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Vol. 132 - Número 6 - Marzo 2011 (en Castellano) |
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Desde El Atalaya
RADHA BURNIER
La Mente es el destructor de lo Real Observemos la mente trabajando. Una cosa es escuchar una afirmación y vagamente creerla, y otra es descubrir su significado por uno mismo. Pero debe haber completa objetividad y honestidad, sin engaños de ningún tipo. Existe una especie de reflejo en la mente impura de las actividades de la mente cósmica, que tiene dos aspectos. Uno es ocultación de lo que realmente es, y el otro es deficiencia. La manifestación es una especie de revelación de la verdad, y al mismo tiempo una revelación incompleta o imperfecta, que oscurece la totalidad de la verdad. En los niveles inferiores de la existencia, el velo sobre la consciencia es más grueso porque la consciencia funciona por medio de varios tipos de materia, sutil y menos sutil. El otro aspecto es arrojar imágenes que dan una imagen falsa de lo que es. Es como la mente imaginando una serpiente cuando los ojos sólo ven una cuerda. Ocultamos los aspectos de la existencia que no queremos ver, debido a gustos y aversiones personales, prejuicios, y otras condiciones previas de nuestra mente, que se transforman en pensamientos. Es muy importante percibir por nosotros mismos que en casi todos nuestros juicios, conclusiones y opiniones está sucediente esto. Esta es la razón por la que el sabio aconseja: “No juzgues”, porque no sabemos. Nuestras conclusiones sobre cualquier persona o cosa están destinadas a ser falsas. Ellas representan nuestra proyección mental de lo que es. Cuando decimos que tal y tal persona es de un modo determinado, es sólo una especie de fantasía o imaginación. Pero la naturaleza de la mente es tal que quiere afirmar la validez de sus propias proyecciones e imágenes, su evaluación personal de las cosas. Todos tenemos la idea que nuestra opinión representa el hecho, o incluso la verdad; que cuando nos formamos un juicio nuestra mente está realmente afirmando la naturaleza de las cosas. Ese es un sentimiento muy fuerte en la mente y tal vez es la naturaleza de la mente, pero nos engañamos a nosotros mismos creyendo esto. Este es el motivo de las enseñanzas dadas, por lo menos de vez en cuando, sobre la actitud: “No sé”. Pienso que sé pero no sé. No sé cómo es realmente mi mejor amigo, aunque vea la apariencia externa. Llego a algunas conclusiones y juicios sobre la base de ciertas experiencias, pero no se llega a nada. No corresponde a lo que está profundamente en el interior de ese individuo. Como Krishnaji a menudo decía, la imagen que hemos creado está en nuestra propia mente, creada por la imaginación, la capacidad de producir imágenes de la mente. Constantemente está “destruyendo lo real”. Deberíamos comprender esto, no mentalmente, sino realmente. Si por lo menos hasta cierto punto podemos darnos cuenta de esto, es un buen comienzo. Es diferente a lo que llamamos pensar, que generalmente es lo que otro dijo. Podemos saber cómo funciona un automóvil, o cómo invertir nuestro dinero en el mercado de valores; todo eso no tiene nada que ver con la vida interna, con el desarrollo espiritual que debe tener lugar. Entonces no tenemos que considerar eso como conocimiento, en modo alguno. Pero si pensamos que el conocimiento es valioso desde el punto de vista del Sendero, realmente no sabemos nada. Cuando la mente tiene una actitud de reconocer sus propias limitaciones, puede recibir conocimiento, pero mientras piense que sabe, está construyendo una pared a través de la cual la verdad no se puede reflejar. Esto también es muy conocido de Sócrates y de los sabios de India: “quien es consciente que no sabe, es quien sabe”. Quien piensa que sabe es la persona ignorante. Por lo tanto, debemos tener una mente abierta. Cuando decimos “vida limpia, mente abierta” debemos estar conscientes que la mente necesita estar abierta en varios niveles, no sólo en el nivel mental o intelectual. Debe estar abierta a la naturaleza interna de las cosas. Podemos contactar una persona todos los días de nuestra vida, pero no sabemos en realidad, cómo es. Esto es así, respecto a casi todo lo que podemos llegar a pensar.
La mente y sus hábitos La mente cree sólo en lo que le llega por medio del cuerpo. Se enreda con las percepciones sensoriales del cuerpo. En libros teosóficos se ha señalado que incluso respecto al mundo físico sabemos muy poco porque vemos muy poco de él. Esto parece sorprendente, pero es un hecho. Vemos sólidos y líquidos, pero no podemos ver la existencia en forma gaseosa excepto ocasionalmente. Vemos vapor, tal vez vemos los humos de un gas alguna vez, pero existen gases a todo nuestro alrededor, y nuestros instrumentos de percepción son bastante inconscientes. Aceptamos su existencia, porque hay ciertos efectos causados por su presencia, y por lo tanto decimos que existen. Pero de acuerdo a la filosofía esotérica existen otros niveles sutiles del mundo físico. Primero, los deva-s crean las formas según el karma de la persona, o la forma de plantas, flores, o lo que sea, a ellos se les da la tarea de moldear las formas. Al cuerpo etérico se lo llama doble etérico, porque la forma del bebé existe primero en el nivel etérico y luego viene a la existencia en los niveles inferiores del físico, donde podemos percibirlo. Constantemente, esa contraparte sutil de la existencia física se asocia con lo que percibimos con nuestros sentidos. Algunas personas siempre hablan de él, pero la mayoría de los materialistas (y el mundo está compuesto en gran medida por materialistas), no lo aceptan. No pueden explicar de dónde procede la energía, y cómo mantiene al cuerpo con salud y en estado vivo. Toda la energía es la energía una, la energía de la Realidad, o del sol, que no es el sol físico. Pasa al cuerpo físico sólo por medio de esa contraparte llamada doble etérico. Es el canal por medio del cual fluye el prâna, pero no lo vemos. Cuando vamos a cementerios, las personas más sensibles ven uno o dos fantasmas deambulando. Eso se debe a que al cuerpo etérico le toma un poco más de tiempo desintegrarse que al cuerpo físico. A veces sucede que cuando una persona muere, una hija, o alguien cercano al fallecido, ve a esa persona a gran distancia. Aparecen como vivos, y existen muchos casos de estas apariciones. Recuerdo a uno de nuestros miembros que vivía en Agra, y cuando su madre murió en Benarés, la vio, y telefoneó para preguntar por ella. Ella vio el doble etérico y supuso que algo le había sucedido a su madre. De modo que ocasionalmente vemos lo que existe en ese nivel. Gran parte del mundo físico es desconocido, pero pensamos que lo conocemos. Y esto es una verdad mayor respecto al vasto campo de existencia sutil, que aumenta en sutileza cuanto más puede penetrar la consciencia. El hábito de pensar que la existencia física es lo único que importa, y que lo que vemos del físico es el elemento más importante, es el modo en que la percepción de lo real se dificulta. Luego, existen otras características de la mente inferior, por ejemplo el sentimiento del orgullo. Existen personas que deben hacer un trabajo para el que no están acostumbrados. Un hombre se jubila (este es un caso imaginario, pero podría ser real), llega a una organización como la Sociedad Teosófica, y dice que le gustaría ofrecer sus servicios. Él pregunta: “¿Qué puedo hacer?” Se le contesta que no necesitamos su competencia en este momento, pero que si está preparado para hacer alguna otra cosa, entonces puede venir. Esa “alguna otra cosa” puede ser algo respecto a lo cual no sabe nada. Esto realmente ha sucedido, que la persona no está preparada para quedarse y aprender. Cuando alguien le sugiere a esta persona algo en particular, suele contestar inmediatamente: “Sí ya sé eso, es lo que estamos haciendo”. De modo que no le permiten a la otra persona explicarle nada más. Esa es nuestra actitud incluso respecto a enseñar algo de naturaleza espiritual. Fue el caso del pobre de Sinnett, que era profundamente devoto del Maestro KH. Pero en ciertas áreas, Sinnett estaba convencido que sabía más y mejor. Como inglés, según su parecer, él era alguien que podía saber sobre esas cosas. Cómo podía el Maestro, un indio, cualquiera que fueran sus logros, saber sobre estas cosas. Esa es la reacción natural de la mente inferior. El orgullo no le permite a una persona decir: “permítame aprender”. Esta actitud de aprendizaje es totalmente esencial para la vida espiritual, desde el principio hasta el fin. Por eso HPB dice: “Esta es la Escala de Oro, por cuyos peldaños el aspirante puede hollar el sendero”. Una mente abierta es la base para aprender. Una mente abierta siempre está dispuesta a ver lo que no ha visto antes, sea donde sea.
La mente del aspirante Existen personas que hablan sobre temas de los que no saben nada, como si lo supieran todo. Esto es siempre orgullo del ego, el sentimiento de importancia característico de la mente inferior. La mente es la destructora de lo real. Por lo tanto debemos estar atentos para ver si esa actitud existe en nosotros o no. La agitación de la mente, que conduce a la distracción, esta inquietud aquí y allí, también se debe al egoísmo. Es muy difícil escuchar, porque la mente tiene el hábito de escapar de donde está, hacia alguna otra cosa. Este es un problema para todos nosotros, la mente oponiéndose a serenarse. Ha creado esta noción del ser que llamamos el “yo” y quiere mantener esa ficción, manteniéndose activo, corriendo de aquí para allá, conectando todo lo que encuentra, interna y externamente, al centro ficticio que es el yo. Mira todo desde ese centro: “¿Cómo me afecta? ¿Qué me hará?, ¿me agradará o no?” Supongamos que no existe ninguna distracción durante unos pocos minutos, la mente está absolutamente quieta sin un pensamiento (el pensamiento es sólo la energía de la mente en movimiento). En este momento, incluso en el nivel subconsciente, la existencia de la noción del yo no es fuerte. Incluso puede parecer que no existe en ese momento, pero la mente mira y quiere que el yo exista porque ha identificado al yo con la existencia. Esto también ha sido llamado muerte. Cuando el yo no existe, es muerte, y no queremos morir desde ese punto de vista. Pero queremos nuestra propia noción de existencia como un individuo separado, con virtudes y cualidades como atributos que dan un gran sentimiento de satisfacción. Querer que exista es la clave de la enseñanza budista de Vipassanâ o profunda percepción. No es sólo observar cómo el cuerpo y las emociones actúan, sino penetrar en la naturaleza interna que ve que hay un vacío y no el yo. Cuando está el yo, hay división. Este es también el deseo de posesión, apego, apego a la existencia, el deseo de obtener algo, de cualquier parte. La mente se mueve como eso, porque ha separado al yo de los demás. “El Sufi verdadero es quien no posee nada, y no es poseído por nada.” La característica de adquisición de la mente es la fuente de una variedad de problemas, y está continuamente activa. Por una reflexión sostenida debemos ver cómo la mente destruye lo real, que es lo que oscurece nuestra percepción de las cosas como son. Ver las cosas como son es liberación, liberación de la prisión de la que nuestros sentidos no nos liberan, es la contaminación creada por la limitación. Todos los sentimientos y emociones no deseables surgen de ella. Debemos examinar esta cuestión y tratar de comprender, sin volvernos más auto-centrados.
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