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Vol. 133 - Número 10 - Julio 2012 (en Castellano) |
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Los Mahatmas, nuestros Hermanos
ED ABDILL Vice-Presidente de la ST en EEUU, da Conferencias para la Sociedad, y es autor de The Secret Gateway: Modern Theosophy and the Ancient Wisdom Tradition.
En la carta 1900 a Annie Besant, KH escribió:
La jerga sobre los “Maestros” se debe eliminar silenciosa pero firmemente. Dejen que la devoción y el servicio sea solamente a ese Espíritu Supremo del que cada uno es parte. Trabajamos anónima y silenciosamente, y las constantes referencias a nosotros mismos y la repetición de nuestros nombres levantan un aura confusa que obstaculiza nuestro trabajo.
La Dra. Besant tomó seriamente ese pedido, pero tal vez lo hizo más allá de lo que KH deseaba. Porque años después de recibir esta carta, poco se había dicho sobre los adeptos. Sin ninguna duda eso ayudó a refrenar la continua referencia a ellos, y seguramente estaban agradecidos a Annie Besant por tratar de llevar a cabo su pedido. Sin embargo, puede ser que los adeptos no pretendieran que nadie jamás pensara en ellos. Sino que tal vez no querían que la gente pensara en ellos de modo personal. En una carta a A. P. Sinnett, KH aclaró que un adepto no es su personalidad. Es más su yo interno, llamado buddhi-manas en la literatura teosófica. KH escribió:
(1) Un adepto, el más elevado como el más humilde, es tal sólo durante el ejercicio de sus poderes ocultos. (2) Siempre que se necesitan estos poderes, el soberano abrirá la puerta hacia el hombre interno (el adepto), quien puede emerger y actuar libremente… (3) El más mínimo uso de los poderes ocultos entonces, como verán, requiere de un esfuerzo. Podemos compararlo con el esfuerzo muscular interno de un atleta que se prepara para usar su fuerza física. Al igual que no es probable que un atleta esté siempre entreteniéndose dilatando sus venas antes de tener que levantar una pesa, así ningún adepto puede mantener su voluntad en tensión constante, y el hombre interno en total actividad, cuando no hay una necesidad inmediata para así hacerlo. Cuando el hombre interno descansa, el adepto se vuelve un hombre ordinario, limitado a sus sentidos físicos y a las funciones de su cerebro físico. La práctica intensifica la intuición de este, pero es incapaz de lograr que estos sentidos sean super-sensibles. El adepto interno está siempre listo, siempre atento, y eso es suficiente para nuestros propósitos. Entonces, en los momentos de descanso sus facultades también descansan. Cuando me siento a comer, o cuando me visto, leo o estoy ocupado en algo, ni siquiera pienso en quienes están cerca de mí; y Djual Khool puede romperse la nariz hasta sangrar, por correr en la oscuridad y chocar con una viga, como sucedió la otra noche… y yo permanecía plácidamente ignorante del hecho. No estaba pensando en él, de ahí mi ignorancia.
De lo expresado, bien pueden inferir que un adepto es un mortal común en cada momento de su vida diaria, excepto en aquéllos en que esté actuando el hombre interno.
Cuando KH nos escribe no es un adepto. Un no-adepto es falible.
Por lo tanto, KH puede fácilmente cometer errores;
Errores de puntuación, que a menudo cambiarán totalmente todo el sentido de una oración; errores idiomáticos, es muy posible que ocurran, especialmente cuando escriben tan de prisa como lo hago yo; errores que surgen de la confusión de términos ocasionales que yo tenía que aprender de usted, ya que es usted el autor de ‘rondas’, ‘anillos’, ‘anillos terrestres’, etc., etc., (Cartas de los M. 24B, pp. 259-260)
En otra carta, KH le informó a Sinnett que había dos personajes que respondieron al nombre de KH:
Si continúa con sus estudios ocultos y el trabajo literario, entonces aprenda a ser leal a la Idea, más que a mi pobre yo. Cuando algo se tiene que hacer no piense nunca si yo lo deseo antes de actuar: Yo deseo todo lo que puede, en mayor o menor medida empujar esto (trabajo). Pero estoy lejos de ser perfecto, no soy infalible en todo lo que hago; aunque no es como lo imagina… Porque usted conoce, o piensa que conoce, de un KH, y puede conocer sólo uno, mientras que existen dos personajes diferentes respondiendo a ese nombre en él… el enigma es sólo aparente y fácil de resolver, si supiera qué es un verdadero Mahatma. (Cartas de los M. 55, pp. 462-3)
En la literatura principal del movimiento teosófico, los adeptos eran llamados ‘los Hermanos, Mahatmas, Adeptos, Maestros’. En todos los casos los autores hablaban de los Mahatmas como seres humanos, jamás como trabajadores milagrosos omniscientes. Cuando se usó el término ‘Maestro’, se usó en el sentido de educador, como el director de una escuela. En las Cartas de los Mahatmas encontramos que quienes mantenían correspondencia con ellos, a veces discutían con ellos. Esto les sorprende a algunas personas. ¿Cómo podía alguien discutir con un adepto? Es más comprensible cuando nos damos cuenta que los corresponsales sabían muy bien que aquéllos con quienes se escribían eran hombres, hombres con un conocimiento y poder extraordinarios, pero aún así mortales que podían cometer errores. Actualmente algunas personas consideran a los adeptos casi en la forma que los cristianos consideran a los santos, como figuras sagradas, que pueden ayudarles a resolver problemas personales con sólo pedírselos. Al pensar en ellos de ese modo aparece el tipo de “jerga sobre los Maestros” que interfiere con su trabajo. La naturaleza principal de su tarea se le explicó a Sinnett en varias cartas escritas por KH:
Los Jefes quieren que se establezca una “Hermandad de la Humanidad”, el inicio de una verdadera Fraternidad Universal; una institución que se de a conocer en todo el mundo y que llame la atención de las mentes más elevadas. (Cartas de los M. 6, p. 35)
Sólo el que alberga en su corazón el amor a la humanidad, el que es capaz de captar por completo la idea de una Fraternidad práctica y regeneradora, es el calificado para la posesión de nuestros secretos. Sólo él, sólo ese hombre, no abusará nunca de sus poderes, y no habrá que temer que los emplee con fines egoístas. Un hombre que no coloque el bien de la humanidad por encima de su propio bien, no es digno de convertirse en nuestro chela, no es digno de alcanzar un conocimiento más elevado que el de su vecino. (Cartas de los M. 38, p.362)
Claramente, los adeptos querían que se iniciara un movimiento dedicado a la Fraternidad Universal. Ellos no organizaron el movimiento, pero le pidieron a Blavatsky y Olcott que lo hicieran. El resultado fue la Sociedad Teosófica, cuyo primer Objetivo es crear un núcleo de la Fraternidad Universal de la Humanidad sin distinción de raza, credo, sexo, casta o color. Crear “una Hermandad Universal real” dedicada a la fraternidad nunca ha sido fácil pero fue especialmente difícil en el siglo diecinueve. Debido a las ideas de la ciencia y la religión en la época de Blavatsky, uno de los primeros obstáculos a superar fue el materialismo de la ciencia y la superstición de la religión. Sería necesario proveer evidencia para el lado no material de la realidad y mostrar el hilo común de la sabiduría en todas las religiones al comparar las escrituras de Oriente y Occidente. En el siglo diecinueve, la ciencia occidental estaba basada en el materialismo. Hoy, con el conocimiento de campos no-materiales y física quántica, la ciencia casi se ha desplazado a la era de la metafísica. A fines de 1800, la materia física sólida y la energía se consideraban como la única realidad, y los físicos estaban convencidos de que el átomo no se podía dividir. Los adeptos creían lo contrario y le enseñaron a Blavatsky que la piedra angular de las ciencias ocultas descansaba en la naturaleza ilusoria de la materia y la divisibilidad infinita del átomo. Una creencia común entre los cristianos, en ese momento, era que el cielo y el infierno eran lugares literales de recompensa o castigo eternos. Algunos, incluso, estaban convencidos de que las calles del cielo estaban pavimentadas con oro. Actualmente, entre las iglesias cristianas mayoritarias, la idea del cielo y del infierno es más de estados de conciencia que de lugares literales. La cooperación entre las religiones era impensable en 1800, pero hoy existen muchos movimientos de inter-fe, y la mayoría de los cristianos no piensan que sólo sus propios fieles se salvarán. Mientras las personas continuaron creyendo en la interpretación literal de sus escrituras y mientras la ciencia permaneció arraigada al materialismo hubo poca esperanza de éxito para un movimiento dedicado a la Fraternidad Universal. Esos obstáculos se debían tratar, pero se necesitaba aún más. Era necesario ayudar a las personas a descubrir sus raíces en una realidad fundamental, eterna e indivisible. Para hacerlo era esencial comprender la naturaleza total de un ser humano. Todos sabían que tenían un cuerpo, emociones, y una mente. Eso era verdad aunque muchos creyeran que las emociones y la mente eran meros subproductos del cerebro. Pero, ¿teníamos un alma y espíritu? Los adeptos enseñaron que además de ser criaturas físicas, emocionales y mentales, somos seres espirituales. Ellos enseñaron que estamos compuestos no sólo de tres, sino de siete estados de conciencia y siete estados de materia asociada con esos estados de conciencia. Sus enseñanzas sobre este tema se pueden encontrar en los escritos de H. P. Blavatsky y en Las Cartas de los Mahatmas. Para leer sobre un resumen moderno de los siete estados humanos y ejercicios para ayudar a los lectores a experimentar esos estados dentro de ellos mismos, ver The Secret Gateway (La Puerta Secreta). A los Mahatmas les gustaría que pensáramos acerca de ellos como colegas con los que trabajaremos para beneficiar a la humanidad. Pero aunque se nos ha pedido trabajar con ellos, pocos miembros de la Sociedad Teosófica parecen creer que pueden ayudar a los adeptos en su tarea. Tal vez sea porque muchos piensan que para trabajar para la humanidad uno debe hacer mucho trabajo público. Este no es el caso en modo alguno. Para trabajar con nuestros Hermanos, primero debemos ser personas de buena voluntad que queramos ayudar a aliviar el sufrimiento humano siempre que podamos y donde sea posible. Luego tenemos que familiarizarnos con ellos leyendo lo que escribieron en las cartas a A. P. Sinnett y a otros. Esas cartas están disponibles en Las Cartas de los Mahatmas, y en Cartas de los Maestros de la Sabiduría, volúmenes 1 y 2. El leer esas cartas nos dará alguna idea del propósito central de su trabajo. Puede colocarnos en la corriente de su influencia. En la Carta del Mahatma 131 (p.435), KH nos afirma que “todo aquél que se aproxima a nuestros recintos aunque sea en pensamiento, es atraído al vórtice de la probación”. Es decir, los Mahatmas son concientes del interés que muestran en su trabajo y observan a quienes están interesados en ver si pueden ayudar a llevar adelante ese trabajo. Frecuentemente en sus cartas, los adeptos se refirieron a “vuestro mundo” como opuesto a “nuestro mundo”. Ellos le preguntaron a Sinnett si él estaba listo a “abandonar (su) mundo y venir al de ellos” (Cartas de los M. 2, p.12). Si recordamos que el adepto es su yo interno más que su personalidad, se hace claro lo que ellos quieren decir. Para estar en comunicación con un adepto, debemos abandonar nuestro mundo del ego personal y actuar desde el nivel del yo interno. Necesitamos actuar impersonalmente por el bien de la humanidad como un todo. Aunque actuemos desde el nivel del yo interno más a menudo de lo que pensamos, la meditación es tal vez el modo más seguro para despertar nuestro propio yo interno. Al vaciar nuestra mente de todo pensamiento del “yo” y tratar de volvernos concientes de lo Eterno, podemos experimentar un estado atemporal. Podemos percibir que el pasado, el presente y el futuro son estados de materia y conciencia en un eterno AHORA. Luego podemos tratar de obtener un sentido del esfuerzo de los Mahatmas para amoldar esa energía/materia que llamamos el futuro y enviar energía pacificadora a la humanidad por su intermedio, con la certeza de que ellos usarán lo que podamos dar para beneficiar a la humanidad. En el Nuevo Testamento leemos que no todos los que dicen “Señor, Señor” entrarán en el reino celestial, sino sólo quienes cumplen con la voluntad de Dios. Blavatsky nos ha dicho que si vivimos el tipo de vida adecuado, la sabiduría vendrá a nosotros naturalmente. Seguramente no todos los que desean trabajar con los adeptos o que meditan, se pondrán en comunicación con ellos. Sólo aquéllos que viven la vida que se requiere pueden tener éxito. Uno de los adeptos ha resumido en un documento conocido como “Los Peldaños de Oro” la vida que se requiere. Aunque el documento es corto, podemos meditar en él durante toda la vida.
Contempla la verdad ante ti: vida limpia, mente abierta, corazón puro, intelecto despierto, percepción espiritual sin velos, afecto fraternal para el condiscípulo, presteza para dar y recibir consejo e instrucción, leal sentimiento del deber hacia el Instructor, obediencia voluntaria a los mandatos de la Verdad, una vez que hemos puesto nuestra confianza en ese Instructor y creemos que él la posee, valeroso ánimo para soportar las injusticias personales, enérgica declaración de principios, valiente defensa de los que son injustamente atacados y mirada siempre fija en el ideal del progreso y de la perfección humana que nos revela la ciencia secreta (Gupta Vidyâ); ésta es la escala de oro a la que el estudiante puede ascender para llegar al Templo de la Sabiduría Divina. (Blavatsky, Collected Writings – Recopilación de Escritos, XII.503)
Si vivimos la vida descripta en “Los Peldaños de Oro”, si llegamos a conocer algo de los Mahatmas por la lectura de lo que escribieron y si meditamos diariamente vaciando nuestras mentes del “yo” enfocándonos en lo Eterno, podemos capacitarnos para trabajar con nuestros Hermanos por el bien de la humanidad.
Referencias
Abdill, Edward, The Secret Gateway: Modern Theosophy and the Ancient Wisdom Tradition (La Puerta Secreta: Teosofía Moderna y Sabiduría Antigua), Theosophical Publishing House, Quest Books, Wheaton, Il., 2005.
Blavatsky, H. P., Collected Writings (Recopilación de Escritos), Vol. XII, TPH, Wheaton, Il., 1980.
Letters from the Masters of the Wisdom, (Cartas de los Maestros de la Sabiduría), 1870-1900, Primera Serie, ed. C. Jinarâjadâsa, TPH, Adyar, Madras 5º edición, 1964; 1º edición 1919.
Letters from the Masters of the Wisdom, (Cartas de los Maestros de la Sabiduría), Segunda Serie, ed. C. Jinarâjadâsa, TPH, Adyar, Madras 2º edición, 1973; 1º edición 1925.
Mahatma Letters to A. P. Sinnett from the Mahatmas M. and KH,(Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett de M. y KH), transcriptas por A. T. Barker, ed. Vicente Hao Chin, Jr, TPH, Manila, 1993.
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