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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 132 - Número 1 -  Octubre 2010 (en Castellano)

 
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Clifford Bax y la Teosofía

 

 

ALAN SENIOR

 

El Sr. Alan Senior da conferencias extensamente sobre Arte, Música, y Teosofía, y es el Editor de Circles, la revista de la Sociedad Teosófica en Escocia.

 

   Como muchos ingleses de clase media, nacido a finales de la era victoriana, el poeta, dramaturgo, libretista, traductor, crítico y ensayista, Clifford Bax (1886-1962) fue impactado (si me perdonan el juego de palabras sobre alguien que estaba obsesionado con el juego de cricket) por los escritos de W. B. Yeats (teósofo en algún momento), y George William Russell, o AE (artista, místico, poeta, agrónomo y teósofo de por vida).[1] Bax dijo que AE presentaba más claramente que Yeats, una descripción de la vida como la aventura de un ser espiritual e inmortal, pero que su propio encuentro inicial con las doctrinas de la Teosofía moderna no fueron estimulantes, porque las encontró frías y mecánicas.

   Un estudio más minucioso resultó en un efecto más positivo, y declaró:

 

Tres ideas forman la base de la Teosofía: que detrás del universo multitudinario y efímero existe una consciencia eterna, que los hombres viven muchas vidas sobre la tierra, y que las acciones de nuestra vida determinan los hechos de la próxima. AE le otorgó a esta opinión color y realidad. Se refirió a ella no como si fuera una teoría, sino un hecho… No conozco a ningún poeta que comunique tan convincentemente como AE, un sentido de visión interior y de éxtasis que lo acompaña… si existe un mundo interior, del que este mundo físico es una imagen torpe, el deber de todo hombre es explorarlo y hacerlo conocer.[2]

 

   De modo que a los diecinueve años, Clifford Bax estaba leyendo Isis sin Velo y los Upanishad-s, viendo que la búsqueda más importante de la humanidad era ‘trascender el egoísmo y volver a la esencia de todas las cosas’. Pero era crítico, y algunos de sus comentarios reflejan que al igual que muchos de nosotros descubrimos la Teosofía con dicha y maravilla, hay otros, particularmente escritores y artistas, que luchan con el estilo de escritura usado por los teósofos pioneros. Bax dijo:

 

Me sumergí en la literatura teosófica. Parecía como un mapa en un laberinto, (yendo) bajo la superficie de los asuntos humanos, y (mostrando) orden debajo de la confusión… y si el nacimiento y la muerte no son límites, ningún tratamiento local curará el problema del hombre. La antigua teoría del karma, supongamos que fuera verdad. ¿Y si el sufrimiento y la dicha fueran como el debe y el haber en un libro bancario, avanzando página por página, de una vida a otra? ¿Y si el deseo es ciertamente la raíz de todo dolor? … Ingresé a la Sociedad Teosófica esperando que elevara la tierra al cielo… y lejos de discernir qué poco la Sociedad Teosófica tiene la posibilidad de afectar al mundo, pensé respecto a ella como la semilla de mostaza bíblica, e imaginé cuán a menudo y cuán sin importancia, los romanos debieron haber despreciado al Cristianismo… Sin embargo, a fin de absorber la doctrina tuve que tragarla con esfuerzo, porque estaba presentada de modos repelentes. Encontré que Blavatsky era una escritora intolerable, difusa, petulante, tediosamente polémica. Sinnett usaba un vocabulario con palabras muy largas que revelaba una total anestesia a la belleza. Leadbeater proveía descripciones rarísimas de estados super-físicos, y hacía que resultaran totalmente desagradables, marinando sus páginas con moralizaciones aceitosas y vulgares. Considera el mundo como su escuela Dominical. De sus trabajos, y de los de muchos otros, extraje, sin embargo una interpretación del sueño del hombre que la gente, todavía pienso, desecha muy displicentemente sin examinarlo (Inland Far, p.113-15).

 

   Podemos ver de estas afirmaciones por qué Clifford Bax escribió poemas bajo la influencia de Yeats y de la filosofía Vedânta, y por qué eligió actuar sobre las críticas palabras de AE, que le dijo un día:

 

He comenzado a perder las esperanzas de algún amor genuino por el arte místico o la poesía, o por cualquier tipo de imaginación espiritual, entre los teósofos. Están en un estado mental que sólo puedo describir como el devachan de un conferencista secular, donde todas las cosas celestiales son juzgadas por la razón y la moralidad, y los débiles caballos de las emociones son llamados severamente al deber después de todo pronunciamiento moral. (Inland Far, p.142)

 

   Entonces en 1907 Bax decidió difundir el mensaje teosófico publicando una revista cuatrimestral que revitalizaría las artes, relacionándolas con el pensamiento profundo de la Teosofía, mientras le daba una forma estética. Él sintió que todo el arte debería elogiar a la vida, haciéndonos despertar a la belleza del mundo, o, de modo alternativo, de lo que fuera que el artista puede imaginar que yace más allá de él. AE, uno de sus colaboradores principales, consideraba el periódico como una empresa para “irrigar la Sociedad Teosófica con belleza”. Se llamaría ‘Transacciones del Círculo Artístico Teosófico’, y luego ‘Orfeo’, un título menos voluminoso, aunque ambos llevarían el subtítulo: ‘El Movimiento Artístico de la Sociedad Teosófica’. Los Objetivos del Círculo seguían de cerca el enunciado de los tres Objetivos de la Sociedad:

  1. Formar el núcleo de un movimiento internacional para exaltar los ideales del Arte;
  2. Estimular el estudio del arte internacional, y la inclusión afín de todos los métodos, occidentales y orientales, en la búsqueda de la Belleza;
  3. Investigar los medios por medio de los cuales se pueden descubrir modos de expresión más amplios, y los poderes latentes del artista manifestado.

   No podemos evitar sentir que Clifford Bax se excedió al hacer que los Objetivos del movimiento reflejaran tan precisamente como fuera posible, los Objetivos de la Sociedad matriz, cada uno comenzando con las palabras: ‘formar’, ‘estimular’, e ‘investigar’. El tema de la belleza se vio como esencial al arte, y la creación de ‘una atmósfera en la que el yo espiritual pueda respirar, deleitarse y crecer con fuerza’ persistió en las veintiséis publicaciones, que aparecieron desde 1907 a 1914. El grupo también expresó su aversión por el materialismo que constantemente encontraron en el arte contemporáneo. El hermano de Bax, el compositor Arnold Bax, también contribuyó con muchos poemas escritos bajo el seudónimo de Diarmid y Dermot O’Byrne.

   A pesar de la desazón mencionada, Clifford Bax sin embargo consideraba las doctrinas de la Teosofía como ‘el mejor diagrama del universo que el pensamiento humano concibiera’, viendo un espíritu dentro de todas las cosas, un espíritu de pura luz que, habiendo sido atrapado por la materia, “se manifiesta en millones de formas… eternamente buscando liberarse de la materia, y si esto no fuera así, la mente del hombre sería incapaz de concebir ideales o de albergar aspiraciones… Nace con un cuerpo muchas veces, y las acciones de una vida predeterminan las condiciones de otra” (Inland Far, p. 116). Pero él pensó que la presentación teosófica de la doctrina de karma era algo burda, y sólo sería totalmente comprendida ‘en su forma verdadera y simple’ en una etapa posterior de su desarrollo. Sin embargo, había absorbido totalmente la noción de la evolución del universo como se bosqueja en La Doctrina Secreta, y fue capaz de expresarlo tanto poética como brevemente:

 

Porque Brahmâ, que es puro espíritu, existe más allá de los confines del tiempo y del espacio. Y el universo es una emanación de Brahmâ. Como las aguas del mar llegan hasta la costa, y luego regresan a las profundidades, así manifiesta Brahmâ un universo material, y así lo hace ese universo, en el curso de edades incalculables, desapareciendo nuevamente en Brahmâ. Y después de eso ¿qué? Después de eso, Brahmâ imaginará otro universo, y, como Platón lo concebía, todo lo que había sucedido sucedería nuevamente… Porque el universo es una meditación divina, y su historia es sólo el sonido de la voz divina murmurando “Yo soy Yo”… Más aún, fue posible, por lo menos para el alma, entregarse a sí misma por medio del amor, de la caja de hierro del egoísmo en la que yace aprisionada, y así disminuir su propio dolor y el dolor del mundo. Porque el amor es un brillo del átomo divino. Cuando no está obstruido, por necesidad se muestra como amor universal, como el amor que le atribuimos a Cristo y a Buddha, viendo que surge de aquello que es universal en sí mismo: e incluso cuando está atenuado por los principios inferiores en el hombre, continúa radiando tanto como se lo permiten. Ciertamente, en cualquier nivel, el amor debe disminuir nuestro sentido de separación, de modo que el amor físico mismo es un flujo hacia otro objeto físico y representa momentáneamente ese éxtasis y olvido de sí que es el eterno estado de su prototipo. (Inland Far, p.116-17)

 

   El problema del egoísmo continuó ocupando sus pensamientos, sobre los que Cyril Scott también reflexionó en muchos de sus escritos:

 

Este sentido apasionado de la yoidad, es ciertamente, y siempre ha sido, la raíz de la infelicidad del mundo, pero si lo reconociéramos como sintomático de un estado grosero, primitivo, no desarrollado, no sería necesario que perdiéramos las esperanzas de su cura… Ser egoísta es como ser una criatura rudimentaria que no tiene ojos, porque el egoísta es ciego al hecho innegable de que todos los demás son tan reales como lo es él mismo: y puede ser que toda las personas estén destinadas a desarrollar cada vez más este reconocimiento que los demás son reales. Se nos dice que la Naturaleza ahora no tiene la posibilidad de crear ninguna especie física nueva, y tal vez la evolución operará en lo sucesivo en el reino de la consciencia… Cuando rompemos nuestro egoísmo innato, comenzamos a crecer, y tan pronto como otras personas se vuelvan reales para nosotros, estamos bien, en el camino hacia amarlos, y amándolos, viviremos no una vida sino cien vidas, y ya sea importando o recibiendo coraje e inspiración, viviremos con riqueza.[3]

 

   Clifford Bax consideró la astrología con poca seriedad, la que estaba bastante desacreditada a principios de 1900. Alan Leo, cuyo nombre real era William Frederick Allan, fue el más destacado astrólogo británico, que ayudó a fundar la Sociedad Astrológica de Londres en 1896, y estableció la Rama Astrológica de la Sociedad Teosófica, que aún hoy se reúne. Pero la vida de Leo, dijo Annie Besant, fue una larga lucha contra el prejuicio, la intolerancia y la ignorancia, con un constante acoso y ridiculización por parte de las autoridades, que lo llevó en 1917 a un juicio absurdo por ser astrólogo, bajo el cargo de vagabundo, en el que se lo trató como un ladrón común. Perdió el caso, fue multado onerosamente pero evitó ir a prisión, aunque probablemente esto contribuyó a su muerte en el mismo año. Bajo su influencia, Bax finalmente tuvo éxito en hacer su propio horóscopo y el de otros, estando cada vez más seguro que éstos eran descripciones confiables de carácter y actitud como mentor de Gustav Holst, cuyos estudios astrológicos llevaron a la composición de la Suite Los Planetas.

   Bax sintió también que su cerebro y por cierto cada parte de su cuerpo físico, eran instrumentos demasiado torpes y estáticos para el yo interior, y que él estaba constantemente empujando contra un impedimento material. Sin embargo, mientras trabajaba con esta ‘debilidad de la carne’, se dio cuenta que había momentos de iluminación en los que el mundo del pasado, presente y futuro, era un sueño, una ilusión, y que el alma, en esencia, no es un vástago del cuerpo en tiempo y espacio, sino una porción, una faceta o rayo de algo trascendental. Y siendo conscientes de que somos básicamente espirituales y en segundo lugar físicos, no hay necesidad de ser humildes por la grandiosidad e inmensidad del universo, porque en cada persona existe una imagen o encarnación del universo. Si la gente pudiera liberarse de la noción de que son objetos físicos, en los que surgió la mente, dijo, y por el contrario se concibieran a sí mismos en términos psíquicos, podrían entonces comprender los hechos desconcertantes de la astrología “porque entonces veríamos que en todo hombre existen principios que corresponden con los principios en el sol, la luna, y los siete planetas,[4] que estos, en verdad, son sólo otras proyecciones de lo que él mismo es una proyección: y de este modo podemos comprender, aunque no con total seguridad, el modus operandi de la influencia planetaria” (Inland Far, p.121-30).

   En Dublín, Bax visitó a AE y experimentó la plenitud de su sabiduría. Por ejemplo, cuando le preguntó por qué los antiguos egipcios, sabios y brillantes de modos diversos, adoraban a los gatos, a los toros y a las aves, AE le respondió haciéndose eco de su trasfondo y estudios teosóficos. Evitando como superficiales las explicaciones ancestrales y tutelares usuales, dijo:

 

Pienso que haciendo honor a estas diferentes manifestaciones de la vida, estaban reconociendo y adorando el misterio que se esconde dentro de todas las cosas. Ellos adoraban al Uno en los Muchos.

 

   En 1918 Bax conoció al ex teósofo, convertido al budismo bhikkhu, Alan Bennett, quien le ayudó a aclarar el problema del egoísmo que había ocupado constantemente su mente. Bennett le explicó la doctrina de la no-alma (anatta) que afirma que en una persona no existe nada que sea permanente… ningún principio eterno, ninguna esencia inmortal, todo está en un estado de movimiento. Pero, Bennett agregó que somos capaces de tener un sentido de identidad porque estos cambios son graduales. Sin embargo, nada permanece inamovible, una persona es una colección de fuerzas que se dispersan, en constante cambio. “No existe el yo, la yoidad es una ilusión,” dijo, “No existe nada dentro de ti que no esté en constante cambio. El universo está impregnado por el sufrimiento y hasta que hayamos disuelto nuestro egoísmo, no podemos cesar de oscilar entre el placer y el dolor. Si un alma ‘separada’ fuera absorbida en lo universal, ¿cuánto quedaría de ella como algo separado? El obstáculo existe en nosotros, en nuestro clamor frenético de algo perfecto y eterno, en un universo impermanente.”

   Bax se reunió nuevamente con AE veintisiete años después, en 1933 en Londres, oportunidad en que AE le habló de los primeros años de la Sociedad Teosófica, el sistema Yoga de Patañjali y la idea de que cada uno de nosotros es un fragmento o célula que pertenece a un alma grupo con la que tenemos afinidad. Le confió recuerdos de sus vidas pasadas en España, Caldea, Egipto e Irlanda. Un poco después, AE sufrió de una enfermedad que lo consumiría, e incluso en ese momento, cuando estaba muriendo, hablaba del karma, la reencarnación y de Patañjali con su médico. Bax dijo:

 

Fue uno de los hombres más gentiles, capaces y brillantes que he conocido, y aunque tenía algunas pequeñas vanidades, sólo lo hacían más adorable. (Ideas and People, p.239).

 

   Como Cyril Scott, Bax no era optimista con respecto al futuro de la humanidad, veía al auto-interés dominando en aumento las futuras generaciones, a medida que la religión organizada declinaba.

 

Es poco convincente e inútil, esperar que pueda haber un cambio en el corazón de la humanidad… Se ha vuelto más duro y grosero, año tras año: como si los hombres estuvieran diciendo, “No existe nada después de la muerte, y nosotros no somos seres espirituales. En consecuencia, debemos concentrarnos en el bienestar físico.”

 

   Pero también pensó que un cambio en el corazón puede producirse, si nos convencemos de la vida después de la muerte. “El futuro del mundo puede depender de los descubrimientos de la investigación psíquica”, pero “la comunicación desde un estado de ser diferente, es más difícil que hablar a larga distancia con un teléfono defectuoso a un detective sospechoso” (Ideas and People, p. 289-90). Pensó como anti-natural comunicar algo del otro lado de la muerte, pero sentía que si la supervivencia se hacía una realidad, inevitablemente haría que no nos concentráramos tan apasionadamente en el bienestar físico. Agregó que quizás no miraríamos al siglo veinte, como muchos lo hacen, como vivir en la Edad Oscura.

   Tales eran las ideas e influencias en la vida de este entusiasta y creativo pensador que buscó traer una nueva dimensión, basada en las artes, al movimiento teosófico británico, pero que también hizo un profundo estudio de la consciencia universal, de la conquista del yo y de las enseñanzas de la Sabiduría Antigua.

 

Notas

[1] AE tomó esas iniciales de una abreviación del término místico gnóstico Aeon: ‘una emanación lanzada por Dios para desempeñar ciertas tareas en el mundo material’. Su amplio conocimiento de la filosofía esotérica y de la mitología influyó a Yeats, y es famoso por su participación en el Renacimiento Literario Irlandés, a principios del siglo veinte, y por promover el movimiento cooperativo en la Irlanda rural. Pero entre los teósofos, tal vez es mejor conocido como escritor  de muchos artículos teosóficos y poesía mística, y como orador y defensor de la Teosofía, durante toda su vida.

[2] Bax, Clifford, Inland Far- A Book of Thoughts and Impressions, William Heinemann Ltd., 1925, p. 44,46.

[3] Bax, Clifford, Ideas and People, Lovar Dickson Ltd., 1936, p.242-44.

[4] Esto se escribió en 1925, antes del descubrimiento de Plutón.

 

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