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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 133 - Número 3 -  Diciembre 2011 (en Castellano)

 
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Buddhi

 

 

I. K. TAIMNI

 

 

   Así como el cuerpo causal es un espejo que refleja la Mente Universal, también el vehículo búdico es un espejo que refleja la conciencia de la Vida Universal, inmanente en el mundo manifestado y que brilla en distintos grados a través de todas las criaturas vivas. Cuanto más pulido es el espejo, más pleno puede ser el reflejo de esta Conciencia Universal en una mente pura y armonizada.

   Partiendo de las funciones de Buddhi, podemos tener cierta idea de esta facultad espiritual cuyo desarrollo proclama el desenvolvimiento de nuestra naturaleza divina y pone a nuestra disposición una especie de brújula con la ayuda de la cual podemos cruzar las aguas tormentosas de la vida y alcanzar la orilla más lejana de la iluminación. Una de estas funciones, como hemos visto, es la capacidad de conocer las verdades espirituales directamente, sin pasar por los procesos de raciocinio del intelecto. El hombre en el cual esta facultad se ha activado simplemente se hace consciente de estas verdades. Este conocimiento no se le comunica desde fuera, ni siquiera desde los planos internos por un proceso de transferencia del pensamiento, sino que surge, por así decirlo, de forma espontánea dentro de su corazón, como si fuera el agua de un manantial. Tal vez no sabe de dónde procede y tal vez no sea capaz de comunicárselo a los demás, pero está allí, y hay una certeza sobre este tipo de conocimiento que no se puede tener nunca en el conocimiento adquirido con el intelecto. La mayoría de los santos y sabios que han ido apareciendo en el mundo de vez en cuando no eran hombres cultos, no adquirieron su conocimiento de los libros y, sin embargo, mostraron una visión de los problemas fundamentales de la vida que los situaba muy por delante y por encima de sus contemporáneos.

   Hay dos hechos que deberíamos resaltar sobre este conocimiento que procede del plano búdico. En primer lugar, no es un conocimiento sobre temas corrientes que tienen que ver con la mente. Por más iluminado que pueda ser un santo, si le presentáis un problema de cálculo diferencial o le hacéis una pregunta sobre la mecánica del motor de un automóvil, no podrá daros una solución si no ha hecho previamente un estudio especial de estos problemas. La adquisición de un conocimiento detallado respecto a estas cosas es una función de la mente y no de Buddhi, e incluso cuando una persona iluminada quiere saber algo de estos temas, tiene que adoptar el medio ordinario para obtener conocimientos de esos campos en particular. Es cierto que tal vez esté en posesión de poderes superfísicos que le facilitan la adquisición de ese tipo de conocimiento, a veces de forma instantánea, pero estos medios siguen estando en el reino del intelecto y tiene que trabajar mediante los poderes y facultades de la mente.

   El conocimiento que procede de Buddhi está conectado con la vida y sus problemas fundamentales, con las relaciones esenciales de las cosas, por así decirlo, y es más como una luz que ilumina la vida dentro y fuera de nosotros. Buddhi nos da un sentido inequívoco del bien y del mal, de la verdad y la falsedad, nos da la capacidad de verlo todo en su propia perspectiva y en su esencia, pero no elimina la necesidad de utilizar la mente mientras estamos viviendo en los mundos inferiores. Cuando Buddhi se refleja en el campo del intelecto, aparece como el conocimiento espiritual. Cuando se refleja en la esfera de las emociones y opera a través del cuerpo astral, aparece como el amor espiritual. La fuerza es una, pero su expresión resulta diferente o más bien aparece diferente para nosotros, según el mecanismo a través del cual funciona. Estamos bastante familiarizados con este tipo de fenómeno en el campo de la ciencia física, donde la misma fuerza aparece en distintas formas según el mecanismo a través del que funciona. Así pues, la misma corriente eléctrica produce luz cuando pasa por una bombilla eléctrica y calor cuando pasa por un radiador.

Por lo general, vemos que cuando la conciencia búdica empieza a desarrollarse en un hombre de temperamento emocional aparece como un amor intenso en la bien conocida forma de bhakti (o devoción) mientras que en un hombre de tipo intelectual aparece como una visión clara que abarca todos los problemas fundamentales de la vida. A medida que ese amor o conocimiento se hacen más profundos, va apareciendo gradualmente en la conciencia un nuevo estado, un estado que generalmente llamamos Sabiduría. Es este carácter dual de Buddhi el que nos posibilita adoptar cualquiera de las dos formas para su desarrollo. Podemos desarrollarlo a través de bhakti, ese amor intenso que se rinde completamente al objeto de su devoción, o a través del discernimiento, esa inteligencia despierta que puede atravesar todas las ilusiones de la mente y entrar en contacto con la vida que existe más allá de la mente. Esto no significa, por supuesto, que ni el amor ni la inteligencia, por sí mismos, sean suficientes sino que uno de estos aspectos de la conciencia será predominante en las primeras etapas y, finalmente se fusionarán en un estado de conciencia que no es ni amor puro ni inteligencia pura, sino una síntesis de los dos.

 

 

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