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Vol. 129 - Número 1 - Octubre 2007 (en Castellano) |
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Trabajo práctico para teósofos Annie Besant[1] Toda persona que ingresa en la Sociedad Teosófica está obligada a aceptar su primer objetivo, la afirmación de la Fraternidad Universal del Hombre, pero es lamentable que, para un gran número de miembros sigue siendo una frase vacía, demasiado parecida a la frase de las Iglesias de "muy amados hermanos", sin relación con la vida, ni efecto alguno sobre la conducta. No se puede encontrar ninguna antítesis mayor que la que existe entre el principio de la fraternidad y la idolatría a la clase social y al Becerro de Oro de la sociedad moderna, ningún vínculo de verdadera fraternidad une a los habitantes de los palacios y a los de barrios marginales, no existen lazos dorados de compasión que una a los ricos y los pobres. Sin embargo el altruismo sigue siendo sólo un nombre mientras esté separado del servicio personal a la Humanidad, y la Teosofía no es más que una nueva forma de egoísmo glorificado para aquellos que "la adoptan" por curiosidad, o simplemente por el deseo de saber; el conocimiento puede ser una posesión personal y los poderes se pueden alcanzar sólo para ejercerlos. En la puerta principal del Templo del Conocimiento se encuentra el Guardián, y si a su pregunta: "¿Por qué deseas lograr conocimiento?" se da una respuesta que no sea: "Que pueda yo servir mejor a la humanidad", el candidato a la admisión debe ser devuelto a su libro de ortografía, hasta que no haya aprendido el alfabeto del Altruismo. Supongamos que de repente, como por arte de magia, pudieran desarrollarse todos los poderes latentes del Intelecto y la Voluntad humana, en los hombres y mujeres que nos rodean, y que pudieran caminar por el mundo vestidos con conocimiento y poder supersensorial; ¿de qué serviría? salvo hacer de este mundo un infierno peor, de contiendas pasionales más grandes que en la actualidad, abarcaría luchas titánicas de egoísmo y avaricia, ofreciendo lo más horrible por los inmensos poderes de aquellos ocupados en la lucha fratricida? No hasta que la bestia en nosotros se vea despojada de vida, no hasta que el yo inferior sea aniquilado, y sólo la voz del Ser Superior se oiga, no hasta que el deseo personal se haya perdido en el deseo a favor de la humanidad; no hasta que toda ambición esté muerta, excepto la ambición de servir, no hasta que este punto se alcance, puede el poder ser confiado con seguridad en manos humanas. Los que entran a la ligera a la Sociedad Teosófica, imaginando que lo que surgirá de inmediato es el ejercicio de las capacidades humanas superiores, deben aprender que la facultad de dirigir la Vida Superior debe preceder a la capacidad de ejercer los poderes superiores. De ahí la insistencia en una larga probación para cada candidato, el profundo estudio que asegura que el conocimiento sea anterior al Poder, he ahí las pruebas que obstruyen el camino hacia los planos superiores del ser. Y ya que el carácter se deriva de los hábitos, y los hábitos de la repetición habitual de los actos, no hay mejor escuela para la formación de hábitos de generosidad, no hay manera más segura de moldear el carácter desinteresado, que realizando actos personales de servicio a nuestros hermanos y hermanas que luchan en el triste medio ambiente creado para ellos por nuestra civilización moderna. En primer lugar debe surgir el honesto y verdadero sentimiento de igualdad, no la declaración verbal, sino la convicción interna. A menos que este exista, todo el trabajo entre los pobres tiende a ser desmoralizador, tanto para los que ayudan como para los que son ayudados, engendrando la auto-complacencia en el uno y la subordinación en el otro. Cada acto tiene que surgir espontáneamente de la relación fraternal, para que la ayuda, el consuelo, el consejo, toda vez que sean dados, sea la entrega libre y amorosa de hermano a hermano, de modo que el respeto del más alto hacia el más bajo despierte el respeto de sí mismo, y la caridad se vuelva a convertir en Amor, que purifique y eleve, y que no degrade. Pero, repito, el sentimiento de igualdad debe ser verdadero, todas las castas sociales enlazándose en la fraternidad humana, de modo que no haya conciencia de la diferencia entre príncipe o mendigo, y el hombre y la mujer sean todo y la clase nada. Luego viene la limpieza de nuestra propia vida en sus relaciones con aquellos por cuyo trabajo estamos alimentados, vestidos y cobijados. Cada artículo que utilizamos encarna tanto trabajo humano, y si lo usamos, nos vemos obligados a dar por él, el debido valor equivalente a nuestro propio trabajo. Si no se hace así, estamos robando en lugar de intercambiar, ensuciando nuestras vidas con el robo. Y aquí me dirijo a los Teósofos que pertenecen a las clases "media" y "superior", porque los pobres, ya agobiados por el trabajo, se ven obligados a comprar lo que necesitan para su subsistencia, al menor precio que lo puedan obtener. Esto no es así entre los más ricos y están obligados a ver que no exploten el sudor de los trabajadores por sus compras de "mercadería barata". En esta materia son las mujeres las peores pecadoras, compran vestidos y otras prendas de vestir a precios que saben que no pueden cubrir el costo de material y el salario justo de la costurera. Si personalmente emplearan la costurera en lugar de comprar su trabajo en la tienda, no se atreverían a pagarle el salario de hambre que pagan por medio de los comerciantes, y ellas entonces no se llevarían vestidos manchados quizás por la prostitución que se ha ejercido por un pedazo de pan. Si no pueden manejar este empleo de personal, pueden fácilmente comprobar quiénes son patrones justos y quiénes no lo son, pidiendo información por escrito a la señorita Clementina Black, 198, High Holborn, Londres, W. C., quien se esforzó para formar una “Liga de Consumidores”, de personas avergonzadas de vivir con el sudor de sus vecinos. Es casi innecesario añadir que la vida personal del teósofo debe ser frugal, sencilla y libre de lujo, tanto por el bien de su propio desarrollo interior, y a fin de que pueda vivir honestamente, no tomando más de lo que da. En la vida personal así purificada, sigue existiendo el servicio activo que le debemos a nuestros semejantes. Aquí cada uno debe juzgar sus propias capacidades y oportunidades, pero hay dos o tres líneas de trabajo para hombres y mujeres trabajadores y cultos que son mucho más solicitados en la actualidad. Por ejemplo, algunos podrían servir como administradores de nuestro Consejo de Escuelas, ocupándose de pagar los impuestos, de supervisar la forma y el método de enseñanza, de tener en cuenta si los niños son alimentados correctamente, de organizar comidas gratuitas para los necesitados, y de darles a los profesores la simpatía y amistad que tanto les hace falta en su arduo y responsable trabajo. Hay vacantes para el servicio útil y de gran alcance, en esta segunda línea de trabajo, tal vez como ninguno, teniendo repercusión como lo hace, en la formación de los ciudadanos del futuro, así como en la disminución de las cargas que hoy pesan tanto. Las mujeres de manos ociosas, pueden encontrar un modo de utilizar el tiempo libre en el servicio a otros escribiendo a Allen D. Graham, 18, Buckingham Street, Strand. El Sr. Graham, hace algún tiempo, vio que los niños inválidos eran frecuentemente enviados desde los hospitales a casas sucias, pobres y hacinadas, y sugirió que gente de buen corazón podría encargarse de dos o tres de esos niños, visitarlos, jugar con ellos, sacarlos y, de hecho, generalmente "mimarlos". Estos niños, enfermizos y débiles, sufren terriblemente en este apresurado mundo de pesares, y se podría evitar mucho dolor, y darles dicha, por un pequeño sacrificio de tiempo y preocupación. Otra forma de servicio, abierta a los más ricos, es comprar acciones de sociedades cuyos trabajadores tienen notoriamente exceso de trabajo, y luego asistir a las juntas de accionistas e insistir en la reducción de la jornada, en salarios más altos, y un mejor trato en general. En donde exista un sindicato, los dividendos de las acciones se pueden pagar en el fondo de la Unión de los trabajadores; donde no hay sindicato, no hay trabajo más útil que se pueda hacer que instar a los hombres o las mujeres a unirse y ayudarles a ellos en los primeros y difíciles pasos de la organización. Estas sugerencias pueden servir como ejemplo de la clase de servicio que pide a gritos que se haga, la profesión práctica de la Fraternidad del Hombre. Yo no los estoy presentando como remedios para los males inseparables del presente orden de la sociedad. Como socialista sé muy bien que todo este tipo de trabajo sólo puede actuar como paliativo, no como cura; no obstante, se ilumina parte de la oscuridad que nos rodea, y, en ausencia del sol, débiles velas son mucho mejor que la oscuridad extrema total. Es evidente que, además de tales deberes de Servicios del Hombre, como lo he expuesto, hay otros deberes que incumben a cada miembro de la ST. Aquellos que pueden utilizar sus plumas deben responder a las objeciones o calumnias publicadas en las columnas de nuestra prensa ordinaria, la mayoría de los editores pondrá en una respuesta lacónicamente clara, por escrito, los ataques realizados en sus trabajos. Y todos deberían estudiar las enseñanzas teosóficas, tanto para su propia cultura como para ayudar a los demás. No basta con fijar nuestros propios pies en el Sendero, tan pronto como nos sea posible, debemos guiar hacia allí los pies de los demás, y a fin de poder ser competentes para la tarea, tenemos que estudiar, estudiar y estudiar. La metafísica sutil de la Teosofía, atraerá solo a pocos; pocos, también, es probable que sientan la llamada a subir el sendero de acceso a las escarpadas alturas en que los Maestros se sientan serenos. Ni su filosofía, ni sus posibilidades de crecimiento le servirán de mucho a los pensadores superficiales o a los poderosos de nuestros días. Pero la visión de una vida noble, que trabaja vigorosa y desinteresadamente por el bienestar humano, que lucha contra la pobreza y la tristeza, las hijas de la ignorancia, justifican la Teosofía a los ojos del mundo, demostrando que la devoción puede existir sin la superstición, que el intelecto claro puede caminar a la par del Amor que salva.
No permitas que el fruto del buen karma sea tu motivo, porque tu karma, bueno o malo, es uno y también es propiedad común de toda la humanidad, nada bueno o malo puede sucederte que no sea compartido por muchos otros. De aquí que si tu motivo, es egoísta, sólo puede generar un doble efecto, bueno y malo, y, o anulará tu buena acción, o se puede convertir en la ganancia de otro hombre. . . . No hay felicidad para el que está siempre pensando en su propio yo, y olvida a todos los otros yoes. El universo gime bajo el peso de esa acción (Karma), y sólo el Karma del auto-sacrificio lo alivia. . . ¿Cuántos de ustedes han ayudado a la humanidad para aligerar su peso, y que así puedan considerarse teósofos? ¡Oh, hombres de Occidente, que podrían jugar a ser los salvadores de la humanidad antes de que incluso salvaran la vida de un mosquito cuya picadura les amenaza!, ¿serían partícipes de la Divina Sabiduría o Teósofos de verdad? Entonces, hagan como los dioses encarnados hacen. Siéntanse ustedes mismos como los vehículos de toda la humanidad, la humanidad como parte de vosotros mismos, y actúen en consecuencia. Un Maestro de la Sabiduría [1] De Theosophical Siftings, vol. 2, 1889,90
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