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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 132 - Número 4 -  Enero 2011 (en Castellano)

 
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 La ley natural y la individualización

 

 

G. MURALIDHAR

El Sr. G. Muralidhar es miembro de la Rama teosófica Olcott, en Machilipatnam, India.

 

   La Naturaleza gobierna el universo. La Teosofía afirma que los fenómenos observables externos derivan de propósitos internos que no son medibles u observables directamente; sea lo que fuere que la ciencia contemporánea plantee como hipótesis sobre el origen del universo y de la vida, el universo está aquí y la vida apareció de algún modo en él.

   Por cierto, la ley natural no es nada más que ciencia. La ley natural se interesa en tratar de explicar el ‘cómo’ de esas realidades, la Teosofía lo hace con el ‘porqué’.

   Tres hipótesis sobre la naturaleza del universo y del origen de la vida se han considerado seriamente: Primero, todo es el resultado del azar, una ‘concurrencia fortuita de átomos’; es decir, el universo es una anarquía sin organización, y la vida humana es un accidente. Segundo, el universo es el producto de una ley natural inexorable, sin opciones ni libre albedrío, con sólo la apariencia de elección o eventos al azar, porque los resultados de la ley natural (incluyendo seres vivos) pueden ser tan complejos que parecen caóticos. Tercero, el universo es una organización ordenada con precisión, creado por una inteligencia primordial que funciona según leyes bien definidas, en las que los seres vivos tienen libre albedrío para tomar decisiones porque son expresiones de esa misma inteligencia primordial, que llamamos divina. La hipótesis de un universo que combina la ley y la elección, por otra parte, provee una base segura para una vida productiva y satisfactoria. La ley implica orden y la elección implica propósito.[1]

   Platón (el maestro de Aristóteles) enseñó que el universo, o la forma de las cosas son auto-existentes y no dependientes de objetos de los sentidos particulares e incluso cambiantes. De aquí que, a diferencia de Aristóteles, Platón habló sobre la existencia de ‘universales no comprobados’. (Aristóteles, el filósofo griego, observó que nada universal existe separado de los objetos individuales, es decir, son ‘universales comprobados’). En otras palabras, Platón creía en la existencia de ideas universales, que según él, tienen una existencia independiente propia y pueden o no, reflejarse. [2]

   Podemos tomar un ejemplo hipotético de bondad. El ideal y la idea de ‘bondad’ existen por sí mismas, aunque la gente no lo muestre. Supongan que encontramos que a fin de justificar cierta proposición X, damos la razón Y, pero la validez de Y, se puede probar a su vez al dar la razón Z. Para justificar Z, tenemos que dar otra razón P, y así sucesivamente.[3]

   En la Sección 14 de La Doctrina Secreta, bajo el título ‘Dioses, Mónadas y Átomos’, Blavatsky dice: “Todo Átomo se vuelve una unidad compleja visible (una molécula), y una vez que es atraída a la esfera de la actividad terrestre, la Esencia Monádica, al pasar por los reinos mineral, vegetal, y animal, se convierte en hombre.”[4] Nuevamente en la misma página: “Dios, la Mónada y el Átomo, corresponden al Espíritu, la Mente y el Cuerpo en el hombre.”4

   En la visión teosófica, la materia o la Mónada no es sólo lo físico que vemos, sino que se da en gradaciones que se inter-penetran. Aunque a menudo llamamos a estos varios grados de materia mónada, no están en capas. También se puede pensar en ellos como ‘campos de fuerza’ o ‘dimensiones de la realidad’. Los varios estados de materia son energías co-existentes. El proceso en ciclos de estas unidades continúa por siete Rondas completas en la totalidad de los siete centros de consciencia planetarios, y cuando los siete concluyan se obtendrá tanta perfección como sea posible en el inmenso periodo ocupado. Esta cadena o masa de ‘globos’ a su vez morirá para dar nacimiento a nuevas series.

   Cada uno de los globos los usa la Ley evolutiva para el desarrollo de siete razas y de sentidos, facultades y poderes apropiados a ese estado de materia; es necesaria la experiencia en la totalidad de los siete globos o planos para lograr un desarrollo perfecto. Por consiguiente tenemos las Rondas y las Razas. La Ronda es el ciclo de los siete centros de consciencia planetaria; la Raza, el desarrollo racial en uno de estos siete. Existen siete razas para cada globo o plano, pero el total de cuarenta y nueve sólo constituye siete grandes Razas.[5]

   El Ego interno o Mónada, que reencarna, al tomar un cuerpo tras otro, almacena las impresiones de una vida tras otra, gana experiencia y la agrega al Ego divino, sufre y disfruta por un inmenso periodo de años, es el quinto principio manas, que no está unido a buddhi. Esto es la individualidad permanente que le da a cada hombre el sentimiento de ser él mismo y no otro.

   Como un chorro de agua, la individualidad se produce por la cuenca ascendente de la vida inferior, y la cuenca descendente de la vida divina, como respuesta. El proceso de individualización, por medio del cual una entidad encarnante separada llega a la existencia, marca una transición de la consciencia colectiva relativamente simple, del reino animal, a plena auto-consciencia y la formación del alma humana o individualidad. Y aunque esa alma humana individualizada no puede regresar nunca al reino animal, aún es un grito lejano de la total libertad que es su destino final.

   La entrada al reino humano es un gran paso hacia la responsabilidad en el viaje evolutivo. El individuo gradualmente asciende, lenta y dolorosamente, paso a paso, aprendiendo una lección tras otra en la escuela de la vida. La inteligencia aparece bajo el estímulo del deseo, fortalecida por la memoria de su gratificación. Gradualmente, aprendemos que vivimos en un mundo de leyes naturales. Experimentando placer cuando esas leyes naturales se obedecen, y dolor cuando se ignoran. Los Grandes Maestros, que se encuentran tan lejos de nosotros en la evolución, como lo estamos nosotros de los animales superiores, también vienen a lo largo de la historia para ayudarnos en nuestra evolución y para ayudarnos a distinguir entre lo recto y lo incorrecto, es decir entre lo que es sabio porque fluye con la corriente de la evolución y lo que es carente de sabiduría porque no está en ese flujo, sino que se opone a él. Ellos hacen esto, en parte presentándonos los principios fundamentales de la Sabiduría Antigua, que llamamos Teosofía.[6]

 

 

Referencias

[1] Algeo, John, Teosofía: Curso de estudio introductorio; Online: Lección 10.

[2] Theosophical Movement, Bombay, Enero 2009, pag. 94-5.

[3] Ibid.

[4] La Doctrina Secreta, Vol. I, punto 3, Adyar 6-vol. Edit. P. 344.

[4]  Ibid.

[5] Judge, W. Q., El Océano de la Teosofía, Bombay, 1969, p. 27.

[6] Algeo, John, Teosofía: Curso de estudio introductorio: Lección 10.

 

 

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