Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 132 - Número 7 -  Abril 2011 (en Castellano)

 
Anterior
Página 12
Siguiente

 

Día de Año Nuevo en el Ganges

 

 

J. L.  DAVIDGE

 

Reimpreso de The Theosophist, Marzo 1937.

 

¡Levántate! El aliento de vida ha vuelto a nosotros, ¡la oscuridad se ha ido! Ushas abrió un sendero para Surya, el Sol, para viajar; ahora nuestros días serán más largos. Cantando las alabanzas de la resplandeciente mañana, el sacerdote, el poeta, se levantan con la trama de su himno. Generosa doncella, brilla sobre quien te alaba; despliega sobre nosotros tu don de vida y de niños, tú que has dado hijos heroicos y riqueza de búfalos y caballos… ¡Madre de los dioses! ¡Revelación de la gloria del Infinito! ¡Estandarte del sacrificio, magnífica Ushas, resplandece, levántate! Otorga tus bendiciones a nuestras oraciones, y haznos líderes entre la gente.

Himno al Amanecer, Rg-Veda, I.113

 

   Todavía brillaba la luna y estaba frío, cuando bajamos a los Ghats, media hora antes del amanecer. El río ya estaba despierto, yoguis y sacerdotes y mendicantes se bañaban y entonaban mantram-s, los gongos de los templos sonaban, los caramillos tocaban a la danza, y toda la parafernalia religiosa para la que Benares es única, eran el preludio de un nuevo día.

   El agua resplandecía con los colores rosados del amanecer. Tonos opalescentes en forma de abanico se elevaban hacia el cielo. Creció el rojo en las nubes y en el río.

   Detrás de nosotros, al observar el oriente, se elevaba un acantilado de palacios y templos. Justo debajo de nosotros vacas sagradas caminaban lentamente en la terraza, los monos de los templos jugaban, y los pájaros se alimentaban amigablemente. Más abajo, los devotos embelesados en adoración, los hatha yoguis con la psiquis de un dios tomando su ‘descanso diario’, convirtiéndose luego en cientos, y los peregrinos arrojando oblaciones a la Madre Ganga. Sin embargo, nada aquí parecía incongruente, así de saturado está todo el frente del río con el espíritu de adoración. Comprando unas pocas flores como ofrenda, bajamos a la orilla del agua, nos mojamos las manos en la sagrada corriente, y esperamos para saludar al sol.

   El silencio de una gran expectativa, como de algún rito significativo inminente, pareció volverse audible y objetivo. Luego cayó el silencio, cuando el primer rayo de luz destelló sobre el agua, el disco de nuestro Señor el Sol se levantó lentamente, dorado y majestuoso, movido en un ritmo cósmico por el Modificador de escenarios detrás de las nubes. El Ganga dorado se mecía.

   Pero el Sol, era algo más que el Sol para los varios miles de adoradores de innumerables sectas y castas que hacían pujâ. Era Brahmâ-Vishnu-Siva, el inefable Tres en Uno, que saludaron con entonaciones y palabras sagradas. Nuestro saludo inevitable fue el Gâyatri, que produjo una respuesta mágica, como si el Espíritu del Sol  hubiera lanzado sus rayos refulgentes dentro de nuestras mentes para iluminar nuestra comprensión, a medida que el orbe dorado del otro lado del río, iluminaba totalmente el mundo.

   El Sagrado Benares era inconsciente casi totalmente de nuestro Día de Año Nuevo, como festival religioso, infinito en sus propias y antiguas formas de adoración, y despertando así todos los días, año tras año, siglo tras siglo. Para nosotros no sólo fue el amanecer de un día, de un Nuevo Año, sino el amanecer de una nueva vida, una marca en el horizonte de la experiencia, una de esas experiencias emotivas y profundas que marcan una encarnación, para ser renovada cada día, si así lo tendremos, en el Sagrado Benares de nuestro corazón.

 

Anterior
Página 12
Siguiente