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Vol. 142 - Número 08 - Mayo 2021 (en Castellano) |
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¿Existen numerosos caminos o no hay ningún camino a la Verdad? MARTIN LEFEVRE El señor Martin LeFevre tuvo una inmensa introspección del observador y lo observado a la edad de 18 años que cambió el curso de su vida. Le condujo, unos años después, a las conferencias de Krishnamurti en Ojai, California, en la última década de la vida de KH, y a estados intensamente meditativos de consciencia. “lefevremartin77@gmail.com” Puede que suene extraño proviniendo de un místico, pero simpatizo con los ateos. Si la elección está entre un “Creador” que permanece ajeno a “Su” creación o en nada más que el azar cósmico, entonces es que no hay nada más que el azar cósmico. Afortunadamente, es falso tener que elegir entre estos dos. Si se cita al mayor maestro religioso del siglo XX, J. Krishnamurti, “Hay una sacralidad que no es del pensamiento, ni de un sentimiento resucitado por el pensamiento. El pensamiento no puede formularla. Sin embargo, hay una sacralidad que no puede ser alcanzada por ningún símbolo o palabra. No es comunicable. Es un hecho”. Está claro que simplemente porque la sacralidad exista más allá de toda concepción e imaginación de la mente, eso no significa necesariamente que Dios como inteligencia suprema exista. Estoy seguro de que hay una sacralidad completamente impersonal que sustenta la Naturaleza y el universo, porque uno puede rozarla casi a diario cuando medita en la naturaleza. Pero, no estoy tan seguro acerca de la existencia de un Dios, mucho menos de dioses que se encarguen del futuro de la humanidad. Las preguntas en mi mente son distintas. Lo que me concierne aquí es, no obstante, la confusión y conflagración entre lo que la mente humana decide que es sagrado y lo que realmente es sagrado. Evidentemente, nociones como “los símbolos sagrados de la democracia” son disparates. Incluso en los contextos religiosos y por muy rico que sea el significado de los textos, de las iglesias, las sinagogas o las mezquitas; son artefactos generados por el pensamiento. Los símbolos nunca son sagrados; de hecho, el símbolo excluye lo sagrado. Cuando era niño, los misterios manipulados del ritual Católico-latino romano capturaban mi imaginación; pero unos pocos años después como monaguillo, el misterio artificial se disipó y quedó el ritual vacío, desprovisto de su verdadero significado. Cuando era un hombre joven estuve en Moscú, no mucho después del colapso de la Unión Soviética, y fui llevado a una misa solemne de la Iglesia Ortodoxa. Allí, solo los más píos tenían un lugar para orar en el ateo país de la URSS. La atmósfera era espesa como el incienso y emocionalmente intensa como el canto gregoriano. Pero por muy conmovedora que fuera, no era sagrada, sino un simulacro de sacralidad.Entonces, ¿qué es realmente sagrado? Solo en la completa quietud del pensamiento, en una atención no dirigida, puede uno entrar en contacto directo con la Realidad viviente más allá de la palabra. Sin embargo, aquietar la mente se lleva a cabo por propia salud mental y no para traer lo sagrado. Más allá de la reducción del estrés basada en el Mindfulness (o atención plena), ¿por qué meditar? Uno simplemente ve cada día la necesidad de observar sin el retroceso infinito del observador. Así, recogida sin esfuerzo, la atención involuntaria a los pensamientos y emociones que surgen termina y se vacía el contenido inútil y destructivo del pensamiento-emoción, al menos durante un intervalo sin tiempo y lleno de paz.
La mente parlanchina es solo la punta del iceberg. Es como ver un arroyo fangoso y turbulento lleno de hojas y residuos sin intentar hacer nada al respecto. El mero hecho de observar (siempre que no haya un observador separado de lo que se está observando) aquieta y aclara el arroyo. Este arte no puede ser enseñado, lo que hace que las legiones de profesores de meditación parezcan vendedores de aceite de serpiente. Si se tiene en cuenta que la meditación no se puede enseñar, y si solo se aprende de forma autodidacta, ¿qué sentido tiene escribir acerca de esto? ¿Hay alguna forma de transmitir ese arte sin caer en los pozos de alquitrán de métodos, sistemas y técnicas? Quizás todo lo que uno pueda decir a una persona joven con una cierta seriedad, o a un adulto, en este mismo asunto es que uno tiene que preguntar, experimentar y jugar con la observación. Entonces, uno descubrirá el arte de la verdadera observación, que aún sigue pareciéndome milagroso después de 50 años. Entonces, uno comienza a sentir el movimiento propioceptivamente, es decir, de la misma manera que sientes donde está tu brazo cuando lo mueves con los ojos cerrados. El tiempo es el enemigo porque no hay “un después”, no un “eventualmente” o “gradualmente”, solo el ahora. El cambio puede llevar tiempo, pero nunca sucede si uno emplea el tiempo. ¿Puede el estado “por defecto” cerebral ser atención y quietud?, ¿es eso la iluminación?, ¿se requiere una transmutación en el propio cerebro para ello? Estas son preguntas abiertas. De la única cosa de la que estoy seguro es de seguir la idea de que “numerosos caminos a la verdad” es un callejón sin salida. La verdad no tiene caminos.
La acumulación de experiencia y conocimiento es necesaria en el campo tecnológico, pero cuando nosotros acumulamos psicológicamente y nos observamos a nosotros mismos a través del entendimiento pasado, o a través del conocimiento del pasado, nosotros no nos estamos realmente observando en absoluto, estamos observándonos a nosotros mismos a través de la memoria del ayer. Entonces no estamos aprendiendo. J. Krishnamurti De la Conferencia Publica Nº 5, Ámsterdam, 14 de Mayo de 1969.
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