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Vol. 132 - Número 5 - Febrero 2011 (en Castellano) |
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¿Quién soy yo?
RADHA BURNIER
¿Quién soy yo? es una pregunta que cualquier persona podría preguntar, y la mayoría contestaría inmediatamente diciendo: “Yo soy fulano de tal, nací de tales personas, estudié en tal escuela, he trabajado como oficinista en una organización acreditada durante muchos años, o soy competente en tal tema”. Este tipo de respuesta que es la más común que se puede esperar, es fácil y es la historia de lo que la mujer o el hombre físico fue e hizo. Pero el problema es que la persona física sólo es una parte de la persona real. Lo que la persona real es, permanecerá intacto; muchos esperan estar vivos después de la muerte del cuerpo. Si el cuerpo muere, los sentimientos y emociones no mueren necesariamente, aunque la gente que es extremadamente materialista piensa que es el fin. Las emociones pueden ser de diferentes clases, incluyendo el apego o el rechazo a ciertas personas. Además de la existencia física, podemos experimentar celos o depresión, o euforia y satisfacción. Todo depende de qué experimentó la persona. Existen numerosos sentimientos, algunos de los cuales son por supuesto temporarios, pero otros pueden ser duraderos; y la persona también tiene sentimientos perdurables, buenos o malos. Deben ser resueltos, lo que tal vez le ocurra en otra vida, siempre que pensemos respecto a la Vida como compuesta de diferentes condiciones que uno experimenta. De modo similar, el proceso del pensamiento incluirá muchas cosas, y las emociones y los pensamientos pueden estar mezclados de forma irreparable. Los pensamientos pueden ser, digamos, de interés por los miembros de la familia, o pueden ser pensamientos de sospecha respecto a algunas personas. Pero dejando de lado todos esos pensamientos sobre alimento, sobre ganarse el sustento, etc., existen pensamientos que no se basan en la experiencia, en la vida pasada. Estos pensamientos pueden ser de alguna evaluación científica que consideramos ordinaria; o los pensamientos pueden ser de personas, si una persona es agradable o no, si es útil o es un vagabundo, pueden existir muchos pensamientos de ese tipo. Pero también existen pensamientos de una naturaleza más personal. Los matemáticos pueden pensar acerca de un problema respecto al cual nadie más, excepto unos pocos matemáticos lo conocen. Por lo tanto, los pensamientos pueden cubrir una vasta área, algunos reales, algunos imaginarios, algunos tontos, algunos útiles, etc. Estos pensamientos y sentimientos son reales para la persona común. La persona común debe desentrañar sus gustos y aversiones del medio físico, altos y bajos, e imágenes mentales. Esto necesita otra encarnación. Así pasa de lo que llamamos este mundo, a otro. Es un largo camino el que todos deben seguir, hasta que comienzan a darse cuenta que la mayor parte de las ideas que pertenecen a la vida física, y también a nuestras emociones, y a los mundos del pensamiento, son innecesarios. Ciertamente nos sentimos vacíos y sin rumbo cuando no tenemos pensamientos. Pero, ¿estamos realmente vacíos, o sólo lo imaginamos? Tratemos de comprender qué ocurre incluso por unos pocos momentos cuando se está muy vivo, pero sin pensamientos. En ese momento estamos simplemente observando, escuchando, receptivos a lo que pueda suceder. Luego comenzamos a ver y saber internamente muchas cosas, acerca de las cuales normalmente no pensamos, ni siquiera por un breve instante, o si lo hacemos, es sólo como una observación superficial. Cuando la mente no está trabajando sobre las muchas cosas que la absorben, y observa en silencio, en calma, comienza a ver lo que nunca antes vio. La cara de un anciano le resulta bella, porque detrás de las arrugas y otros signos de vejez, ve la vida, ve una individualidad con grandes posibilidades. O puede ver la hoja de un árbol sobre la tierra, y es como ver todo un mundo de belleza, de cualidades de la vida que nunca supimos que existían. Luego, podemos prestarle atención a lo que un maestro vietnamita, Thich Nhat Hanh, señala: “Tenemos muchos lazos que nos unen a nuestra Madre Tierra. Existen lazos que nos unen con las nubes. Si no hubiera nubes, no habría agua para poder beberla. Estamos hechos de por lo menos un setenta por ciento de agua, y el lazo entre la nube y nosotros está realmente allí. También ocurre lo mismo con el río, el bosque, el leñador, y el agricultor. Existen cientos y miles de lazos que nos vinculan con todo en el cosmos, posibilitándonos ser. ¿Ven el lazo entre ustedes y yo? Si ustedes no están allí, yo no estoy aquí. Esto es así. Si aún no lo ven, por favor miren más profundamente, y estoy segura que lo verán. Le pregunté a la hoja si estaba asustada porque era otoño y las otras hojas se estaban cayendo. La hoja me dijo: “No. Durante toda la primavera y el verano estuve completamente viva. Trabajé mucho para ayudar a nutrir el árbol, y ahora gran parte de mí está en el árbol. No estoy limitada por esta forma. También soy todo el árbol, y cuando regrese a la tierra, continuaré alimentando al árbol. De modo que no me preocupo por nada. Al dejar esta rama, y caer flotando sobre la tierra, saludaré al árbol y le diré, ‘Te veré muy pronto nuevamente’.” “Ese día hubo viento, y vi a la hoja dejando la rama y cayendo a tierra, danzando alegremente, porque mientras flotaba ya se veía a sí misma en el árbol. Estaba muy feliz. Hice una reverencia con mi cabeza, porque sabía que tenía mucho que aprender de la hoja.” No sabemos si el autor de estas palabras estaba totalmente consciente de la profundidad de lo que decía. Observemos lo que Krishnamurti, que no tenía ninguna intención de impresionar a nadie dijo: “El amor puro no necesita de un objeto de afecto. Es como el brillo del sol. Brilla para todos. Como cuando el sol aparece, inunda el mundo con su propia belleza y realza en cada hoja y en cada flor, todos los delicados tonos de colores; de modo que el amor puro que brota del corazón de un hombre liberado, vierte su tierna luz sobre todos; y a la luz de ese amor se revela toda la belleza oculta de carácter, la fortaleza y belleza de pensamiento y sentimiento, ante los amorosos ojos del amor perfecto. Pero tal amor significa una total ausencia de gustos y aversiones. No existe ni atracción ni repulsión. La expresión de tal amor debe, necesariamente, ser tan diversa como los seres humanos que lo reciben.” “Siéntete realmente en comunicación con la naturaleza, no atrapado verbalmente en su descripción, sino siendo parte de ella, sé consciente, siente que perteneces a todo aquello, siéntete capaz de tener amor por todo eso, de admirar al ciervo, la lagartija en la pared, la rama caída que yace en el piso. Mira la estrella matutina, o la luna nueva, sin palabras, sin siquiera decir cuán bella es, y dándole la espalda, atraído por otra cosa, pero observa esa simple estrella y a la nueva y delicada luna, como si fuera por primera vez. Si hay tal comunión entre tú y la naturaleza, entonces te sentirás unido con el hombre, con el joven sentado a tu lado, con tu educador, o con tus padres. Hemos perdido todo sentido de relación en el que hay no sólo una afirmación verbal de afecto e interés, sino también este sentido de comunión que no es verbal. Es un sentido de que estamos todos juntos, que todos somos seres humanos, que no estamos divididos, separados, sin pertenecer a ningún grupo o raza en particular, o a algún concepto idealista, sino que todos somos seres humanos, todos vivimos sobre esta extraordinaria y bella tierra.” Entonces lo ojos pueden estar viendo algo, pero la mente ve mucho más, y esto se puede extender muy lejos. No sabemos cuánto, porque jamás antes hemos experimentado algo similar. Meramente prestar atención, sin pensar respecto a esto o aquello, sin ninguna intención, no es fácil. Nos hemos acostumbrado demasiado a inventar o a imaginar con nuestros pensamientos, cosas que vemos o que no vemos. Ciertamente, el proceso mental continúa incesantemente incluso cuando dormimos. El sueño profundo sin ningún pensamiento, no es fácil que un adulto lo experimente. Los niños, naturalmente, pueden no tener pensamientos complicados; cuando duermen, duermen. Pero esto no le ocurre a las personas que tienen numerosas atracciones y observaciones mentales durante su vida. Pero aunque sea por unos pocos minutos, si una persona observa serenamente sin decir nada internamente respecto a lo que ve, comienza a ver más y más, de lo que no es usual. Por ejemplo, al ver una hoja, un fruto, un rostro, comienza a ver lo que no percibía. El mundo está lleno de cosas imperceptibles, incluyendo los árboles, los animales, las aves y el cielo. Cuando una persona mira cualquiera de estas cosas que lo rodean, o tan plenamente como es posible, sin llegar a conclusiones, ideas, etc., ve lo que la mayoría de las personas no ve. Un árbol puede estar frente a nuestra casa, y lo ‘miramos’ constantemente, pero toma una nueva vida cuando lo vemos con una mirada real, una mirada que no está afectada por pensamientos o cosas anteriores. Entonces todo el mundo de la Naturaleza aparece diferente, incluyendo a los seres humanos que pensamos que son las únicas cosas importantes. De ahí la afirmación en sánscrito: Satyam, Sivam, Sundaram, verdad, bondad y belleza. Cuando una persona despierta, ve de modo diferente, lo que ve es verdadero. Esto no sólo es importante para ver lo que existe en la Naturaleza; por supuesto que en la Naturaleza vemos cosas que nos gustan y otras que no. Pero ver realmente significa que no existen gustos y aversiones, especialmente cuando vemos otros seres humanos con quienes existe un contacto diario. Uno puede tener prejuicios contra un hombre negro, o uno blanco, pero todos esos prejuicios desaparecen, ya no existen. Esto se explica con algunas pinturas que muestran cosas ordinarias como un rostro o una sombra, pero que hay una luz que las impregna. Es lo que hace valioso al arte. Beethoven parece haber dicho que oía música que otros no podían escuchar, porque procedía de otra esfera, y trató de bajarla al nivel físico. Algunas de sus grandes obras sorprendieron a la gente por lo novedoso en ellas. Ocurre lo mismo en todo el arte valioso de cualquier país, que baja al nivel común algo extraordinario de mundos y esferas más sutiles. Si sólo pudiéramos ver la realidad, cada rostro, cada ser humano aparecería diferente porque uno no ve sólo lo que aparece al observador común, sino la gran realidad subyacente, oculta detrás de la apariencia externa. Una persona simple, sin cultura, se la ve no sólo como es, sino como lo que será, un ser bello, lleno de luz y sabiduría. Este es el futuro. Una mirada limpia lo ve, y esta es la razón por la que, a las personas con tal mirada, se les llama videntes. ¿Qué hay más allá de todo esto? Allí, tal vez podemos ver la belleza, la bondad y la verdad iluminadas, pero no en una proporción infinita. Los perceptores iluminados, los verdaderos videntes, no viven en el tiempo. Ven el pasado, el presente y el futuro como una realidad gloriosa, donde todo lo del pasado se ilumina de un modo que no comprendemos. Existe un tiempo maravilloso para todos nosotros, y debemos trabajar por ello. Quienes no están conscientes en ese grado, sólo ven algo del pasado y del presente, pero los iluminados también ven todo como será. Cuando observamos el capullo de una bella flor, ya tenemos en nuestra imaginación aquello en lo que se transformará, entonces cuidamos el pimpollo, lo nutrimos y lo cuidamos hasta que se desarrolla plenamente.
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