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Vol. 132 - Número 7 - Abril 2011 (en Castellano) |
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Desde la Atalaya
RADHA BURNIER
Apego y Libertad En la Sociedad Teosófica hablamos sobre las grandes cualidades que se necesitan para vivir una vida espiritual. De este modo esperamos hacer de estas cualidades una parte de nuestra vida diaria. Generalmente fallamos en lograrlo. Es por ello que debemos ser cuidadosos para que la teoría no ocupe el lugar de la práctica. Además, la verdadera libertad es difícil de analizarla o de hacer de ella un tema de conversación. Se debe llevar a cabo en el transcurso de la vida diaria, por medio de la observación, experimentación y reflexión seria, en reiteradas oportunidades. Existen personas que creen que Krishnaji habló sobre lo que era absolutamente nuevo, de temas que nunca se habían tratado antes. Yo no soy una de ellas. Es verdad que para mucha gente lo que él dijo, era nuevo, pero pienso que mucho de lo que él habló procedía del agua fresca de su propia comprensión, de su propio nivel de ver las cosas. Quien sea que hable de lo que él mismo haya experimentado es claro, y siempre lo que dice parece nuevo. Sus palabras tienen una fuerza extraordinaria, pero esto no significa que nadie haya hablado de estas cosas antes. El mundo oriental se interesó profundamente en esta cuestión de la libertad. Hindúes, budistas, jainos, y otros que no pertenecen a ninguna de estas categorías, reconocen el hecho que la libertad no es meramente libertad de algo externo; no pierden el tiempo sobre cómo obtener o mantener la libertad externa. La verdadera libertad no viene meramente del exterior. Es parte de nuestra naturaleza interna, y emergerá tarde o temprano. El hombre moderno a menudo parece identificar la libertad con dinero para comprar cosas, con viajar, y con poder hacer lo que quiere en el ambiente particular en el que está interesado. Ciertamente, el hombre moderno está obsesionado con eliminar cualquier tipo de limitación que pueda afectarlo, y por lo tanto piensa que es libre. Pero la libertad se refiere al ser atemporal y no se puede obtener fácilmente. Existe una famosa afirmación en uno de los Upanishad-s que dice que tanto el cautiverio como la libertad están dentro de la mente. La mente crea los grilletes, y luego imagina que el problema está afuera. Si se diera cuenta que esto no es así, que ella misma está creando el problema, entonces podría comenzar a comprender y a liberarse de sí misma. Dividimos en compartimentos cuando creemos que los problemas provienen del exterior. Esta es una de las razones de por qué hemos creado el sufrimiento y promovemos actitudes de crueldad, utilitarias, y tenemos una sociedad en la que nos gustaría experimentar lo imposible, como por ejemplo la serenidad del ser libre de violencia, agresión, etc. Este siglo es tal vez digno de mención porque todo se considera desde el punto de vista de lo utilitario, los animales, los árboles, todas las personas se consideran como cosas que pueden darnos satisfacción o sernos útiles. Si no lo hacen, las tratamos con total indiferencia o crueldad. Nuestra relación con la gente generalmente implica ganar algo emocionalmente, moralmente, o en términos de seguridad. Nos apegamos a personas de las que podemos obtener algo, conseguir una posición mejor en la vida, satisfacción emocional, etc. Estamos ansiosos de tomar lo que sea a cualquier costo, particularmente esas vidas que no son humanas. Por lo tanto destruimos las plantas y las ponemos en otra parte, según nuestra fantasía; las recortamos y moldeamos en los denominados jardines, como si no tuvieran el derecho a crecer naturalmente. Le enseñamos a millones de niños en las escuelas a cortar animales y otras criaturas, y a desarrollar indiferencia hacia lo que ellos pueden sentir, mientras nosotros estemos satisfechos con el resultado. Se cultiva el utilitarismo y la crueldad, y se vuelven parte de nuestras vidas. De modo indirecto el Buddha habló de esto. Él dijo que la sed (trshnâ) es el deseo de obtener cosas, seguridad, satisfacción, nuevas experiencias, etc., y todos ellos producen dolor. Él no habló sobre el amor, sino sobre las causas de la ausencia del amor. El enfoque de Krishnaji fue similar; nos aconsejó no aceptar de inmediato sino a investigar cuál es el motivo que produce el cautiverio. ¿Podemos averiguar qué no es amor? Tal vez es el sentimentalismo o el apego a personas en particular, debido a conexiones emocionales. Todo el mundo cree que el amor es esta conexión, y que apegarnos a alguien es una forma de auto-expresión. Pero tenemos que notar que cuando existe el apego, la relación sentimental, o auto-promoción por medio de otra persona, se puede volver ira, crueldad, frustración, etc. Esta es la razón de por qué el así llamado amor se vuelve animosidad y odio. Lo que normalmente se llama amor es muy complicado. Es más como una agitación.
Amor, ¿real e irreal? El sinónimo exacto de la palabra ‘amor’, no se ha usado mucho en India o en el Oriente. Es difícil creer que nunca pensaron o hablaron de él. Muy a menudo ciertas escuelas de pensamiento en el Oriente tuvieron como foco central la auto-entrega más que el amor. Esto no es igual a una imagen física o mental, y sentarse frente a ella haciendo ofrendas. Las palabras se deben tomar más literalmente, en cuyo caso, significa desprenderse del yo. Cuando no es una construcción de la mente, hay libertad y amor. Los dos temas se han tratado en los países budistas donde karunâ (traducido generalmente como compasión), e inteligencia no pueden existir separados. Si no hay compasión, la inteligencia es meramente inteligencia común o vivacidad. Si no existe la inteligencia, el sentimiento está relacionado más con lo emocional o sentimental, pero no es amor real. El amor real tiene inteligencia como un aspecto de sí mismo. En una de sus conferencias, Annie Besant dice que el amor es una forma de conocer. Cuando hay amor, existe la posibilidad de conocer lo que el intelecto no puede. El Buddha señaló que los pensamientos sobre el amor contaminan la mente, mientras que el amor genuino, limpia y purifica. Krishnaji también habló sobre esto: “El sentido de tiempo y espacio, de separación, de dolor, nace del proceso del pensamiento.” Es sólo cuando cesa el pensamiento que existe el amor. Pensar sobre el amor o sobre alguien al que uno está apegado, no es amor. El amor tiene poca relación con pensar sobre alguien a quien preferimos. Existen millones de personas sufriendo. Podemos ignorarlos y ser completamente crueles, y concentrarnos en una o dos personas, y decir que esa persona no debe sufrir, y debe tener todo bien. ¿Es esto amor, realmente? ¿Puede uno ser indiferente al mundo y a la vida como un todo, y amar a la vez? Hablamos sobre utilitarismo. ¿Podemos vivir utilitariamente, que es avaricia, y amar a la vez? Entonces, tenemos que preguntarnos si esto es realmente amor, a fin de mirar con pureza, sin condenar. Dejemos que la mente se vuelva ‘libre de lo conocido’ a fin de conocer el amor. Mirar con pureza es difícil, sin querer disfrutar de posesiones de ningún tipo. Las posesiones, reales o mentales, son una obstrucción. Pero si observamos cuidadosamente, entonces, tal vez veamos que lo que consideramos como amor es sólo el yo apegándose a algo y tratando de obtener satisfacción. Por supuesto, la gran prueba es cuando llega la muerte y existe el sentimiento de que todo se ha perdido. La Sra. Blavatsky dice: “Cuando existe el amor real no hay sentido de separación en modo alguno.” Quizás el sentido de separación es querer poseer, apreciar, etc. Éstas son indicaciones de que estamos inseguros. Algunas personas parecen importantes y otras no. ¿Existe el amor cuando hay división? El amor y la libertad van juntos porque ambos están relacionados con el proceso del pensamiento. El deseo es pensamiento. Experimentar algo en determinado momento no es deseo. Podemos comer algo y sentir que es dulce y agradable. Si miramos algo bello y no podemos sentir su belleza, algo está mal. Pero el pensamiento recuerda la dulzura y la belleza y lo proyecta hacia el futuro y dice: “Lo tendré otra vez”. Esto es deseo. Una de las cosas sorprendentes que Krishnaji señaló es que el proceso del pensamiento moviéndose de aquí para allá, es el tiempo. Cuando existe la sensación de algo agradable, la mente se apega a la sensación; o por el contrario, se aleja de eso. En el pensamiento hindú, la libertad es libertad de nombres; eso significa no etiquetar, no establecer categorías, etc. La memoria está conectada con nombres y formas, del tiempo y del espacio. Todo esto produce conflicto. Cuando no existe esta libertad interna, no se puede evitar el conflicto. Entonces, tal vez, el trabajo importante que tenemos que hacer es comprender. Tratar de comprender implica examinar todas las formas sutiles de coacción, que actúan desde el interior. Tal vez podemos decir que significa mirar objetivamente, honestamente, con claridad, a fin de descubrir.
La actitud teosófica A menudo no es fácil decidir qué hacer, pero es necesario hacerlo; llevar a cabo nuestro deber aquí y ahora y tratar a la vez de tener un concepto dinámico de hacia dónde vamos. Existen muchas cosas que se deben corregir en el mundo, no desde un punto de vista mundanal, sino desde un punto de vista superior. La posición de las mujeres, por ejemplo, no es de ninguna manera lo que debería ser. En los países donde se supone que deben ser libres, son realmente prisioneras de un sistema o una idea. Se cree que son libres, porque pueden hacer más o menos lo que quieren. Pero lo que quieren es elevarse socialmente. Unas pocas alcanzan cargos importantes, y algunas son libres físicamente. Pero, ¿son libres internamente? A menudo sólo siguen un modelo existente. Otras viven lo que consideran que es una vida libre y por lo tanto quedan atrapadas sexualmente. Esto sucede cuando se supone que las mujeres son agradables y bellas, de modo que los hombres puedan disfrutar de ellas. Muchas mujeres en países occidentales quedan atrapadas en esta o aquélla idea sin sentido, y entonces se desconoce el verdadero propósito de la vida humana. En gran parte del mundo, a las mujeres se las subordina, a menudo casi a nivel de esclavas. En varios hogares musulmanes, las mujeres están recluidas en sus casas y hacen sólo lo que deciden los hombres. No existe la creencia en la libertad para ellas. La pobreza a menudo impone una vida marginal en las personas, incluyendo a los niños. A los niños los venden por sumas de dinero miserables, o se los destina a deberes religiosos en el hogar. Todo esto, y situaciones similares, no deberían existir en el así llamado mundo moderno, pero este tipo de visión y condiciones se encuentran en un nivel sorpresivamente grande. Sólo tenemos alguna vislumbre de lo que realmente existe, y que se podría solucionar con ideas correctas. Pero en muchas sociedades, la gente cree, no en ideas correctas, sino en seguir una tradición que les conviene. Por lo tanto, no tienen una libertad real para pensar y actuar. Estos son temas de los que todo teósofo debería ser consciente, y a su propio modo y en el grado en que sea posible, tratar de remediarlos. Una pregunta importante es si pensamos simplemente como todos los demás, o si tenemos el valor de hacer lo correcto.
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