devoción igual? Él  es alguien .... que puede cometer innumerables errores por celo excesivo pero siempre está dispuesto a reparar su falta aún a costa de la mayor humillación; que considera el sacrificio de la comodidad y aún de la vida, como algo que puede ser arriesgado alegremente cada vez que sea necesario; que comerá cualquier comida, o ninguna: dormirá en cualquier cama, trabajará en cualquier lugar, fraternizará con cualquier paria, resistirá cualquier privación por la causa. (CM 5,17)

 

   Era en ese servicio leal, devoción y sacrificio que Olcott y Blavatsky eran gemelos. Ellos fueron los dos principales fundadores de la Sociedad Teosófica y los dos individuos principales que formularon lo que vino a convertirse en la Teosofía moderna, Blavatsky en el aspecto interno teórico y Olcott en el práctico externo. Olcott dice de su relación:

 

Ella fue la Instructora, yo el pupilo; ella la malinterpretada  e insultada mensajera de los Grandes, yo el cerebro práctico del plan, la mano derecha que resuelve los detalles prácticos. Bajo la clasificación Hindú, ella sería el Brahmin que enseña, yo el Kshattriya que pelea; bajo la budista, ella sería el Bhikshu, yo el Dyākya o laico trabajador. (ODL 4.2:22-3)

 

   Ni la Sociedad Teosófica ni la Teosofía serían lo que son hoy si no fuera por el trabajo en conjunto de estos “Gemelos Teosóficos”.

 

Allí existió un indestructible foco de vitalidad en el inapagable entusiasmo de los dos amigos, la rusa y el americano, quienes iban muy en serio; que nunca ni por un momento tuvieron una duda sobre la existencia de sus Maestros, sobre la excelencia del trabajo encomendado, o del completo triunfo final que los coronaría.... Lo único que sentimos más y más a medida que el tiempo pasaba, era que los dos podíamos contar absolutamente con el otro en cuanto a la Teosofía, aunque el cielo mismo se viniera abajo; más allá de eso, todo dependía de las circunstancias. (ODL 1.9:141)

 

 

   La cualidad de gemelos de los dos amigos consistía en algo más que ideales compartidos. También los unió una conexión psíquica. Un ejemplo de esa conexión fue relatada por Olcott al describir un terrible incendio que ocurrió cerca de Adyar mientras HPB estaba en Europa:

 

Ocurrió una horrible tragedia . . . en el Parque del Pueblo, en Madras, durante los días de la Convención (Diciembre de 1885); alrededor de trescientas o cuatrocientas personas se quemaron vivas presas del pánico que los sobrecogió cuando algunos locales y vallas hechos de hojas de palmas accidentalmente se prendieron fuego durante una Feria que se estaba realizando. La razón por la cual lo estoy mencionando es que la onda de sufrimiento que se creó en la Luz Astral alcanzó a HPB en su alojamiento en Bélgica, y la puso en un estado de gran inquietud por nuestra seguridad. ...

Este es un fenómeno psicológico de lo más instructivo. La “onda de sufrimiento” de la cual hablé, primero alcanzó a Adyar, por supuesto, por estar más cerca, y de mí pasó a HPB, con quien estaba íntimamente conectado espiritualmente. ... De modo similar cuando ella murió en Londres en 1891, me di cuenta de ello estando en Sydney, NSW. Acostumbrábamos a llamarnos “gemelos”, y lo éramos en la medida de nuestra comunión de simpatías en lo que concernía a las líneas de nuestro trabajo. ¡No es para sorprenderse tanto, considerando el modo en que habíamos trabajado juntos! (ODL 3.23:343-5)

 

   A veces, otras personas se esforzaron por abrir una brecha entre los gemelos. Pero el compromiso del uno hacia el otro y hacia los Maestros superó todos esos esfuerzos. En el transcurso de uno de esos esfuerzos por dividirlos en 1887, Blavatsky le escribió a Olcott desde Inglaterra, y Olcott plasmó su mensaje:

 

Ella me ruega desarticular la parte india de la conspiración, en nombre de su “real, más que fraternal afecto” que ella tiene por mí, su “lealtad interna, no externa” hacia mí como su “colega, amigo, y colaborador en el trabajo del Maestro”. En otra carta ella escribe: “Lo quiero más que a nadie en el mundo, salvo al Maestro, mi amistad y mi afecto fraternal por usted es eterno; y si cree que soy capaz de fallarle a usted, mucho menos a la ST, entonces, usted es un ____.” El uso que ella hace de la palabra “eterno” tiene un significado más profundo de lo que aparenta, como entenderán aquellos que han rastreado hacia atrás las relaciones mutuas de nosotros dos en vidas pasadas (ambos hombres en todas ellas). Es suficiente decir que ésta no es la primera vez que hemos estado estrechamente relacionados en los caminos evolutivos de nuestras dos almas. (ODL 4.2:24)

 

   En muchas ocasiones surgieron desacuerdos entre Olcott y Blavatsky. Éstos fueron en parte fomentados por personas en Europa que admiraban a Blavatsky y querían romper lazos con Olcott y Adyar. En parte fueron también el resultado del conflicto entre la autoridad externa e interna que surgió cuando Blavatsky tuvo la intención de formar una Escuela Esotérica que respondiera sólo a ella. En 1888, Olcott viajó en barco a Inglaterra, intentando sofocar lo que él juzgó era una incipiente insurrección. A bordo del barco, recibió una carta del Maestro KH, que incluía lo siguiente:

 

HPB no está interesada casi en modo alguno de los detalles administrativos, y debería mantenérsela libre de ellos, en la medida en que su fuerte naturaleza pueda ser controlada. Pero debe decirles esto a todos: Respecto a asuntos ocultos, ella es la encargada absoluta.  Nosotros no la hemos abandonado; no la hemos dejado bajo la dirección de los “chelas”. Ella es nuestro agente directo. Le aconsejo que no permita que  sus sospechas  y resentimiento contra “sus muchas locuras” influyan en su lealtad intuitiva hacia ella. En el arreglo de este asunto europeo, tendrá dos cosas para considerar, la externa y administrativa, y la interna y psíquica. Mantenga la primera bajo su control y el de sus más prudentes asociados, trabajando en conjunto: déjele la segunda a ella. A usted se lo deja para que elabore los detalles prácticos con su habitual inventiva e ingenio. Sólo le digo que tenga cuidado,  . . .  cuando alguna obstrucción emergente de su parte respecto a asuntos prácticos se le envíe a usted para resolver, (discierna) entre lo  que es meramente exotérico en origen y en efectos, y lo que comenzando en el dominio práctico tienda a generar consecuencias en el plano espiritual. En cuanto a lo primero  usted es el mejor juez, en cuanto a lo segundo, ella. (LMW 1.19,46)

 

   Los comentarios del Maestro definen los campos de actividad respectivos, responsabilidades e interacción mutua de los dos “Gemelos Teosóficos”. Sin embargo, la interacción mutua entre ellos es más que simplemente un hecho histórico. También es el reflejo de una realidad arquetípica.

 

  1. Los Gemelos Teosóficos y Nosotros

 

   Los Gemelos arquetípicos representan la relación que cada uno de nosotros debería tener con los demás. Todos nosotros somos gemelos. Estamos tan estrechamente relacionados unos con otros como es posible estarlo, física, emocional, mental y espiritualmente. Cuando interactuamos con los demás, tendremos a veces conflictos, como Olcott y Blavatsky los tuvieron. Pero si nos inspiramos en el sabio ejemplo de Gilgamesh y Enkidu, transformaremos en cooperación nuestro conflicto con el otro, y esta cooperación será más fuerte y sabia porque surge de un conflicto amistoso. Eso es precisamente lo que sucedió en las vidas de Olcott y Blavatsky. Y es lo que tiene que suceder en las vidas de cada uno de nosotros a medida que interactuemos con nuestros compañeros.

   Los Gemelos arquetípicos también representan dos aspectos dentro de cada uno de nosotros. Un aspecto es nuestra individualidad superior, nuestro “Arquetipo”, y el otro aspecto es nuestra personalidad inferior, el reflejo en tiempo y espacio de esa individualidad “Arquetípica”. La mente empírica y pragmática de nuestra personalidad se relaciona con  lo externo y lo práctico en  nuestras vidas, así como Olcott se relacionó con los asuntos administrativos de la Sociedad. La mente intuitiva y noética de nuestra individualidad está dedicada a lo interno y espiritual en nuestras vidas, así como Blavatsky se ocupó de los asuntos espirituales de la Teosofía. Estos dos aspectos de nuestra naturaleza, la personalidad y la individualidad son, como fueron Olcott y Blavatsky, ambas necesarias e indispensables, pero cada una convenientemente a cargo de sus propias esferas específicas  en nuestras vidas.

   Olcott y Blavatsky, los “Gemelos Teosóficos”, son parte de la historia. Pero como reflejos de una realidad histórica y arquetípica, también son parte de nosotros. Esto es así, porque, como dice la Tabla Esmeralda: “Lo que es Abajo, es como lo que es Arriba, y lo que es Arriba es como lo que es Abajo, para completar las maravillas de la única cosa.” La “única cosa” es la realización conciente de la unidad de toda la existencia: de nuestro yo inferior con el superior, de cada uno de nosotros con todos los demás, de todos nosotros con la Realidad Una que sustenta toda existencia. En esa realización está lo maravilloso, por cierto. Y para lograr esa realización, no podemos hacer nada mejor que seguir los pasos arquetípicos de los “Gemelos Teosóficos”.

 

Referencias

 

1.       Referencias a (ODL) Old Diary Leaves (Historia de la Sociedad Teosófica) de H. S. Olcott están por volumen, capítulo, y página(s). Referencias a (ML) Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnet son a la edición cronológica por número de carta y página. Referencias a (LMW) Cartas de los Maestros de Sabiduría están por volumen o número de series, número de carta, y página.

 

2.       Por conveniencia ortográfica en este texto, cuando “Gemelo” se refiere al arquetipo, comienza con letra mayúscula; cuando “gemelo” se refiere a la encarnación del arquetipo o a gemelos genéticos, está en minúscula. En citas, se preservó la ortografía original.

 

 

 

 


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