Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 143 - Número 05 -  Febrero 2022  (en Castellano)

 
Anterior
Página 5
Siguiente

 

Una Vida dentro de una Vida

 

TIM BOYD

 

 

            En el Tao Te Ching Lao Tzu hace la declaración: “La persona que busca el conocimiento crece más y más cada día. La persona que busca el Tao (el Camino) crece cada día menos”. Nuestro objetivo hoy es crecer menos, lo que eso podría significar y cómo es posible que nos involucremos en ese nivel de búsqueda.

 

            Cuando era muy joven conocí a una gran dama, la Sra. Eleanor Roosevelt. Era bastante conocida y activa en el escenario mundial. Fue la esposa del ex presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, quien dirigió el país a través de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.

 

            La Sra. Roosevelt era una persona por derecho propio, tenía su propia identidad con sus propios puntos de vista, y era extremadamente activa en nombre de una variedad de causas diferentes. Yo tenía siete u ocho años cuando vino y habló con un grupo de nosotros. Recuerdo que mi impresión de ella en ese momento fue que era una anciana muy dulce y agradable. Tal vez fue uno o dos años antes de que ella falleciera. Solo más tarde llegué a comprender algo de su grandeza, no solo de la grandeza de sus ideas y su trabajo, sino de los sacrificios que se requirieron para que ella hiciera las cosas que hizo.

 

            Ella era una activista por los derechos civiles en los EE. UU. en un momento en el cual eso era impopular. Estaba en el lado equivocado de los sentimientos de la nación. Defendió los derechos de las mujeres y los derechos de los trabajadores. Fue la primera delegada de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas (ONU), su accionar fue decisivo en la fundación de la ONU. Presidió el comité que redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que incorpora una gran cantidad de pensamiento teosófico. Entre esos pensamientos está que las personas deben tener cuatro libertades: de expresión y culto, y ser libres de la escasez y el miedo: grandes ideas.

 

            Cuando la conocí por primera vez yo era un niño, sin saber nada de eso. Pero durante su visita dijo algo que me quedó grabado. Era una afirmación sobre la vida de la mente. Para ella, la mente era lo más importante, lo que permitía todas las demás cosas de la vida. Ella nos habló a los jóvenes sobre una dirección que podríamos querer considerar para nuestro crecimiento, nuestro devenir. Estableció tres categorías de mente, diciendo: hay mentes pequeñas y "las mentes pequeñas hablan de personas". Es la idea de que cuando somos pequeños, nos metemos y chismeamos sobre los demás. Luego están las mentes promedio y las “mentes promedio hablan de eventos”, cosas que suceden en el mundo. Y luego dijo: “las grandes mentes hablan de ideas”. Así que esta era su jerarquía mental y, en gran medida, esto es útil.

 

            Pero hay otra cualidad de la mente que recibe menos atención. Se relaciona específicamente con la idea de que existe una vida interior, cualitativamente diferente de nuestra forma de vida normal, volcada hacia el exterior. En la práctica Budista Zen, hay una expresión: “Para la mente del experto, hay pocas opciones. Para la mente del principiante hay muchas opciones”. La mente entrenada, condicionada a través de su experiencia, su asociación con flujos específicos de información y conocimiento, se vuelve limitada, cegada a las opciones de lo que podría describirse como realidad.

 

            Creo que todos podemos volver a la época de la mente de un principiante, una época en la que estábamos abiertos, aún no condicionados. Para esa mente que está aprendiendo algo nuevo, o viendo algo por primera vez, con ojos nuevos, las posibilidades son muchas, podríamos incluso decir ilimitadas.

 

            Entonces, de lo que realmente me gustaría hablar es de la intuición. No específicamente la intuición, sino un acercamiento intuitivo a algo fundamental para todas las personas. Hay una intuición universalmente compartida. No es una teoría per se. No es algo que tenga el sello de aprobación científica, pero es un profundo conocimiento universalmente compartido de que cada uno de nosotros es parte de algo más, algo mayor. Podríamos llamarlo una vida mejor. Ya sea que esté probado científicamente o no, una vida interior es innegable.

 

            Todos nosotros pensamos, sentimos, vemos y escuchamos. Pero pensamos, sentimos, vemos y escuchamos en diferentes niveles, de diferentes maneras, en diferentes grados. En una familia tenemos hermanos, hermanas, cada uno expuesto a las mismas cosas, pero viendo el mundo desde una perspectiva diferente y respondiendo en consecuencia. Para algunos, el equilibrio de su atención está enraizada en el mundo de los sentidos: gusto, olfato o tacto, el mundo material. Ese es el enfoque: el lugar donde las personas se sienten como en casa y hacen su hogar. Luego hay otros que viven en un mundo diferente. Ellos “escuchan el ritmo de un baterista diferente” y viven en un mundo distinto -paralelo- pero una experiencia percibida de manera diferente.

 

            A lo largo de mi vida, he conocido algunas personas que han sido profundamente clarividentes, lo que no quiere decir que sean infalibles o 100% precisos, no más de lo que dirías que alguien que mira algo con ojos normales es infalible y ve cada aspecto. Clarividencia, literalmente, significa “ver claro”: personas que ven tanto como nosotros, pero a un nivel diferente, en una dimensión ligeramente diferente.

 

            Cada uno de nosotros sueña, ya sea que recordemos nuestros sueños o no. Cerramos los ojos, nuestra conciencia se retira de su intervención en el mundo cotidiano y soñamos. En esos sueños hay un sentido incuestionable de su realidad. Hay algunas personas que incluso tienen el hábito de lo que se describe como sueños lúcidos, es decir, que están completamente despiertos y conscientes en el sueño -que es un sueño- y aún así participan en la historia que se desarrolla y actividades que se desarrollan en esta otra realidad. Usamos el mismo lenguaje para describir un sueño que para describir un viaje al supermercado.

 

          Cada una de las tradiciones espirituales del mundo tiene escrituras. Y esas escrituras usan el mismo lenguaje que usamos al hablar de las cosas cotidianas para tratar de describir cosas que están tan lejos de nuestra percepción actual, que pensaríamos que no puede haber una conexión posible. Soy aficionado a las historias de varias tradiciones espirituales. Las historias son una forma de conectarnos con una sabiduría más profunda que no está disponible al transmitir información o compartir conocimientos.

 

            Hay una clara diferencia entre información, conocimiento, comprensión y sabiduría. A veces sentimos que el conocimiento es la puerta de entrada a todas las demás cosas. Y, si bien tiene un valor profundo, se ha dicho que podemos volvernos eruditos a partir del conocimiento de otra persona, pero no podemos volvernos sabios a partir de la sabiduría de otra persona. La sabiduría es de un orden completamente diferente al conocimiento. La sabiduría es una percepción de la realidad que tantos maestros espirituales han venido a tratar de comunicarnos usando el lenguaje de su tiempo. Entonces tenemos la Biblia, el Mahâbhârata, el Bhagavadgitâ, todos usando historias para tratar de tocar algo dentro de nosotros, para tratar de llevarnos a una experiencia más profunda.

 

            En Las Estancias de Dzyan -la base de La Doctrina Secreta de H. P. Blavatsky (H.P.B.)- hay esta declaración usando el lenguaje de los cuentos de hadas: "El eterno padre envuelto en sus siempre invisibles vestiduras, había dormido una vez más durante siete eternidades”. Es una hermosa imagen similar a los cuentos de “érase una vez” que compartimos con los niños. Pero esta es una imagen que simboliza algo que es indescriptible. Apunta a un estado anterior a la formación de universos, anterior a la manifestación de todo lo que pensamos que es real. “El padre eterno”: dormido, envuelto en las vestiduras que finalmente se convertirían en el material de los futuros universos. Es un lenguaje que se usa para describir algo profundamente, profundamente interior, interior hasta el punto de que ni siquiera existe todavía.

 

            Aunque todos compartimos aspectos de estas dimensiones internas y externas, encontramos que nuestra efectividad para hablar a través de esta división es un desafío. ¿Dónde se convierte la vida exterior en la vida interior? Hay una cita de HPB, que habla de esta idea. La pregunta es: ¿Cómo es que todos podemos ver las cosas de manera tan diferente, viviendo en el mismo mundo?

¿Cómo es que hay tantos puntos de vista diferentes? Ella afirma: “Cualquiera que sea el plano en el que nuestra conciencia pueda estar actuando, tanto nosotros como las cosas que pertenecen a ese plano, somos para ese momento, las únicas realidades”.

 

            Si nuestra mente está enraizada en el mundo de la materia, las cosas y los trabajos, mientras  ese sea nuestro enfoque, y el plano de conciencia en el que estamos activos, eso es lo que es real. Cierra los ojos, vete a dormir, vive en un sueño: eso es lo real. También existe la posibilidad de la que se habla en las tradiciones espirituales del mundo que a través de nuestros propios esfuerzos podemos cambiar nuestro centro de gravedad a otros planos de conciencia más internos. La idea de esta práctica no es que nos alejemos o nos separemos del mundo, sino que es posible crear un espacio tranquilo que puede volverse constante. Es un enfoque intuitivo para ser.

 

            Hay un ejemplo del huracán o ciclón en la Naturaleza. Son patrones climáticos enormes y organizados. Giran y a su alrededor todo está en movimiento, pero en su centro siempre está el “ojo de la tormenta”. Desde el punto de vista humano, los huracanes son bastante destructivos, pero cuando alguien está en el centro de la tormenta, mira hacia el cielo y está despejado, sin nubes, completamente en calma. Esta es la posibilidad de la que hablan las tradiciones espirituales del mundo.

 

            Existe la conocida historia de Platón sobre los habitantes de una caverna, que han sido encadenados y todo lo que conocen son sombras. Debido a que ésta es la única realidad a la que han estado expuestos, han construido una forma de ver las sombras e interpretarlas muy estructurada y muy real para ellos. La historia trata sobre el despertar y la profundización de la conciencia. Uno de ellos es conducido gradualmente fuera de la cueva, al mundo superior, donde el sol, en todo su brillo y intensidad, ahora puede verse como la fuente de toda luz. El proceso de ajuste a la visión de esta luz es lo que se describe. Se trata de habitantes en dos mundos, los mundos de la mente intuitiva o mente espiritual y el mundo oscurecido arraigado en la visualización e interpretación de las sombras. Los dos no están separados. Cuando finalmente ve el sol, está parado en la misma tierra en la que estaba parado en la cueva, pero desde una "ubicación" diferente en la conciencia.

 

            Hay personas que conocemos que han tenido la experiencia de una visión diferente de la realidad y luego regresan y tienen que lidiar con eso. Cualquiera que tenga un hijo o una hija, o que ellos mismos hayan estado involucrados en la guerra, la guerra termina, pero esa persona ha visto algo que lo cambia. Su forma de ver la humanidad y el mundo, cambia a otra perspectiva, no compartida por alguien que no ha tenido esa experiencia.

 

            Hay personas que se convierten en padres por primera vez, y el mundo, pre-paternidad y post-paternidad, es muy diferente. Se imponen diferentes exigencias a tu forma de ver y comportarte en el mundo. Una vez que ves, no puedes olvidar lo visto. Para alguien que se niega a aceptar y cambiar, su única opción es tratar de negar a través de la distracción. He conocido a varias personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte en las que, desde un punto de vista médico, el cuerpo había muerto. Pero la conciencia tiene una vida independiente del cuerpo y experimenta una variedad de cosas. Esas personas regresan cambiadas, sus prioridades se reordenan.

 

            En la teosofía y también en otras tradiciones espirituales, existe la idea de la iniciación: experiencias espirituales de naturaleza profunda, donde por un tiempo uno está expuesto y vive dentro de una dimensión diferente del ser. Hay una exposición a una sabiduría; hay la absorción y luego está el retorno. Podemos subir la montaña, pero siempre tenemos que volver a bajar. Hay una expresión, "después del éxtasis, vienen los platos". Todos nuestros asuntos mundanos, las tareas del hogar, no desaparecen simplemente con un cambio en la percepción.

 

            ¿Cómo unimos estas realidades alternativas? ¿Cómo los juntamos? Para las personas que han tenido estos otros niveles de experiencia, hay una gran dificultad al tratar de comunicárselo a los demás. Existe la necesidad de comunicar, pero hay dificultad para que, quien ha visto, pueda hablar de manera que puede ser aceptado y entendido por aquellos que no lo han hecho. Todos estamos en varias diferentes etapas de nuestro desarrollo.

 

            Para aquellos que han visto más profundamente, existe la posibilidad de que surja un miedo que impida una exploración más profunda. El principal temor es que nuestro nuevo nivel de experiencia no será comprendido o no resultará aceptable para quienes nos rodean. Krishnamurti hizo la afirmación de que “no es señal de salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”. Para nuestros propósitos, podríamos parafrasearlo así: no es un signo de salud negar o suprimir la realidad de nuestra propia experiencia. No hay nadie que en algún momento, probablemente temprano en la vida, no haya sentido que había una dimensión más profunda que necesitaba ser explorada y se haya hecho las preguntas: "¿Quién soy yo?" “¿Para qué estoy aquí?”

 

            Si ese miedo no nos impide adentrarnos más profundamente en esa dimensión, a menudo la gente desarrollará algún enfoque para permanecer en conexión con esta vida interior. Lo que describimos como estudio es uno de los medios para profundizar esta conexión. Nos conectamos a una escalera en constante expansión de pensamiento. Utilizamos la mente en ese nivel moviéndola para considerar cosas que inicialmente están más allá de su alcance: abstracciones. De esa manera, nos movemos hasta los límites de nuestra mentalidad y, al hacerlo, nos brindamos la oportunidad de dar el siguiente paso hacia el mundo de la percepción intuitiva.

 

            A medida que se desarrolla esta práctica, nos conectamos y encontramos la necesidad de mantener ese ojo en el centro de nuestra tormenta individual. Experimentamos con la quietud y con todos los beneficios que pueden derivarse de aquietar la mente y permitir que sus contenidos se asienten: la posibilidad de pasar de la quietud a estados cada vez más profundos de calma y, en última instancia, incluso de silencio, donde todo el clamor de los diversos niveles de la mente y los sentidos desaparecen.

 

            Como parte de esta práctica existe la necesidad de que fluya. No es solo un estanque cristalizado de pensamiento y experiencia lo que estamos tratando de acumular. Todo debe fluir. Para muchas personas, la práctica del servicio a los demás (actividad compasiva consciente) se convierte en una salida, así como en una herramienta para profundizar nuestras conexiones.

 

            Existe la idea desde el campo de la nutrición de que somos lo que comemos. Que con lo que alimentamos a nuestro cuerpo es lo que determina su estado. Hay genética. Pero también está la forma en que lidiamos con esa genética. Entonces, si comemos comida chatarra, no tenemos razón para esperar una salud vibrante. Si comemos alimentos de calidad, podemos tener la expectativa de que, independientemente de las desventajas corporales que uno pueda tener, incluso genéticamente, puede limitarlas, suprimirlas y conducirnos a algún tipo de vitalidad.

 

            Todos tenemos puntos opacos en nuestra composición. Pero tratamos de comportarnos de manera que se magnifiquen las cualidades que son beneficiosas y limiten las que no lo son. Tomamos las cualidades no solo de los alimentos físicos, sino de todo lo que consumimos en todos los niveles de nuestro ser. ¿Qué es lo que miramos? ¿Nuestro mundo y nuestro lugar están desordenados? ¿Es algo que no habla de belleza? Estas son cosas con las cuales nos alimentamos, tales como las ideas y las emociones. Por eso encendemos la tele. Podemos decirnos a nosotros mismos que lo encendemos solo porque tenemos un momento y simplemente queremos relajarnos, pero todo el tiempo estamos siendo alimentados con imágenes y pensamientos que son creados y comercializados para nosotros. Conscientemente o no, estas son elecciones que hacemos.

 

            Elegimos exponernos cada vez más profundamente a nuestros mundos internos, sabiendo que nuestro abrazo a la vida interior, aún no es perfecto. Con frecuencia he dado el ejemplo de "¿Cómo es que haces un amigo?". Todos tenemos amigos. Ninguno de nosotros nació con ellos. En el camino desarrollamos amistades. Conocimos a alguien, había cosas que veíamos en él que admirábamos o nos gustaban y nos poníamos repetidamente en su presencia. A través de ese proceso de ponernos continuamente en presencia de aquello que admiramos, aquello que nos alimenta en nuestros niveles más profundos, nos vinculamos.

 

            A un buen amigo podemos mirarle la cara y saber cuál es su estado de ánimo. Con esta vida interior podemos asociarnos a ella de tal manera que podamos volvernos transparentes a ella, podemos vincularnos a ella. Para aquellos que han tenido alguna experiencia de profunda quietud, de profunda paz o felicidad, de una realidad alterada de la norma de nuestra vida cotidiana, ¿qué hacen? ¿Cómo es posible hacer de esta realidad alterada algo que se convierta en una presencia real en tu vida y en la forma en que trabajas y vives en el mundo? Es el desafío de las edades.

 

            Para la mayoría de nosotros, existe la sensación de que hay algo que tenemos, que debemos dar. Llegué a la mayoría de edad en los Estados Unidos en un momento de gran agitación social. Había poderosos movimientos de pensamiento y actividad en marcha en ese momento, por los derechos civiles, por una mayor extensión de los derechos humanos, por el fin de la guerra, lo que se llamó un movimiento por la paz, pero que a menudo degeneró simplemente en un movimiento contra la guerra -la misma mente violenta en donde había una batalla que se libraba con un enemigo. Para el movimiento de “paz” era un enemigo diferente, no el Viet Cong, el enemigo se convirtió en los que estaban librando la guerra, incluso si eran amigos y colegas los que habían sido enviados a estas batallas.

 

            Fue también una época de influjo de la espiritualidad Oriental. De repente, maestros de la India y de otros lugares llegaban a las costas de los Estados Unidos con un mensaje sobre una posibilidad diferente de vivir. Fue un momento en el que muchos jóvenes sintieron fuertemente que estábamos en la cúspide de un cambio importante, que algunas realizaciones más profundas de paz, amor y hermandad estaban en el horizonte.

 

         Un aspecto del proceso de vivir es que todo parece ser inmediatamente posible cuando somos jóvenes en este mundo. El poema de Wordsworth dice: "Al arrastrar nubes de gloria venimos" a este mundo desde un hogar muy diferente. Venimos a este mundo con una visión diferente de lo que es real, luego aprendemos, nos entrenamos en cómo funciona este lugar. El movimiento hacia estados más profundos de unidad a menudo se produce con demasiada lentitud.

 

            Esto puede ser frustrante. Puede causar dificultades. Desde la perspectiva de la sabiduría eterna, esta es solo una de muchas vidas. Esto no silencia el hecho de que estamos aquí para traer una realidad más saludable. Esta es otra oportunidad, la más reciente, de hacerlo. Muchas personas que estaban involucradas en los diversos movimientos en ese momento de mi juventud se desilusionaron y se enojaron. Algunos sintieron que debido a que el cambio no llegaba lo suficientemente rápido, necesitaban recurrir a los medios de este mundo. Entonces, eligieron la violencia en sus diversas formas, para tratar de avanzar hacia sus ideales.

 

            Para otros, hubo un entendimiento incipiente de que estas cosas no son menos reales a pesar de que no aparezcan de inmediato. Sus energías se canalizaron hacia un compromiso más profundo con el servicio compasivo, para encontrar aquellas áreas de la vida y de sustento donde se puede hacer el servicio para expresar esta unidad que aún no se ha realizado. Parte de la dificultad de ver algo profundo es que no puedes olvidar lo visto. No se va. Así que no es solo una cuestión de buscar la verdad o encontrar la verdad, sino que habiendo aprendido una verdad, tenemos que sufrir esa misma verdad, tal vez con algo de paciencia.

 

            Todo el mundo está aquí por algo, independientemente de la educación, las finanzas o cualquiera de las innumerables formas que hemos ideado para separarnos unos de otros. La naturaleza de ese “algo” puede no estar clara para muchos. Pero incluso si la visión de una persona es tan simple como “Estoy aquí para ser feliz”, el deseo universal de todo ser vivo, es un comienzo. En nuestra búsqueda a menudo equivocada de la felicidad, encontramos innumerables formas de crear infelicidad para nosotros mismos y para los demás. Son nuestras experiencias más profundas de felicidad las que dan forma a nuestras vidas, porque junto con estos momentos hay una sensación de paz, una sensación de no estar separados de los demás. Existe la sensación de que este yo que cultivamos y que absorbe nuestra atención constante, es en realidad un obstáculo para nuestro deseo más profundo.

 

            Nada de lo que hacemos o decimos ocurre de forma aislada. Cada uno de nosotros tiene una intuición de nuestra universalidad. Aunque estamos trabajando continuamente hacia esa posibilidad más profunda, el mundo que nos rodea no necesariamente se mueve tan rápido. No se puede permitir que esto obstaculice nuestra unión con otros que comparten esta visión, y nuestros esfuerzos para aliviar parte del sufrimiento autoinducido que vemos en el mundo.

 

            Ya sea que nuestra actividad tenga lugar dentro de una Sociedad Teosófica, donde existe la posibilidad de formar un núcleo de un parentesco universal de la familia humana, o si es en otros campos: religión, ciencia, filosofía, arte, curación: todas estas son vías para ampliar nuestra comprensión de un mundo compartido. ¿Pasará esto hoy? La posibilidad está ahí. Cuando se unen suficientes mentes, cuando hay suficiente claridad de visión y comprensión compartida de la unidad de toda la vida, entonces, en este mismo momento, las cosas pueden cambiar.

 

            Pero si no es así, el trabajo para nosotros sigue siendo el mismo, día tras día, vida tras vida. El juramento del Boddhisatva es uno que soporta cierto escrutinio. “Que pueda obtener la iluminación para el beneficio de todos los seres”. Estoy aquí para enraizarme completamente en ese lugar en la conciencia que reconoce que somos uno, que toda la vida es una. Y basado en esa realización, mi vida y mis acciones pueden servir a otros en su nivel más profundo de necesidad. Ese es el propósito de una vida a lo largo de este camino particular y es interminable. Hacemos nuestra parte y estamos agradecidos por ello.

 

 

Anterior
Página 5
Siguiente