Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 142 - Número 12 -  Septiembre 2021  (en Castellano)

 
Anterior
Página 11
Siguiente

 

Algunas lecciones para ser aprendidas en Adyar – II

Marguerita Ruspoli

 La Sra. Marguerita Ruspoli y su marido Don Fabrizio dei Principi Ruspoli fueron trabajadores en Adyar durante un tiempo y también en la ST en Italia.

Reimpresión de “El Teósofo” vol. 32, nº 7, Abril 1911, pág.36.

  El trabajo teosófico se simplificaría mucho si todos nos ocupáramos de nuestros propios asuntos. Pero, si por un lado somos perezosos y despreocupados hacia todo, o débiles, y eludimos responsabilidad e iniciativa; o si, por lo contrario, tenemos ese tipo de energía que presiona a las personas y las forzamos a hacer su trabajo a nuestra manera, nos convertimos en pesos muertos que la Sociedad tiene que arrastrar.

Si un buen trabajador ve que algo podría hacerse pero no puede hacerlo sin crear una perturbación, es mejor que lo abandone. La pérdida de una oportunidad es menos perjudicial que la pérdida de algo positivo si causa fricción y malos sentimientos. Si dos trabajadores no consiguen llevarse bien, es mejor que trabajen por separado; eso muestra debilidad en ellos mismos; pero al estar continuamente molestándose el uno al otro, estropean el ambiente para todos los que les rodean; y es mejor que los dos pierdan el beneficio personal que obtendrían al intentar trabajar con un socio incompatible, a que todo el trabajo se vea obstaculizado.

A falta de casos tan extremos, es mejor que nos decidamos a no elegir con quién vamos a trabajar ni qué tipo de trabajo haremos. La mayoría de nosotros, somos más o menos propensos a hacer las cosas de manera que nos resulten fáciles y agradables. Aquí otra vez, los que estamos en Adyar tenemos una ventaja. Somos un pequeño grupo de personas, representando alrededor de una docena de nacionalidades e incluso quizás, una mayor diversidad de hábitos, gustos, tipologías, e idiosincrasias. El espacio es demasiado limitado para evitarnos los unos a los otros, si eso quisiéramos; mientras que nuestros alrededores y la atmósfera reinante nos ayudan a deshacernos de nuestros caprichos y prejuicios rápidamente y a cultivar la armonía y los buenos sentimientos, ya que, nuestras distracciones externas quedan excluidas y estamos deseosos de dar lo mejor de nosotros mismos.

En vista de la gran necesidad de cooperación armónica y de aprender a digamos, enlazar, nuestras personalidades con las de los otros, podría estar bien si todos decidiéramos practicar estas cualidades, al menos en nuestras relaciones con los responsables de la Sociedad. La Sociedad en su conjunto es un reino y no hace falta decir que, al Soberano se le debe reverencia. Cada Sección Nacional es como un estado, en el que el Secretario General, es como el Gobernador. Él, con la ayuda de su Comité Ejecutivo, tiene el deber único de dirigir y controlar los asuntos. Se le debe apoyar y asistir en todos los sentidos; mientras que lo que cualquier miembro tiene derecho a hacer, en caso de desacuerdo con cualquiera de sus decisiones, es hacer sugerencias y proposiciones corteses; solo se debe proporcionar consejo, si él lo solicita

Lo mismo es cierto para los presidentes de las ramas. Ningún miembro tiene derecho a tomar el indigno camino de intentar interferir a la fuerza o de ir presentando quejas y pronunciando censuras a terceras partes.

La capacidad de no interferir es esencial, si vamos a ser partes útiles de un conjunto. No hay necesidad de imaginar que, limitándose estrictamente a la esfera de la tarea individual, no se tendrá pleno alcance para realizar las actividades propias y la oportunidad de progresar; es mucho más difícil continuar llevando a cabo la parte del trabajo que le corresponde a uno mismo, que perseguir una dirección errática, haciendo, según su punto de vista, lo que a cada uno le parezca bien.

La tarea de la Quinta Raza ha sido desarrollar la individualidad y si examinamos sus conceptos de hermandad, encontraremos que son tan individualistas como cualquier otra cosa al respecto. Ahora debemos sentirnos lo suficientemente seguros de que podemos mantener nuestro propio centro y pararnos sobre nuestros propios pies, sin necesitar estar siempre pensando en nosotros mismos, y estar listos para el siguiente paso hacia adelante, dándonos cuenta de que somos parte de una totalidad mayor. Los miembros de la Sociedad no son una mera colección de unidades; son partes integrales de la Sociedad. No es el trabajo o el progreso de las unidades lo que importa; lo que importa es que, mediante la perfección de sus partes, la Sociedad debería convertirse en un instrumento cada vez más eficiente. La sociedad es un único cuerpo, y a través de cada célula en ella, se realiza una contribución al trabajo, porque comparten la gran vida del cuerpo.

 Todos los miembros deben estar constantemente atentos para detectar cualquier aptitud especial, cualquier cualidad inusual y hacer espacio para ellas, retrocediendo hacia una posición menos visible, si eso fuera necesario. Y esto es por una razón muy especial; tenemos que entrenarnos para reconocer la nobleza, la superioridad a la vista. En las logias Masónicas, por ejemplo, cada Grado tiene unas marcas externas distintivas  y no hay error, no hay presunción posible. Con nosotros esto no es así, nosotros tenemos que confiar en nuestra intuición, tenemos que desarrollarla, para reconocer a nuestros líderes de verdad.  

Nadie vendrá y nos dirá: “Tal y tal” es tu superior; trabaja con él y bajo su mandato. Es obvio que tales direcciones externas no serán dadas y la razón de esto es también obvia. Personas cuyos ojos no están abiertos para ver hasta cierto punto por sí mismas, no están preparadas para tomar parte en un trabajo espiritual. La nuestra es una Sociedad Espiritual; también es un gran tamiz, donde se clasifican aquellas personas que pueden ser útiles en un futuro cercano y lejano, y las que no pueden, son rechazadas. Mantener esta actitud también significa escapar de un gran peligro. Significa que no debemos cometer el error (ya cometido en la Sociedad) de sentir celos de los recién llegados, cuando vemos que dan un paso al frente en posiciones de liderazgo. En preparación para los grandes días por llegar, podemos esperar ver una afluencia de miembros jóvenes, que son viejos Egos, y sería un desliz fatal para nosotros si nos permitiésemos ser envidiosos u hostiles con nuestra actitud para con ellos.

Adyar también tiene una lección que advertirnos y guiarnos en las condiciones cambiantes de la Sociedad, a la que cada vez más y más vida está fluyendo.

 Estamos acostumbrados a vivir en una atmósfera mental y moral que está construida de corrientes cambiantes y confusas, en la que pensamientos y sentimientos buenos, malos, mezquinos y fragmentados están siempre vertiéndose; una atmósfera agitada y perturbada compuesta de una gran cantidad de pequeñas influencias, donde ninguna tasa de vibración es lo suficientemente fuerte como para imponer la armonía y reduciendo así, las vibraciones de discordia a silencio. En tal atmósfera, no parece, por decirlo así, importar mucho si vertimos un poco más de esa vibración discordante. Así, empeoramos la confusión en vez de clarificar y limpiar el aire moral que respiramos, y nuestra acción tendrá su reacción en nosotros debido a su curso natural; pero nosotros no somos muy sensibles en el momento en que lo estamos haciendo. Compara ese estado de cosas con Adyar.

La fuerte y tranquila pureza de esta atmósfera no se puede alterar a la ligera. Una fuerza pasional, discordante se precipitaría sólo para ser detenida en seco y volver al remitente. Este entonces, supongo, estaría en mejor o peor aprieto aquí, que, en otro lugar, según la manera en la que actuó; o se pondría rápidamente al unísono, o, si no lo hiciera, sufriría inmediatamente la terrible reacción de su propia actividad obstinada y equivocada. En el último caso, él probablemente agravaría su situación por el sentimiento de desamparo que  tendría, viendo que nada enloquece más a una persona, ya de por sí alterada, que ver que su rabia es inútil.

A medida que la fuerza creciente lanzada a la Sociedad desde planos elevados crea gradualmente una situación de alta tensión, y que todo el cuerpo comienza a vibrar fuertemente, a un mismo ritmo, cada célula en él –cada miembro– enfrentará la alternativa de vibrar con este ritmo o de ser expulsado de “este cuerpo”. La situación de la Sociedad se aproximará, así, a la de Adyar.

Así que, prestemos atención a tiempo. Si nos esforzamos en hacer latir nuestras vidas con la vida de la Sociedad, recibiremos una ayuda cada vez mayor, seremos afinados a un tono cada vez más alto y esto, de una manera mucho más rápida de la que nosotros, por cualquier esfuerzo de nuestra parte, podríamos haber logrado.

No podremos alterar las condiciones externas; siempre que sintamos una perturbación debemos encontrar qué en nosotros mismos está causando esa discordancia y modificarla. Y esto será una práctica invaluable para nosotros; porque sabemos que, en la vida espiritual, cualquier cambio que debe hacerse en uno, cada obstáculo que tiene que ser eliminado, es un obstáculo en uno mismo.                                                                     

 

 

 

Anterior
Página 11
Siguiente