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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 133 - Número 3 -  Diciembre 2011 (en Castellano)

 
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Desde la Atalaya

 

 

SURENDRA NARAYAN

 

El Sr. Surendra Narayan fue durante muchos años Vice-Presidente internacional de la Sociedad Teosófica, y anteriormente había ocupado un importante cargo gubernamental en economía.

 

La evolución y la vida como Ser Humano, algunas reflexiones

   A los Pies del Maestro tiene al principio la siguiente afirmación: “En este mundo existen solamente dos tipos de personas, quienes saben y los que no saben, y este conocimiento es lo que importa, el conocimiento del plan de la evolución de Dios.” Es oportuno citar aquí lo expresado sobre la evolución por el famoso sabio Sufí, Jalaluddin Rumi:

 

Morí como mineral y me transformé en planta,

Morí como planta y reaparecí en un animal,

Morí como animal y me transformé en un hombre.

¿De qué debo temer?

¿Dónde crecí menos por morir?

La próxima vez moriré como hombre,

Y creceré con las alas de un ángel.

Una vez más me elevaré sobre los ángeles,

y me transformaré en algo más allá de la imaginación;

Luego, déjame volverme nada, nada,

Porque la cuerda del harpa me dijo,

“Ciertamente volveremos a Él.”

 

   Es importante mencionar aquí que en este proceso evolutivo, la etapa de la vida como ser humano es muy importante, ciertamente absolutamente necesario. H. P. Blavatsky mencionó que nadie se puede elevar a los niveles más elevados de consciencia espiritual sin pasar por la etapa humana. Se dice que el mundo es como un crisol en el que se purifica el oro. Eckhart también afirmó que “si el alma hubiera podido conocer a Dios sin el mundo, el mundo nunca se habría creado”.

   En el relato épico de Tulsidâsa Ramacharitmânas encontramos nuevamente la misma afirmación en la enseñanza de Râma dada a un grupo de personas muy solemnes de su capital. Él dijo que es una gran fortuna nacer como ser humano, porque es la morada del esfuerzo espiritual y por lo tanto el modo de alcanzar la puerta de la liberación o la salvación. Aclarándolo un poco más, agregó que la forma humana es como un barco para cruzar el océano de este mundo material y que los Maestros evolucionados están en él para impulsar al barco, quien no aprovecha esta oportunidad es un torpe.

   Annie Besant en su libro, Las Leyes de la Vida Superior, explica que la consciencia espiritual, a la que me referí anteriormente, es la que reconoce la unidad, la que ve nuestro Yo en todo y todo en el Yo, y esa vida espiritual es la vida que, observado el infinito número de fenómenos, rasga el velo de Mâyâ y ve al Uno y Eterno dentro de cada forma cambiante.

   Al percibir la unidad de toda la vida, surge el amor y la compasión ilimitados hacia todo, de forma natural y espontánea desde el interior. Nos movemos a partir del auto-centrismo hacia el centrismo del Yo. Esto no significa que el yo tendría que ser eliminado totalmente, sino que debería ser ubicado en su lugar correcto como un instrumento para trabajar en el nivel inferior de la consciencia.

   A los Pies del Maestro menciona que el cuerpo es tu animal, el caballo sobre el que cabalgas. Por lo tanto, debes tratarlo bien y cuidarlo… porque sin un cuerpo perfectamente limpio y saludable, no puedes hacer el arduo trabajo de preparación, no puedes soportar su incesante tensión. Pero siempre debes ser tú quien controle ese cuerpo, no él que te controle a ti. San Marcos lo expresa bellamente así: “Porque el Hijo del hombre es como un hombre que hace un largo viaje, que dejó su casa, y le dio autoridad a sus sirvientes, y a cada hombre su trabajo, y le encargó al portero que vigilara. Entonces, vigilad, porque no sabes cuándo el maestro de la casa regresa, no vaya a ser que vuelva de pronto y te encuentre durmiendo.”

   Algunas guías que los sabios nos han dado en el contexto de nuestras vidas en este mundo se pueden mencionar aquí. J. Krishnamurti aconsejó: Señor, vive, vive en este mundo. Este mundo es tan bello. Es nuestro mundo, nuestra tierra para vivir en ella, pero nosotros no vivimos, somos estrechos, estamos separados, somos ansiosos, no tenemos relaciones, somos seres humanos solos y desesperados, no sabemos qué significa vivir en un sentido feliz y bello. Digo que podemos vivir de ese modo sólo cuando sabemos cómo liberarnos de todas las estupideces de nuestra vida. Liberarse de ellas es sólo posible cuando somos conscientes de nuestras relaciones, no sólo con los seres humanos, sino con las ideas, con la naturaleza, con todo.

   En el Bhagavadgitâ, Sri Krshna menciona: Como el ignorante actúa por apego a la acción, así debería actuar el sabio, sin apego, deseando el bienestar del mundo.

   El Buddha aconsejó: practiquen vivir con consciencia, y profundizarán vuestra comprensión. Serán capaces de comprenderse a vosotros mismos, a otras personas y a todas las cosas. Y tendrán corazones plenos de amor. Ese es el maravilloso sendero que he descubierto.

   Podemos agregar que consciencia implica ver las cosas desde un nivel de percepción más profundo y puro. Es la luz en nuestro interior. Debe ser elucidado eliminando la cubierta del ´yo´.

   Thich Nhat Hanh menciona que cuando la luz de la consciencia (dentro de nosotros) brilla, la naturaleza de los pensamientos y de los sentimientos se transforma. Tienden a volverse canales de amor, dicha y paz.

   Un poeta místico escribió: Cuando era niño, me dijeron que había un tesoro enterrado debajo de cada arcoiris y yo lo creí. Lo creí a tal grado que en vano me he pasado persiguiendo arcoiris gran parte de mi vida. ¡Me pregunto por qué nadie me dijo jamás que el arcoiris y el tesoro estaban dentro de mí!

   En las Cartas de los Maestros de la Sabiduría, el Maestro en su carta a Francesca Arundale le dio maravilloso e inspirador consejo y guía del modo siguiente: Dirige tus energías hacia el bien de la humanidad.

 

   Se un misionario de amor y caridad, ayudando así a que otros ganen su propia salvación. Existen innumerables páginas por escribir en tu registro de la vida, todavía están limpias y en blanco… toma el lápiz diamantino e inscríbelas con el relato de hechos nobles, días bien vivimos, años de noble esfuerzo. Así ganarás tu camino siempre ascendente hacia planos más elevados de consciencia espiritual. No temas, no te debilites, se fiel al ideal que ahora puedes ver débilmente… Niño, trata de hacerlo, ten esperanza y acepta mis bendiciones.

 

   Uno se siente tentado a agregar las enseñanzas siguientes que el Buddha dio en cierta oportunidad a su joven hijo, Râhula cuando después de la iluminación visitó su antiguo hogar:

 

El Buddha: ¿Para qué sirve un espejo, Râhula?

Râhula: Para mirarte, ¡padre!

El Buddha: Entonces debes mirarte, mirarte y mirarte a ti mismo.

¿Qué estás pensando?

¿De qué hablas?

¿Qué estás haciendo?

Así, gradualmente serás un ser humano mejor.

 

   Hollar el sendero evolutivo o espiritual en nuestro mundo diario no es tarea fácil. Se lo ha mencionado como escabroso, o incluso, como caminar sobre el filo de una navaja. Pero los Maestros nos han dado coraje y confianza en sus enseñanzas. Me gustaría referirme aquí a dos pensamientos. El primero es de la Señora Blavatsky, y expresa:

 

No hay peligro que una valentía intrépida no pueda conquistar. No hay prueba que una pureza inmaculada no pueda pasar. No existe dificultad que un intelecto fuerte no pueda superar. Para quienes ascienden, existe una recompensa que está más allá de toda comprensión, el poder de bendecir y servir a la humanidad.

 

   El segundo es del sabio Pitágoras: “Se valiente, ¡la raza del hombre es divina!”

  Cada uno de nosotros puede desempeñar un rol, aunque sea humilde y pequeño, para ayudar un poco a respaldar el plan divino de evolución. Una pequeña flor que crecía en una pared agrietada cumplió inconscientemente un papel al inspirar al poeta místico Alfred Lord Tennyson.

 

 

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