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Vol. 132 - Número 11 - Agosto 2011 (en Castellano) |
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Sin amor, no soy nada
MARCOS RESENDE
El Sr. Marcos Resende es Secretario General de la Sección Brasilera de la ST. Charla dada en la Convención internacional, Adyar, 2010.
El mayor desafío en la vida es comprenderlo, no sólo intelectualmente, sino en la esencia de su movimiento de manifestación y retracción. ¿Quién soy yo? Si respondo con mi nombre, veré que es un mero registro superficial. Si pienso que soy el cuerpo, me daré cuenta de que, en algún punto cercano o distante, es algo que inevitablemente se desintegrará. Todo mi conocimiento, mi carrera, todo lo adquirido y acumulado en el tiempo desaparecerá en algún momento. El ego psicológico mismo es una auto-imagen que la naturaleza cuidará, eliminándola. Si digo que soy el Yo superior que reencarna, esta explicación intelectual no me hace diferente. Una de las cosas más bellas en la vida es darme cuenta de que no soy nada excepto un foco de observación de la vida, la naturaleza, la manifestación y las relaciones. ¿Qué lugar tiene el amor en el complejo movimiento llamado vida? ¿Qué es el amor?, ¿cuál es su naturaleza? El amor es una de las enseñanzas teosóficas más importantes para el sendero espiritual, tal vez la más importante. HPB dijo que la Teosofía es esencialmente altruismo, y sin amor no es posible ser altruista. El Dalai Lama dijo una vez que el hombre es el hijo de la compasión. En la naturaleza, los animales generalmente necesitan cierta protección maternal, mientras son pequeños. Pero todos ellos dependen de la compasión de otros, sin lo cual no sobrevivirían, al igual que los seres humanos mientras son bebés. No es difícil ver que el amor es una energía presente en la naturaleza. Cuando vemos la belleza de una flor, sentimos su perfume, la belleza de una ardilla bebé, los colores y sonidos más bellos que se manifiestan, nos damos cuenta de que el amor está siempre presente, si tenemos sensibilidad para percibirlo. La palabra “amor” está muy difundida y se usa para casi todo, incluso en publicidad. La palabra, tan a menudo tergiversada por el egocentrismo humano, nunca expresará la infinita energía que el amor es. En palabras del hermano N. Sri Ram:
El amor por la humanidad, por cada cosa que existe, es la pasión predominante del Adepto. Lo que lo caracteriza es un intenso altruismo, un amor que no establece límites y se centra en cada ser humano de modo individual. Es un amor al que todo lo demás en la vida está subordinado.
¿Por qué el amor no está presente en nuestras vidas? ¿Por qué no hay lugar para una energía benéfica, unificadora, y contagiosa como el amor? La aridez de nuestras vidas proviene del simple hecho de que somos auto-centrados, que estamos continuamente enfocados en nosotros mismos y en nuestros intereses. Incluso cuando tratamos de dejar la esfera estrictamente personal, expandimos nuestro centro de interés a nuestra familia, nuestro grupo de amigos, nuestro país, siempre expandiendo y reforzando nuestro egocentrismo por medio de una actitud divisiva y separatista. No somos capaces de ver la vida sin una separación en nuestra mente, ni de observar su vasto movimiento y la profunda belleza y sufrimiento que contiene. Como dijo uno de los Mahatmas, que fue uno de los fundadores de la Sociedad Teosófica: “La Naturaleza carece de bondad o maldad. Sigue las leyes que tienen un antídoto para cada veneno, una recompensa para cada sufrimiento”. Pero nosotros, los seres humanos, no comprendemos las leyes que gobiernan la vida material y espiritual, y vivimos para nosotros o para nuestra gente, con intereses siempre limitados, y por lo tanto sufrimos. Mientras la consciencia humana, nuestra consciencia, sea auto-centrada, y funcione sólo basada en intereses personales, no habrá lugar para la eterna y benéfica energía que es el amor. No encontrará lugar para manifestarse. Incluso en la Sociedad Teosófica, que tiene como su primer Objetivo la fraternidad, vemos cuán difícil es hacerlo realidad, debido a la falta de amor. “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, dijo Jesucristo. “Sé como el sándalo que perfuma el hacha que lo hiere”, dijo el Buddha. ¿Es esto una realidad entre nosotros? ¿Dónde está nuestro amor? Una Sociedad como la nuestra es un amplio campo de experimentación para conocernos a nosotros mismos, para probar nuestra capacidad de amar. El primer desafío que se relaciona con la fraternidad está siempre presente, mostrándonos cómo el egocentrismo degrada nuestras relaciones de modo contagioso. Y si queremos mejorarlas debemos observarnos, viendo la división y separación en nuestra propia mente, a fin de apartarnos de estas ilusiones segregacionistas. No somos perfectos, pero debemos tener suficiente auto-percepción para evitar las fuerzas que están presentes en nuestro ego actuando contra las leyes de unidad y armonía. Armonía no significa igualdad o uniformidad de pensamiento, sino ausencia de división o separación en nuestra mente. Cuando las diferencias no se toman de modo personal, pueden expandir nuestro campo de visión enriqueciendo nuestra comprensión. Por otro lado, cuando las tomamos de forma personal, actuamos unos contra otros y producimos una división. ¿Es posible, aquí y ahora, morir a todos los intereses personales de modo que en este preciso momento se pueda manifestar el amor? ¿Es posible que nos abracemos internamente, para que un profundo afecto nos toque, y juntos nos haga canales de las aguas de la vida, para que podamos beneficiar al mundo? Despertemos a la percepción de que solamente al observar nuestro propio corazón seremos capaces de limpiarlo y purificarlo de todo egocentrismo acumulado por décadas de auto-centrismo y de pensamientos inconcientes. El amor y la sabiduría son los dos lados de una misma moneda. Uno no puede existir sin el otro. El amor puede mostrarse de forma difícil, pero siempre será benéfico y curativo. La sabiduría, a su vez, siempre trae una visión de totalidad, de la unidad existente detrás de todas las cosas, que esencialmente es amor. La Teosofía, que es sabiduría, también es amor. El amor conquista todo. Esta es una verdad espiritual que gobierna los planos más sutiles de la naturaleza. Nuestra misión es hacer que esta sutil energía llegue a los planos mental, astral y físico, para transformar profundamente nuestras relaciones, que ya no serán agresivas o egoístas, sino naturalmente verdaderas y afectuosas. Para que esto ocurra debemos observarnos, no permitiéndonos ser engañados por todos los trucos creados por nuestro pensamiento y por este pernicioso e inconcientemente alimentado algo que llamamos auto-imagen. A esta maravillosa máquina para pensar que la naturaleza nos legó, no podemos permitirle que sea el principal regente de nuestra vida. Existe sólo para cosas prácticas relacionadas con nuestra vida civilizada. Para posibilitar la presencia del amor como una fuerza que conquista todo, que nos acerca al centro de la vida, y nos permite al estar unidos, ser canales de las bendiciones más elevadas que pueden disminuir la ignorancia humana y el sufrimiento, debemos saber cómo dejar de lado esta máquina, serenamente, calmando sus movimientos divisivos y especulativos. Nuestra Sociedad Teosófica es un campo fértil, un espacio extremadamente útil para aprender sobre la vida y sobre nosotros mismos, así como para el ejercicio práctico y efectivo de la fraternidad. Pero para hacer de esto una realidad, debemos percibir los pensamientos divisivos y perniciosos que se encuentran presentes en nuestras relaciones, y que cambian radicalmente nuestra actitud. Para que podamos ser una luz en el mundo, debemos estar unidos. La unidad no se logra con palabras, sino con una actitud interna de simpatía, buena voluntad y amor, sin barreras. El odio no cesa con el odio. El odio sólo se puede eliminar con el amor. Estas son las palabras del Señor Buddha. De igual modo, las antipatías y antagonismos sólo se superan por medio de un profundo afecto que no elige nada, no pide nada, no juzga, sino que simplemente ama. Nuestra querida Sociedad Teosófica ya está brillantemente consolidada respecto a la carencia de prejuicio racial y religioso. Debemos reflexionar sobre los prejuicios personales que aún nos afectan y que perjudican tanto nuestro trabajo. Que podamos ser conscientes de nosotros mismos, observando nuestro ego, con sus gustos y aversiones, para que podamos eliminarlos haciendo que nuestras relaciones, no sólo en la ST sino en todas partes, sean saludables, armónicas y profundamente espirituales. Cuando finaliza el vivir auto-centrado, comienza a emerger el amor como el sol de la mañana, disipando la oscuridad de la ignorancia y de la falta de consciencia. Y cuando esta maravillosa energía comienza a regir nuestra vida, todo cambia. Sin amor la vida es estéril, incolora, sin aromas. Debemos morir al yo, con su despliegue de intereses egoístas, percibiendo esta estructura mental auto-centrada en nosotros, de modo que la vida pueda ser más simple, cuidando a los demás y a todo lo que vive, con afecto, respeto y profunda comprensión. Sin amor somos pobres mortales que vivimos sin belleza. Morir al ego y abrirnos a la energía que todo lo impregna y que mantiene el universo vivo y unido; somos la vida misma, un florecimiento en la naturaleza. Concluyo con las sabias palabras de San Pablo:
Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que una campana que toca, o unos platillos que resuenan. Aunque tenga el don de la profecía y conozca todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tenga tanta fe que traslade las montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque reparta todos mis bienes entre los pobres y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve.
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