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Vol. 132 - Número 12 - Septiembre 2011 (en Castellano) |
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Sin amor, no soy nada
SVITLANA GAVRYLENKO
La Dra. Svitlana Gavrylenko es la Presidenta de la Rama Ankh, de Kiev. Charla dada en la Convención internacional, Adyar, 2010.
Nuestro mundo es bello y perfecto en su armonía. Fue creado por la Mente-Amor, de modo que toda la creación, comenzando con las partículas subatómicas más pequeñas, y concluyendo con todo el Universo, muestra esta actitud de amor, atención, gran cuidado y sabiduría. A su vez, el mundo actual sufre drásticamente por falta de amor, comprensión, paciencia, simpatía y compasión. Toda criatura viviente sufre, la misma tierra gime de dolor, pero los seres humanos son los que más sufren. Hay injusticia y crueldad, guerras y hambruna, desesperación y falta de confianza. ¿Cuál es la raíz del problema, y cómo podemos revertir la tendencia actual? Durante varios miles de años de evolución, el reino humano se desarrolló en armonía perfecta con la Naturaleza y con todos los demás seres en nuestro planeta. Había suficientes dádivas de la Naturaleza para sostener la vida, mientras la actividad creativa de los humanos no competía con el poder de la Naturaleza y no amenazaba los recursos naturales, o el potencial regenerador del planeta. En los últimos siglos, la situación comenzó a cambiar. La mente humana desentrañó varios misterios de la Naturaleza y dirigió los esfuerzos del hombre a la explotación de los recursos del planeta para satisfacción de las necesidades del hombre. Parece normal que el planeta tenga que proveer los recursos para satisfacer las necesidades en aumento del hombre. Sin embargo, la introducción de nuevas tecnologías que consumen energía por un lado, el imprudente despilfarro, el consumismo desenfrenado al usar las riquezas de la naturaleza, y la falta de previsión, por el otro, han cambiado drásticamente el equilibrio de la Tierra. Actualmente, es la humanidad la que toma las decisiones respecto al destino de nuestro planeta: debido al desarrollo del intelecto humano, el hombre ha adquirido una habilidad enormemente poderosa y sin precedentes, para modificar y controlar muchos procesos naturales. Sin embargo, después de haber adquirido tal enorme fuerza y poder, las personas no aceptan sus responsabilidades. Las fuerzas regeneradoras de la Naturaleza no siempre tienen éxito en superar los impactos antropogénicos. El hombre muestra permisividad, obstinación y menosprecio por la ley de equilibrio en la Naturaleza. Como resultado, la humanidad se ha vuelto una fuente de desequilibrio, de agotamiento de los recursos en el planeta, y de cambios irreversibles en todos los demás reinos de la naturaleza. ¿Qué efecto podemos realmente esperar de esta situación? Si esperamos que nuestro planeta auto-regule este proceso y que no de ningún paso hacia un cambio, finalmente alcanzaremos un punto donde las fuerzas de la naturaleza nos arrojen como parásitos del cuerpo del planeta, y entonces la humanidad tendrá que comenzar a aprender a vivir nuevamente, desde su mismo inicio, la etapa del hombre de las cavernas de la civilización humana. Es muy obvio que actualmente se puede realizar un cambio efectivo, no por las fuerzas de la Naturaleza, sino por el hombre. Más aún, suponer que un día un gobierno cree una ley que obligue a las personas a amarse y ayudarse mutuamente, a cuidar el medioambiente y el futuro de nuestro planeta, parece bastante irreal e incluso gracioso. Incluso si tal gobierno existiera, ¿quién podría hacer que la gente obedeciera tal ley? Es perfectamente claro que los cambios reales deben ocurrir dentro de cada ser humano de forma individual. La verdadera revolución se origina en el interior, se desarrolla a partir de esa fuente divina que está oculta en todo ser humano. ¿Cómo ocurre esto, y qué sirve de disparador para tal desarrollo interno? El sufrimiento, la búsqueda, los sentimientos, muchas vidas plenas de experiencia y trabajo, todo esto es el terreno preparatorio para despertar al hombre a la Verdad y la Luz, al Amor y la Dicha. Ese momento decisivo de cambio viene cuando las palabras de alguien, o un libro, o un contacto con la belleza de la Naturaleza, o el arte, de pronto abren determinada puerta interna, la puerta que conduce al templo interno, el templo del Alma. Y luego, la luz interna ilumina toda la vida humana, el calor del amor funde gradualmente el hielo del frío intelecto, y comenzamos a experimentar nuevas relaciones con el mundo externo. Al principio, el ambiente cercano de la persona se pone en orden y se armoniza; la vida de la persona se vuelve más serena y menos auto-centrada; previamente, se descubren placeres desconocidos de la vida, y la persona comienza a cambiar su atención al sufrimiento y al dolor personal, y a prestarle atención a los de otras personas. Comenzamos a sentirnos interesados por el destino de otros seres, por los problemas de nuestros familiares y amigos, por problemas a nivel global, universal y planetario. No es fácil aprender a comprender las necesidades de nuestros familiares y amigos, del círculo más cercano a nosotros. Esto se puede lograr sólo basándonos en nuestra experiencia personal de vínculos de amor, nuestros intentos de incluir, de sentir afinidad. No es fácil aprender la compasión, y una dicha compartida con la felicidad de otros seres vivos. Es incluso más difícil aprender a elegir estrategias de acción de acuerdo con las nuevas oportunidades. Al principio, nuestras acciones serán a menudo torpes y lerdas; nuestros intentos de ayudar a otros, después de un profundo análisis, pueden demostrar ser egoístas, y la gente hacia la que están dirigidos, puede sentirse confundida y rechazarlos. A veces, nos desanimamos por impotencia, pero cierta fuerza interna nos estimula a buscar formas para ayudar a otros y a influir en las circunstancias problemáticas que nos gustaría cambiar. Es sólo nuestra experiencia personal, al observar los resultados de nuestras acciones, lo que puede enseñarnos a elegir la estrategia apropiada. Quién sabe cuántas vidas necesitamos vivir para comprender que el mal no se puede vencer con el mal, que la agresión no puede ser eliminada con la agresión, y que sólo hay un modo de producir un cambio real y radical, el sendero del amor. Viviendo varias vidas, y practicando el amor, ganamos sabiduría, y practicando la sabiduría, encontramos el amor. Así, ascendemos la espiral evolutiva y gradualmente comprendemos la Gran Ideación Creativa. Allí aparece un momento en el que hacemos un descubrimiento sorprendente: ¡resulta que dar es mucho más agradable que recibir! Descubrimos que cuando das tu riqueza, ¡tu tesoro personal se multiplica! El tesoro que estamos considerando, por supuesto, es el tesoro de nuestra alma. Comenzamos a comprender cuánto necesita nuestra riqueza interna este mundo, nuestro amor. Esta sorprendente revelación cambia nuestros valores, reconstruye nuestra vida y multiplica nuestros poderes. Ahora tenemos que aprender cómo darnos al mundo que nos rodea. Esto es un arte bastante importante, amar sin ser excesivamente sentimentales, ser útiles pero no entrometidos; estar siempre listos para dar pudiendo determinar sensiblemente la cantidad justa de nuestra ayuda; ofrecer la caña de pescar, no el pez. Esto necesita una gran cualidad de reconocimiento. Ciertamente, hoy la tarea más urgente para quienes están listos para tal dádiva, es aprender cómo hacerlo. Esencialmente, todo pensamiento, toda palabra, toda acción, debería nacer del impulso de auto-dádiva, el amor, sin importar hacia qué se dirija. El dominio de tal acción significa el control de todas las energías del microcosmos y el logro del estado natural de afinidad, conexión o comunión con todo lo que existe. Un día, después de muchas victorias y fracasos, intentos y logros, comenzaremos a reflexionar sobre el objetivo fundamental de la evolución del hombre, sobre las lecciones aprendidas detrás de los enmarañados escenarios de nuestras muchas vidas, y con sorpresa y dicha podríamos darnos cuenta que el propósito de la Gran Ideación Creativa es el amor y la sabiduría. Gradualmente, el significado de nuestra existencia se revelaría a sí misma a nuestra vista interna. Una y otra vez, trataríamos de mejorar nuestra habilidad para comprender la verdadera esencia de lo que ocurre a nuestro alrededor. Nuestra amorosa compasión aumentará la bondad y la justicia, la confianza y la afinidad, la armonía y la creatividad, el amor y la comprensión mutuas. Luego aprenderíamos a ajustarnos a la armonía del Universo de forma que nos permita volvernos canales de la voluntad, el amor, la sabiduría y el poder divinos. Finalmente, seríamos conscientes del hecho de que después de habernos liberado de nuestras limitaciones internas y egoístas ambiciones, habremos obtenido la verdadera libertad y poder. Así se ponen a nuestra disposición esferas más amplias de influencias. El punto más importante del que debemos darnos cuenta, es que todas estas cosas siempre han estado con nosotros. Se han guardado dentro nuestro en un tesoro secreto que no pudimos alcanzar durante un largo periodo, porque ni sabíamos cómo acercarnos a él, ni dónde estaban guardadas las llaves, o cómo se debía pronunciar la palabra secreta. Recibimos la mayor ayuda en este Sendero de nuestros Maestros, ya que son ejemplos de amor, incansable auto-sacrificio y auto-renunciación. Lo que nos introduce en su Círculo es una percepción interna profunda de la Gran Verdad de que “sin amor, no soy nada.” Imaginemos un mundo feliz en el que viven tales personas. ¿No es una Fraternidad Humana Universal? Allí es donde se encuentra la solución a los problemas actuales de la humanidad. Estamos aquí hoy precisamente porque debemos establecer este objetivo, y lo estamos acercando por nuestro trabajo creativo en conjunto. ¡Bendito sea cada pequeño paso que conduce a la Cima!
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