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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 133 - Número 6 -  Marzo 2012 (en Castellano)

 
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El pensamiento teosófico

Un enfoque para resolver la crisis actual

 

 

ASHOK PRATAP LOKHANDE

 

El Sr. Ashok Pratap Lokhande es miembro de la Sección Inda, y vive en Nagpur. Charla dada en la convención de la Sección Inda, Adyar, Diciembre 2003.

 

   Cuando miramos a nuestro alrededor, el escenario mundial presenta un espectáculo estremecedor. La cultura y los sistemas de valores construidos por nuestros santos y videntes con un esfuerzo concienzudo durante siglos, parecen haberse vuelto sólo historia. Valores tales como conducta moral y fraternidad, que ellos pusieron ante nosotros por medio de su ejemplo de vida se consideran como sin valor.

   Parece como si la estructura del tiempo que colectivamente representamos hoy es quizás la más negra. El mundo se mueve por un periodo de peligros tales como la guerra, el terrorismo, la corrupción generalizada y el dominio por el poder tecnológico. El hombre ha olvidado la ley natural de la coexistencia y de la cooperación, por lo tanto se ha deslizado a un abismo de tendencias decadentes y auto-centradas, cuya consecuencia inevitable es que el hombre se aleja constantemente de la dignidad y los valores humanos. Nos movemos hacia el sufrimiento y el dolor constante. Pareciera que en vez de progresar estamos retrocediendo.

 

Diagnóstico de la crisis actual

   El ser humano es la expresión más bella de la existencia, con el potencial de hacer realidad la divinidad fundamental dentro de sí mismo. Sin embargo se comporta como un demonio. Experimentamos este fenómeno desafortunado en nuestra vida diaria.

   La razón principal de la miseria es la ignorancia, una comprensión incompleta de las leyes inexplicadas de la naturaleza. Incluso si adquirimos una comprensión parcial de estas leyes, por ejemplo, sobre karma y sacrificio no podríamos movernos ni siquiera una pulgada de la dirección en la que nos movemos hoy.

   Alrededor de 136 años atrás con la bendición de los Maestros se estableció la Sociedad Teosófica, y continúa ocupada en la investigación de las leyes inexplicadas de la naturaleza por el bienestar del mundo y sus habitantes. Esta investigación nos ha permitido identificar las causas raíces de la crisis actual.

   La tendencia auto-centrada se manifiesta como una indulgencia por confort y bienestar para nuestro yo, codicia por dinero, poder y control, o ‘nombre y fama’. La ignorancia de leyes naturales es la razón principal del estado contemporáneo del mundo.

   Es sólo por medio del método científico de investigación propuesto y difundido por la Sociedad Teosófica que los seres humanos se pueden liberar de la creciente confusión debido a la ignorancia de las leyes de la naturaleza.

   En la actualidad, observamos que en algunos lugares por alguna razón egoísta crece el terrorismo y niños inocentes, mujeres y hombres jóvenes mueren, lo que se podría describir como una ‘danza desnuda de violencia’. Es un círculo vicioso propulsado por algunas secciones de la población humana desarrollados económicamente y prósperos. No tienen lugar en ninguna forma de civilización humana y es una cicatriz  y un flagelo para la consciencia del mundo, por ejemplo, el cobarde y vergonzoso ataque al World Trade Centre en Nueva York y consecuentemente la venganza igualmente brutal en Afganistán e Irak.

   La Sociedad Teosófica cree firmemente que causar sufrimiento deliberadamente a seres vivos es anatema para el espíritu de la fraternidad universal.

   Quienes ocupan altos cargos en el mundo ceden a la corrupción por los placeres mundanales de los sentidos, en cuyo proceso dejan de lado las consideraciones de legalidad, discurso, decencia y propiedad. Lo fundamental es conseguir lo que quieren sea como sea.

   ¿No equivale esto a traicionar a las personas y atentar criminalmente contra la humanidad? De modo similar, los así llamados países desarrollados del mundo, recordando sus fines egoístas y lucrativos, explotan los países pobres planificando en éstos la inestabilidad política, u ofreciendo incentivos de libertad y desarrollo de las personas, declarándoles la guerra o induciendo la guerra civil dentro de esos países.

   Incluso la naturaleza y sus recursos no se salvan de las criaturas rapaces insaciables llamadas seres humanos; por ejemplo, hay una tala indiscriminada de árboles y bosques, y se produce un enorme sufrimiento a animales para la industria, medicinas, investigación y productos de belleza. Esto muestra seriamente la barbarie en la naturaleza humana.

   El trato cruel que se da a animales, plantas y seres humanos genera y difunde vibraciones de dolor y sufrimiento en el medioambiente. Todas las acciones humanas descriptas precedentemente transforman la naturaleza y sus recursos y los seres vivos, en objetos de consumo humano que se puede describir como mercantilizar la naturaleza y los seres vivos.

   La única conclusión posible de lo expuesto es que la insensibilidad de los seres humanos ha alcanzado el punto máximo. El hombre parece estar totalmente inconsciente de la verdad de la unidad de todo lo que vive y que es inherente en la naturaleza.

 

La solución teosófica

   Entre los objetivos enunciados de la Sociedad Teosófica se da un énfasis especial a la Fraternidad Universal. Tomando este concepto en su sentido más amplio, significa que cada individuo existe por el bien de otro. Todo está conectado e impregna a todo lo demás según su misteriosa ley natural.

   La fraternidad no es una relación formal. Es la relación de la naturaleza más íntima de las cosas. 

   En este sentido la fraternidad está presente en todas partes en el mundo. El corolario es que el modo de vida es de cooperación, complementándose mutuamente basándose en la tolerancia mutua, buena voluntad hacia todo, ausencia de crueldad, compasión y justicia para todos. Si en cualquier orden geográfico natural se encuentran algunas deficiencias o excesos, la Naturaleza busca compensarlo por la presencia de plantas y animales que posean ciertas propiedades especiales. De este modo la Naturaleza crea y sostiene el equilibrio en la vida de una región particular.

   Si reflexionamos sobre estas líneas experimentamos que toda la existencia da protección y seguridad a nuestra fuerza de vida eterna y colectiva, siempre que estemos listos y alertas para internalizar la fraternidad universal y ver la insensibilidad.

   La Madre Naturaleza cediéndonos su generosidad, la da con amor y fraternidad grabada en ella, sin embargo nosotros la tomamos de modo anti-natural y agresivo. Nuestro auto-interés corrompe y por lo tanto corroe el espíritu de fraternidad inherente en la naturaleza.

   La desarmonía entre el acto de dar de la Naturaleza, y el acto humano de tomar, perturba el equilibrio inherente y esperado de la fraternidad.

   El alejamiento del hombre de su hermano constituye la razón más significativa para la crisis actual de insensibilidad o de indiferencia por los demás. Como consecuencia de este alejamiento nuestro sentido de gratitud y nuestra acción de gracias virtualmente han desaparecido. Ya que somos una parte indispensable de la existencia también hemos perdido el sentido activo de nuestro propio valor. Nuestra consciencia está infectada por el virus de la insensibilidad, debemos atacar la raíz misma de esta enfermedad espantosa.

   Está aceptado en la Sociedad Teosófica que la vida universal es una (Unidad) y cada uno es responsable de los hechos y acciones actuales. Vivimos en un marco de tiempo particular y desarrollamos pensamientos y sistemas de creencia y acciones relevantes para esa estructura temporal, y contribuimos al fortalecimiento de la mente colectiva. Esta mente colectiva determina, o por lo menos, afecta el nivel más profundo de nuestra consciencia por el que estamos gobernados. La existencia distorsionada es responsable de la crisis actual, no podemos y no debemos tratar de escapar de compartir la culpa y la vergüenza por el estado presente de las cosas.

   Debemos tratar de descubrir la respuesta a la pregunta: ¿Cómo somos responsables de esta crisis actual? Encontraríamos la respuesta si observáramos nuestra vida diaria y la examináramos, con la que estamos familiarizados y no vemos nada raro en ella.

   Cuando estamos ocupados mirando un film entretenido, nuestro estado mental es diferente del que tenemos durante la meditación. Fácilmente podemos identificarnos con los hechos y emociones que se muestran en la pantalla y nos perdemos totalmente en la atmósfera de los personajes de la película. Por cierto, casi no nos damos cuenta del transcurrir del tiempo. Mientras que en el estado meditativo, diez minutos puede parece un largo periodo para los principiantes.

   Estamos más o menos familiarizados con las diferencias del modo en que nuestra mente experimenta, que reacciona de modo distinto al mirar una película o en la meditación. La razón es simplemente que las escenas en el film tocan una cuerda de nuestros sentimientos internos, como egoísmo, sexo, violencia, venganza, etc., como si fueran el reflejo de nuestro propio yo. Sin embargo, la experiencia en la meditación es muy diferente.

   Tomemos por ejemplo una gran fogata, si le agregamos más combustible, no ocurrirá nada porque el fuego naturalmente lo aceptará sin ninguna resistencia, pero si rociamos agua sobre el fuego habrá una resistencia inmediata en forma de sonido y humo, porque el agua es opuesta al fuego. La mente humana es como las escenas de la película, no se modifica como al agregarle combustible al fuego, mientras que la meditación es como rociar agua al fuego. Esta es la evidencia más directa de nuestra propia naturaleza, ya que la mente no acepta la serenidad fácilmente.

   La mente humana impregna todo el universo, sea lo que sea que esté en nuestros pensamientos se refleja en el mundo y se describe como realidad.

   El mensaje del pensamiento teosófico intenta introducirnos a nuestro propio yo. Si sabemos esto debemos comportarnos de acuerdo con las leyes naturales: la ley de karma, la ley del sacrificio y la fraternidad inherente en la naturaleza en todas partes.

   Si queremos transformar o reformar la escena del mundo, no tenemos que mirar a ningún otro lado excepto a nuestro propio yo. Debemos reformar y reacondicionar nuestra mente para sensibilizarla respeto a la fraternidad y a las leyes de karma y de sacrificio.

   La línea básica es que no se nos otorga la divinidad como un yo separado, independiente e individual, sino como un yo interdependiente, mutuamente sustentable e inter-subjetivo.

   A pesar de todos los elementos en contra debemos adoptar una actitud optimista, los pensamientos y enseñanzas de la Teosofía nos hacen conscientes de la verdad, y una vez que los pensamientos positivos echan raíces en la mente humana, el sentimiento de competencia, explotación y avaricia se verá reemplazado por el sentimiento de cooperación y tolerancia.

   Si nos damos cuenta de este hecho el mundo se transformará automáticamente. Desbordará de bondad y del bien en todo. Debemos esforzarnos por hacerlo una realidad a nuestro alrededor por nuestros propios sentimientos, pensamientos y acción.

 

 

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