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Vol. 143 - Número 11 - Agosto 2022 (en Castellano) |
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El viaje del alma a la Divinidad
(Basada en una misa celebrada en la Iglesia Católica Liberal Nuestra Señora de Todos los Ángeles (ICL), Ojai, California, el domingo 27 de marzo de 2022) GASPAR TORRES
El Sr. Gaspar Torres es ex Presidente Nacional de la ST en Cuba. Ha estado trabajando para el Instituto de Teosofía Krotona en Ojai, California, desde 2011. También guía grupos de estudio en línea desde su hogar, da conferencias a nivel internacional y ha sido obispo de ICL durante 42 años.
Hay dos ciclos de preparación para las dos épocas fundamentales que guían el viaje del alma hacia la Divinidad. En ambos ciclos, si bien el énfasis principal está en desarrollar aquellas virtudes que preparan al alma para tal elevación, hay dos momentos dedicados exclusivamente al Amor como la cualidad más esencial para la culminación de este camino. Esto se debe al hecho de que el Amor es la verdadera clave de la Divinidad. En la tradición cristiana esto se simboliza en la vida de Jesús como su nacimiento a través del Adviento, como la natividad en la Navidad y en la pasión y resurrección, a través del período de Cuaresma. En los primeros siglos de la Iglesia cristiana, ambos períodos duraban 40 días; ahora el Adviento dura solo 4 semanas. Pero la permanencia del número 4 en ambos períodos es su asociación con el cuaternario, o naturaleza humana inferior, llamada "constitución" en términos teosóficos. Desde el punto de vista psicológico, hemos visto que el examen constante de nuestras debilidades con el fin de purificar nuestra naturaleza, conduciéndonos a una conciencia superior, podría hacernos sentir deprimidos o derrotados si no hacemos pausas periódicas, como los dos periodos de descanso anteriores (Adviento y Cuaresma), con el fin de recuperar nuestras fuerzas y recargar nuestras energías para continuar con nuestra auto-observación. Necesitamos cientos de reencarnaciones para poder volvernos realmente humanos. La completa glorificación e iluminación del espíritu humano se encuentra en el centro no solo de la humanidad, sino que esta Divinidad se encuentra también en todos los demás reinos de la Naturaleza: el mineral, vegetal, animal y angélico. La Unidad de la vida Divina penetra toda la manifestación, desde las partículas subatómicas hasta los seres más evolucionados. Esta Unidad es la única Realidad. Todo lo demás es lo que aparece como formas separadas, pero siguen constituyendo la misma Unidad. Poder hacer una pausa para estos períodos de auto-observación nos permite desviar nuestra atención de nuestros deseos y tendencias animales y nuestras pasiones sensuales hacia nuestro centro de Amor, donde nuestras facultades espirituales yacen dormidas. Solo con esta pasión superior podemos alcanzar “la paz que sobrepasa el entendimiento”, que “mora en el corazón de aquellos que viven en lo Eterno”. Es fácil encontrar la culpa de nuestro sufrimiento en el comportamiento de nuestros padres, maestros, vecinos, políticos, etc., pero la verdadera causa del sufrimiento está en nuestras mentes, pensamientos, palabras y acciones, que se originan dentro de nosotros. Solo el Amor traerá la paz dentro de cada uno de nosotros, la humanidad en general y nuestro planeta. Esto se debe al hecho de que el reino humano es el más importante de todos los demás reinos porque es el único con la autoconciencia necesaria para desarrollar el sentido de responsabilidad para guiar a todos los demás. Una de las cosas que inconscientemente seguimos repitiendo es que hay crueldad en toda la Naturaleza y que todo lo que nos rodea lucha por la autoconservación. Pero olvidamos que es en nosotros donde se origina el conflicto y que mientras no podamos entenderlo y vivirlo, no podremos ayudar a otros reinos a evitar su aparente crueldad. Como se dice en Isaías 65:25, “El lobo y el cordero pacerán juntos y el león comerá paja como el becerro y el polvo será el alimento de la serpiente. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte, dice el SEÑOR.” Otro ejemplo lo encontramos en el conocido “milagro” del pan y el pescado (Marcos, 8:15-19) cuando Jesús y sus discípulos llegan a un monte alto y se dan cuenta de que una multitud hambrienta de 5.000 personas los han seguido. Los números involucrados en esta parábola (5000 personas, 5 hogazas de pan, 2 peces, 12 canastas, etc.) no deben tomarse literalmente. Son símbolos del resultado de la enseñanza de Jesús de que solo a través de su amor y compasión pudo Él, primero despertar y luego transformar, una gran parte de la conciencia humana, para que a través de ese Amor la humanidad pudiera elevarse a una nueva fase de su evolución. Las 12 canastas simbolizan las 12 constelaciones que rodean nuestro sistema solar durante el año sideral y cada constelación toma alrededor de 2.100 años para otorgar su influencia a nuestro sistema solar. También es el ciclo de influencia de un Gran Instructor Espiritual para la Humanidad como Krishna, el Cristo, el Buda, etc. (La Doctrina Secreta, vol. II, p. 330 nota al pie). Así como no hay una verdadera Navidad a menos que el corazón vibre cada año con una nueva realización del Amor, no puede haber un verdadero Domingo de Resurrección a menos que el corazón renazca con una nueva profundización del Amor dentro de nuestro ser. (Continuará)
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