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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 133 - Número 4 -  Enero 2012 (en Castellano)

 
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La Teosofía y los problemas mundiales de la actualidad

 

ANTONIO GIRARDI

 

El Sr. Antonio Girardi es Secretario General de la Sociedad Teosófica en Italia.

 

 

   La verdad no está en India ni en ningún otro país. La verdad está aquí, donde tú estás. No la busques en ningún otro lugar. La verdad está aquí, donde tú estás, junto con tu dolor, tu sufrimiento, tu desesperación, y tu infelicidad.[1]

(J. Krishnamurti)

 

   Me gustaría comenzar este relato brindándole un sincero homenaje a la gran pionera de la Sociedad Teosófica, Helena Petrovna Blavatsky, cuyo eminente rol adquiere cada día más importancia. Estas tres observaciones de diferentes eruditos, lo evidencian:

 

La Sociedad Teosófica, que ella fundó, ha sido el mayor apoyo para la filosofía oculta en el occidente, y el único camino y el más importante de las enseñanzas orientales para el occidente. (J. Gordon Melton, 1991)

 

La importancia de la Teosofía en la historia moderna no debería ser subestimada. Las obras de Blavatsky y otros no sólo inspiraron a muchas generaciones de ocultistas, el movimiento tuvo un rol destacado al devolverles su herencia espiritual a los pueblos colonizados del siglo diecinueve en Asia. (Robert S. Ellwood, 1989)

 

Helena Petrovna Blavatsky está definitivamente entre las mentes más originales y perceptivas de su época. La forma rudimentaria de la primera filosofía de desarrollo psíquico y espiritual que apareció en el mundo moderno, se encuentra enterrada en la desordenada dimensión de sus dos obras más sobresalientes. (Theodore Roszak, 1975)

 

   Alguien afirmó que la teosofía y la investigación espiritual no son capaces de explicar, ni de resolver los problemas del mundo actual. En realidad se podría decir lo contrario, que la historia nos ha mostrado que las herramientas que se definen como ‘prácticas’, por ejemplo, la economía, la política, la sociología, no han podido resolver los problemas de la humanidad ni en el pasado ni actualmente. Debemos preguntarnos cuál es la razón.

   El momento histórico que estamos viviendo parece rico en posibilidades, pero también en problemas, no es necesario enumerarlos ahora, todos los conocemos bien.

   Esta exposición refleja de algún modo la historia, con sus vaivenes y rodeos, que incluye esperanzas y caídas, impulsos generosos y temores, amor y maldad. No podemos decir que los problemas actuales de la humanidad son más o menos serios que los del pasado.

   En realidad, los problemas de los seres humanos, por lo menos respecto a la parte de la historia que conocemos, son básicamente los mismos, y el desarrollo exhaustivo de niveles de consciencia no ha conducido a ese perfeccionamiento colectivo que los Sabios en cada época esperaron.

   El sufrimiento y el dolor están presentes en la vida de cada individuo y comunidad. Tal vez deberíamos preguntarnos cuál es el significado oculto de esto para la humanidad. El Buddha trató de brindar una respuesta a este tema identificando la causa del sufrimiento en la impermanencia de todo.

   Los problemas de la humanidad son básicamente el resultado de la ignorancia, el temor y el egoísmo. Estos a su vez, son la consecuencia del sentido dominante de ‘separación’, particularmente una percepción fragmentada de la realidad.

   El hombre y la humanidad pueden resolver sus problemas sólo reflexionando sobre la complejidad de la vida, su Unidad, y su realidad espiritual. El enfoque teosófico está entrelazado con la consciencia de esto, como una respuesta positiva posible a la situación, basada en la libertad de búsqueda y en el concepto de la Unidad de Vida.

   En un escrito de Sri Ram publicado recientemente en la revista teosófica italiana, la Rivista Italiana di Teosofía[2], hay una declaración valiosa:

 

La unidad y la diversidad se resumen en la Fraternidad, que es una relación concreta, inclusiva. La Fraternidad reconoce las diferencias, como sucede en una familia, pero nunca olvida la unidad. Esta Fraternidad es la clave para resolver todos nuestros problemas, es una relación pura porque no existe en ella ninguna posesión. Posesión implica placer y este inevitablemente conduce al conflicto.

 

   El concepto de una relación pura es de gran importancia, porque en nuestro mundo tri-dimensional la percepción de problemas y su desarrollo suceden en una dimensión espiritual y temporal. Ciertamente podríamos decir que la realidad que percibimos como tri-dimensional  y temporal es el ‘sitio’ de los ‘problemas’. Por lo menos, hasta que interviene una comprensión más elevada, no hay base alguna para la Unidad de la Vida y la consideración de que "una relación real tiene que permitir toda diferencia para que se muestre en su esplendor único"[3].

   En la actualidad, la realidad de cada día nos muestra, en varios aspectos, cómo la humanidad está real y estrechamente conectada en sus varios componentes, sin tener en cuenta diferencias culturales, ubicación geográfica, o inclinaciones políticas. Piensen simplemente sobre cuán fácil es viajar, sobre la así llamada ‘ruta de la información’, el Internet, etc. Piensen en el incidente de Chernobyl en un pasado reciente, que dramáticamente afectó a muchos países y a millones de personas que hablan diferentes idiomas, que tienen diferentes valores, que viven en diferentes países, y que están a miles de kilómetros. En este caso también, la Vida, por difícil que pueda ser, claramente quería demostrar su carácter global.

   Es fácil pensar nuevamente sobre la cantidad de fuerza con la que esta idea de Unidad de Vida fue afirmada en Las Cartas de los Mahatmas y en La Doctrina Secreta[4]

   La unidad de todas las formas y posibilidades, sintiéndose aunque sea existencialmente como parte de todo, como un modo fraternal de imaginar la existencia, nos conduce cerca de aquello que, después de todo, es uno de los aspectos más misteriosos y fascinantes del hombre, la vida comunitaria total y la estrecha conexión entre los aspectos sociales individuales, entre lo singular y lo plural, entre la catarsis individual y la rica herencia cultural, racial y familiar.

   En lo profundo del hombre existen naturalmente juntas una consciencia aclaratoria y una colectiva, y ambas son arbitrariamente divisibles. Sólo podemos observar cómo, al explicar muchos problemas que los seres humanos ven que están enfrentando en varios niveles (psicológico, existencial, político, social, etc.) y encontrando sus soluciones, se puede hallar una gran fuerza simbólica en la exposición budista de las Cuatro Nobles Verdades (la Verdad del Sufrimiento, del Origen del Sufrimiento, de la Cesación del Sufrimiento, y del Sendero hacia la Cesación del Sufrimiento) y en el Noble Óctuple Sendero.

   La humanidad ciertamente es consciente de sus problemas, pero no de las causas. En relación con esto, la Sabiduría Eterna nos ha dado muchas herramientas para comprender y ser conscientes, sólo tenemos que pensar sobre los principios de karma y reencarnación.

   Cuán fascinante es la experiencia de conducirnos a nosotros mismos más allá de un nivel de consciencia hacia un nivel de intuición, y más allá de la realidad de una existencia que ha sido demasiado condicionada, en un plano tri-dimensional, por la impermanencia y el dominio de un ‘yo’ ilusorio. Un ‘yo’ limitado y lleno de ‘impresiones mentales’ siempre tiene que lograr resultados (ya sean espirituales o materiales), para confirmar superioridad y diferencia comparándose con otros.

   ¿Cuál es el sendero entonces para estar totalmente conscientes de todo? Para responder a esta pregunta, en ausencia de una experiencia directa al respecto, se lo dejaré al gran místico alemán Meister Eckhart:

 

En primer lugar debes abandonarte a ti mismo, al así hacerlo, renuncias a todo. Para ser veraz, si un hombre abandonara un reino o todo el mundo, y no renunciara a sí mismo, no habría abandonado nada realmente. Sin embargo, si un hombre renuncia a sí mismo, incluso si mantiene riquezas, honores y todo lo demás, ya ha abandonado todo… Por lo tanto obsérvate y renuncia a ti mismo allí doquiera estés, esto es lo más importante… Debes saber que no existe ningún hombre tan desapegado en esta vida que ya no pueda renunciar a sí mismo.[5]

 

   Las palabras de Meister Eckhart nos recuerdan la totalidad de las enseñazas de J. Krishnamurti que afirman:

 

En los rincones secretos de la mente, la verdad ha sido desplazada por símbolos, palabras e imágenes, no existe el misterio allí, sólo son pensamientos agitados. En la consciencia resultante y en las acciones, existe el asombro, la apreciación y el placer. Pero el misterio es algo más. No es una experiencia para identificar, almacenar y recordar. La experiencia es la muerte de ese misterio incomunicable, para comunicarte necesitas palabras, gestos y expresiones, pero para entrar en comunicación con ‘ese algo cierto’, la mente y todo tu ser están en el mismo nivel, tiempo y grado de intensidad con aquello que se llama misterio. Esto es amor. Con esto se revela todo el misterio del Universo[6].

 

   Por lo tanto, se necesita la observación cuidadosa, el abandono de la auto-imagen y el gran sentido de santidad de la Vida. Pero ¿cómo podemos conectar todo esto a la posible solución de los problemas sociales y existenciales, por lo menos dialécticamente?

   No hay dudas que el universo de un hombre individualmente libre no puede hacer nada más que conducir hacia un mejoramiento en toda la estructura social, naturalmente y como consecuencia directa; también parece razonable suponer que precisamente es a partir de un individuo que debe comenzar la base para una nueva consciencia humana. Es justamente debido a esto que creo que el valor de una Utopía puede ser afirmada nuevamente en la actualidad.

   A través de la historia han existido, y todavía existen, ejemplos de experiencia que son testimonios de la posibilidad y la belleza de vivir basados en el respeto mutuo, la libertad de acción, y el trabajo constructivo.

   La utopía acompaña al hombre, y la fantasía la reafirma. Esta palabra no aparece por lo tanto con su significado de ‘un lugar que no existe’, sino con el significado de ‘un lugar bueno’.

 

El lugar que no está allí, en síntesis, podría también ser una dimensión que siempre está activa donde la consciencia lanza una mirada al bien supremo[7].

 

   Muchas experiencias son testigos del precioso valor de la ‘valentía en acción’ y de la ‘Utopía posible’[8].

   La historia nos ha demostrado que la política y la economía, la ciencia y la religión en sí mismas, no han podido resolver los problemas de la humanidad. Esta es la causa por la que la dimensión de sus medios se arruinó debido al miedo de los ‘objetivos’, a menudo sin una base ética suficiente. Sin embargo, es posible que responda a muchos de los problemas actuales en el mundo tal como existen. Estas mismas respuestas pasan por la consciencia de lo holístico y por lo tanto de la dimensión global de la realidad de la humanidad.

   Es entonces a partir del individuo que comienza el viaje hacia la realización de la Fraternidad, una dimensión filosófica real en todo sentido. Una dimensión que incluye varios niveles de Vida y del Individuo, nuestro cuerpo y emociones, nuestros pensamientos y sueños, y todas nuestras relaciones.

   En realidad, es en las relaciones que la Fraternidad debe ‘estar’ en todo sentido, es una condición que incluye a la personalidad y al alma y que se realiza en el presente, en el ‘aquí y el ahora’, mucho más allá del placer que nos hace considerar a alguien o algo en términos de simpatía o antipatía.

   La Fraternidad está relacionada con la unidad de la Vida y garantiza, en sus multifacéticas formas, la posibilidad de que la ‘relación pura’ exista, con una base éticamente sólida, que es capaz de ‘iluminar’ las herramientas para vivir individual y colectivamente. En este respecto el enfoque teosófico también es un enfoque que está lleno de esperanza y fuerza.

   Me gustaría finalizar con un extracto de La Voz del Silencio de H. P. Blavatsky:

 

El sendero que a la meta conduce está iluminado por una luz única, la luz del arrojo, que arde en el corazón. Cuanto más osas, tanto más obtendrás. Cuanto más temes, tanto más palidecerá aquella luz, la única que puede guiarte.

 

 Referencias

 

[1] Krishnamurti, J., The End of Suffering (Charlas en Saanen, 1980), Aequilibrium, Milan, 1982.

[2] NSri Ram, N., The Law of the Right Relationship, en Rivista Italiana di Teosofia (Revista Italiana de Teosofía), Nº 8-9, 1997, p.5.

[3] Idem ibídem, p.5.

[4] Ver, por ejemplo, Carta Nº10 sección de Las Cartas de los Mahatmas, Edit. Libraria Sirio, Trieste, 1968, p. 97/106 y H. P. Blavatsky, La Doctrina Secreta, Cosmogénesis, S. T. I., Trieste, 1981 (en este libro, en p. 102, encontramos: "Por sí misma, la forma Simple de existencia se extendió iluminada, infinita, sin causa en Sueño sin Ensueños; y la Vida pulsó inconscientemente en el Espacio Universal, por medio de esa Omnipresencia que es percibida por el Ojo Abierto de Dangma."

[5] Meister Eckhart, ´Instrucción Espiritual´ en Obras Alemanas, por M. Vannini, Florencia, 1982, p. 61/63.

[6] Krishnamurti, J., Diary, (10 de abril 1975), Ubaldini, Roma, 1983, p.90

[7] Melchiorre, V., Utopia, ver Enciclopedia Europea, publicada por Garzanti.

[8] Girardi, A., Utopia, Vicenza, marzo 1986.

 

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