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Vol. 142 - Número 01 - Octubre 2020 (en Castellano) |
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La paradoja de la Auto-transformación TIM BOYD
En la práctica buddhista tibetana hay numerosas ceremonias realizadas específicamente para una larga vida. Desde nuestra perspectiva personal vivir una larga vida debe tener muy buenas expectativas. Desde el punto de vista espiritual el énfasis en la larga vida va más allá de la mera preferencia personal. Porque el alcance de la sabiduría es infinito y nuestra encarnación es tan breve; para poder cultivar una experiencia de sabiduría, pedimos ser bendecidos con una larga vida, con buena salud mental y física. La declaración de la misión de la Sociedad Teosófica dice que su misión, y por extensión la de sus miembros, es cultivar tres elementos específicos: (1) Una comprensión más profunda y una realización de la sabiduría sin edad; (2) la unidad de toda la vida; y (3) la auto-transformación espiritual. Hablemos del tercero. A falta de algún cambio en el centro de nuestra conciencia, una significativa asociación con la sabiduría es difícil o imposible. Nuestro acercamiento normal tiende a ser egocéntrico. Las cosas que nosotros queremos para nosotros mismos, que nos creemos ser, parece ser muy fijo y estático. Obviamente, siempre está en movimiento, pero nos sentimos mucho más cómodos con las identidades aparentemente sólidas que adoptamos. La auto-transformación implica necesariamente un conflicto entre lo que quiere el yo y la “realidad”. En general, cuando consideramos qué significa transformar, pensamos en términos de cambio, pero también pensamos en términos del proceso que conduce a este cambio. La auto-transformación espiritual no sólo vislumbra hábitos personales, sino que nos gusta tener la seguridad y estabilidad de un proceso claramente delimitado. Así pues, en todas las tradiciones espirituales de las que soy consciente, el proceso se representa como en pasos por el camino hacia el despertar, la iluminación o la auto-transformación. Elige tu tradición y hay pasos específicos que se enumeran. El Yoga tiene sus ocho ramas. El Buddhismo tibetano habla del camino gradual hacia el despertar, el Lam Rim. El Cristianismo católico tiene las estaciones de la cruz. En una aproximación práctica teosófica lo que nosotros enfatizamos es el estudio, la meditación y el servicio. Estos son procesos que nosotros practicamos con el supuesto de que ellos, en última instancia, nos conducen a la auto-transformación; eso si nos acercamos adecuadamente a nuestro estudio y nuestra meditación, y si nos esforzamos en una actividad consciente compasiva para los demás, al final de este proceso nos espera la experiencia de la iluminación. Quizás sea así; o tal vez no lo sea. Este proceso de auto-transformación tiene sus pasos, pero la auto-transformación en sí es algo muy diferente. Allí no hay un cierto número de libros correctos, o de horas de meditación que resulten en la experiencia de la transformación. Por si sola, la transformación se produce como un acontecimiento muy específico. Quizás está relacionada con nuestro estudio; o tal vez no. Quizás es algo relacionado con un estado de santidad o pureza acumulada, y de nuevo, quizás no lo es. Podemos decir que hay personas que tuvieron la experiencia de la iluminación o la auto-transformación. Personas como Ramana Maharshi, Jesús, Buddha, Mahoma, y otros que llevaron y experimentaron unas vidas espirituales. Lo hicieron con la práctica, el estudio y dio lugar a una experiencia que después intentaron enseñar. Pasaron toda la vida enseñando y todo el mundo que los rodeaba se pasó toda la vida escuchando. Muy pocos en realidad tuvieron una experiencia de lo que describieron estos Maestros. Hay personas sin ninguna particularidad ni signos de santidad que también vivieron la experiencia de auto-transformación. Edgar Mitchell, que era un astronauta en el programa espacial norteamericano, es uno de los que caminaron por la Luna. Él era un ingeniero bien entrenado y no tenía ninguna formación espiritual particular. Cuando volvía a la Tierra en la nave espacial, miraba por la ventana y viendo el planeta tierra debajo de él, era azul y perfecto; no podía distinguir ninguna línea entre los países. En ese momento tuvo la experiencia que describió como “Conciencia cósmica”. El cambió para siempre. Cuando volvió a la Tierra, él pasó el resto de su vida utilizando las herramientas de su temperamento y formación científica para ampliar la comprensión de los efectos de la conciencia en el mundo. Hay una canción que es una de las más, si no la más, ampliamente conocida en lengua inglesa, llamada “Amazing Gracia.” Es preciosa y habla de una experiencia de iluminación que se produjo en su autor. Su nombre era John Newton y vivió entre los siglos XVIII y XIX. Comienza diciendo: “Una gracia sorprendente, como dulce sonido, / Eso salvó a un desgraciado como yo. / Yo una vez estaba perdido, pero ahora me he encontrado, / Era ciego, pero ahora veo.” Hay otros versos, pero este describe el momento en que una experiencia de iluminación descendió sobre él. En el momento que escribió la canción era un predicador, un ministro en la Iglesia de Inglaterra, pero el hombre que era cuando pasó esto era muy diferente de lo que era antes. Dicen que “cada santo tiene un pasado, y todo pecador tiene un futuro”. Este hombre era un santo predicador cuando escribió la canción, pero la canción se refiere a una experiencia que tuvo cuando estaba dedicado activamente al comercio de esclavos. Newton estaba comprando y vendiendo esclavos africanos y enviándolos a todo el mundo a través del Océano Atlántico sobre todo a las Américas. Estuvo completamente comprometido con esta actividad claramente profana cuando esta “gracia sorprendente” descendió sobre él. No fue el resultado de cualquier proceso espiritual consciente. Fue así un evento que tenía sus raíces en algo para nosotros invisible. La auto-transformación tiene un proceso en el que participamos, pero la experiencia real es algo completamente diferente. Obviamente, los dos tienen alguna relación, pero cometemos un error si pretendemos entenderlo. Cuando Buddha tuvo su iluminación volvió e hizo su primer sermón a las cinco personas que habían estado con él cuando buscaba por medio de prácticas ascéticas. Mientras hablaba, uno de ellos al oír las primeras palabras que dijo, experimento la iluminación. La persona quien estuvo con él más tiempo, su querido discípulo y asistente, Ananda, estuvo con él durante cuarenta y cinco años. Él vio la gente que venía, conocía el Buddha brevemente, y tenía la experiencia de la iluminación; otros vinieron y estudiaron con él, escucharon sus enseñanzas durante años, entonces tuvieron la experiencia de la iluminación; pero Ananda nunca la tuvo. Estaba con el Buddha cada día durante todos esos años, haciendo la práctica y el estudio. Tras la muerte de Buddha, sus discípulos intentaban reunir todas las enseñanzas que había dado durante su vida. Porque Ananda las había escuchado todas, él fue la persona principal para recitar las diversas enseñanzas, aunque las recitaba sin su propia iluminación. Pero inmediatamente antes de compartir sus recuerdos de las enseñanzas de Buddha, Ananda, finalmente tuvo su experiencia de iluminación. Las personas que han tenido la experiencia, reconocen el evento de auto-transformación como el pináculo potencial del ser humano, y declaran que esta liberación de la conciencia universal de la limitación de la personalidad es el objetivo de la etapa humana. Los que han tenido esta experiencia, o incluso grados menores de esta, y pasan una vida ayudando a los demás a cultivar la misma conciencia; cada uno de ellos dice que es imposible describirlo. Los procesos se pueden enseñar, aprender y practicar, pero la experiencia está más allá de las palabras, es indescriptible. Dentro de cada uno de nosotros se dice que hay una semilla divina para plantar: una vida embrionaria encerrada en una cáscara. La función de la cápsula es nutrir y proteger la vida de la semilla, pero también confina y limita su expresión. Simplemente como si se plantara una semilla en el suelo, la tierra en que se siembra la semilla divina es la personalidad humana. En consecuencia, describimos el proceso de la vida espiritual que puede equipararse al proceso a que está sometido un jardinero. Una vez que tomamos conciencia de este hecho vital, en potencia, dentro de nosotros, y tenemos una cierta conciencia de su potencial de expresión y de vida, entonces empezamos a aprender sobre qué podemos hacer para que crezca. Esto es lo que hace un jardinero. Estudia, observa, mira y, a continuación, ajusta las condiciones adecuadas a las necesidades de la semilla. Con nosotros pasa algo parecido, lo llamamos: estudio, meditación y servicio. Estas son las cosas que disuelven el encapsulado que esconde la vida. Nosotros disolvemos las identidades firmes y fijas que nosotros hemos cultivado y nos hemos aferrado, y con esta disolución surge la oportunidad para que la vida crezca más allá de la cáscara que le rodea. El jardinero sabe crear condiciones, pero no sabe nada de la vida en sí misma. No lo puede explicar ni controlar. Todo lo que él puede hacer es crear condiciones, y si son correctas, pues, por su conocimiento menor, una vida más grande se puede dar a conocer. J. Krishnamurti, al hablar de la experiencia autotransformadora, utiliza palabras bíblicas, diciendo: “Viene sobre ti como un ladrón en la noche”. Esto es una hermosa manera de expresarlo. Esto va más allá de cualquier explicación que pudiera darse. Cuando pensamos en un ladrón en la noche, ¿que nos viene a la cabeza? Nosotros estamos durmiendo en nuestra cama; es oscuro; está tranquilo, y sin que lo sepamos alguien entra en nuestra casa con el único propósito de llevarse de nosotros todo lo que tenemos valioso o estimado para nosotros. ¿Cuáles son las cosas más valiosas para nosotros? Por supuesto, las posesiones materiales, pero también nuestro nombre, reputación, posición, todas las diferentes identidades que han llegado a ser tan sagradas para nosotros. Como un ladrón en la noche, de la importancia de estas cosas nos desnudamos. Y a partir de este robo divino, se revela otra cosa -una presencia, un poder, una visión largamente oculta. Existe la expresión: “la auto-transformación es un accidente, pero la práctica espiritual nos hace propensos al accidente.” No controlamos el evento, cuando, o si se produce, pero cuando nos comprometemos con una práctica que lo hace mucho más probable, que estamos en los alrededores donde se realiza esta actividad, acontece. El sol no brilla sobre nosotros, salvo que salgamos fuera. Estos son sólo algunos pensamientos que nosotros podemos ampliar según lo permita nuestra capacidad.
Nuestra vida está desperdiciada por los detalles. Simplificar, simplificar.... Yo creo en simplificar. Es tan sorprendente como triste, cuantos asuntos triviales, incluso el más sabio, piensa que debe atender en un día; que singular que piense que debe omitir un asunto. Cuando el matemático soluciona un problema difícil, primero libera la ecuación de todas las incógnitas, y la reduce a los términos más sencillos. Así que simplificar el problema de la vida, distinguir lo necesario y lo real. Sondear la tierra para ver por donde corren tus raíces principales.Henry David Thoreau
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