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Vol. 132 - Número 11 - Agosto 2011 (en Castellano) |
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La naturaleza del amor y su rol en la vida. Algunas reflexiones
SURENDRA NARAYAN
El Sr. Surendra Narayan fue durante muchos años Vice-Presidente internacional de la Sociedad Teosófica, y antes de esto, tuvo un importante cargo en finanzas, en el gobierno.
En ese bello librito, A los Pies del Maestro, el último capítulo es sobre el “Amor”, y comienza mencionando que de todas las cualidades, el Amor es la más importante, porque cuando impregna nuestra naturaleza, las otras cualidades o virtudes se adquieren espontáneamente. Pero ese amor debe ser puro y no confundirlo con el así llamado amor que se basa en el egoísmo, el auto-centrismo y la identidad personal. En el amor puro la dualidad se funde en la unidad. La brecha entre un miembro de la Sociedad Teosófica y un teósofo surge por la misma razón, por la presencia de un grado de egoísmo, auto-centrismo e identidad personal, que impide que la percepción aumente y por lo tanto que se exprese en una acción de amor puro. Una vez la Señora Blavatsky advirtió deliberadamente a los miembros de la Sociedad Teosófica de una Sección importante, que se habían reunido en su Convención Anual, contra esta característica de auto-centrismo:
Bien, he notado con dolor una tendencia entre ustedes… a pelear por insignificancias, y a permitirle a vuestra misma devoción por la causa de la Teosofía, llevarlos a la desunión. La auto-observación nunca es más necesaria que cuando un deseo personal de dirigir, y una vanidad herida, se visten con llamativas plumas de devoción y de trabajo altruista.
J. Krishnamurti observó una vez; “El Amor es la ausencia total del Yo. Si lo han obtenido, han bebido de la fuente de la vida”. Ángelus Silesius, un poeta y sacerdote del siglo diecisiete, lo expresó de modo similar: “Dios, cuyo amor y dicha están presentes en todo, no puede venir a visitarte, a menos que tú no estés allí”. Si se intenta vivir la vida con esa ausencia de yoidad, seguramente comenzará a florecer como dicha, belleza y bondad, que son cualidades del amor. Las religiones y los grandes Maestros del mundo, han enfatizado la unidad de la vida, basada en su origen divino, esencia divina, “Una Llama e incontables chispas unidas, brillando en ella”. El Amor es la expresión natural de una vida vivida con tal percepción. En el Brhadâranyaka Upanishad, el Sabio Yâjñavalkya le habla a su esposa Maitreyi, del modo siguiente:
¡Mira! Se ama al esposo, no por amor al esposo, sino por amor al Ser. ¡Mira! ¡Todo se ama, no por amor a todo, sino por amor al Ser!
La ciencia moderna también ha reconocido últimamente en primer lugar la interdependencia, la interrelación de toda la vida, y luego ha avanzado refiriéndose a la totalidad e incluso a la unidad de la vida. Me gustaría repetir aquí la conocida afirmación de Albert Einstein:
Un ser humano es parte del todo. Él se siente a sí mismo, en sus pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto -cierto tipo de engaño óptico de su conciencia. Esta ilusión es como una prisión para nosotros, limitándonos a nuestros deseos personales y al afecto por unas pocas personas cercanas a nosotros.
El Amor, en el que una total ausencia del yo es uno de sus aspectos, no significa sin embargo descuido del yo. Carencia del yo no significa ignorar las necesidades normales propias mientras vivimos con un cuerpo físico. Thomas de Kempis en La Imitación de Cristo, afirma:
Concédeme que pueda usar tales cosas con moderación (comer, beber, vestir y otras necesidades relacionadas con el cuidado del cuerpo) y no involucrarme con ningún afecto excesivo. No es legal eliminarlos a todos, porque la naturaleza se debe mantener, pero requerir excesos, y cosas muy placenteras, lo prohíbe tu sagrada ley, porque de lo contrario la carne crecería en insolencia contra el espíritu.
Cuando un hombre de riqueza inconmensurable se acercó al Buddha en busca de consejo, sobre cómo podría él llevar una vida de bondad y amor para todos, el Buddha le dijo que no es la riqueza y el poder lo que nos esclaviza, sino el apego a ellos. Una afirmación muy simple pero muy bella sobre el amor y el servicio, egoísta y altruista, se encuentra en un párrafo del filósofo griego Marco Aurelio, que dice lo siguiente:
Existe un tipo de persona que siempre que hace una buena acción, no dudará en pedir alguna recompensa. Otro tipo de persona, aunque no tan atrevida, registrará todo lo que ha hecho por ti, sintiendo profundamente que tú estás en deuda con ella. Luego están aquéllos que dan sin recordar nada de lo que han hecho. Son como la viña que produce uvas, y al haber dado su delicioso fruto, no busca nada más… Así debería ser un hombre cuando realiza un acto bueno, sin buscar recompensa, sin proclamar sus virtudes, sino pasando a su próxima acción, como la viña que pasa a producir otros racimos de uvas en verano.
También se ha afirmado que por comprometernos en actos bondadosos, no deberíamos esperar grandes oportunidades. Tales acciones se pueden hacer en pequeños actos en la vida diaria. C. W. Leadbeater en Los Maestros y el Sendero cita en este contexto, una parte de uno de los libros del Pensamiento Nuevo:
Pon amor en el pan que horneas; envuelve fortaleza y coraje en el paquete que atas para la mujer con rostro cansado; entrega confianza y candor con la moneda que pagas al hombre de ojos sospechosos.
Él luego agrega:
Todo aquél que puede pensar puede enviar pensamientos bondadosos y de ayuda, y tales pensamientos no fallan, ni pueden fallar jamás, mientras funcionen las leyes del universo. Puede que no veas el efecto, pero el resultado está allí y tú no sabes qué fruto puede surgir de esa pequeña semilla que siembras al pasar por tu sendero de paz y amor.
Además, al enviar pensamientos cariñosos y puros a otros, los restos de impurezas de egoísmo y auto-centrismo que todavía permanecen en nosotros, gradualmente comienzan a desaparecer. Como lo expresa la Señora Blavatsky:
Por cada flor de amor y caridad que plantas en el jardín de tu vecino, una maleza desagradable desaparece del tuyo, y así este jardín de los dioses, la Humanidad, florecerá como una rosa.
Al vivir y trabajar en este mundo, a veces encontramos que personas a quienes hemos ayudado altruistamente, amigos con quienes hemos vivido y trabajado, se vuelven contra nosotros, incluso tratan de lastimarnos, al tocar su auto-interés. Nos sorprendemos y a menudo nos desilusionamos. Viene a nuestra mente la oposición, acusación e insultos que la Señora Blavatsky y el Cnel. Olcott tuvieron que sufrir durante su caritativo trabajo por la Teosofía y la Sociedad Teosófica. Un pasaje de Marie Russak Hotchener en su artículo, que aparece en Reminiscencias del Conel. H. S. Olcott publicado por la Editorial Teosófica Adyar, es digno de ser mencionado aquí. Se relaciona con las visitas de los dos Maestros a Adyar cuando Olcott estaba postrado en cama antes de su muerte. Largas, importantes y profundamente impresionantes eran las conversaciones entre ellos, y muchas eran las palabras de elogio y gratitud pronunciadas por los Maestros. En otra de sus visitas, el Cnel. se quejó con gran sentimiento al Maestro M. respecto a uno de los miembros que le habían causado a él y a la Sociedad muchos problemas, y concluyó diciendo que la persona era un enemigo muy peligroso y malvado. El Maestro KH puso su mano en el hombre del Cnel. y con una ternura divina en su voz le dijo: “Entonces él necesita mucho más vuestro amor y compasión”. Annie Besant escribió una vez en un librito autografiado de un joven Teósofo: “Trabaja de modo que el mundo pueda ser mejor porque tú vives en él. Ama a todos, pero ama más a quienes carecen de amor, porque ellos lo necesitan mucho más”. El Buddha y Jesucristo fueron conocidos por su ilimitado amor y compasión para todos. George Grimm en su libro La Doctrina del Buddha, elucida bellamente la naturaleza del amor profundo y puro, del modo siguiente:
Cuando hablamos del amor, incluso del amor más puro, de modo inseparable relacionamos con él, el concepto de algo que tiene que ver con los sentimientos y los afectos. En otras palabras, siempre pensamos en tendencias hacia algún hombre o todos ellos, o hacia los seres en general… Pero todo lo que tiene una tendencia o un sentimiento no es nada más que un movimiento de ansias, tal vez ansias en su forma más noble, pero sin embargo ansias… El Amor es algo libre de todo tipo de inclinación. Pero, ¿qué permanece si todo lo que tenga una tendencia es separado del amor? Permanece la generosidad, la bondad pura. La bondad es el amor purificado por la percepción interna, libre de la escoria de la pasión.
El poeta místico Tagore menciona que cuando la percepción interna o comprensión nace (a veces llamado el florecimiento interno) “Todas mis ilusiones arderán en iluminación de dicha, y todos mis deseos madurarán en frutos de amor”- Podemos terminar recordando una parte de una carta de un Maestro de Sabiduría:
Fundirse en un sentimiento universal, el único sentimiento verdadero y sagrado, el único desinteresado y Eterno: ¡el Amor, un inmenso Amor por la humanidad, como un Todo! ¡Porque es la “Humanidad” la gran Huérfana, la única desheredada en esta tierra, mi amigo. Y es deber de cada hombre capaz de un impulso generoso, hacer algo, aunque sea pequeño, por su bienestar.
Luego sigue una cita:
“Puesto que sólo en el hombre hay esperanza para el hombre ¡No dejaré que llore aquel a quien yo pueda salvar!...”
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