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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 129 - Número 1 - Octubre
2007 (en Castellano)

 
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El fuego del altruismo  inextinguible:

Testimonio de Annie Besant

 

 

Pedro Oliveira

 (El señor Pedro Oliveira es licenciado en Filosofía, es Presidente de la Federación Teosófica Indo-Pacífica, y a menudo escribe y da conferencias sobre Teosofía.)

   Uno de los aspectos desconcertantes de la condición humana es el hecho de que algunas personas, al enfrentarse a múltiples adversidades y peligros, logran olvidarse de sí mismas en el servicio hacia los demás. Pero ¿por qué molestarse? es un mantra muy  conocido por millones de personas en todo el mundo. Pueden ver lo que la codicia humana y la crueldad están haciendo al planeta y a sus múltiples y diversas especies, se los alimenta diariamente con imágenes de la monstruosidad humana contra otros seres humanos, ven cómo el egoísmo devora nobles aspiraciones humanas y convierte a dirigentes, políticos y hasta idealistas en esclavos de los dioses de la ganancia y el poder. Viendo todo esto, dicen: ¿Por qué molestarme? Yo soy sólo un individuo, no puedo cambiar el mundo.

   Sin embargo, a lo largo de la historia, hubo unos pocos individuos que se negaron a ser sedados por la pereza moral y a quedarse estupefactos por sus propias preocupaciones en sus múltiples formas. Algo en ellos respondió al sufrimiento y a las urgentes necesidades de quienes les rodeaban, y su respuesta no fue influida ni por conveniencia, ni por un sentido de prioridades personales, ni por el miedo. En lugar de refugiarse en su propio dolor o en el interés propio, optaron por la difícil situación de sus semejantes de tal manera que todas las consideraciones personales dejaron de ocupar el centro del escenario y la única fuerza motivadora que guió sus vidas fue el altruismo, el fuego inextinguible que arde sin tregua y quema toda la escoria en la psique humana, dejando sólo el oro puro de una dedicación constante, que no conoce centro.

    Uno de los aspectos sobresalientes de la vida de Annie Besant es que varios de los que escribieron sobre ella atribuyeron a su carácter, en la mayoría de los casos, rasgos que eran más proyecciones de sus propias mentes que hechos reales. Pero aquellos que la conocieron y que cayeron bajo su influencia cambiaron profundamente sus vidas y vieron en ella una fuente de inspiración perenne. Por ejemplo, fue criticada por haber cambiado su ideología muchas veces hasta que finalmente abrazó la Teosofía. Pero cuando uno lee lo que escribió, incluso durante su período ateo y de materialismo, uno no puede dejar de ver cómo el fuego del altruismo había tocado su alma muy profundamente, tanto como para influir en cada una de sus acciones e iniciativas. El servicio desinteresado y la búsqueda de la Verdad eran para ella los valores fundamentales en su vida cotidiana mucho antes que se encontrara con la enseñanza Teosófica.

    ¿Qué es el altruismo? Hay algunos para quienes la palabra se equipara a una ideología, es decir, un pensamiento reglamentado, una necesidad moral. El problema de equiparar el altruismo con una ideología es que puede dar lugar a un pensamiento motivado por la obligación y no necesariamente por una respuesta pura al sufrimiento humano y sus necesidades. En otras palabras, uno debería ayudar porque naturalmente responde a las necesidades de otros y no debido a un concepto que ordena que uno tiene que ayudar. Es una experiencia común a millones de personas en todo el mundo que los políticos se ponen una máscara altruista en los meses que preceden a una elección, sólo para reasumir su yo normal después de que el proceso electoral ha terminado. El egoísmo y el altruismo nunca pueden estar juntos.

  Tal vez el altruismo es una realización, en algún grado, de que los límites que separan nuestras vidas de las vidas de los demás son en realidad artificiales y basados en la mente. Cuando uno viaja en un autobús o un tren, por ejemplo, se puede ver en la cara de sus compañeros de viaje lo que les afecta: miedo, soledad, ira, incertidumbre sobre el futuro, indiferencia, etc. E incluso si uno

no puede decir nada, si el altruismo es una realidad en nuestras vidas, se expresa naturalmente como profunda simpatía, compasión y comprensión que puede ayudar a los demás de muchas maneras.  El altruismo es una respuesta de esa dimensión de nuestro corazón que está libre de la noción de separatividad. Consideremos por ejemplo el siguiente pasaje de la Autobiografía de Annie Besant:

  Pero, ¡ay! Cuán pacientes fueron en su mayor parte, cuán tristes, patéticamente pacientes, este Cristo crucificado, la Humanidad, males que encenderían mi corazón y mi lengua y que serían aceptados como una cosa natural. Oh personas ciegas y poderosas, cómo mi corazón fue hacia ustedes pisoteado, maltratado, ridiculizado, pidiendo tan poco y con tanta necesidad, tan patéticamente agradecido por el más insignificante de los servicios, tan amante y tan leal con aquellos que le ofrecieron sus pobres servicios y un impotente amor. Cada vez más profundo en mi naturaleza más intima creció el intenso deseo de socorrer, de sufrir por los demás, de salvar. Hacía mucho tiempo que había abandonado mi reputación social, y ahora abandoné con una siempre creciente tranquila serenidad, la comodidad y el tiempo; la pasión por la piedad se hizo más y más fuerte, alimentada por cada nuevo sacrificio, y cada uno de esos sacrificios me llevó más y más cerca del umbral de esa puerta tras la cual se extendía un camino de renunciación que nunca había soñado, el cual podrían hollar aquellos que estaban dispuestos a desprenderse totalmente de sí mismos por causa del hombre, quienes por amor se rendirían. El retorno del  Amor de aquellos que sirvieron, y que saldrían de la oscuridad por sí mismos, con sus propias almas como combustible, alimentando la Luz del mundo.[1]

   De hecho, sería difícil encontrar una afirmación testimonial más clara de lo que realmente es el altruismo que el pasaje que se mencionó anteriormente. Implica una respuesta de una naturaleza en nosotros mismos, tan completamente eliminada del sentido personal del yo, que es completa, total y sin reservas. De hecho, es una experiencia que altera la vida en la que uno se convierte en un testigo real del Terreno inquebrantable e increado que sustenta toda la existencia y la vida. La energía de tal testimonio es de tal orden que reduce a cenizas toda forma de auto-interés, de preocupación por sí mismo, y conduce a la persona a quien ha tenido tal experiencia a una vida de servicio desinteresado que no tiene fin.

   En 1888, el año antes de que se uniera a la Sociedad Teosófica, Annie Besant, junto con W. T.  Stead, decidió crear el semanario Link (Vínculo), de medio centavo semanal, con el espíritu de lo que fue descrito en su lema, tomado de Víctor Hugo: “La gente está en silencio. Voy a ser el abogado de este silencio. Voy a hablar por el mudo. Voy a hablar de lo pequeño y lo grande, y de los débiles y los fuertes. . . . Voy a hablar por todos los silentes desesperados. Voy a interpretar este tartamudeo, voy a interpretar los gruñidos, los murmullos, los tumultos de las multitudes, las quejas mal expresadas y todos los gritos de los animales que, por ignorancia y por medio del sufrimiento, el hombre se ve obligado a pronunciar. Seré la Palabra del Pueblo. Yo seré la boca lesionada a la que se le ha arrancado la mordaza. Voy a decirlo todo.”

   Su altruismo, evidentemente, no era ni acogedor ni cómodo. Era valiente, orientado a la acción, desafiante, e intrépido.

   Muchas tradiciones espirituales señalan que antes de que uno pueda incluso dar los primeros pasos en el Sendero hay que comprender, profunda y directamente, que lo que se llama el Sendero es de hecho un movimiento hacia el centrismo del otro. Existen muchos en el mundo que creen que para hollar el Sendero no tienen que deshacerse de nada, que pueden continuar consintiéndose y nutriendo sus muchos deseos, y que de alguna manera aún pueden experimentar la Realidad espiritual. Tal vez es este tipo de pensamiento el que ha ayudado a crear la plétora de “gurús”, “instructores” y “maestros” que actualmente recorren el mundo en el circuito de sus enseñanzas. Como un economista señaló una vez: cuando la necesidad de un nuevo producto no existe, ¡se puede crear!

  Pero cuando una actitud altruista de la mente y el corazón se ha nutrido con sinceridad, los principios espirituales se asimilan mucho más fácilmente. Consideren, por ejemplo, la respuesta de Annie Besant  después de leer La Doctrina Secreta:

Llevé la carga a casa y me senté a leer. Al pasar página tras página el  interés me absorbió, pero qué familiar me parecía, cómo mi mente saltaba para adivinar las conclusiones, cuán natural era, cuán coherente, cuán sutil, y sin embargo cuán inteligible. Me deslumbró, cegada por la luz en que los hechos inconexos eran vistos como partes de un poderoso todo, y todos mis enigmas, acertijos, problemas, parecieron desaparecer. El efecto fue parcialmente ilusorio en un sentido, en que todos ellos tuvieron que ser desentrañados lentamente después, el cerebro gradualmente asimilaba lo que la intuición rápida había captado como verdad. Pero había visto la luz, y en ese destello de luz supe que esa agotadora búsqueda había terminado y que había encontrado la verdad.[2] 

   Una de las críticas que fueron y son dirigidas contra ella fue el intento de hacer las enseñanzas de La Doctrina Secreta más accesibles a las personas en general. Una vez más el fuego del altruismo la impulsó a presentar la enseñanza de la Sabiduría en un lenguaje que hablaba directamente a los corazones y las mentes de hombres y mujeres en todo el mundo y que trajo la luz de la Teosofía a decenas de miles de buscadores en muchos países. Besant escribió:

Algunos se han quejado de que nuestra literatura es a la vez demasiado abstrusa, demasiado técnica, y demasiado exclusiva para el lector común, y es nuestra esperanza que esta presente serie tenga éxito en proporcionar lo que realmente desean. La Teosofía no es sólo para los eruditos, sino que es para todos. Puede ser que entre aquellos que captan en estos pequeños libros la primera vislumbre de sus enseñanzas pueda haber unos pocos que sean guiados por ellos a penetrar más profundamente en su filosofía, su ciencia y su religión, enfrentando sus problemas más abstrusos con el  celo del estudiante y el ardor del neófito. Sin embargo, estos manuales no están escritos para el estudiante ansioso cuyas dificultades iniciales no lo amilanan, están escritos para hombres y mujeres ocupados en el mundo del trabajo diario que buscan aclarar algunas de las grandes verdades que hacen la vida más llevadera, y enfrentar la muerte más fácilmente.[3]

   Ella se refirió nuevamente a la aplicabilidad universal de las enseñanzas teosóficas en su libro La Sabiduría Antigua, cuando escribió en la Introducción:

Hablando de las Santas Escrituras, un cristiano devoto dijo que había en ellas zonas poco profundas en las que podría pasar a nado un niño, y abismos en los que un gigante debe nadar. Podemos decir otro tanto de la Teosofía, pues entre sus enseñanzas, las hay tan sencillas y prácticas, que cualquier persona de inteligencia común puede comprenderlas y aplicarlas, mientras que otras son tan profundas que los más capaces agudizan su intelecto para comprenderlas y se hunden exhaustos en el esfuerzo.[4]

  En 1913, Besant definió clara y objetivamente su propio punto de vista en relación con la opinión y la creencia en la Sociedad Teosófica. Uno puede ver fácilmente la importancia de su contribución al reafirmar principios esenciales que guiaron la ST desde sus inicios:

Algunos de nuestros miembros repiten las declaraciones de un vidente u otro, y parecen considerar que tal declaración debería excluir nuevos debates. Pero nadie en la ST tiene autoridad para establecer lo que la gente debe pensar, o no, sobre cualquier tema. No estamos en la posición de una Iglesia ortodoxa, que tiene ciertos artículos de fe determinados, que impone ciertos credos definidos en los que todos los miembros leales están obligados a creer. El único punto que debemos aceptar es la Fraternidad Universal, e incluso en esto podemos diferir en nuestra definición de la misma. Fuera de eso, estamos en perfecta libertad para formar nuestras propias opiniones sobre todos los temas, y la razón de esta política es clara y muy buena. Ninguna opinión intelectual es digna de mantenerse a menos que se obtenga por el esfuerzo individual de la persona que sostiene esa opinión. Es mucho más saludable ejercitar nuestra inteligencia, aún si llegamos a una conclusión equivocada y formamos una opinión inadecuada, que simplemente como loros repetir lo que otros dicen, y así dejar fuera toda posibilidad de desarrollo intelectual. (Folletos Adyar, N º 36)

  En 1907, en un momento de gran turbulencia en la ST y antes que ella fuera elegida, escribió un artículo para The Theosophist ( “El fundamento de la Sociedad Teosófica” - febrero de 1907), en el cual una vez mas su naturaleza altruista se expresó abiertamente. En el artículo mencionado anteriormente ella examinó la pregunta: ¿Tiene la Sociedad Teosófica un código moral? Ella concluyó diciendo:

Sinceramente creo que es mejor que hagamos nuestra parte para purificar al núcleo, purificándonos a nosotros mismos, y no expulsando a nuestros hermanos; que podemos evitar males manteniendo ideales elevados en vez de separarnos desdeñosamente de aquellos a quienes condenamos;  que la Sociedad vive por el esplendor de sus ideales, no por la rigidez de sus líneas de exclusión, que perdurará en proporción a la espiritualidad desarrollada en sus miembros y no de acuerdo a los aplausos o censuras del mundo; que la fortalecemos en la medida en que amamos y perdonamos, y la debilitamos en la medida en que condenamos y excluimos. Así lo creo yo. No de otro modo.

   Ella se hizo cargo del joven Krishnamurti como un hijo, patrocinó su educación y lo presentó al mundo como el “vehículo del Instructor del Mundo”. Pero ella también fue capaz de darle consejos fuertes y directos en una carta escrita en 1915 cuando él estaba en Inglaterra. Él estaba pasando por un período de dudas y dificultades en su vida interna. Su mensaje a él fue claro:

Tu felicidad está en el trabajo, y te sentirás desasosegado e infeliz si te alejas de él. Nada más perdurará, lo verás. Un hombre llamado al servicio más elevado pierde “la vida inferior” y si es lo suficientemente valiente como para dejarla ir, encuentra una felicidad espléndida e inmutable.[5]

Quienes lo conocieron dicen que Krishnamurti tenía un cariño profundo por la Dra. Besant hasta el final de su vida.

   Su amor por la India era completo, sin reservas, e irreversible. Su contribución al renacimiento indio está escrito con tal dedicación que ahora es una parte indeleble de esa gran nación. Creía en el futuro de la India con toda su alma y todo su espíritu. El siguiente es uno de sus testimonios acerca de la India como la madre espiritual del mundo:

Esta es la India de la que tengo que hablar, la India que, como dije,  es para mí la Tierra Santa. Para aquellos que, aunque nacidos en esta vida en un país occidental y vestidos con un cuerpo occidental, pueden mirar hacia atrás a anteriores encarnaciones en las que bebieron la leche de la sabiduría espiritual del pecho de su madre verdadera, siempre deben sentir la magia de su pasado inmemorial, siempre tienen que vivir bajo el hechizo de su fascinación inmortal, porque están atados a la India por todos los recuerdos sagrados de su pasado, y con ella, también, están unidos a todas las esperanzas de su futuro radiante, un futuro que saben que comparten con ella que es su verdadera madre en la vida del alma.[6]

   Tal fue el testimonio de Annie Besant. La suya fue una vida de coraje, de transformación, de búsqueda intrépida, de estar siempre lista para ayudar a los necesitados. Su vida fue sin duda un testimonio de cómo el Espíritu Increado manifiesta su esplendor a través de un alma en la que la luz del altruismo siempre arde con una llama constante. Que regrese una vez más para ayudar a la humanidad en esta peligrosa época. 

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Referencias

[1] Madras (Chennai): Editorial Teosófica (TPH), 1983, p. 288-9

[2] op. cit., p. 310.

[3] Besant, Annie, Los Siete Principios del Hombre, Londres: Editorial Teosófica (TPS), 1909, Prefacio.

[4] 4. Besant, Annie, La Sabiduría Antigua, Madrás (Chennai): TPH, 1998, p. 1.

[5] 5. Lutyens, Mary,  Krishnamurti Los años del despertar, Londres: John Murray, 1975, p. 86.

[6] Besant, Annie, Ensayos y Alocuciones, vol. India IV, Londres: TPS, 1913, p. 11.

 

Annie Besant fue una verdadera fuente de poder de la energía que fluía en muchas direcciones y en muchos campos de actividad: educación, bienestar de las mujeres y los niños, reformas sociales, política y religión. Y sin embargo, había una unidad de propósito en todo el trabajo que ella realizó. Ese propósito es el mejoramiento de la humanidad y la promoción de la paz y buena voluntad en la vida más grande. La voluntad de servir surgió de un manantial más profundo en su interior: la percepción de la unidad de toda la vida y el amor exuberante y totalmente desinteresado, que surgió de una percepción vibrante. Naturalmente, con estos antecedentes, la religión jugó un papel importante, es decir, la verdadera religión, bien entendida y vivida rectamente. Uno por lo tanto observa en los escritos y discursos de Annie Besant que acentúa grandemente la religión pura, sin adulteración. Porque, si las enseñanzas fundamentales de las religiones están debidamente comprendidas y traducidas en la vida cotidiana, la vida tiende a cambiar para bien de todos los interesados. Una y otra vez insistió en que las enseñanzas básicas de todas las religiones son lo mismo, que todos los grandes líderes de la religión habían hablado de la unidad de Dios, o del Principio Divino, de la unidad o la fraternidad de la humanidad, y de la moral y los valores éticos en la vida que naturalmente se derivan de ese sentido de unidad.

  

                                                        Surendra Narayan

 

 


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