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Vol. 128 - Número 9 - Junio 2007 (en Castellano) |
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La Naturaleza del Yo Inferior Shirley J. Nicholson
La Teosofía describe al ser humano como un conjunto complejo compuesto de los niveles físico, psicológico, cognitivo y espiritual. Los familiares siete principios forman una especie de continuidad desde el físico denso hasta lo espiritual, nuestro núcleo más sutil. La parte más terrenal y más pesada de esta continuidad a menudo es referida como al ‘yo inferior’ y la parte superior, más etérea y espiritual, como al ‘Yo superior’. Algunas veces se cree que el yo inferior o personalidad tiene menos valor que el superior, y que es algo que tiene que trascenderse. Pero ninguno es superior al otro. Tienen diferentes características, el total de un ser humano consiste de esta continuidad completa, no de un extremo o el otro. Estaríamos incompletos sin ambos. Sin embargo, el buscador de lo espiritual debe aprender a tratar con ciertas características del yo inferior que pueden llegar a ser un obstáculo para la vida espiritual. Hay dos en particular que no se discuten ampliamente en nuestra literatura, aunque ambas son importantes para nosotros en el sendero. Vitarka, en sánscrito, es la tendencia a percibir el mundo como un conjunto de objetos aislados. Vikshepa, es la tendencia de nuestra consciencia a volverse hacia el exterior. El Dr. I. K. Taimni en La Ciencia del Yoga señala que el estado de vitarka es la característica más importante de la mente inferior. En este estado diferenciamos un objeto particular de todos los demás. ‘Cada objeto parece tener una existencia independiente y separada y una identidad separada’, incluyéndose uno mismo (Taimni I, 181). Por ejemplo, en el estado de vitarka uno miraría los elementos individuales de una pintura más bien que enfocarse en la composición y tonalidad completa del conjunto. Esta clase de percepción de los detalles es esencial para la vida en el mundo. A través de ella podemos enhebrar una aguja, o conducir a altas velocidades en la autopista, o equilibrar nuestra cuenta corriente. La mayoría del tiempo necesitamos concentrarnos en cosas individuales. Sin embargo, muy a menudo hacemos un hábito de percibir la vida de esta manera, de tal modo que nuestra orientación en la vida es a través de percibir lo particular aisladamente. Habitualmente vemos a través de la mente inferior más bien que ver las relaciones o ‘el gran cuadro’, es decir, la visión en conjunto, que es más característica de buddhi-manas, o la mente superior combinada con la intuición. La mente inferior tiene un lugar esencial en nuestro ser, pero no necesita dominar nuestra orientación en la vida. Ella es la fuente del “ego”, del sentimiento de creernos separados, individualmente aislados, con nuestro máximo interés en el corazón. A esto se debe por qué tan a menudo nos sentimos separados e independientes, defendiendo al yo y apegándonos a un punto de vista particular. Es lo que nos hace sentir aislados y cerrados a veces más bien que abiertos a algo nuevo y fresco. El Lama Anagarika Govinda, agudo erudito y maestro budista, nos recuerda que el Buda descubrió que “un yo personal, separado, o la idea de un ego individual inmutable, es una ilusión”, que vivimos en un mundo que siempre está cambiando y mudando, y en el que no hay nada permanente. (Govinda, 72). Cuando cultivamos los aspectos más espirituales, más refinados de la continuidad de nuestro ser, se vuelve más y más real la realización de la Vida Una, de la entera unidad de la Naturaleza. El desenvolvimiento espiritual consiste en llegar a comprender, no sólo a pensar, que somos la misma Vida que anima todas las cosas. Estamos enredados en los procesos universales de la Naturaleza, y somos en esencia parte de la Fuente Una de todo. No estamos limitados al ego que nos excluye de participar en una vida mayor. La mente inferior no puede darnos realización espiritual. La otra característica del yo que puede ser un obstáculo para el crecimiento espiritual es el misterioso poder de la mente inferior de proyectar hacia afuera lo que está propiamente adentro. Cuando las impresiones de los sentidos entran al cerebro, la consciencia forma una imagen de un mundo externo. Por ejemplo, percibimos una montaña estando afuera de nosotros, quizás a una gran distancia. Sin embargo, la imagen no existe afuera; está dentro de nuestra propia consciencia. No obstante, la experimentamos como “allí afuera”. Esta habilidad de la mente inferior de proyectar hacia afuera lo que está adentro se llama en sánscrito, vikshepa. Esta proyección hacia afuera de lo que está realmente adentro, constituye la naturaleza fundamental de vikshepa. Taimni señala que junto con el proceso inconsciente de percibir las cosas como estando fuera de nosotros, vikshepa nos distrae hacia lo externo y mundano más bien que a las realidades internas. Además, la mente inferior está asociada con el deseo. A menudo es llamada kama-manas, kama por el deseo y manas por la mente Así, somos mayormente atraídos hacia las cosas y situaciones en el mundo externo. Aún los introvertidos, están ocupados primordialmente con las imágenes mentales de lo que está sucediendo en el mundo externo. Patanjali en sus Yoga Sutras enumera nueve condiciones de la mente y cuerpo que causan vikshepa, condiciones tales como enfermedad, duda, descuido, inclinación a lo mundano, engaño. El resultado de esta proyección es una mente distraída, ocupada con una procesión de imágenes que pasan en el campo de la consciencia. Sin embargo, lo que se necesita para el yoga, concentración y meditación, es la consciencia vuelta hacia adentro, que pueda dirigirse hacia el centro de uno. “El propósito total y el proceso del Yoga consiste en retirar la consciencia de afuera hacia dentro, porque el misterio último de la vida está oculto en el mismo corazón o centro de nuestro ser y en ninguna otra parte”. Para cultivar esta consciencia vuelta hacia adentro, debemos entrenar gradualmente la mente a “retornar automáticamente sin esfuerzo a su condición “centrada”. Es sólo bajo estas condiciones que puede “unirse”, por así decirlo, con los principios superiores” (Taimni I, 72). La explicación de Taimni de volverse hacia adentro, basada en los Yoga Sutras de Patanjali, es evocadora de la exposición del Lama Govinda del Sutra Budista Lankavatara, que se refiere “a darse vuelta hacia el más profundo centro de la consciencia”. Al igual que Taimni, Govinda ve esto como una “nueva dirección del corazón”, una nueva actitud de volverse desde el mundo externo de los objetos al mundo interno de la unidad, de la integridad. El hábito de mirar hacia afuera, hacia lo externo, es reemplazado por una nueva actitud espiritual de mirar dentro por la verdad y la realidad última. El Lama Govinda señala que esto no significa que uno ya no experimente las impresiones de los sentidos, sino que hay “una nueva actitud hacia ellas, en que ya no hay discriminaciones arbitrarias, apegos ni prejuicios” (Govinda, 80). Cuando la mente “se vuelve desde la conciencia de los sentidos y dirige su atención a la causa primordial de su ser, sobre la fuente universal de toda la conciencia, la ilusión del concepto del ego se vuelve aparente” (Govinda, 77), y uno experimenta la universalidad omniabarcante. Parece paradójico que enfocándose hacia adentro, se pueda encontrar un sentido del Yo mucho más vasto que el usual límite del yo o personalidad. Lejos de estar centrados en sí mismos y abstraídos en los intereses personales, se puede algunas veces centrarse en Si Mismos y emerger en un estado de infinitud. Dora Van Gelder Kunz, antigua Presidenta de la Sociedad Teosófica en Norteamérica y clarividente, explica este fenómeno de una manera realista, exponiendo la práctica de enviar conscientemente amor a otros. Cuando nos olvidamos de nosotros mismos y nos volvemos a otro con amor, nuestra consciencia se dilata a través del poder expansivo del amor. Pero uno se siente centrado y enfocado hacia adentro. “Toda persona que haya tenido éxito al hacer esto (enviar amor) encontrará naturalmente su consciencia centrada en el corazón, porque ha reunido sus fuerzas en el centro del corazón” (van Gelder, 8). El “centro del corazón” no está en el corazón físico sino que en el centro del pecho donde está ubicado el chakra del corazón. Es el lugar donde está establecido “el Yo Superior, en el corazón de cada ser humano” (Taimni 2, 171). Taimni lo llama “un centro laya”’ enraizado en la Realidad, la Vida Divina que anima todo nuestro ser, y también un centro común para todos nuestros vehículos en cada plano. Retrayéndonos hasta este centro, reunimos nuestras energías desde todos los niveles y nos concentramos en nuestro profundo centro espiritual. En este punto interno puede alborear un estado trascendente de consciencia, que se ha descrito como teniendo “la circunferencia en ninguna parte y el centro en todas partes”. Yendo profundamente dentro y concentrándose en el centro del corazón, a veces podríamos abrirnos espontáneamente hacia afuera, en un campo ilimitado. Volver nuestras energías hacia adentro puede ampliar nuestra consciencia. A la inversa, dilatar el yo inferior a través del amor, puede producir un centramiento interno, de modo que simultáneamente nos volvemos hacia afuera y hacia adentro. Entrar y salir parece ser parte del mismo proceso.
La introspección que se vuelve expansión puede provocar en el tiempo la percepción de que el yo inferior, separado, independiente, es verdaderamente una ilusión. Tal experiencia puede hacernos conscientes de que vitarka, o ver unidades aisladas, no es nuestro único modo de percibir o de relacionarnos con el mundo y con los demás. Puede ayudar a movernos desde vikshepa, una orientación mundana, vuelta hacia afuera, a una en la que enfrentamos la vida en una condición centrada. Si aprendemos a retornar al centro después de enfocarnos hacia afuera, vitarka y vikshepa ya no son obstáculos. Cada uno tiene su lugar apropiado en nuestro ser total. Ya no estamos limitados a ver siempre el mundo de la manera común y corriente como hecho de objetos separados “allá afuera”. Como lo externo se convierte en lo interno y lo interno se convierte en lo externo, la idea de un “Yo Superior” y de un “yo inferior” puede parecer inapropiada, y una diferencia artificial tal como inferior y superior se convierte continuamente en el uno y el otro en el campo de la Consciencia.
Referencias 1.- I. K. Taimni, La Ciencia de la Yoga, Adyar:The Theosophical Publishing House, 2001 2.- I. K. Taimni, El Camino del Auto-descubrimiento, Wheaton:The Theosophical Publishing House, 1970 3.- Lama Anagarika Govinda, Fundamentos de Misticismo Tibetano, New York: E. P. Dutton, 1960 4.- Dora van Gelder Kunz, Uso Consciente del Aura, (folleto), New York: The Anchorite Press, sin fecha
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