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Vol. 143 - Número 01 - Octubre 2021 (en Castellano) |
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Teosofía y Educación
Tim Boyd
Me gustaría discutir cuál es nuestro enfoque, como teósofos, de la educación de nosotros mismos. Desde la fundación de la Sociedad Teosófica (ST) hemos estado profundamente involucrados en el establecimiento de instituciones educativas. Estoy especialmente agradecido con Vic Hao Chin, Jr, por los esfuerzos en la educación que se han iniciado en las Escuelas Golden Link en Filipinas, que hemos intentado modelar con nuestro esfuerzo actual en la Academia Teosófica de Adyar (ATA). Cada uno de nosotros ha estado expuesto y ha encontrado valor en el rol de la Teosofía, la sabiduría eterna y nos hemos comprometido con algún proceso de autoeducación. En algunos aspectos, parece similar a la educación que recibimos en las escuelas, pero en algunas estructuras fundamentales es un enfoque muy diferente. Me gustaría discutir tres principios básicos involucrados en este pensamiento sobre la educación. Primero tenemos que establecer en nuestras mentes que hay una conciencia universal y omnipresente que siempre está expresándose a sí misma a través de todo. Incluso con la infinidad de formas que hay en el mundo, esta conciencia universal aún no está plenamente expresada. En el Bhagavad Gita Krishna dice: “Habiendo impregnado este universo con un fragmento de mí mismo, aún permanezco". Los de mentalidad religiosa tienden a pensar en términos de Dios o lo divino. Pero esta conciencia universal omnipresente y siempre disponible es el primer principio. El segundo principio es que esta conciencia universal no está dividida y no es posible dividirla. Para nosotros esto a veces es difícil de comprender. Es así porque donde quiera que miremos, todo lo que vemos parece confirmar que estamos, en realidad, completamente separados unos de otros. Si movemos nuestra mano, pensamos una idea o experimentamos un sentimiento, la persona a nuestro lado no responde de la misma manera. Toda nuestra experiencia personal confirma esta distancia y separación. Esta condición de nuestro pensamiento fue descrita por H. P. Blavatsky (HPB) como "la herejía de la separatividad". Uno de los propósitos principales de la ST ha sido intentar establecer el sentido de hermandad, la experiencia real de un esfuerzo cooperativo para entender la verdad que nos arraiga en una unidad inherente. El tercer principio se relaciona específicamente a la educación y nuestro proceso educativo. Es que el yo superior, u oculto, puede ser revelado. Se revela a través de un esfuerzo inteligente aplicado en el tiempo. Esta es la base de nuestra propia educación, proceso y práctica. De diferentes formas, todos nos involucramos en este tipo de estudio. Para algunos es el estudio de ideas tal como están escritas en libros; algunos se lanzan a actividades que son beneficiosas para los demás; para otros el enfoque está en la quietud, la meditación o incluso las artes. Pero cualquiera que sea nuestra práctica o estudio, en última instancia, debería mostrar algún fruto. Se nos dice que debemos trabajar sin ningún deseo de resultados. Esto es cierto, pero no debe tomarse en el sentido de que no hay resultados, porque los hay. Hay un resultado específico resultante de un enfoque educativo adecuado. En una ocasión estuve presente en una conversación que Su Santidad el Dalai Lama estaba teniendo. Alguien le preguntó sobre los resultados de su vida de práctica budista. Dijo que un resultado es que se siente mucho más feliz. La mayoría de la gente involucrada en esa conversación probablemente estaba buscando algún tipo de explicación esotérica, pero esto fue lo que dijo que era tan importante. Aunque es un hecho que todo lo que vive desea la felicidad, creo que es un error el hacer de la felicidad una meta. Incluso aunque todos la queremos, podemos ver la felicidad como un síntoma o subproducto de una causa más profunda. Nosotros, como autodidactas y practicantes, deberíamos hacernos las siguientes preguntas: “Durante los años de mi estudio y práctica, ¿fui más feliz?¿Estoy más libre de las cargas de una mente deseosa? ¿Soy más libre de las inhibiciones y problemas que la mayoría de nosotros cargamos?
Tenía una buena amiga que fue una anterior Presidente de la Sección Americana de la ST, Dora Kunz. Ella era muy bien conocida por sus habilidades clarividentes y por desarrollar un entrenamiento formal en curación para enfermeras, que fue adoptada por universidades en varios países y dio lugar a 100.000 enfermeros sanadores. Una de las dificultades que a menudo tenía que abordar con sus enfermeras era que estaban experimentando un “agotamiento” en el proceso de conectarse continuamente con el sufrimiento de los demás. Como sanadora, Dora misma estaba en contacto con personas que estaban en un profundo dolor y sufrimiento. Pero el entrenamiento que compartió con las enfermeras fue que el proceso de curación nunca puede ser personal. La conciencia universal se presenta en innumerables formas limitadas por el dolor y sufrimiento. El trabajo no es con la forma, por muy fragmentada que parezca, sino con la conciencia subyacente, que siempre es completa.
Necesitamos examinar cómo hemos sido entrenados y condicionados. Es un proceso que comienza al nacer. Nuestros primeros educadores son nuestra familia y la sociedad en la que hemos nacido. Somos educados en el proceso de autoidentidad. Desde el punto de vista teosófico o de la sabiduría eterna hay un alma que entra en el cuerpo. El alma no está condicionada por género, nacionalidad o religión, o cualquiera de las cosas que pronto asume en relación con el cuerpo a través del cual está trabajando. En el proceso de venir al mundo un alma se identifica como masculina o femenina, con una determinada nacionalidad, religión, familia, etc. Todos estas diferentes identidades separativas quedan impresas.
Desde un estado inicial de totalidad, nos fragmentamos en géneros, religiones, nacionalidades, partidos políticos, etcétera. Un gran factor en nuestra primera educación son nuestros padres. Ellos son los educadores originales en nuestro mundo. Sin embargo, si vamos a ser completamente honestos, independientemente de cuánto hayamos amado y amemos a nuestros padres, sería incorrecto no reconocer limitaciones.
Cuando pensamos en ello, la mayoría de los niños son criados por personas de 20 o 30 años que están tratando de transmitir su "sabiduría" a sus hijos. Y francamente, no hay mucha sabiduría para transmitir temprano en la vida. Así que nosotros perpetuamos un ciclo, repitiendo las cosas tradicionales que se han transmitido por generaciones de padres que vinieron antes de nosotros, en la esperanza de que los niños escuchen. Una de las cosas que deberíamos reconocer es que los niños nunca han sido demasiado buenos escuchando a sus padres, sin embargo, nunca han dejado de imitarlos. Esto crea problemas porque el ejemplo que damos es lo que se comunica. Conozco personas que ya son completamente adultas y cuando escuchan a alguien hablando en voz alta sienten ansiedad. Esto es porque en sus casas, mientras crecían, aprendieron que cuando las voces se volvían fuertes, seguía la violencia. Las palabras que enseñamos no son la respuesta. Los niños aprenden con el ejemplo. En la forma budista de enseñanza, una de las lecciones más importantes es la compasión. Desde su perspectiva, la compasión se define como el deseo de aliviar el sufrimiento de los demás. Al tratar de enseñar la idea de compasión hacia los demás, reconocen que para todos nosotros hay personas que nos agradan y otras que no. Existen personas que nos han hecho daño intencionalmente, que hasta podríamos definir como enemigos y hay otras hacia las que naturalmente sentimos compasión. Pero para que la compasión sea genuina, debe ser universal, debe sentirse hacia todos los seres. Así es que tuvieron dificultades para desarrollar un método de enseñanza, pero se les ocurrió un enfoque brillante.
En la cosmología budista, la idea de la reencarnación es fundamental. Desde esa perspectiva todos hemos reencarnado incontables veces, tantas veces y en tantos diferentes lugares y condiciones, que cada persona en algún momento ha sido una madre para nosotros. Entonces dicen que para poder desarrollar compasión por alguien que no te interesa, solo piensa que esa persona pudo haber sido tu madre en una vida pasada. En el mundo Oriental este enfoque ha tenido éxito debido a su reverencia cultural hacia las madres. A medida que el budismo llegó a Occidente, muchos de los maestros encontraron dificultades con este enfoque. Con muchos estudiantes occidentales había problemas desde la infancia por madres que no fueron amables ni cariñosas, sino distantes, incluso abusivas. Entonces, cuando los estudiantes occidentales intentaron pensar en los demás como sus madres, no necesariamente resultó en un sentimiento de compasión. En nuestra autoeducación lo que mayormente tenemos que hacer es desaprender mucho de lo que se nos ha grabado. De nuestros padres y medio social pasamos a las escuelas. Anteriormente, Vic habló sobre las posibilidades de las instituciones educativas, como las escuelas Golden Link, pero estoy bastante seguro de que ninguno de nosotros tuvimos el beneficio de ir a un colegio semejante. Aunque pudimos haber sido ocasionalmente expuestos a maestros notables, el medio general era uno en el que la competencia, la comparación y el miedo basado en el cumplimiento era la norma. Esta es una de las principales influencias que ha condicionado nuestra forma de pensar.
Cuando cursaba la escuela estaba muy involucrado en el atletismo y parte de mi formación más útil para vivir me fue transmitida en ese entorno. Los deportes requieren el reconocimiento de límites y empujar más allá esos límites dentro de nosotros y la forma en que el entrenamiento deportivo une el cuerpo con la mente es muy importante. Cuando se hace correctamente es un entrenamiento en positividad, emociones positivas y esfuerzo cooperativo, también requiere liderazgo con el ejemplo.
Durante mi tiempo en la ST he tenido la oportunidad de estudiar y escuchar a los pies de personas verdaderamente grandiosas. Desde mi perspectiva, hay una lección en común que todos enseñan: cada uno lo dice a su manera y lo expresa de forma diferente, pero la idea es que somos mucho más de lo que nos han enseñado a creer.
HPB dijo: “La primera necesidad para obtener el autoconocimiento es ser profundamente conscientes de nuestra ignorancia, sentir con cada fibra del corazón que uno se engaña incesantemente a sí mismo. El segundo requisito es la aún más profunda convicción de que tal conocimiento intuitivo y certero se puede obtener mediante el esfuerzo". Ella está expresando la idea de que estamos continuamente viendo el mundo de forma incorrecta. Igualmente importante es que esta condición de la visión equivocada puede corregirse. Eso nos lleva al ámbito de nuestra educación, nuestra práctica. Ya sea que estemos aprendiendo a tocar un instrumento o el instrumento de nuestra conciencia, hay tres aspectos que son muy importantes..
En cualquier práctica, la comprensión de que va a tomar tiempo es clave. Nos ha llevado toda una vida y más acumular el condicionamiento con el que tenemos que lidiar. Por lo tanto, debemos entender que este proceso de autoeducación llevará un tiempo; no va a ser inmediato.
El segundo aspecto es el esfuerzo inteligente. Nos educamos con respecto a quiénes creemos que somos. En Teosofía nos enseñamos a nosotros mismos sobre el alma, los planos de la naturaleza, etc. Con regularidad de atención, con tiempo, aplicamos inteligentemente el esfuerzo que cambiará los límites condicionados dentro de los cuales nos hemos entrenado para funcionar.
El tercero y quizás el más importante aspecto es la paciencia. Necesitamos ser más pacientes e indulgentes con nosotros mismos. Tropezaremos y caeremos muchas veces, pero nos levantaremos y continuaremos. Cuando hablamos de "educación" la raíz de la palabra tiene un significado importante. Significa liderar o sacar desde dentro. Esta palabra focaliza en algo que ya está presente dentro de nosotros. Cuando pensamos en la conciencia universal, esto es lo que se va a exteriorizar. Cada persona que abraza sinceramente un camino espiritual, necesariamente se convierte en sanador. "Sanación" significa completarse. A medida que reconocemos que estamos fragmentados de muchas maneras y comenzamos con ese reconocimiento, entonces podemos pasar a convertirnos en completos.
El proceso implica varios simples pasos. Empezamos con el estudio, buscando información, que es útil, pero esto es no es suficiente para transformar. Nos da una idea y nos lleva al conocimiento que puede ser aplicado, pero la información e incluso el conocimiento formal, no son transformadores. Así que junto con el estudio tenemos que experimentar. El Dalai Lama ha dicho que cada uno de nosotros tiene el mayor laboratorio experimental disponible: nuestra propia conciencia. Así que experimentemos con la quietud.
En nuestra educación en la escuela y probablemente de la mayoría de los padres, es raro que haya habido algún entrenamiento para participar realmente en el proceso de volvernos calmos, quietos. Pero sin esta habilidad somos incompletos. Hasta que podamos alcanzar algún nivel de centralización y quietud, estamos a merced de nuestras emociones, que vienen y van, nuestros pensamientos, que están constantemente en movimiento y nuestros cuerpos, que tienen sus demandas.
A medida que comenzamos a experimentar con la quietud, regular e inteligentemente, notamos que cosas empiezan a suceder. La mayor parte del tiempo, cuando la gente está sentada en sus almohadones dirían que están meditando, pero probablemente eso sea incorrecto. No es meditación, es practicar meditación. Estamos relajando el cuerpo, centrándonos en la respiración, observando nuestros pensamientos y emociones, o volviéndonos más tranquilos. A medida que este proceso se hace más familiar, se vuelve realmente posible meditar, llegar al punto en el que no estamos comprometidos con los pensamientos. Esto es cuando tenemos momentos de verdadera percepción intuitiva, una percepción de plenitud.
I. K. Taimni, creo que fue en La Ciencia de la Yoga, da un ejemplo de conocimiento intuitivo. Nos pide que nos imaginemos caminando en un campo en una noche muy oscura. Solo somos conscientes del entorno inmediato donde estamos parados. Imagina que de repente hay un destello de un relámpago. Por un breve momento ese destello nos revela todo el paisaje. Al tener esta percepción, podemos navegar por un terreno que antes estaba oscuro y desconocido. En nuestro proceso de experimentar con el silencio, llegaremos a vivenciar momentos en los cuales nos volveremos profundamente quietos, cuando grandes ideas y visiones serán momentáneamente respiradas en nuestra conciencia y de repente nos encontraremos funcionando en un nivel más elevado.
Este es un aspecto importante de este proceso, debemos comprometernos a aprender a experimentar con la quietud y a llegar a estar más profundamente calmos. A medida que esto se convierta en una condición más normal para nosotros, cambiará nuestra forma de ver. La percepción de la totalidad, ver algo de la conciencia universal, es un antídoto, una cura para la fragmentación. Con este tipo de realización, nuestra sola presencia produce una sensación de plenitud en los demás.
En la Biblia leemos que “las oraciones de los justos son poderosas”. Es decir, las palabras, los pensamientos, la presencia de una persona que está ligada a la conciencia universal es poderosa. Eso es algo así como la culminación de este proceso de autoeducación. De esto nosotros desarrollamos la intención de que nuestro rol en este mundo es sanar. No es meramente un acto de la voluntad personal, sino que se convierte en nuestra continua intención y necesidad de permanecer conectados con este sentido de totalidad y permitir que las energías de esta conexión fluyan a través de nosotros y tengan su efecto en el mundo. En esta condición, ya sea que estemos trabajando con la educación en una escuela o una familia, nuestra presencia e influencia son poderosas.
Cada uno de nosotros nació para hacer aquí un trabajo específico. Ese trabajo no se define por una ocupación formal por la cual se nos paga, el trabajo es hacer este mundo completo. Donde sea que estemos y lo que sea que encontremos a mano para hacer, hagámoslo con esta actitud mental. Aunque no buscamos resultados, podemos estar seguros de que todo lo que hacemos, cada causa, tiene un efecto.
* * * De las preguntas y respuestas que siguieron a la charla anterior dada por invitación de la Sección Brasileña de la Sociedad Teosófica, el 31 de agosto de 2021:
P: ¿Cómo hacemos sonreír a un niño y que sea más feliz?
R: A veces buscamos métodos para manipular el mundo, pero siempre vuelve a "lo que tú eres habla en voz tan alta que la gente no escucha las palabras que dices”. Estimulamos la felicidad en otros cuando tenemos felicidad en nosotros mismos. Los niños tienden a sonreír mucho más fácilmente si no han experimentado demasiado trauma en sus vidas. No hace falta mucho de nuestra parte para traer cierto grado de felicidad. Se trata de compartir la felicidad que hay dentro de nosotros.
P: La cita que nos dio de HPB sobre nuestra incapacidad para vernos a nosotros mismos como somos, es similar a la definición que se encuentra en el Glosario Teosófico sobre avidyâ o ignorancia: “(Sk.) Opuesto a vidyâ o Conocimiento. Ignorancia que procede de, y es producido por, la ilusión de los sentidos o viparyaya ". ¿Cómo superamos la ignorancia en nuestras vidas?
R: La pregunta principal es: "¿Cómo es que continuamente nos engañamos a nosotros mismos?" En Yoga, existe la enseñanza de cómo adquirimos conocimiento del mundo. Enseña que hay órganos del conocimiento asociados con los cinco sentidos: oídos, nariz, ojos, lengua y piel. Todos estos órganos están continuamente informando a la conciencia sobre el mundo en el que vivimos. Esa información, en su mejor forma, es parcial o limitada. Por ejemplo, un perro sabueso puede caminar por un lugar y distinguir claramente el olor de una persona que estuvo allí dos días antes. También hay insectos y animales cuyos ojos son capaces de percibir cosas al nivel de la luz infrarroja o ultravioleta. Estas son solo indicaciones de las limitaciones en la manera que llegamos a conocer la realidad. El "Diagrama de Meditación" de HPB, dice que uno de los aspectos de la meditación es una forma particular en la que necesitamos ver el mundo: "Tenemos que ver en cada ser encarnado solo limitación. En el comienzo tenemos que entrenar nuestra mente para ver que la conciencia universal está continuamente limitada en su expresión. Este entrenamiento, en última instancia, tiene resultados en el modo que vemos el mundo - un gran avance hacia la realidad. El gran místico Rumi, dijo algo que se relaciona con esto: “Con el viento, cada hoja, cada ramita y rama de un árbol se mueven de manera diferente, pero todas están conectadas desde la raíz". El antídoto para la separación es el enfoque en la raíz.
P: ¿Cuál es el mayor desafío que encontraste con la Academia Teosófica de Adyar (ATA)?
R. Todo lo que vale la pena hacer, requiere esfuerzo. La ATA comenzó como una visión o un sueño. En nuestro entusiasmo fuimos hacia adelante y lo que encontramos es que este proceso funciona de una forma contraintuitiva. La idea básica es que una vez que nos comprometemos genuinamente con cualquier cosa, todas las oportunidades para realizar el enfoque de ese compromiso aparecen en formas que no anticipamos. Hicimos nuestra planificación, proporcionamos estructuras y personas, encontramos obstáculos y, de alguna manera u otra, se disolvieron. El gran filósofo y místico, Goethe, hizo la siguiente declaración: "Lo que sea que puedes hacer, o soñar que puedes, comiénzalo; la audacia tiene genio, poder y magia en ella".”
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