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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 142 - Número 10 -  Julio 2021  (en Castellano)
 

 
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Prometeo – Reclamando el Fuego

 

DAVID GROSSMAN

David Grossman es un estudiante de Teosofía desde mediados de los años 70 y es el Tesorero de las Conferencias Internacionales de Teosofía (ITC). Vive en Brooklyn, Nueva York, y es fotoperiodista.

 

 

Qué irónico que, en la ciudad de Nueva York, la cuestionable capital de la cultura moderna y la sofisticación, en medio del Centro Rockefeller, el principal símbolo del poder y riqueza materiales, se erige una escultura dorada de una figura mítica, en realidad un dios portando una llama, una ráfaga de fuego, en su mano derecha. Él está rodeado de los cielos, un anillo que representa las constelaciones astrológicas.

 

Uno tiene la sensación que se mueve velozmente, volando y descendiendo desde la cima de una montaña (la base de la escultura), con prisa por llegar a su destino antes de que la llama se apague. La mayoría de la gente no sabe exactamente de quién se trata, sin percatarse de la inscripción sobre la pared de mármol de atrás, y ciertamente sin percatarse de la ironía de que es un dios de compasión y sacrificio, no el santo patrón de la opulencia y el poder a pesar de estar pintado en oro. En la inscripción se puede leer: “PROMETEO, MAESTRO DE TODAS LAS ARTES, TRAJO EL FUEGO QUE HABRÁ DE PROBAR A LOS MORTALES UN MEDIO PARA GRANDIOSOS FINES (ESQUILO).”

 

Prometeo, un titán divino, una especie de ángel rebelde, quien, movido por compasión hacia la pobre y obtusa humanidad, les llevó el fuego divino, les enseñó las artes y las ciencias, pero tuvo que pagar un alto precio por engañar a Zeus y por desobedecer al dios superior. Su acto fue un sacrificio; ya que él anticipó las consecuencias de su acción. La humanidad también pagó por su despertar de conciencia. Hesíodo, el poeta griego, relata que “Zeus creó la mujer Pandora y la envió a Epimeteo (‘retrospectiva’), quien, aunque prevenido por su hermano Prometeo (‘premonición’), se casó con ella de todas formas. Pandora puso al descubierto lo que albergaba, y las desgracias, maldades, y enfermedades se desataron por doquier” entre la raza humana.

 

En cierto nivel, Prometeo y Epimeteo representan el aspecto dual de manas, o mente, el primero retrata la libre y espontánea expresión de la mente espiritual e intuitiva, mientras el segundo, la mente inferior lógica y analítica, idealmente el instrumento de la superior. En un nivel más macrocósmico H.P. Blavatsky señala en su obra maestra, La Doctrina Secreta, que el sacrificio de Prometeo representa la gran encrucijada evolutiva cuando la forma humana en desarrollo estuvo preparada para albergar la conciencia espiritual de los seres más espirituales (manasaputras), quienes encarnaron en la carne y crearon el puente, o chispa, para la expresión de la conciencia espiritual a través de la forma humana (volumen II).

 

El mito bíblico de Adán y Eva en el Jardín del Edén al igual que la historia de Lucifer, el ángel caído (cuyo nombre tiene curiosamente como raíz lux, o luz), también representan esta encrucijada evolutiva donde empezó la evolución humana auto-consciente, marcada por la responsabilidad, el libre albedrío, y la posibilidad real de una conciencia espiritual sobre la Tierra. Y aquí nos encontramos, después de un sinfín de generaciones, aún bajo el hechizo de Zeus. Recordemos a Prometeo y las posibilidades que ofreció; recordemos nuestra herencia espiritual y reclamemos el fuego.

 

 

 

*Los Lipikas circunscriben el triángulo, el primer uno, el cubo, el segundo uno, y el pentáculo dentro del huevo. Éste es el anillo llamado “No se Pasa” para los que descienden y ascienden. También para los que durante el Kalpa están marchando hacia el gran día “Estad con nosotros.” Así se formaron los Arupa y los Rupa (el Mundo Sin Forma y el Mundo de las Formas): de la luz única, siete luces; de cada una de las siete, siete veces siete luces. Las ruedas vigilan el anillo.

 

Helena P. Blavatsky

La Doctrina Secreta, volumen I, Cosmogénesis, Estancia V, 6

 

 

*Este texto también está relacionado con la imagen del señor Joma Sipe que ocupa la portada de esta edición y el pie de la ilustración en la página 3.

 

 

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