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Vol. 142 - Número 04 - Enero 2021 (en Castellano) |
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El poder de la renovación
LINDA OLIVEIRA Presidente Nacional de la ST en Australia y editora de su revista, Teosofía en Australia. Conferencia pronunciada en línea en la 145ª Convención Internacional de la ST Convención de la ST, Adyar, Chennai, India, el 30 de diciembre de 2020.
La trayectoria de la humanidad a lo largo del tiempo ha estado marcada por numerosos ciclos: ciclos de paz, guerra, avance intelectual, pestilencia, innovación, creatividad, etc. Periódicamente nos han envuelto grandes oleadas de sufrimiento, como en tiempos de guerra o extremismo político. Luego está la pandemia de este último año que ha cambiado dramáticamente vidas en todo el mundo. Por supuesto, los períodos de sufrimiento grupal tienden a ser seguidos eventualmente por períodos de paz. Además de los ciclos humanos, somos testigos de innumerables ciclos naturales. Es posible aprender mucho del mundo que nos rodea. Hay vastos ciclos geológicos que son seguidos por períodos de destrucción masiva antes de algún tipo de renacimiento, tal vez el surgimiento de un nuevo continente. Por otra parte, este planeta tiene algunos bosques espectaculares que han aumentado su potencial como áreas boscosas maduras. Sin embargo, cuando un incendio arrasa un bosque, numerosos árboles pueden destruirse muy rápidamente. Los restos negros y carbonizados no dan indicios visibles de lo que es posible en el futuro; ninguna indicación de lo que sucederá de forma muy natural en la plenitud del tiempo. En Australia hay muchos eucaliptos, al igual que en otros países. Muchos de estos tienen brotes epicórmicos (o brotes de crecimiento latentes) muy por debajo de la corteza. Estos están realmente protegidos del fuego; sin embargo, después de un incendio, cobran vida. Algunos otros tienen lignotubérculos subterráneos, raíces grandes de las que puede nacer un nuevo árbol. Otros tipos de plantas tienen troncos densos y fibrosos que se recuperan de los incendios. Y otros tienen semillas increíblemente robustas que pueden germinar durante o después de un incendio[1]. La renovación de un bosque es una especie de milagro después de lo que parece ser una destrucción total. Entonces, en el caso de muchos árboles del bosque y otras plantas, algo perdura a pesar de lo que parece ser una muerte completa; y es este factor perdurable el que aviva una nueva vida cuando las condiciones son adecuadas. La posibilidad de continuidad permanece; de hecho, el potencial de renovación inherente a la naturaleza es un poder extraordinario. ¿Y qué hay del ser humano? Somos productos de la naturaleza y, por correspondencia, también poseemos el poder de renovación. Estamos familiarizados con las diversas funciones y ciclos del cuerpo. Sabemos cómo el sueño proporciona el descanso que tanto necesita, para que el cuerpo se refresque y esté listo para otro día de acción física; sabemos que un período de enfermedad requiere más descanso de lo habitual para recuperar la energía que nos ayude a restaurar el bienestar; sabemos cómo funcionan los ciclos de la edad desde la juventud hasta la madurez y la vejez. Conocemos muy bien este tipo de renovaciones. Sin embargo, en lo que me gustaría enfocarme en esta charla es en un poder muy real que todos poseemos, en mayor o menor grado, y ese es el poder de renovación dentro de nuestra conciencia. Tráfico mental En las enseñanzas de la Sabiduría hay diferentes formas de comprender la constitución humana con sus diversos campos de conciencia. Con base en la escuela transhimalaya, Madame Blavatsky nos describió como seres de naturaleza septenaria; Swami T. Subba Row favoreció la clasificación cuádruple de Târaka Râja Yoga. Los escritores teosóficos posteriores han variado la clasificación séptuple hasta cierto punto. Y así, los niveles o campos dentro de la constitución humana han sido temas de discusión y debate a lo largo de las décadas en los círculos teosóficos. Son formas útiles de entendernos a nosotros mismos. Sin embargo, me gustaría simplificar aún más esta discusión. Podemos considerar que nuestra conciencia opera de dos maneras esenciales: o en el modo cotidiano, que se vuelve hacia el mundo exterior, o en su modo enfocado hacia adentro, que tiende más hacia los mundos internos. Denominémoslos como el "modo externo" y el "modo interno". ¿Qué sucede en la larga trayectoria de la evolución humana? Un alma puede perderse en este modo externo, cotidiano, completamente inmersa en el entorno físico y las rutinas del día a día. La rutina puede ser cómoda, y ciertamente es útil en ciertos aspectos. Por un lado, existen rutinas físicas, como las tareas que hacemos todos los días, que son necesarias para una vida ordenada. Sin embargo, la rutina también plantea problemas. Tenemos hábitos o rutinas mentales que pueden resultar insidiosos. ¿Por qué? Por un lado, la repetición de patrones de pensamiento puede volvernos mentalmente obsoletos, haciendo que estemos literalmente atrapados en ciertos hábitos y puntos de vista mentales. Por ejemplo, cada vez que reafirmamos un punto de vista en particular, ¿qué sucede?, lo estamos reforzando con un poco más de fuerza. ¿Les ha pasado eso alguna vez? Puede ser una visión política, un juicio sobre otra persona o una visión limitada de la Teosofía; de hecho, puede ser una posición sobre cualquier tema. Entonces, esa visión o pensamiento se solidifica y es difícil de disipar. La repetición engendra uniformidad y cierra la mente; de hecho, también puede conducir fácilmente al aburrimiento. Y cuando nos aburrimos, ¿qué hacemos? Buscamos algo más para ocupar nuestra atención, algún tipo de distracción. Y el ciclo continúa. El Venerable profesor Samdhong Rinpoche presentó la siguiente imagen, que es fácil de identificar cuando consideramos nuestras mentes: La mente se asemeja a una calle llena de gente en la que se mueven automóviles, motocicletas, bicicletas y personas. Cuando estamos entre la multitud, sólo somos conscientes de la prisa y el alboroto que nos rodean, pero si miramos hacia abajo desde el último piso de un edificio alto, veremos cuán grande es la multitud y cuánta gente.[2] La mención a esta prisa y alboroto nos ayuda a comprender muy bien el estado de distracción de la mente. Esto se debe a que en nuestra conciencia cotidiana existen varios remolinos de energía, que se comparan con el tráfico en esta cita. Algunos de ellos son más grandes, poderosos y ruidosos e intentan interponerse y convertirse en el principal objeto de nuestra atención; otros son más pequeños y silenciosos, pero persistentes; todavía están ahí, moviéndose en la mente, pero generalmente no son el centro de nuestra atención. Varios elementos del tráfico en nuestra mente compiten por la posición del centro del escenario. Tomemos un ejemplo: supongamos que nos estamos concentrando en alguna tarea que nos está yendo bastante bien. Podemos llamar a este pensamiento A. Entonces viene a la mente algún otro asunto y distrae la atención por un momento; llamémosle a este pensamiento B. El pensamiento A continúa, pero el pensamiento B permanece en el fondo, como un automóvil pequeño que está fuera de la vista de nuestro espejo retrovisor. Pero entonces ese automóvil más pequeño comienza a moverse persistentemente dentro y fuera de la línea de visión de ese espejo. No podemos sacudirnos fácilmente. El pensamiento B puede estar especialmente relacionado con el aspecto de deseo de la mente. ¿Nos es posible identificarnos con esto? Probablemente todos hemos experimentado este tipo de sucesos no solo una vez, sino muchas veces. Estamos haciendo una cosa, pero permitimos que nuestra atención sea atraída por esa otra cosa, que es como un automóvil pequeño en nuestro espejo retrovisor. Puede haber un deseo de distraerse con un refrigerio o una taza de té, un impulso repentino de buscar mensajes en nuestro celular o buscar las noticias, y así sucesivamente. Demasiado tráfico en nuestra mente, en efecto, hace que nos desviemos con bastante facilidad de lo que estamos haciendo. Sin duda, los meditadores estarán familiarizados con la forma en que, mientras se concentran en una cosa, otros pensamientos se infiltran y pueden incluso llevarlos por una avenida de pensamiento completamente diferente. Las distracciones son esencialmente de dos tipos. Nuestros propios pensamientos nos distraen y acabamos de considerar brevemente nuestro tráfico mental; pero también lo hacen las distracciones externas.
La sed de experiencia y la sed de renovación ¿Por qué las distracciones aparecen con tanta fuerza en la vida humana? Las buscamos y seguimos en parte por la sed de experiencia y todo lo que esto implica. Pero también hay otro factor; el hecho de que los seres humanos tienen una necesidad fundamental de renovación interior, pero pueden no ser conscientes de ello. Las personas suelen buscar esto fuera de sí mismas, manteniéndose al día con las últimas modas, a través de una amplia gama de indulgencias o participando en lo que es sensacional porque la gente quiere novedad, chismes generales, un deseo de ayudar a aliviar el aburrimiento, etc. Al final nos damos cuenta de que la búsqueda de la novedad simplemente no es suficiente en la vida. ¿Por qué no? Debido a un reconocimiento muy claro de que las distracciones no producen una felicidad duradera; el ciclo necesita cambiar. Y así comienza a cambiar el patrón de alternancia entre concentración y distracción; hay menos distracción, con más enfoque en nuestra vida interior, dar o servir. La Dra. Besant habría llamado a esto el "punto de inflexión". Aquellas distracciones que están fuera de nosotros, y aquellas que son provocadas por nuestro tráfico mental, son reemplazadas con el paso del tiempo por una búsqueda interior cada vez más enfocada de sentido y una vitalidad más profunda. El individuo que es cada vez más consciente espiritualmente sabe que lo que se requiere es mirar hacia adentro y, en consecuencia, busca formas de hacer que esto suceda. La conciencia humana contiene la posibilidad de abrirse a una nueva vitalidad. Esto es inevitable y natural. Sin embargo, cuando la mente no está clara, es repetitiva, distraída, cerrada, sin dirección, llena de tráfico, entonces ese estado obviamente hace que la renovación sea imposible. ¿Cómo surge la renovación? Un encuentro con la renovación puede ir desde algo breve hasta una experiencia significativa y duradera. Se manifiesta de diferentes formas. Por ejemplo, hay una cierta renovación inherente al simple acto de dar. La Dra. Besant habló sobre lo que llamó "La ley del sacrificio" en su pequeño libro, Las leyes de la vida superior. Ella lo describió como la vida del Espíritu que "consiste en dar y no en tomar, en derramarse y no en aferrarse, en entregarse y no en la auto apropiación, se encuentra la Vida inagotable, que siempre brota de la plenitud ilimitada del Sí mismo” (p. 58).[3] Esto es altruismo puro y simple, que HPB también equiparó con Teosofía. La Dra. Besant destacó un principio sorprendente e importante que es este: cuando damos sin reservas, desinteresadamente, entonces sucede algo interesante. Puede haber cansancio físico y mental y, sin embargo, al mismo tiempo, una cierta energía parece manifestarse en respuesta a ese tipo de acción, lo que le permite a uno seguir dando. Puede que hayamos tenido una experiencia así. La renovación está relacionada con la apertura de la facultad búdica; de hecho, está íntimamente relacionada con Buddhi. El Dr. Taimni escribió sobre lo que se requiere para el desarrollo de Buddhi en su libro Renovación de sí mismo, un texto pragmático y basado en el sentido común. En resumen, los tres factores principales que mencionó en el desarrollo de Buddhi son: desarrollar fuerza, pureza y generosidad de alto nivel. Por tanto, el proceso no es tan sencillo. Profundizó en cada uno de estos puntos del libro, que vale la pena leer. En relación con lo ya mencionado del tráfico mental, escribió sobre la necesidad de reunir energías mentales dispersas, y señaló que mientras permitamos que la mente corra en busca de todo tipo de objetos sin ningún objetivo central o autodirección, estamos destinados a permanecer enredados en las fatigas de la ilusión. Pero el hecho es este: cualquier cosa que valga la pena en la vida implica inconvenientes a veces, así como un esfuerzo concentrado. Buddhi existe como un principio en todos nosotros, que eventualmente se infunde en las diversas capas de nuestra conciencia. El Dr. I.K. Taimni observó que tiene un carácter dual. Cuando se refleja en el campo del intelecto, se manifiesta como conocimiento espiritual. Pero cuando se refleja en la esfera de las emociones, actuando a través del cuerpo astral, aparece como amor espiritual. Por lo tanto, cuando nos volvemos receptivos a Buddhi, tanto el corazón como la mente se elevan. El conocimiento y el amor se manifiestan en una octava superior, de nuevas formas.[4] San Pablo hizo una hermosa observación sobre la renovación de la mente: Y no os conforméis con este mundo; antes bien, sed transformados por la renovación de vuestra mente, para que podáis probar cuál es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios (Romanos 12: 2).[5] No conformarse con este mundo se ha descrito como estar en el mundo sin ser del mundo. Esta frase, muy utilizada en los círculos teosóficos, implica vivir y funcionar en el mundo como lo necesitamos, pero también manteniendo una perspectiva superior, una visión más profunda de la vida, una especie de desprendimiento benevolente, que no es necesariamente tan fácil de lograr cuando se está inmerso en los problemas del día a día. También podemos pensar en la voluntad de Dios como la voluntad de nuestra naturaleza interior, nuestro núcleo espiritual.
Preparación Y si bien es cierto que dentro de nosotros reside una facultad regenerativa, hay una preparación involucrada para que uno se vuelva lo suficientemente sensible y esta renovación pueda ocurrir. Esto se debe a que, como la apertura de una flor, es algo que no se puede forzar. Las historias de Jātaka de la India cuentan cómo el Señor Buda perfeccionó su naturaleza espiritual al vivir una serie de vidas basadas en la generosidad y la bondad, antes de convertirse en Bodhisattva. En cada encarnación se enfatizó una virtud particular. Las enseñanzas teosóficas modernas también destacan el hecho de nuestra evolución hacia seres cada vez más perfeccionados, lo que abarca vastos períodos. Los humanos tendemos a ser impacientes. A menudo queremos respuestas inmediatas y formas más rápidas de hacer las cosas. Después de todo, los muchos dispositivos que usamos, como computadoras, dispositivos inteligentes y vehículos, se centran en gran medida en la velocidad y la potencia. Pero el modo externo de funcionamiento de la mente necesita dejar espacio para ese modo interno de funcionamiento que se mencionó anteriormente. Esto, de hecho, requiere que la mente se observe a sí misma y en este proceso se ralentiza, con una mayor intensidad de experiencia. El ave fénix Cuando algo se renueva se le da una nueva vida, una especie de renacimiento. Para que florezca la facultad búdica o el principio regenerativo, su preparación implica una especie de "ciclo de muerte" en el que renunciamos y transmutamos aspectos de nosotros mismos que no conducen al despertar a una conciencia renovada. Muchos estarán familiarizados con la leyenda del fénix que surge de las cenizas. El nombre griego phoenix significa "color brillante". Esto se ve en las mitologías de varias culturas, con diversas representaciones en el arte y la literatura, incluidos los escritos griegos y romanos: un ave de hermoso plumaje con un modo de reproducción peculiar. El autor Geoffrey Barborka describió este método de la siguiente manera: Recogiendo ramitas de los árboles de especias, el pájaro formó un nido, sobre el cual se sentó y concluyó así su ciclo de existencia. Mientras el fénix moría, el nido estalló en llamas, consumiendo así el cuerpo del ave. Entonces, de las cenizas un joven fénix cobró vida, y cuando fue lo suficientemente fuerte, voló a Heliópolis [la "ciudad del sol" en griego] con lo que quedaba del nido, y lo dejó caer sobre el altar del sol.[6] La simbología aquí es bastante hermosa. El autor francés Voltaire describió al ave como del tamaño de un águila, pero con ojos suaves y tiernos. Esto sugiere que representaba una fuerza benéfica por naturaleza. Se decía que vivía durante un tiempo fabulosamente largo: algunos creían que el fénix vivía quinientos años; para Tácito fueron mil cuatrocientos sesenta y un años; otros, una vez más, creían que el pájaro vivía más de veinticinco mil años. La existencia y el ciclo de vida de tal ave pueden estar sujetos válidamente a diferentes interpretaciones simbólicas. En un nivel, el ave fénix se ha interpretado como la personalidad humana que cesa después de una vida. De sus cenizas surge finalmente una nueva personalidad; los skandhas "se vuelven a encender", por así decirlo, y la nueva personalidad nace en una encarnación posterior. Madame Blavatsky en realidad vio al fénix como un símbolo genérico para varios tipos diferentes de ciclos. El fénix se manifiesta en varias tradiciones con diferentes nombres. Por ejemplo, en La Doctrina Secreta, leemos que el pájaro egipcio Benu es sinónimo del fénix, y apunta tanto a la reencarnación humana como a la resurrección cósmica. Un pájaro similar aparece en la tradición persa. HPB describió al Garuda como el fénix indio. Jefe de la raza emplumada (pájaros), el Garuda se representa como mitad hombre y mitad pájaro, el vahana o vehículo en el que se dice que viaja Vishnu (Kala o "tiempo"). Fue alabado por los dioses como el ser más elevado y tenía un brillante resplandor. El Garuda también es un aspecto fuerte de la cultura tailandesa e indonesia. Lo que es particularmente relevante para nuestros propósitos es la aplicación de la simbología del fénix a los cambios profundos que un individuo experimenta en el Camino Espiritual - renovaciones sucesivas o expansiones en la conciencia que han sido denotadas como Iniciaciones. En una interpretación de la trimurti hindú, la triple deidad de la divinidad suprema, Brahma, Vishnu y Shiva se entienden como voluntad, sabiduría y actividad. Para relacionar esto con nuestro ciclo humano de existencia, si tomamos a Vishnu como sabiduría, entonces Garuda se convierte en el vehículo de la Sabiduría. En este sentido, se puede pensar en Garuda como un individuo en el que ha despertado el principio a través del cual se puede expresar la Sabiduría Divina. Hay un fénix interior en todos nosotros que espera pacientemente nacer no solo una vez, sino varias veces.[7] [8] Algunos pensamientos finales La renovación puede llegar en ráfagas, a veces de forma inesperada. Por ejemplo, entrar en silencio contiene una posibilidad real de renovación. Muchos lo han experimentado. Cuando nos quedamos en silencio, aunque sea por un corto tiempo, los espacios dentro de los límites superiores de nuestra mente se abren inevitablemente. Por lo tanto, hay una buena razón por la que tantas personas eligen ir a un retiro espiritual una o más veces en su vida. Puede haber una sensación de ligereza, porque nuestras cargas se eliminan temporalmente. Estos espacios interiores de nuestra conciencia están despejados; y por tanto tienen una gran vitalidad. Al estar más cerca del polo espiritual de nuestra naturaleza, contienen una energía incondicionada que puede filtrarse a través de nuestra conciencia cotidiana, ayudando a sacar lo mejor de nosotros de la latencia a la potencia. El proceso de renovación puede comenzar con una simple conciencia. Por ejemplo, cuando vemos nuestro condicionamiento como lo que es, puede desaparecer temporalmente. ¡Realmente se necesita mucha energía para mantener todo este condicionamiento! O la renovación puede ocurrir cuando nos enfocamos desinteresadamente en una tarea y nos encontramos, paradójicamente, con energías renovadas después, listos para asumir más. Recordemos los comentarios de la Dra. Besant al respecto. El hecho es que cuanto más quitamos la atención sobre nosotros mismos, más probabilidades tenemos de recuperar el frescor del cuerpo, las emociones y la mente. Porque podemos abrumarnos. La renovación es inherente a la naturaleza y es un poder significativo dentro de nosotros. El Hno. Sri Ram afirmó: “Puede haber una cualidad de conciencia que es siempre nueva. Es la cualidad de la conciencia pura".[9] Podemos optar por continuar por un camino de distracción con mucho tráfico en nuestras mentes y quizás mantener una visión fija sobre las cosas. A veces, cuando se reduce el tráfico, puede haber pequeñas ráfagas de renovación. Sin embargo, la máxima renovación es sinónimo de camino espiritual. Esto requiere morir a lo viejo para que resucitemos, como Fénix, de las cenizas de quienes éramos, y seamos quienes estamos destinados a ser. En lugar de considerar esto como una tarea onerosa, es importante recordar que con el tiempo nuestras prioridades cambian y lo que antes parecía demasiado desafiante ahora se convierte en un imperativo natural, una llamada desde lo más profundo. Porque el poder de la renovación tiene gran fuerza y belleza y ayuda a revelar nuestra verdadera nobleza y gloria, esa conciencia pura que normalmente enmascaramos. A escala global, la posibilidad de renovación también puede ser un rayo de luz en esa nube oscura que es nuestra pandemia actual, brindando una oportunidad para que la humanidad se recalibre y ayude a remodelar constructivamente el mundo, en un nuevo ciclo de conciencia más profunda. [1] https://www.landcarevic.org.au/assets/Uploads/Burnt-trees-Will-they- regrow.pdf consultado el 30 de noviembre de 2020 [2] Rinpoche, S. Meditación budista. The Theosophical Publishing House: Adyar, 1988, p.5. [3] Besant, Annie, Las leyes de la vida superior. The Theosophical Publishing House: Adyar, 1985, p.58. [4] Taimni, I.K., Renovación de sí mismo. The Theosophical Publishing House: Adyar, 1980, capítulo XIII. [5] https://www.kingjamesbibleonline.org consultado el 1 de diciembre de 2020
[6] Barborka, Geoffrey.The Divine Plan. The Theosophical Publishing House: Adyar, 1992, p.123. [7] Blavatsky, H.P. Escritos recopilados, volumen VIII. The Theosophical Publishing House: Adyar, 1958. [8] Blavatsky, H.P. La Doctrina Secreta, Vols. I y 2. The Theosophical Publishing House: Adyar, 2003. [9] Sri Ram, N. Los aspectos profundos de la vida. The Theosophical Publishing House: Adyar, 1980, p. 92.
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