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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 143 - Número 04 -  Enero 2022  (en Castellano)

 
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La Purificación y el

Camino Espiritual Superior

William Wilson Quinn

El Dr. William Wilson Quinn es un miembro de largo recorrido en la ST en América, ha trabajado como Editor en esa revista y Editor Asociado de TPH (Wheaton, Ill). Tiene titulaciones universitarias en Divinidad y Humanidades.

Introducción

Es inútil negar o defender el hecho de que los adeptos y otros grandes iniciados de la antigua Orden, a la que Morya (M.), Koot Hoomi (KH) y H.P. Blavatsky (HPB) pertenecen, son solitarios y consiguientemente reticentes a interactuar con el mundo transitorio y sus habitantes. Esto se debe, a que su autodenominada reclusión y reticencia son innegables y además, no tienen necesidad de ser defendidas.  En línea con estas preferencias, el adepto KH también declaró que el “lema” de su orden es "Atreverse, querer y permanecer en silencio".1 Es en virtud de estos hechos agregados de reclusión, reticencia y silencio, que HPB indica sobre los iniciados de esta Orden: “ningún verdadero adepto se atrevería bajo ninguna consideración y en ningún caso, a revelarse como tal ante los profanos”2

Mientras que esta Orden tiene leyes y normas “adamantinas”, que los adeptos repetidamente enfatizan en sus escritos, la reclusión y reticencia no son requerimientos de jure entre estas reglas. Más bien, son necesidades de facto basadas en ciertos principios básicos de la “ciencia sagrada”, que no son ni críticos ni sesgados. Estos principios se manifiestan usualmente como fenómenos naturales, como vibración simpática. Es más, sabemos a través de sus escritos que estructuralmente esta antigua y venerable Orden, es jerárquica y que la jerarquía de sus miembros iniciados está basada en criterios como la antigüedad, la maestría de la fuerza de la voluntad y los grados de iniciación adquiridos, entre otros. También aprendemos de sus escritos que, cuanto más alto sea el iniciado en esta orden, mayor será la reclusión y la reticencia que él o ella pueda necesitar adoptar respecto a las interacciones con el mundo pasajero.

Como KH nos dice, “ cuanto mayores son los poderes del adepto, menor es su simpatía con las naturalezas de lo profano, que suelen venir hacia él saturadas con las emanaciones del mundo externo, esas emanaciones del ego animal, emanaciones de la multitud egoísta y brutal que tanto tememos, cuanto más tiempo estuvo separado de ese mundo más puro se ha vuelto él mismo”3

Sin embargo, aunque los adeptos sean reticentes a entrar en el mundo de “la masa bruta”, ellos suelen permitir a sus chelas avanzados “trabajar en el mundo” en su nombre, para avanzar en su misión de iluminación de la humanidad.

Al hablar acerca de permitir a sus chelas pelear sus propias batallas, KH escribió que los adeptos pueden “ tener que hacerlo ocasionalmente así, con los chelas elevados e iniciados como HPB, una vez que se les permite trabajar en el mundo, que la mayoría de nosotros evitamos”4

 

Las labores de los Gurús

Tales afirmaciones de “evasión” –reclusión y reticencia– aparecen en múltiples lugares en los escritos de estos adeptos y nunca tuvieron intención de esconder o de negar estas preferencias autodescritas y claramente admitidas. “Nuestros caminos no son vuestros caminos”, escribió KH a su chela Laura Holloway.  “nosotros rara vez mostramos signos externos por los cuales ser reconocidos o sentidos.”5. En otro lugar escribió a A.O. Hume: “Que sea lo que tenga que ser, somos felices de vivir como lo hacemos, desconocidos y sin perturbaciones de una civilización que descansa tan exclusivamente sobre el intelecto [manas]”6.

No obstante, estas preferencias de discreción y comportamientos de reclusión y reticencia por los adeptos y altos iniciados, no son arbitrarias ni caprichosas. Como se mencionó arriba, hay sonadas razones, metafísicas o de la ciencia sagrada para esto, basadas en los extraordinarios niveles de purificación física y psíquica de los adeptos, provocados por los avanzados niveles de evolución espiritual. Además de la vibración simpática y la ley de correspondencia, estas razones sagrado-científicas tienen que ver también con: (1) la eficiencia del gasto de su energía espiritual; (2) el trabajo dentro de un ambiente psíquico no contaminado que propicia los mejores resultados; y (3) el evitar la necesidad de cuidarse o protegerse constantemente en la realización de su trabajo.

Como Morya declaro enérgicamente: “Por favor, dense cuenta del hecho de que mientras los hombres duden [de nuestra existencia] habrá curiosidad e indagación Pero si permiten que nuestro secreto sea alguna vez completamente vulgarizado, no solo ningún bien derivará para la sociedad escéptica, sino que nuestra privacidad se verá constantemente en peligro y tendremos que guardarnos continuamente a un costo irrazonable de energía”7. Tan solo se ha de evocar la imagen mental de un “paparazzi” acosador del día de hoy para reconocer la verdad en esta afirmación.

En pocas palabras, entre las principales razones para la reclusión, reticencia y silencio de los adeptos y altos iniciados de la Orden, está asegurarse de la eficiencia y eficacia de los resultados del trabajo que hacen por la humanidad, principalmente a través de sus poderes espirituales. Ninguno de estos trabajos podrían ser realizados eficientemente mientras que emplean “un costo irrazonable de energía” para defenderse de la curiosidad avariciosa y egoísta, como Morya declaró. Asimismo, esta estricta conservación de la energía espiritual es más que la visión consensuada de una verdad obvia: es una regla de su Orden, expresada en otros términos y enfatizada por KH, quien escribió: “ la REGLA que nos prohíbe usar un mínimo de poder hasta que cada medio ordinario se haya probado y fallado8.

Inexorablemente relacionada con la necesidad de la más alta eficiencia y eficacia de sus  labores, alcanzable en sus prístinos ambientes aislados,  como la otra cara de la misma moneda, está la dificultad añadida de adeptos altamente purificados para trabajar en el lodo y en la contaminación psíquica del mundo pasajero que ellos prefieren evitar. No es que ellos sean incapaces de hacer esto, es más que no están dispuestos, por razones convincentes y justificadas. Tan solo hay que imaginarse a un nadador campeón que nada rápido a través de un lago de montaña del agua más pura cuando, al volver a entrar en el lago para nadar de regreso, descubre que su contenido se ha convertido misteriosamente en melaza espesa de caña de azúcar. ¿Cuán rápido o eficientemente en comparación puede ser nadar de vuelta en esas condiciones, y cuánto mayor su gasto en energía? Esta metáfora física acuática tiene una correspondencia metafísica, siendo el adepto purificado trabajando en la miasma tóxica psíquica del mundo pasajero como lo describe a continuación HPB, quien no se anda con rodeos:

A veces, bajo condiciones muy favorables, ellos [los adeptos] pueden acercarse a un individuo devoto a la investigación oculta, pero esto ocurre rara vez; porque incluso él, siendo tan puro como pueda ser, está revolcándose en la contaminada y corrupta âkâsa o aura magnética y, contaminado por ella. Para su yo interno, es tan asfixiante y mortal como el pesado vapor del dióxido de carbono en sus pulmones físicos.

Y recuerda, es por el yo interno y no por lo externo, que entramos en relaciones con los adeptos y sus chelas avanzados. Uno no esperaría mantener una conversación de mejora con un borracho embrutecido, acostado en un estado de estupefacción porcina después de una borrachera; del mismo modo, es igual de impracticable para el espiritualizado Mahatma intercambiar pensamientos con un hombre de la sociedad, viviendo diariamente en un estado de intoxicación psíquica, entre los humos magnéticos de la carnalidad, materialismo y atrofia espiritual.9

 

 

Si esta descripción de HPB resulta insuficiente para convencer a alguien que lo cuestionase, tales dudas deberían ser disipadas por el relato de primera mano de un adepto. KH se retiró del mundo externo durante varios meses en 1881-82 para aceptar otra iniciación más avanzada (referida por Morya como entrar en Tong-pa-ngi, un término tibetano para “vacío”) en una localización remota en los Himalayas. Después de volver a sus labores previas alrededor de Marzo de 1882, en un estado de purificación elevado, encontró el reajuste doloroso. Él escribió esto: “Desde mi vuelta me resulta imposible respirar – ¡incluso en la atmósfera de la sede! M. tuvo que interferir y obligar a todos a dejar la carne; y lo hicieron todos ellos, para estar purificados y limpiados a fondo con varios medicamentos desinfectantes antes de que yo siquiera pudiera servirme de mis cartas.”10 Dada la reclusión, reticencia y silencio en la que ellos viven normalmente y la distancia que prefieren tomar de la contaminación psíquica, todo para realizar su trabajo con la máxima eficacia y eficiencia, los adeptos no deberían ser expuestos a sufrir la tensión de sacrificar estas preferencias para entrenar a los chelas, aunque a veces lo hagan. Cuando esto ocurre, entonces, ¿qué deben los chelas a cambio?

 

El Deber de los Chela-s

Si el primer deber de un aspirante o chela recién aceptado, que asciende al camino espiritual superior, pudiera ser reducido a una sola palabra, esta palabra bien podría ser “purificación”. Esto se debe a que existe una especie de abismo entre el entorno purificado y espiritualizado, dentro del cual los adeptos viven y trabajan; y el correspondiente ambiente inferior, del mundo pasajero donde el aspirante o chela recién aceptado vive normalmente, incluso dentro de un ashram o monasterio.

Dejando de lado momentáneamente el delicado proceso de sincronización, de las “frecuencias” personales electromagnéticas entre gurú y chela, el adepto no debería adaptarse al ambiente inferior del chela; sería el aspirante o chela recién aceptado, el que tendría que esforzarse en adaptarse al ambiente espiritualizado del adepto y otros altos iniciados. Esto se hace mediante un proceso de purificación consciente, incesante y decidido, que lleva a un refinamiento de las energías electromagnéticas. KH declaró simplemente que " nosotros invariablemente damos la bienvenida al recién llegado; sólo que, en lugar de ir hacia él, tiene que venir a nosotros". 11 “Venir hacia nosotros” es otra manera de decir que los chelas deben adecuarse o cualificarse, para entrar en ese ambiente psíquico elevado, sintonizando sus magnéticas emanaciones espirituales con la de los adeptos y su mundo. Especialmente, en estos tiempos ominosos, esta no es una tarea sencilla.

Aunque este proceso de purificación espiritual pueda ser definido como una tarea, es mucho más que eso. Es una ley o deber inherente en la tradición consagrada por el tiempo de la relación gurú-chela, en este nivel de desarrollo espiritual superior. HPB cita las “Leyes” de Upasana o del chelado:

“Del Libro IV de Kiu-ti, capítulo sobre 'las leyes de Upasana', aprendemos que las cualificaciones esperadas en un chela eran: (1) Salud física perfecta; (2) Absoluta pureza mental y física"12 En el camino espiritual superior este proceso de pureza "absoluta", o purificación, tiene dos modalidades de discreción: lo que debe ser adquirido e integrado por el caminante y lo que debe evitarse.

En cuanto a la primera de estas modalidades, KH enumera prácticas básicas que han sido llevadas a cabo por aspirantes espirituales desde tiempos inmemoriales. “Ayuno, meditación, castidad de pensamiento, palabra y obra; silencio por ciertos períodos de tiempo para permitirle a la Naturaleza misma hablarle al que acude a ella para información; gobierno de las pasiones e impulsos animales;  absoluto altruismo de intención, el empleo de ciertos tipos de incienso y fumigaciones con fines fisiológicos…”13 Se pueden añadir, ciertamente, más a esta amplia lista de prácticas de purificación física, tales como seguir una dieta basada en plantas, ejercicio diario, higiene adecuada y un régimen de hatha yoga incluyendo âsanas normales y prácticas de limpieza conocidas como shatkarmas, que consisten en seis técnicas de cuerpo entero. Para orientación en la realización de un régimen correspondiente de absoluta purificación mental, lo más accesible para el caminante son las reglas expuestas en el libro Luz en el Sendero.

En cuanto a la segunda de estas modalidades, o lo que debería evitarse, la lista es incluso mayor, especialmente para los que viven en Occidente. Para el caminante en el camino espiritual superior, el proceso de purificación física incluye evitar distracciones somáticas básicas como la mala alimentación y /o el comer en exceso habitual, la mala conducta sexual sino las relaciones sexuales en sí, el uso de tóxicos como el alcohol y las drogas –como los opiáceos– que constriñen o contraen la consciencia. También se podría añadir aquí evitar todas las adicciones o comportamientos adictivos que afectan al cuerpo.

En contraste, evitar los impedimentos psíquicos a la pureza mental absoluta, es generalmente más complicado para el caminante que evitar los comportamientos físicos derrochadores. Estos impedimentos incluyen, en palabras de KH, “ furias llamadas duda, escepticismo, desprecio, ridiculización, envidia y finalmente, tentación, especialmente la última14 Se podría añadir a la lista de impurezas psíquicas la avaricia, la deshonestidad, el egoísmo, la mendacidad y el ansia de poder, reconocimiento o fama, todas ellas son totalmente incompatibles con la ascensión en el camino espiritual superior, por no hablar del chelado.  Estos son los tipos de debilidades humanas morales o mentales que no sólo conducen invariablemente a actividades físicas que deberían evitarse, sino que invaden la mente y a menudo acechan la meditación en forma de monólogos interiores o diálogos con otros, y como ensoñaciones viciadas.

Estas dos modalidades de purificación –lo que se ha de adquirir y lo que se ha de evitar– y cualesquiera otros medios que puedan ser empleados para hacer efectiva la purificación, deben aplicarse comúnmente durante el período de probación del caminante, antes de ser aceptado en el chelado.

La probación es normalmente un período de siete años y a lo largo de este tiempo, los aspirantes deben enfrentarse a los retos de la purificación absoluta por su cuenta, como KH señala “ hasta que haya pasado este período, le dejamos que luche sus propias batallas lo mejor que pueda15

La razón para este grado de reticencia se remonta una vez más, a la cuestión de un elevado ambiente espiritualizado de los adeptos, lo que a su vez impulsa su preferencia a esperar hasta que el alumno esté suficientemente purificado antes de que la interacción directa entre gurú y chela pueda comenzar. Esta interacción implica un proceso sensible de sincronización de las frecuencias electromagnéticas personales entre el gurú y el chela.

"En cada caso", escribió KH, "el instructor tiene que adaptar sus condiciones a las del alumno, y [para el adepto] la tensión es terrible, pues para lograr el éxito tenemos que llegar a una plena compenetración con el sujeto que se entrena". 16 Le tomó tanto tiempo incluso, a uno de los Fundadores lograr esto, como señala KH en comentarios adicionales, “El magnetismo de Olcott después de seis años de purificación es intensamente simpatizante con el nuestro, física y moralmente está constantemente purificándose más y más.”17

 

Conclusión

Para los adeptos, el campo de las emanaciones electromagnéticas alrededor del aspirante a chela –su aura– no es una construcción intelectual, sino una realidad empírica.  Cuanto más pura y menos contaminada esté su aura, mayor será la oportunidad de interacción con el adepto. Sin embargo, como en el caso de Henry Olcott, transcurrieron al menos seis años y eso fue bajo la tutela constante de su gurú, Morya. En muchos de estos casos, como KH señaló: “El proceso de auto purificación no es trabajo de un momento, ni de unos pocos meses, sino de años, y aún puede extenderse a lo largo de una serie de vidas”18

Teniendo en cuenta el presente estado de evolución espiritual de la humanidad, los impulsos que guían su curso están en completa tensión. El mundo moderno parece ser una criatura que se niega obstinadamente a salvarse o incluso a ayudarse a sí misma. En todas partes somos testigos del desarraigo, tumulto político, incertidumbre, miedo y sufrimiento a una vasta escala. Una alteración masiva, visible y cada vez mayor de principios y valores está en marcha, con demasiada frecuencia el bien ahora cede el paso al mal, la verdad cede a la falsedad, la administración sostenible se rinde ante la explotación, y así sucesivamente.

Estas alteraciones conllevan un elevado precio, que pagamos en forma de caos global y contaminación, incluyendo las enfermedades pandémicas.

El caminante en el sendero espiritual superior que reconoce la necesidad inmediata está obligado a ayudar a revertir esta tendencia.

La manera más efectiva para que el caminante logre esto, es alineándose con la Orden de los adeptos y altos iniciados. La única manera de lograr esto, es a través de un proceso riguroso y mantenido de auto purificación.

Lo que está en juego es nada menos que si la humanidad pronto se volverá  tan inadecuada espiritualmente que diezmará sus propios hábitats múltiples –físicos y metafísicos– en este globo, al negarse a rendirse a la evidencia y honradez de la evolución espiritual y el amor incondicional. Si la humanidad será capaz de tener éxito en revertir esta tendencia, puede depender en parte  de si los aspirantes o los recién aceptados chelas, son de la suficiente idoneidad o pureza para unirse a la lucha hercúlea para revertir el curso hacia la luz. Si no es así, entonces entre las consecuencias a las que se enfrentará la humanidad está una anunciada por KH: “si, durante generaciones, hemos ‘excluido al mundo del conocimiento de nuestro Conocimiento', es a causa de su absoluta falta de aptitud; y si a pesar de las pruebas dadas, sigue negándose a rendirse a la evidencia, entonces al final de este ciclo nos retiraremos a la soledad y a nuestro reino de silencio una vez más".19

 

 

Referencias

 


 

1. Jinarâjadâsa, C., comp. Letters from the Masters of the Wisdom, 2nd Series (4th Reprint), Adyar: Theosophical Publishing House (TPH), 2002, p. 118.

2. H. P. Blavatsky Collected Writings, vol. III, Adyar: TPH, 1968, p. 265.

3. Chin, Jr., V. H., comp., The Mahatma Letters to A. P. Sinnett, Quezon City, Philippines: TPH,1993, p. 73.

4. Ibid., p. 299.

5. Jinarâjadâsa, C., 1st Series (7th ed.), Adyar:TPH, 2011, p. 74

6. Chin, Jr., p. 35.

7. Ibid., p. 93.

8. Ibid., p. 203.

9. H. P. Blavatsky, vol. V, p. 291.

10. Chin, Jr., p. 138.

11. Ibid., p. 8.

12. H. P. Blavatsky, vol. IV, p. 607–08.

13. Chin, Jr., p. 73.

14. Ibid., p. 422.

15. Ibid., p. 299.

16. Ibid., p. 73.

17. Ibid., p. 143.

18. Jinarâjadâsa, 1st Series, p. 28.

19. Chin, Jr., p. 68.

 

 

 

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