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Vol. 143 - Número 11 - Agosto 2022 (en Castellano) |
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Exploración mutua de la verdad del sufrimiento y la alegría. Tim Boyd Siempre que hay un orador y un auditorio, hay una transacción que tiene lugar. La audiencia retribuye algo. A menudo se trata simplemente de prestarle atención al orador. Con suerte, el orador tiene algo que decir que vale la pena la retribución. Las ideas expresadas suelen ser nuevas para quienes las escuchan. Pero los oradores han estado allí, las han pensado bien, las han armado y luego les han presentado lo que para ellos es "la noticia de ayer". Aunque puede ser algo edificante o significativo, o informativo, para quienes las escuchan, el proceso de la presentación excluye, en parte, a los propios oradores. La creatividad y la exploración ya se han producido antes de la presentación. A menudo, mientras hablamos, cosas que eran inesperadas, de alguna manera se abren paso en nuestras mentes y quizás incluso en nuestras palabras. Así que hoy mi pensamiento es hacer de nuestro tiempo juntos, un proceso de mutua exploración. Un proceso fundamental de cualquier legítima práctica espiritual es la indagación, que no es ni más ni menos que plantear preguntas. Si se aborda correctamente, nos lleva en la dirección de la profundización, libertad o comprensión. En un entorno como este, en el que no hay ordenadores ni libros a mano en la audiencia, nos vemos obligados a confiar en la pausa, en la quietud y en la búsqueda de respuestas, en realidad, en la espera de que éstas aparezcan. Una de las cosas de las que hablamos repetida y enfáticamente en la Sociedad Teosófica es la Verdad. El lema de la ST es: "No hay religión más elevada que la Verdad". Entonces, ¿qué es la Verdad? Para la mayoría de nosotros, aunque la Verdad en sí misma es difícil, quizá imposible de definir adecuadamente, nos sentimos más cómodos con una palabra sinónima: Sabiduría. Podemos señalar un cuerpo de enseñanzas conocido como la Sabiduría Eterna; estudiarlo, discutirlo y analizarlo. Y dependiendo de la profundidad y regularidad de nuestro estudio podemos tener experiencias que confirman una conexión con la Sabiduría. Aunque no hay posibilidad de que podamos leer nada que sea sabiduría, podemos leer las palabras y los pensamientos de personas que estuvieron verdaderamente en contacto con la sabiduría. Muchas personas han llegado antes que nosotros y le han dedicado sus vidas a tratar de comunicar algo sobre la Sabiduría/Verdad, siempre sin éxito. A menudo, las tradiciones espirituales/religiosas se formaron para perpetuar las enseñanzas. Si nos fijamos en cualquier tradición espiritual, parte de lo que nos atrae de la tradición es que podemos sentir, o percibir, en algún nivel profundo, que en este lugar existe la posibilidad de conectar con la verdad. La mayoría de las tradiciones espirituales utilizan el ritual como un medio para conectarnos con esta sabiduría siempre presente. Ya he mencionado en otras ocasiones que a lo largo de los años he pasado mucho tiempo involucrado en la práctica del budismo de estilo tibetano, que es altamente ritualista y visual. Aunque no soy una persona que se sienta naturalmente atraída al ritual, como había un campo tan rico de enseñanzas y prácticas, me encontré involucrado. Uno de los aspectos de la práctica del budismo tibetano consiste en "empoderamientos", asuntos ceremoniales con la idea de que se trata de una conexión con seres iluminados. Cada uno de estos seres iluminados, o Budas, tiene su propio mandala, o símbolo gráfico del universo. Es como un territorio de la imaginación donde todo sonido es mantra, el líquido es Amrita o néctar espiritual, poblado por seres celestiales, con el ser iluminado como su centro. Es una tierra espiritual y pura a la que dan acceso los empoderamientos y su práctica. La tradición es el escenario de este sistema imaginativo específico que, cuando se persigue, abre la posibilidad para la experiencia de fusionar estas realidades paralelas. Estas son una representación de algo con lo que estamos muy familiarizados. Inicialmente, nuestra entrada al espacio sagrado es a través de la puerta del conocimiento. Siempre parece que nuestro mayor trabajo es con la mente. Nuestra indagación puede comenzar con preguntas sencillas. Todos tenemos entrenamiento de la familia, la nación en la que nacimos, el género con que vivimos, la religión a la que nos adscribimos. Todo ello ha imprimido ciertas formas de ver el mundo que damos por sentadas. ¿Pero son ellas correctas? La primera enseñanza de Buda fue que el sufrimiento es la experiencia universal de los seres sintientes. Nuestra tendencia normal es asociar el sufrimiento con el dolor, pero ¿son lo mismo? Si pisamos una piedra, nos duele. Cuando nos quedamos demasiado tiempo al sol, hay dolor asociado con eso. Son sensaciones físicas, pero ¿es eso sufrimiento? Si no es así, entonces ¿qué es el sufrimiento? Cuando se produce una experiencia dolorosa, una constelación de emociones y pensamientos se agrupan en torno a la experiencia: "Tendré que tener cuidado en el futuro", o "¡Dios mío, me duele la pierna, pobre de mí!", o "Estoy enfadado con quien ha dejado esta piedra en el camino". Hay una variedad de estados internos que crea nuestro pensamiento como resultado del dolor. El dolor desaparece, pero estos pensamientos y emociones permanecen. Si le damos unos minutos, nuestro pie ya no duele, pero la rabia hacia la persona desaprensiva que no cuidó el camino se queda con nosotros. Creamos patrones en los que caemos fácilmente. Se vuelven repetitivos e indiscutibles, y ahí está el sufrimiento. Sufrimos cuando lo que queremos no se alinea con lo que es. No queremos pisar la piedra, pero lo hicimos, y llevamos esa experiencia a niveles del pensamiento y la emoción. Cuando la realidad no se ajusta a lo que queremos, surge el sufrimiento. Deberíamos reflexionar sobre esto por nosotros mismos. Este proceso de indagación nos da un cierto poder. Si podemos investigar nuestro camino hasta llegar al otro lado de esta causa imaginaria de sufrimiento, entonces existe la posibilidad de liberación. No tenemos que permanecer atados a un patrón ensayado de reacción. La realidad certificada de nuestras reacciones emocionales puede disolverse. Esta es la pregunta: ¿Qué es eso que me/nos mantiene en este patrón repetitivo de sufrimiento? Cuando nos encontramos en ese estado, es posible emprender un proceso de indagación. ¿Es este pensamiento mío tan preciado, realmente verdadero y correcto? Si, al examinarlo, descubrimos que no es cierto que alguien, o alguna otra cosa, es la causa de mi sufrimiento, tenemos la oportunidad de comprenderlo y de obtener la libertad que conlleva aceptar lo que es real. Otra pregunta es: "¿Cómo sería si pudiera soltar eso?". Es una pregunta de imaginación - cómo sería, quién sería, cómo me relacionaría con mi entorno si de alguna manera pudiera tener aunque sea un momento de libertad de este pensamiento al que me encuentro apegado. ¿Puedo dejarlo ir? Entonces, si lo dejo ir, ¿qué sucede? Si consideramos el desenvolvimiento como un mayor contacto con la realidad y una mayor aceptación de la misma, éste es un asunto central. En cualquier parte del mundo en que vivamos, parece que cada vez más frecuentemente nos enfrentamos a noticias desafiantes. Como ciudadano de los EE.UU., casi a diario hay informes de violencia fortuita, masiva y repentina. A nivel personal, esta no es la realidad que soñaba o imaginaba para ese país o para este mundo. Ante estas noticias, ¿qué hacemos? Estoy en contacto con muchas personas que están profundamente entristecidas e indignadas por los acontecimientos que están teniendo lugar. Para algunos, su sufrimiento interno en respuesta a los acontecimientos sobre los que no tienen ningún control plantea la pregunta: "¿Qué le pasa a Dios, o a la conciencia universal, para permitir que ocurran estas cosas?". Pero, ¿qué podemos hacer? Hay una idea expresada en la Biblia, y también en la historia de la vida de Buda. La afirmación de la Biblia fue dicha por el Cristo: "Si yo fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo". La leyenda de la muerte de Buda cuenta que muchos de sus discípulos florecieron hacia la iluminación con su muerte. Cuando estaban sentados con él en vida, esto no ocurrió, pero cuando el Buda fue "elevado", en su muerte, el alcance de su influencia se expandió. En términos de leyenda, hay algo que está ahí. Dos veces he tenido esta experiencia de que alguien cercano a mí falleciera. No estaba con ninguno de ellos en ese momento. La experiencia fue que unas horas antes de que se declarara su muerte, o de que dejaran el cuerpo, estando completamente involucrado en otra cosa, surgió en mí algo realmente gozoso. Siempre que experimentamos alegría, hay una sensación de elevación, de libertad, de expansión. Si, a través de nuestra indagación y examen, alcanzamos algún nivel de libertad, cualquier cosa, cualquier persona que contactemos experimenta una medida de eso. Una vez que esto se activa, es más fácil que eche raíces y se convierta en un patrón de actividad en los demás. Pero primero hay que investigar.
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