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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 132 - Número 3 -  Diciembre 2010 (en Castellano)

 
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La ST como una Sociedad

profundamente humanitaria

 

 

LINDA OLIVEIRA

 

La Sra. Linda Oliveira es la Vice-Presidenta internacional de la Sociedad Teosófica.

 

 

   Si hacemos la pregunta: “¿Cuál es el propósito esencial de la Sociedad Teosófica?”, podemos encontrarnos con una diversidad de respuestas. Su razón de ser se describe de diferentes modos, a menudo con referencia a los tres Objetivos de la Sociedad, o en términos de hacer la Teosofía conocida al mundo, pero no tan frecuentemente en términos de humanitarismo. Sin embargo, el hecho es que un hilo que se mueve -tanto en nuestros Objetivos como en las enseñanzas teosóficas- es la condición humana, con todo lo que esto implica, y su significado dentro del contexto más amplio del cosmos.

   El término “humanitaria” denota eso en lo que se interesa, o que busca promover el bienestar humano. A su vez, bienestar se refiere a tranquilidad, felicidad, salud y prosperidad. Encontramos la disciplina de Estudios Humanitarios floreciendo en el ámbito académico de la actualidad. Mientras que el humanitarismo y el bienestar se entienden comúnmente en términos más materiales, el estudiante teosófico podría responder que los humanos son multi-dimensionales, con el panorama de nuestra consciencia todavía a revelarse. Por lo tanto una organización tal como la Sociedad Teosófica ayuda profundamente a nutrir el humanitarismo ideal. La ST está interesada, no simplemente con el bienestar en el sentido en que se lo entiende comúnmente, sino con el bienestar de la humanidad en un nivel esencial, de modo que realmente emerja desde el interior hacia fuera y sea más perenne.

   Observando al mundo actualmente, sería difícil negar que la humanidad, como una colectividad, esté aquejada de problemas. Mientras las cosas buenas suceden regularmente en el mundo y en las vidas de las personas, aunque a menudo no se hacen conocer, Buddha fue probablemente el ser supremo que diagnosticó la condición humana al individualizar el problema esencial humano, el sufrimiento. Por supuesto, las respuestas al sufrimiento varían enormemente. Algunas personas pueden estar tan mal desde el punto de vista material, que no piensan en nada más allá de su próxima comida. Algunos pueden sumergirse en su sufrimiento mental y emocional, inconscientes de que puede ser aliviado, o realmente no quieren hacer nada al respecto. Algunos pueden depositar la responsabilidad para el alivio de su propio sufrimiento fuera de ellos mismos. Otros pueden seguir los senderos de una de las grandes tradiciones religiosas para examinar el significado de la vida. Otros pueden elegir buscar las enseñanzas de la Sabiduría Antigua, que ayuda a colocar el sufrimiento diario, en un contexto más amplio y sano.

   La pregunta que se debería hacer es: ¿Qué ofrece la ST como ayuda para mejorar la condición humana? Exploremos una selección de elementos profundamente humanitarios, tanto de la Sociedad Teosófica como institución, como de esas enseñanzas de las que es colaboradora.

 

La ST, sus dimensiones humanitarias

 

   El principio de Unidad sustenta el Primer Objetivo de la Sociedad. Es una gran expansión para el aspecto analítico de nuestra mente asimilar realmente la enseñanza que el universo es Algo, Uno, Consciente. Geoffrey Farthing explicó en cierta oportunidad que este Uno no es una entidad dentro del cosmos, sino que es el cosmos mismo. Se deduce, por lo tanto, que somos el cosmos.

   El elemento humanitario de nuestro trabajo esencial es bastante sorprendente. Por supuesto incluye entre otras cosas nuestro Objetivo primero y fundamental. Este Objetivo se enseña basándose en el principio de la Unidad. Es fácil tratarlo superficialmente, simplemente reconociendo que crea un lindo ideal. Pero la Fraternidad, sin tener en cuenta diferencias, es el corazón del trabajo de la Sociedad y por lo tanto es, o debería ser, su fuerza energizante esencial. Podemos considerarla como el fohat de la ST, ese principio que une a los miembros y los impulsa hacia adelante. La Fraternidad es tan efectiva como la seriedad del intento de sus miembros de hacerla renacer en la vida, realmente.

   Es bueno rever Las Cartas de los Maestros a A. P. Sinnett y recordarnos la visión de la Sociedad que fue sostenida por los Maestros espirituales que estaban detrás de su formación. El inglés, Sr. Alfred Percy Sinnett, no le dio una prioridad especial a la fraternidad, lo cual podemos considerar como el corazón humanitario del trabajo de la Sociedad. Uno de los Mahatmas respondió: “usted siempre ha menospreciado la idea de una Fraternidad universal, ha cuestionado su utilidad, y ha aconsejado remodelar la ST basada en el principio de una universidad para el estudio especial del ocultismo. Esto, mi respetado y estimado amigo y Hermano, nunca sucederá! Aquí tenemos una afirmación inequívoca.

   Otra figura importante en los primeros días de la ST fue Damodar Mavalankar. Él le escribió una carta a A. P. Sinnett en 1881, que aparece en Las Cartas de los Mahatmas, corrigiendo el énfasis personal en relación con el trabajo de la Sociedad, enfatizando el “amplio principio Humanitario de la Fraternidad Universal” (podemos notar la palabra “humanitario” aquí) y mencionando que el mundo no estaba preparado para escuchar la verdad sobre el conocimiento oculto sagrado. Un poco más tarde en la misma carta al Sr. Sinnett, Damodar agregó: “Necesitamos hombres de principios y de propósito serio”. Un individuo de principios le permitirá a los preceptos que gobiernan su vida, trabajar activa y rápidamente cuando sea necesario. Existe una relación estrecha entre tener principios y ser un humanitario. Podemos inferir razonablemente que una persona de “propósito serio” tiende a evitar una vida de egoísmo mundano y es posible así tener un interés muy real en el mundo que está más allá.

   Uno de los pasajes citados a menudo al Sr. Sinnett por uno de los Mahatmas refuerza fuertemente la esencia humanitaria de nuestro trabajo:

 

… quienes se unen a la Sociedad con el único objetivo egoísta de alcanzar poder, haciendo de la ciencia oculta su único, o incluso, su principal objetivo, es mejor que no ingresen a ella, están destinados a la decepción… Se debe a que predican demasiado de “los Hermanos” y muy poco si acaso de la Fraternidad, que fallan… (y más aún). Es sólo a aquél que tiene el amor a la humanidad en su corazón, que es capaz de comprender totalmente la idea de una Fraternidad regeneradora práctica, a quien se le permite poseer nuestros secretos… Un hombre que no pone el bien de la humanidad sobre su propio bien no es digno de ser nuestro chela, no es digno de tener más conocimiento que su semejante. (Carta Nº 33).

 

   Esta afirmación aísla una comprensión real del humanitarismo, expresada en términos de una Fraternidad práctica regeneradora, como la clave de la posesión de Sus secretos. No se aclara más que esto. Tal comprensión es la progenie de un corazón egoísta y de una mente religiosa.

   Además del Primer Objetivo, también podemos considerar ciertas dimensiones humanitarias del Tercer Objetivo de la Sociedad Teosófica: “investigar las leyes inexplicadas de la Naturaleza y los poderes latentes en el ser humano”. La investigación a fondo con un espíritu generoso, antes o después, nos ayudará a percibir ciertos poderes dentro nuestro. Pero más que ser desconocidos o incluso secretos, algunos de estos poderes pueden realmente tener cierto grado de familiaridad con nosotros, con matices humanitarios distintivos. Varios poderes latentes pueden ser sinónimo de ciertas cualidades de nuestra naturaleza interna. Por ejemplo, el aspecto búdico de nuestra consciencia puede manifestarse por medio de los poderes de la compasión, del discernimiento espiritual -que nos ayuda a saber cómo actuar de modo humano- y de la consciencia. Más aún, la dimensión humanitaria de nuestra naturaleza Âtmica puede manifestarse por medio de la voluntad universal que se expresa por acciones dirigidas intencionalmente hacia lo Bueno, y del silencio, que permite una comunión profunda con otros.

 

 

El Humanitarismo en las enseñanzas teosóficas

 

   Ahora llegamos a las enseñanzas teosóficas y a algunas de sus dimensiones humanitarias.

   En primer lugar, a veces se hace diferencia entre la Teosofía primaria y secundaria. La Teosofía primaria puede considerarse como un estado transformador, dinámico e incluso eléctrico, algo a lo que podemos aspirar, que nos lleve inexorablemente hacia ella y que no se puede limitar con palabras. Por otra parte, la Teosofía secundaria es un término aplicado a veces a las enseñanzas teosóficas. En su libro Formar un Núcleo, el Dr. Hugh Shearman reafirmó y comentó que “es de poco mérito si (las enseñanzas) no infunden algo del espíritu primario de la Teosofía, la sabiduría dinámica, inmemorablemente antigua, y sin embargo siempre nueva”. En quienes son profundamente sabios, comentó, la Teosofía se mostrará principalmente en “la belleza de toda su vida, la claridad perfecta de su propósito, la total corrección de su relación con todo otro ser”. Por lo tanto las enseñanzas de la Sabiduría ayudan a señalar el camino hacia el florecimiento interno de nuestra humanidad, manifestándose como relación correcta bajo toda circunstancia.

   Se ha dicho que se puede arrojar comprensión a los problemas de la vida si se examinan a la luz de las Tres Proposiciones Fundamentales que encontramos en La Doctrina Secreta. Las Proposiciones hacen referencia respectivamente a la Unidad, a la periodicidad, a nuestra identidad con nuestra Fuente, y al regreso a ella. Podemos plantear varias preguntas a fin de deducir las implicancias de estas proposiciones. Por ejemplo, ¿qué luz arrojan sobre las relaciones, tanto microcósmicas como macrocósmicas? ¿De qué modo podrían inspirarnos para abarcar la Unidad de la vida, para vivir del modo más compasivo posible?

   Es bien conocido que la Sra. Blavatsky identificaba la Teosofía con el altruismo. Ciertamente, tal vez todos los estudiantes serios de Teosofía tienen algo en común, cierta obligación “dhármica” colectiva, que es traer un espíritu altruista a sus acciones en el mundo. Las enseñanzas teosóficas sugieren que nuestras acciones humanas en niveles más sutiles son mucho más potentes que las acciones físicas. El potencial para el altruismo por lo tanto, se mueve por todos los campos de nuestro ser, por nuestras palabras, acciones, pensamientos, y por nuestras aspiraciones más elevadas.

   Se dice que el proceso de evolución de un ser humano es de proporciones épicas, abarca un periodo impresionantemente largo y numerosas vidas. Esas enseñanzas que tratan con la evolución nos invitan a considerar el vasto panorama de nuestra propia humanidad, incluyendo el desarrollo de varias etapas de desarrollo. Una apreciación genuina del hecho de que la evolución es lenta, y una mejor comprensión de la extensión de todo el proceso que se ha de desplegar durante el viaje humano, puede ayudar a que seamos significativamente más tolerantes hacia los demás.

   En relación a las condiciones humanas como fueron diagnosticadas por Buddha, Geoffrey Farthing observó que el sufrimiento inevitablemente se produce en un individuo o en un grupo cuando actuamos contra la ley natural o contra la ley más íntima de nuestra propia naturaleza. Con un examen más minucioso, esta afirmación es profundamente humanitaria, pero en una forma que agrega algo más al humanitarismo de como se lo comprende comúnmente. ¿Por qué? Porque enfatiza que nuestro bienestar esencial no depende de la benevolencia de algún agente externo. Cuando actuamos de modos ajenos a la armonía con nuestro dharma o con nuestra naturaleza esencial, entonces inevitablemente resulta en sufrimiento. Pero cuando actuamos armónicamente, entonces no causamos sufrimiento, ni a nosotros ni a otros. Se deduce que podemos curar nuestro propio sufrimiento, que el antídoto está dentro de nosotros!

 

 

La sociedad actual y el ideal humanitario

 

   Actualmente, en todo el mundo, las fuerzas que están trabajando contra el humanitarismo son muchas y variadas. Por ejemplo, el yo personal está glorificado en la cultura global de la corriente dominante. La mente hace crecer y cultiva vigorosamente por cierto nuestro sentido de un yo personal. Como la Sra. Blavatsky escribió en La Doctrina Secreta:

 

Un gran intelecto y demasiado conocimiento son un arma de doble filo en la vida, e instrumentos del mal tanto como del bien. Cuando se combinan con la carencia de Egoísmo, hacen de toda la Humanidad un taburete para la elevación de aquél que los posee, y un medio para lograr sus objetivos; mientras que aplicados a propósitos humanitarios altruistas, pueden volverse el medio de la salvación de muchos. (DS II, Stanza VII)

 

   Podemos ser prisioneros de nuestra propia mente y aún así estar totalmente inconscientes de este hecho, como lo expresa este breve relato:

 

Estás demasiado orgulloso de tu inteligencia”, dijo el Maestro a un discípulo.

 

“Eres como el condenado, que está orgulloso de la grandeza de su celda”.

 

   Hace unos pocos años, en un boletín informativo, apareció un artículo sugiriendo que la raza humana ha llegado a un cruce de caminos peligroso, que hemos aumentado nuestro conocimiento a un ritmo fenomenal, pero no nuestra sabiduría. El escritor, Dr. R. S. McCoy, observó que estamos “luchando para mantenernos a flote en un mar de crisis, no siempre conscientes de que nuestro mundo se derrumba y nuestra humanidad oscila”, conmovedoras palabras y un desafío aleccionador.

   Una psique sacudida constantemente por las atracciones mundanales, algunas importantes y otras no, no contiene el espacio interior necesario por medio del cual uno puede abrir un portal para acceder a la naturaleza interior. Nuestra propia humanidad más elevada no puede ser develada si la mente está constantemente llena. Una mente que permanece calma e intocada por el mundo, y sin embargo, al mismo tiempo está genuinamente interesada en él, es una mente humanitaria.

 

 

Humanitarismo, un nuevo nivel

 

   El aspecto humanitario de la ST, y de las enseñanzas de las que es una colaboradora, es vívidamente destacado cuando miramos las vidas de algunos de sus miembros más sobresalientes. Por ejemplo, consideren a la Dra. Annie Besant. Ella fue tal vez una de las grandes feministas que el mundo produjo en tiempos modernos. Trabajó incansablemente por una mayor libertad y justicia en muchas áreas: ciencia, matrimonio, maternidad, condiciones laborales, la ley, religión, control de la natalidad, pobreza, educación y política. Sus esfuerzos también resultaron en la fundación de la Orden Teosófica de Servicio.

   Igual que existe una diferencia entre la ecología ordinaria, y la ecología profunda en la actualidad, también podemos pensar en términos de humanitarismo ordinario y humanitarismo extraordinario. La semilla de este último yace en lo profundo de nuestro interior, y ningún agente externo puede absorberlo por medio de algún tipo de ósmosis. En su forma más elevada manifiesta como una sensibilidad exquisita hacia la humanidad, una sensibilidad que nace de ahimsâ, una mente noble, un amor generoso.

   Muchos humanitarios han tenido gran influencia en el bienestar físico humano y tal trabajo todavía es sumamente necesario. Pero incuestionablemente, los humanitarios más grandes de toda la historia han ido más allá, practicando activamente la no violencia en todos los campos de su consciencia, en el proceso de ayudar a “la pobre y huérfana humanidad” a reconectarse con su línea de sangre espiritual. Esto se debe a que cuando la mente y las emociones no son violentas una iluminación natural y sutil está presente, y puede ayudar a elevar a otros. Individuos excepcionales ayudaron a iluminar el camino de quienes son receptivos. Con el pasar de los años, los fundadores de la ST, y muchos de nuestros líderes, se destacan entre ellos.

   Concluyamos con una afirmación conmovedora de uno de los Mahatmas, cuando comentó acerca de su Hermano que estaba en un retiro. Esta afirmación capta el alma del humanitarismo. Es una súplica sincera para que la no violencia se practique hacia los demás. El mundo se revolucionaría totalmente si cada ser humano tuviera tal actitud hacia los otros. La bella afirmación referida, en unas pocas y simples palabras, que aparece en Las Cartas de los Mahatmas, es la siguiente: “Yo no permitiría ni siquiera al viento del desierto que escuchara el susurro de una palabra dicha contra él”.

 

 

Referencias

 

Barker, A. T. (transcr. & comp.) Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett, TPH, Filipinas, 1993.

Blavatsky, H. P., La Doctrina Secreta, vol. II, TPH, Adyar, 1979.

de Mello, Anthony, Un Minuto de Sabiduría, Gujarat Sahitya Prakash, Gujarat, 2008.

Just Commentary, Movimiento Internacional por un Mundo Justo, vol. 5, nº 1.

Shearman, Dr. H., Formar un Núcleo, TPH, Adyar, 1959.

Leslie-Smith, L. H. (ed.), La Llama Universal, TPH, Adyar, 1975.

 

 

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