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Vol. 133 - Número 5 - Febrero 2012 (en Castellano) |
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La Vida Superior y la Ley del Deber
M. Natarajan
El Prof. M. Natarajan es Secretario, de la Federación Teosófica en Tamil, Sección India de la ST. Charla dada en el Congreso Teosófico del Sur de India, Adyar, 2011.
Todos tenemos la chispa divina inherente de perfección potencial dentro de nosotros, igual que dentro de la semilla está contenido el poder vital del árbol, para crecer en toda su belleza y esplendor. Por supuesto, necesitamos un periodo de tiempo suficiente para este progreso magnífico, marcado por el proceso constante y continuo de elevación y avance en la dirección deseada. Cada átomo en el universo está vivo y siempre activo. La vida oculta de lo Supremo vibra en cada uno de ellos, como se afirma en las líneas doradas de la Oración Universal de la Dra. Annie Besant. Cuando se mira al hombre con la consciencia limitada, se lo considera como un pequeño microcosmos en las poderosas Jerarquías celestiales. Pero a los ojos de la Consciencia Absoluta no existe ni el microcosmos ni el macrocosmos, sino que es esencialmente sólo Una Existencia. Al hombre se lo reconoce como un embajador de Buena Voluntad del Creador Todopoderoso para los reinos subhumanos de la Naturaleza, tales como el mineral, vegetal y animal. En este gran esfuerzo, la principal tarea o deber del hombre es elevar gradualmente las formas inferiores a su propio nivel de progreso. Vemos que la vida está regulada y regida por la Ley en varias formas y magnitudes. Algunas de ellas tienen nombres diferentes que se superponen: Leyes Científicas, Leyes Judiciales, Ley de la Naturaleza, Ley de Belleza y Amor, Ley de Armonía, Ley de Evolución, etc. Según el Diccionario Oxford, Dharma significa ‘la Ley Eterna del Cosmos, la tradición moral o social y el recto comportamiento’. Según Annie Besant, Dharma es Deber, Rectitud con un toque de la consciencia que es el sentido moral de lo recto e incorrecto de una persona, y de ser cuidadoso, honesto y meticuloso al desempeñar su trabajo o al cumplir su deber. La rectitud hace referencia a ser correcto, con sinónimos tales como: ser irreprochable, inocente, temeroso de Dios, respetuoso de la Ley, bueno, bendito, honesto, puro, veraz, virtuoso, honrado y confiable. La Dra. Besant tenía un profundo conocimiento de las epopeyas orientales Itihâsa y Purâna, y estaba muy interesada en ellas. Ella ilustra acertadamente el recto tipo de práctica de Dharma, la Ley del Deber, al narrar el caso de Yudhishthira, el Dharmaputra, cuando asciende a la Morada Celestial junto con su fiel perro. Hablando sinceramente, la Dra. Annie Besant misma probó ser un modelo a imitar en la práctica de la Ley del Deber en los principios dhármicos, por sobre todas las cosas por su servicio ferviente, dedicado y generoso. Ella dice que “lo espiritual es la Vida de la Consciencia, que reconoce la Unidad, que encuentra el Yo Uno en todo y también todo en ese Yo único”. “El primer gran paso hacia el logro de esta realización es la Ley del Deber.” Es la primera Verdad que un hombre debe obedecer, si desea elevarse en la Vida espiritual. El Sendero espiritual elegido por el caminante es un sendero de vida, que es evolutivo en su naturaleza básica. Facilita un progreso espiritual hacia adelante y hacia lo superior, con una purificación y desarrollo interno y externo. Al elegir acertadamente el Sendero correcto, el aspirante puede ser rápidamente ayudado por la Ley del Deber dentro de él, por el Yo divino que fácilmente señala el verdadero sendero del progreso. Debe mostrar estricta obediencia al Deber y a la consciencia. Debe ofrecer debido respeto y reverencia a la Verdad como la adorada gran Verdad sin la menor duda o vacilación. La Ley del Deber varía con cada etapa de nuestra evolución, aunque permanezca el mismo Principio perdurable. Como el proceso de evolución es progresivo, así es también la Ley del Deber. La naturaleza del deber no es la misma para todos los individuos. Por ejemplo la Dra. Besant dice “el deber del salvaje no es el deber del hombre educado y evolucionado, el deber del maestro no es el deber del rey o del gobernador, el deber del comerciante no es el deber del soldado o del guerrero, y así sucesivamente”. Por lo tanto, cuando estudiamos la Ley del Deber, debemos comenzar analizando nuestra propia posición en la gran Escala de la Evolución. Debemos observar cuidadosamente las circunstancias a nuestro alrededor que muestran la naturaleza de nuestro karma. Debemos calcular nuestro propio poder y capacidades, con debida consideración por nuestras debilidades y limitaciones. Finalmente, por ese estudio y examen cuidadoso, debemos descubrir la apropiada Ley del Deber, por la que guiaremos nuestros pasos para progresar. La Dra. Besant dijo que la naturaleza del dharma es la misma para todos aquellos que están en la misma etapa evolutiva y también en las mismas circunstancias. Además, existe algún Dharma común a todos y hay ciertos deberes asignados a todos. Por ejemplo, los diez deberes establecidos por Manu Sâstra están muy relacionados para todos los que trabajan con la Evolución y los deberes generales que los hombres se deben mutuamente. Muy a menudo la verdadera dificultad de quienes están luchando para avanzar en el Sendero de la Espiritualidad es distinguir su Dharma correcto y también saber exactamente qué demanda la Ley del Deber. Nuestra experiencia pasada puede revelar que existen muchos casos en los que parece surgir un conflicto de deberes. Un deber nos llama de un modo, y en el mismo momento otro deber nos llama de modo diferente. Como resultado de esta confusión podemos quedar perplejos y sorprendidos como Arjuna en el campo de batalla de Kurukshetra. Más aún, nuestra propia personalidad puede frecuentemente desempeñar el rol de un villano, como dice la Dra. Besant “conduciéndonos erróneamente a seguir el sendero del deseo”, en vez del sendero del deber. Cuando pensamos que estamos eligiendo el Dharma, puede que nos alejemos de él por el Orgullo (ahamkâra). Entonces cuando el deber nos dirige por buen camino, nuestra personalidad puede confundirnos y engañarnos. En tal situación desagradable debemos ir serenamente hacia ‘la cámara del corazón’ y tratar de dejar de lado el deseo personal. Esforcémonos en separar el yo de la personalidad y analizar la situación bajo la luz. Busquemos la guía y ayuda oportuna del Guru Deva, nuestros Maestros. Así podemos tener éxito en nuestros sinceros esfuerzos por medio del auto-análisis, la oración y la meditación. Luego podremos elegir el sendero correcto del deber, incluso en medio de unos pocos errores y equivocaciones, que también pueden enseñarnos a corregirnos adecuadamente. Podemos aprender de los errores cometidos por nosotros o por quienes están cerca nuestro, ¡ésta es una bendición disfrazada! En momentos de dificultad, invoquemos solemnemente la ayuda del Dios en nuestro interior, que nos corregirá, guiará, y purificará nuestra visión mental. Cuando nuestro corazón se establece en lo Supremo, no tenemos que temer o desesperar en vano. No deberíamos ser cobardes y desoír la voz interna de nuestra consciencia. Cuando ‘ahogamos la Voz Divina dentro nuestro’ es posible que nos perdamos eligiendo lo inferior en vez de lo superior. Incluso podemos tender a causar algún daño a nuestra evolución misma. Si queremos distinguir entre el bien y el mal, el Deva y el Asura, tenemos que ‘probarlos por el modelo del Deber y por la rectitud que encarnan’. Siempre que no se cumpla el deber y las nobles cualidades del Amor, compasión y auto-sacrificio no estén presentes, puede que no haya rasgo alguno de ‘espiritualidad que ilumine el mundo’ y que pueda establecer un ejemplo en la gente. No podemos esperar que el camino sea fácil y sencillo en el sendero de la aspiración espiritual. La vida espiritual se puede obtener sólo por un esfuerzo repetido. El Sendero del Deber se encuentra sólo por una perseverancia firme e intrépida. Practiquemos constantemente en nuestra vida diaria, ‘hacer lo correcto’, siempre que así lo percibamos. Más aún, es muy importante elegir la guía adecuada que puede ayudar en el movimiento ascendente del aspirante. La prueba del hombre espiritual avanzado, adecuado para ser guía, maestro y auxiliar de otros, está en la perfección de las buenas cualidades e ideales dentro de él. Algo le debemos a cada uno de aquellos con los que nos encontramos en nuestra vida diaria. El deber es el pago de las deudas y cumplimiento de las obligaciones que debemos a la gente a nuestro alrededor en diferentes medidas, tales como el deber de reverenciar y obedecer a nuestro mayores y superiores, el deber de ser gentil, afectuoso y servicial con aquéllos que están en nuestro propio nivel, y el deber de protección, compasión y ayuda con aquéllos que están debajo nuestro. Estos son los deberes Universales que todo aspirante debería tratar de cumplir en lo posible. De lo contrario no hay signo alguno de vida espiritual en absoluto. ‘Siempre que alguien llegue dentro del círculo de nuestra vida’, intentemos que ‘se vaya de ese círculo siendo una persona mejor’. Cuando una persona ignorante se acerca a nosotros, y si tenemos suficiente conocimiento, ‘permitamos que se vaya siendo una persona mejor informada’; cuando llega una persona débil y desamparada, y si somos lo suficientemente fuertes, dejémosle partir fortalecida y no humillada por nuestro orgullo; cuando una persona dolorida se acerca a nosotros, compartamos su sufrimiento y consolémosla. En todas partes y en todo momento, seamos tiernos, pacientes, gentiles y serviciales hacia todos los que nos rodean. En nuestro sendero diario, no seamos severos o inhumanos confundiendo o desconcertando a otros, incluyendo las formas de vida más pequeñas. Como seres espirituales, seamos fuente de consuelo, paz y armonía. Seamos como una lámpara dentro de nosotros mismos y emitamos luz al mundo. Juzguemos la cualidad de nuestra espiritualidad por medio de nuestro efecto positivo sobre el mundo. Debemos ser cuidadosos y muy especiales para que el mundo sea mejor, más puro y feliz, porque no estamos separados sino que somos parte de él. No hiramos o lastimemos los sentimientos de los demás. Seamos cuidadosos de cómo nuestros pensamientos, palabras y acciones afectan las vidas de otros. Especialmente nuestra lengua debe ser gentil y nuestras palabras deben ser suaves y amorosas. Las así llamadas dificultades y fracasos en nuestra vida espiritual están dentro nuestro y no afuera de nosotros. Es aquí, en nuestras propias vidas y en nuestra conducta que la evolución espiritual se debe lograr y continuar. El ‘noble Corazón de la Vida Divina es Compasión Infinita’. Por ello el hombre espiritual también debe ser compasivo. Compartamos fácilmente nuestro amor y afecto con todos nuestros semejantes, satisfaciendo sus necesidades básicas inmediatas y a la misma vez dejando de lado nuestras propias necesidades y comodidades personales. Sólo esto es la verdadera espiritualidad. En el sentido más amplio ‘significa el reconocimiento del Yo Uno en todo’. El hombre verdaderamente espiritual debe llevar una vida superior de auto-identificación, inundada de Amor Fraternal con todo lo que vive y se mueve. Cuando solemnemente practicamos así el gran principio de ‘Fraternidad Universal’, no existe el ‘otro’ en este mundo. Porque, cuando mencionamos la palabra ‘Hermano’, incluye al ‘otro’ también; de modo similar, cuando llamamos a nuestra querida ‘Madre’, el ‘otro’ está allí bajo su afectuoso pliegue. Podemos decir que una madre es como Dios, porque
Las madres dan y perdonan, Los otros reciben y olvidan.
Aunque cada uno en el universo sea una forma separada, el mismo Espíritu Uno se mueve y vive en todo y ese es el Amor oculto que todo lo abarca en la Unidad. Entonces, sin la menor duda, brindemos devoción en abundancia al Amor Supremo y de ese modo establezcamos nuestra unidad inseparable con todos los demás. Cuando así nos definamos correctamente en este noble camino, a pesar de nuestras debilidades inherentes, faltas y errores, está la promesa de la Verdad Eterna que nos hará conscientes de nuestros deberes, y descansaremos en una Paz perdurable por siempre.
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