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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 133 - Número 10 -  Julio 2012 (en Castellano)

 
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Tolerancia

 

 

ANNIE BESANT

Reimpreso de pensamientos hallados en Los Ideales de la Teosofía,

Charla de la Convención Anual de 1911.

 

 

 

   Tolerancia no significa la aceptación despectiva de quienes pensamos que están equivocados y se dirigen a su propia destrucción. No significa la orgullosa suposición que dice: “Sí, te tolero, te permito que expreses tus opiniones.” Significa el reconocimiento definitivo de que cada individuo debe ser libre de escoger su propio camino sin indicaciones de nadie, sin interferencias de otro en el sendero que eligió. La tolerancia no alega juzgar y criticar a otro, con miras a decirle las opiniones que debería sostener, u otorgarle el permiso para sostenerlas; comprende y reverencia la verdad de ese gran Sufí que dijo: “Los caminos de Dios son tantos como los alientos de los hijos de los hombres.” Se logra el profundo significado de las palabras de Sri Krshna: “De cualquier modo que los hombres se me acerquen, les doy mi bienvenida, pues es mío el sendero que por doquier toman los hombres.”

   La verdadera tolerancia renuncia totalmente a cualquier intento de establecer un camino que todos deban recorrer. Parece que siempre que un Espíritu humano está buscando a Dios, siempre que la inteligencia humana está tratando de elevarse a lo Divino, siempre que un corazón humano está sediento de contacto con su fuente, allí se transita un camino hacia Dios, y el caminar inevitablemente conduce a la meta.

   Los caminos son diferentes porque las mentes de los hombres son diferentes, porque sus corazones son diferentes, porque han crecido en diferentes líneas de pensar, y han adquirido costumbres en el lejano pasado, que yacen detrás de cada uno de nosotros y que se extienden desde el amanecer del tiempo hacia una variedad de creencias religiosas, una variedad de puntos de vista y de opiniones. Son útiles y no maliciosos. Porque la verdad es tan multifacética, se puede ver desde tantos puntos de vista que cada nueva visión es una adición y no un obstáculo, y estudiar los puntos de vista de alguien diferente a nosotros, tratar de aprender pacientemente de su opinión y de ver como él ve, es el desarrollo en nosotros de la visión que finalmente verá la totalidad de la verdad y no sólo un fragmento de ella; cuanto más aprendemos, más nos damos cuenta de la unidad al estudiar la diversidad y conocemos su grandeza más y mejor.

   Los hombres que sólo tienen una religión, una filosofía, una visión de la vida, son como quienes exigen que como la luz del sol es blanca, entonces no debería haber colores en el mundo. Porque los colores no aparecen de la luz, sino de las diferentes constituciones de los cuerpos sobre los que la luz blanca está siempre cayendo. Las variedades de constituciones, los modos en que las flores y la hierba y los animales están hechos, son las que nos dan distintos colores aunque la luz es única; cada uno toma de la luz lo que necesita, y rechaza de la luz blanca lo que no quiere, y luego hablamos del color de la flor, del animal, del cielo.

   Del mismo modo, el gran Sol blanco de la Verdad, al brillar sobre las mentes de los hombres constituidas de modos diferentes, le da a cada uno de ellos lo que necesita para su nutrición, y las porciones que no usan regresan como colores a los ojos de los demás. A menos que quieran un universo blanco de materia, un universo blanco de pensamiento, ¿por qué no regocijarnos por la diferencia de constituciones que pinta el mundo del pensamiento con muchos colores, así como pinta el mundo de la materia con innumerables tonos? Al considerar luego los diferentes puntos de vista a nuestro alrededor, vemos el valor de su variedad en la riqueza y belleza agregada a nuestras opiniones sobre la verdad.

   Estudiar sin afinidad es ver los defectos, estudiar con conexión es ver el encanto. Y nunca pueden comprender la belleza de una fe y su relación con las mentes de sus adherentes hasta que la estudian con amor y comprensión, y sientan en ustedes las vibraciones que hace surgir en quienes ella atrae. De modo que si van a ser verdaderos amantes de la Sabiduría Divina elévense hacia la libertad del Espíritu en la que sólo la verdad se encuentra, sobre toda intolerancia impuesta. Estudien más aquello con lo que no están de acuerdo, que con lo que sí lo están. Día a día familiarícense con la opinión de los demás, más que mantener los ojos fijos en un objeto mirándolo exactamente desde el mismo lugar; aprendan de quienes están en desacuerdo más que de aquéllos con los que sí acuerdan, y de ese modo se volverán multifacéticos como los múltiples aspectos de la verdad misma, y finalmente, cuando se eleven a la magnificencia del conocimiento perfecto, encontrarán que todo fragmento tiene su lugar en el todo perfecto, y que cada religión que el hombre ha seguido es una nota en el glorioso acorde con que Dios le habla al hombre.

   Yo les pediría que no sólo lo lleven a cabo en la vida, sino que lo admiren en teoría, que traten de corregir la intolerancia natural de la humanidad al observar en cada persona y en toda opinión lo bueno y no lo malo. Que la primera impresión de un libro sea la favorable y no la hostil, que la primera impresión de un hombre sea de sus virtudes en vez de sus defectos. Porque cuanto mejor les parezca, más ven el Yo que está tratando de manifestarse por medio de su mente y de su cuerpo, y los errores son sólo las nubes que ocultan el sol; a medida que el sol se eleva más alto, se ilumina más, y al brillar, las nubes desaparecen y el verdadero Yo se puede apreciar.

 

 

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