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Vol. 132 - Número 7 - Abril 2011 (en Castellano) |
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Espiritualidad
MARY ANDERSON
La Sa. Mary Anderson fue Vice-Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica, y ha disertado ampliamente en varios idiomas.
¿Qué es la espiritualidad? Hablamos de una atmósfera ‘espiritual’, una persona espiritual, un libro espiritual, etc., y de una cualidad llamada espiritualidad. Obviamente la espiritualidad se relaciona con el espíritu. Y ¿qué es el espíritu? Esta palabra tiene muchos significados. En el espiritismo se usa en plural para denominar a los ‘espíritus de los muertos’, que como HPB lo expresa, no son de ninguna manera nuestros ‘seres queridos fallecidos’, sino ¡sus cuerpos astrales o kâma-mânasicos! Aquí la palabra ‘espíritu’ se aplica a lo que es realmente psíquico y no espiritual. Pero el significado más profundo de Espíritu se encuentra en la descripción que hace San Pablo del hombre, como espíritu, alma y cuerpo. Esto se puede comprender de diferentes modos, dependiendo de los distintos significados que se le dan a ‘alma’. HPB trata de aclarar las cosas refiriéndose al ‘alma animal’(kâma), al ‘alma humana’ (manas) y al ‘alma espiritual’ (buddhi). En el lenguaje de uso común la gente usa la palabra ‘alma’ como el ‘alma inmortal’ a la que se refiere el Cristianismo, o como usan el término ‘alma’ los psicólogos, lo que también se conoce como la ‘psiquis’. Si por ‘alma’ queremos decir el ‘alma inmortal’, entonces ‘Espíritu’ se referiría a la Mónada, es decir, la Chispa Divina, Âtma-Buddhi; el ‘alma’ sería el Ego reencarnante, buddhi-manas; y ‘cuerpo’ significaría la personalidad, es decir, el cuerpo físico y nuestra consciencia cuando encarna en ese cuerpo, una consciencia que incluye nuestras emociones y deseos, kâma-manas. Pero si, por el contrario, por ‘alma’ queremos decir la psiquis, entonces el Espíritu se referiría a la Mónada, la Chispa Divina, Âtma-Buddhi, más el Ego reencarnante, el alma espiritual o buddhi-manas; el ‘Alma’ se referiría a nuestra consciencia cuando estamos encarnados, es decir, kâma-manas; y el ‘cuerpo’ significaría el cuerpo físico, incluyendo su doble etérico y su energía vital. En la terminología teosófica, el Espíritu es tomado principalmente como Âtmâ. La palabra ‘Espíritu’ proviene del latín ‘Spiritus’, que significa aliento. La palabra Âtmâ también proviene de una raíz que significa aliento. Se dice en los Upanishad-s que Âtmâ es Brahman. Entonces, el Espíritu no sólo se refiere a nuestro verdadero (espiritual) yo, sino también a lo Absoluto, Dios, el verdadero yo de todo. Âtmâ tiene dos aspectos. HPB explica esto del modo siguiente: “Âtman es el Todo Universal” (La Clave de la Teosofía). “Âtma, el ‘Yo Superior’, no es ni tu Espíritu ni el mío, sino que al igual que el sol, brilla para todos.” Por lo tanto sólo hay un Âtmâ, espíritu puro. Por otra parte, ella señala que Âtmâ “se vuelve el Yo Superior del hombre”, aunque “sólo en unión con buddhi, su vehículo, que lo une a la individualidad (es decir, buddhi-manas). Por lo tanto, Âtma o el Espíritu es un misterio. Es universal y en cierto sentido individual. Pero ser universal significa que todas las cosas, todos los seres son Uno en el nivel espiritual. Entonces la espiritualidad se relaciona con la unidad de todas las cosas. Se lo ha definido objetiva y subjetivamente, es decir, como un hecho y como la realización de ese hecho: “La fusión de todas las cosas en la Unidad Divina es Espiritualidad del tipo más refinado” y es “La realización del Uno en los muchos” (HPB en I. Hoskins, Ciencia de la Espiritualidad, p.23). Externamente vivimos en un mundo de diversidad, en el mundo de los muchos. Percibimos una maravillosa abundancia en la naturaleza: ninguna hoja es igual a otra. Internamente también, psíquicamente, vivimos en un mundo de diversidad, en un mundo de muchos. Consideramos que los seres humanos individuales son diferentes unos de otros. Vemos a los demás como diferentes a nosotros. Principalmente nos vemos como ¡distintos de los demás! Pero, según las enseñanzas teosóficas, esa diversidad en la naturaleza y en nosotros se originó en la unidad, es una expresión de la unidad y regresará a la unidad. El movimiento de la evolución es de lo Uno hacia los muchos, y nuevamente de regreso al Uno. Ciertamente es aliento, la exhalación y la inhalación del Uno. La unidad o lo uno puede parecer alejado de nosotros que estamos en la periferia, por así decirlo. Pero en verdad esa Unidad está en el corazón de todos los seres y de todos los objetos y es su verdadera naturaleza. La unidad se expresa en la Naturaleza como equilibrio, ajuste, siempre que se deje a la Naturaleza actuar por sí misma, sin la interferencia del hombre. Por ejemplo, cuando entre las especies existe superpoblación, se restablece la armonía por el nacimiento de menos crías. Tal vez también esté sucediendo esto en el reino humano, que está super-poblando el planeta. Se informa que en algunos países los hombres se están volviendo impotentes. Pero la humanidad se ha alejado de la Naturaleza. Su actitud es antropocéntrica, es decir, la humanidad se coloca en el centro de las cosas. En el Occidente, durante muchos siglos se ha considerado que el propósito de la naturaleza es servir y beneficiar a la humanidad, en parte debido a traducciones tendenciosas, y malentendidos de un énfasis incorrecto del mandato bíblico: “Dios les dijo (a los hombres y a las mujeres), fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sometedla, y dominadla en los peces del mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la Tierra” (Ge., 1:28). Las palabras ‘someter’ y ‘dominar’ son términos feos y han causado mucho daño. No sólo en esta actitud antropocéntrica desenfrenada, se le ha dado una importancia indebida al hombre, sino que cada individuo entre nosotros se ha vuelto por lo menos en cierto grado egocéntrico. Cada uno tiende a colocarse en el centro. La humanidad no sólo es antropocéntrica, sino también (individualmente) egocéntrica. Cada uno ve la Naturaleza en general y otras especies y otros individuos, no sólo distintos a si mismos, sino también menos importantes que ‘yo’. Esta actitud antropocéntrica y egocéntrica resulta en egoísmo, en una actitud de superioridad, y de aversión hacia otras especies y otros seres humanos, como comunidades y como individuos. Todo esto lleva a falta de respeto por la vida y a la violencia. Cuando miramos los estragos que esto ha causado, parece que hemos alcanzado el cenit de la diversidad o el nadir de la involución del espíritu en la materia. Muy bien podemos preguntar, “¿Se pueden empeorar las cosas?” Tal vez sí, si los científicos continúan experimentando con la vida, con los genes, etc., sin saber cuáles serán las consecuencias, y si los políticos y los extremistas continúan incitando a la gente hacia la violencia con fines personales. Pero algún día llegará el punto crucial. Quizás ya comenzó en modos pequeños, al igual que renace el sol en la noche más oscura del año. ¿Qué podemos hacer como individuos para apresurar el regreso hacia la percepción de la unidad, que es espiritualidad? Sólo podemos y debemos comenzar con nosotros mismos. La auto-observación conduce a la auto-consciencia y al auto-conocimiento. Cuando nos encontramos pensando que cierta persona tiene determinados defectos, nos podemos decir, “Tal vez sea así, pero ¿no tiene cada falla un aspecto positivo?” La mezquindad típica de los escoceses ¡puede ser mejor que el derroche! Y ¿no son estos defectos, si es que realmente existen, sólo virtudes que se han exagerado o degenerado? La avaricia puede ser el ahorro exagerado. La brutalidad se puede haber originado en la valentía. El sentimentalismo puede ser el amor extraviado. Más aún, podemos ver que las tendencia que pensamos que percibimos en otros y que condenamos en ellos estén presentes en nosotros. ¿Cuán a menudo proyectamos en otros lo que sabemos que está en nosotros, pero que no deseamos condenar en nosotros mismos? El primer paso es estar alertas de este modo, es decir, conscientes de nuestros propios defectos, estar auto-conscientes. Luego sigue un paso más: resistirse a la tendencia de unirse a la maledicencia. En A los Pies del Maestro, encontramos este consejo respecto a la murmuración: “Veamos los efectos de la maledicencia: Comienza con el mal pensamiento y esto en sí mismo es ya un crimen. Porque en todas las personas y en todas las cosas existe el bien y el mal. A cualquiera de éstos podemos prestarle fuerza, pensando en él, y por este medio ayudar o estorbar la evolución… Si pensáis mal de otro, cometéis tres iniquidades a un tiempo: Llenáis el ambiente que os rodea de malos pensamientos y así aumentáis las tristezas del mundo. Si en el ser en quien pensáis existe el mal que le atribuís, lo vigorizáis y alimentáis… Pero, si generalmente el mal no existe en él y tan sólo lo habéis imaginado… (Y) Nutrís vuestra propia mente de malos en vez de buenos pensamientos… y así os hacéis feos y repulsivos, en vez de bellos y amables…” (p. 33,34). No deberíamos unirnos a la maledicencia, a hablar mal de otros, e incluso deberíamos intervenir, pero de modo sereno y amistoso, e incluso con humor. Sin embargo, si estamos enojados, puede ser mejor no decir nada. Incluso el silencio puede ser una reprimenda. Todo esto tiene mucha relación con la observación y el conocimiento de nuestro yo externo o inferior. Puede conducir al conocimiento de nuestro Yo Interno o Superior. Si el yo externo, al ser desenmascarado permanece en silencio, el yo interno puede manifestarse. Si la consciencia de la diversidad desaparece, predomina la consciencia de la unidad. Si el egoísmo desaparece, el amor prevalece. Por supuesto el yo superior y el inferior son uno, son nosotros en diferentes niveles. Y no son distintos del yo inferior y superior de todos los seres humanos. Respecto al Auto-conocimiento, en relación con nuestra verdadero Yo interno o Superior, sabemos sólo en teoría que somos Âtmâ y que Âtmâ es Brahman. Esto es peligroso, si olvidamos por un momento que todos los demás seres humanos, todas las otras criaturas también son Âtmâ y Brahman, tanto como podemos serlo nosotros. Sin embargo incluso un poco de este conocimiento puede proteger contra un gran peligro (como se dice en el Bhagavadgitâ). El concepto de la unidad interna de la verdadera naturaleza del hombre con la verdadera naturaleza de todo, puede ayudarnos a no nadar en la corriente del antropocentrismo y el egoísmo, también con forma de maledicencia, nacionalismo, consumismo, etc. La verdadera naturaleza del hombre a menudo se revela al principio de su vida y de su evolución, antes de arruinarse con el desarrollo de la mente y del condicionamiento existente en el ambiente humano. Estudios científicos han demostrado que los niños pequeños se sienten naturalmente atraídos a otros niños, sea cual sea su origen familiar, color, etc. Tal vez ¡no necesitábamos estudios científicos que nos dijeran esto! Pero nos gusta que las cosas estén ¡‘comprobadas científicamente’! Sin embargo, los niños pequeños aprenden pronto de sus padres y maestros a distanciarse de los demás, a desconfiar de ellos, e incluso a odiarlos. Muchos de los así llamados pueblos primitivos, también muestran espontánea buena voluntad hacia los extraños, hasta que aprenden a desconfiar de ellos, debido al mal comportamiento, deshonestidad, etc. que muestran al llegar. Así sucedió con los amerindios. Aparte de los niños pequeños y pueblos que no se han arruinado, el ciudadano común a menudo tiende a menudo y espontáneamente a aceptar a otros a pesar de diferencias en nacionalidad, credo, nivel social, etc., si no fuera por los políticos, militares, especuladores, etc., que los incitan en el sentido contrario. Me han dicho en Israel de muchos casos de amistad y de ayuda mutua entre judíos y árabes. Pero los extremistas en ambos lados influencian las actitudes y acciones de las personas. Deberíamos esforzarnos siempre que podamos a no nadar a favor de la corriente, y donde sea que esto suceda, por lo menos a resistir pasivamente la tendencia hacia la división, y trabajar de este modo para aumentar la realización de la Unidad y la inclusión de todo. Esta unidad es espiritualidad y es solamente esto lo que salvará al mundo de su actual situación desesperada. La espiritualidad, la percepción de la Unidad de todo, es esencialmente lo más práctico en el mundo.
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