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Vol. 132 - Número 1 - Octubre 2010 (en Castellano) |
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Sólo Uno, sin segundo: Ekam Evâdvitiyam
RAVI RAVINDRA
El Dr. Ravi Ravindra es Profesor jubilado, de Dalhousie University, Canada. Es autor de varios libros, incluyendo Yoga y la Enseñanza de Krishna.
La única comprensión fundamental dentro de la Verdad a la que toda la sabiduría de India señala, es la unidad de todo lo que existe. Esto no es ajeno a los sabios de otras culturas, pero en India todos los grandes sabios una y otra vez vuelven a esta percepción. Por cierto la realización de esta verdad es lo que define la grandeza de una persona en India. Aunque la verdad es fácilmente mencionada como Todo es uno, los sabios también dijeron que la realización de esta verdad en el corazón de nuestro ser puede tomar muchas vidas. Y la realización de esta verdad se sostiene como el propósito de la existencia humana. Todo el arte, la filosofía y la ciencia, si son verdaderos, reflejan esta visión y ayudan a su realización. Esta verdad se ha mencionado en miríadas de formas a lo largo de la historia de India. En el Rg Veda, el primer texto en cualquier lengua Indo-Europea, encontramos esto de forma cosmológica-teológica, ya que los diferentes dioses y fuerzas naturales se transforman los unos en los otros mutuamente.
Los sabios nombran de varias formas a eso que es Uno.[1]
En total verdad, ¡el Uno se ha convertido en todo el mundo![2]
En los Upanishad-s, la suprema identidad de Âtman y Brahman descubiertos en meditación, indica la unidad del nivel más profundo de una persona con el nivel más sutil del cosmos (y por lo tanto el más elevado). Las cuatro grandes palabras (Mahâvâkya-s) de la tradición Vedânta son: “Tú eres aquello” (tat tvam asi);[3] “Este Âtman es Brahman” (ayam âtmâ brhma);[4] “Yo soy Brahman” (aham brahmâsmi);[5] e “Inteligencia (percepción interna, sabiduría, consciencia) es Brahman” (prajñânam brahma).[6] Parte del título de este artículo, ekam evâdvitiyam (“sólo uno, sin segundo”), ha sido tomado del Chândogya Upanishad.[7] El Buddha recién enunció esta antigua verdad cuando dijo que todo el mundo, incluyendo todos los dioses y todos los demonios, se pueden descubrir en este mismo cuerpo. Mâra, la fuerza obstructora personificada, resultó ser una proyección de la propia mente de Buddha, no algo separado y apartado de él. Krshna dice en el Bhagavadgitâ (VII.19) que aquéllos que realmente saben, comprenden que todo lo que existe, es Krshna. Es una y la misma Energía divina que se manifiesta a sí misma en varias formas comprometidas en la maravillosa danza de Prakrti (Naturaleza, tanto manifestada como no manifestada). Con Nâgârjuna se expresa la misma realización, como una negación en la sutil doctrina de Sunyatâ (Vacío) con la insistencia de que nada aislado está carente no sólo de significado sino de cualquier realidad, sea cual sea. Esto se aplica a todo, incluyendo los opuestos clásicos de Nirvâna y Samsâra; de aquí la exuberante conclusión de Nâgârjuna que Nirvâna es Samsâra y Samsâra es Nirvâna. La misma verdad se expresa con Sankara como una afirmación positiva que sólo Brahman es real y que nada separado de Ello es irreal y por lo tanto no-existente. En nuestro mismo siglo, tenemos a Maharshi Ramana diciendo simplemente que “No existen los otros”, y J. Krishnamurti hablando sobre la unidad del observador y lo observado. Por un periodo de por lo menos cuatrocientos años, como lo acepta la cronología científica occidental, los sabios en India han dicho reiteradamente que existe una unidad subyacente en todo lo que existe, incluyendo lo que llamamos animado o inanimado, y que el cultivo de la sabiduría consiste en la realización de esta verdad. Las expresiones de esta percepción interna fundamental varían con el tiempo, pero los sabios dicen que la percepción en sí es una parte del Orden Eterno (Sanâtana Dharma). No sólo es coexistente con el cosmos, sino que provee su fundamento estable. La percepción unitaria de los sabios no es un asunto de universalizar o generalizar a partir de lo particular, por medio del razonamiento, la inferencia, la deducción o la inducción. Es primariamente un asunto de percepción, una visión real. Es una percepción interna basada en la percepción directa, no una conjetura o una abstracción sujeta a refutación o confirmación. Esta comprensión es posible sólo cuando nuestras puertas de percepción están limpias de todo temor y fantasía. La purificación de las percepciones no es lo mismo que una extensión cuantitativa de las mismas por medio de instrumentos científicos. Como lo afirmó simplemente William Blake, el mundo que el sabio ve no es el mundo que ve una persona común.[8] Requiere sacrificar el apego individual a estar separado del Todo. El sacrificio del ego separado es un sine qua non de esta percepción. Además de la carencia del yo (y la subsecuente ausencia de orgullo), y los sentimientos naturales de compasión y amor, que son propios de todos los sabios, no hay ninguna característica que necesite ser subrayada, y que rara vez se comente. Un sabio simultáneamente ve la unidad de todo lo existente y la unicidad de todo. No podemos ser inconscientes de la aparente paradoja implícita aquí. Sin embargo, hablamos sobre la experiencia de los sabios y no sobre las limitaciones de nuestra mente ordinaria. Es un hecho de su existencia y comportamiento que, en relación con otros, los sabios son conscientes de que cada ser humano es una manifestación de Una Energía Divina, pero que a la misma vez cada persona presenta un potencial único (y las dificultades particulares correspondientes) y es una expresión maravillosamente única de la Vastedad. Cada persona está relacionada con la unidad, pero ninguna persona es reemplazable por otra. Lo Uno es único en cada manifestación. A cada uno el sabio lo ve como unido con la Fuente y también como exclusivamente único. La percepción de un sabio es holística en el sentido que lo que se ve, se ve en su unidad con todo lo existente y en su unicidad. La unicidad está allí, incluso Krshna no podía reemplazar a ninguno de sus hijos, sino que se ve como grabado en la totalidad. La misma Energía divina se manifiesta en miríadas de formas y en diferentes niveles de consciencia y de ser, así como la misma luz del Sol se refleja de modo exclusivo en cada hoja y en cada gota de agua, formando maravillosas y variadas formas. La causa raíz de nuestro sufrimiento es nuestra alienación del Todo. Esta alienación está enraizada en el auto-centrismo, que a su vez está fundado en la ilusión de ser un yo separado con sus propios proyectos y propósitos separados de los del cosmos. Desde nuestra perspectiva, la separación parece ser obvia y sensata. Yo estoy aquí, tú estás allí. Tenemos un aspecto distinto y nuestras historias genéticas y culturales son diferentes, como lo son nuestros recuerdos y miedos. El sentido familiar que tenemos de estar separados los unos de los otros, también es una parte del Todo y necesita no sólo ser aceptado sino también comprendido. No es algo a eliminar, sino que a medida que vemos y comprendemos más sutil e inclusivamente, no nos apegamos a la visión parcial de división, viéndolo como la única realidad o incluso como un importante aspecto del modo que realmente es. El énfasis en entidades separadas es bastante funcional en el nivel ordinario de la existencia, pero ese aspecto no es la parte significativa de lo Real. El individualismo que presupone un yo aislado, lleva inevitablemente al egoísmo, la explotación y la violencia. Cualquier conocimiento o práctica que conduce a la eliminación de la ilusión de la separación está en la dirección correcta. La ilusión está sostenida por la ignorancia, por lo tanto lo que se necesita para liberarse de esa ilusión es conocimiento unitivo y percepción interna (vidyâ o jñâna o prajñâ). De modo que el énfasis en las tradiciones indias siempre está en el conocimiento, en contraste con las tradiciones bíblicas centradas en la fe. Sin embargo, es necesario subrayar que este conocimiento (jñâna) es muy diferente al conocimiento científico en su naturaleza y consecuencias. Por ejemplo, en jñâna no puede haber una separación entre el hecho y el valor porque la realidad factual de cualquier cosa es esencialmente una medida de su relación con la totalidad que le da su valor. También, en la ciencia, la cualidad del trabajo científico no depende de las cualidades humanas del científico. No se requiere que un gran científico como Newton posea gran generosidad, amor y auto-sacrificio. Por otra parte, si el Buddha es sabio o tiene jñâna, decir que no es compasivo sería un oxímoron. Reconocemos que el Buddha es sabio porque es compasivo y porque todo su ser, en comportamiento, pensamiento y palabras, ilustra que comprende la verdad de la unidad esencial de todo lo que existe. La verdad no es sólo un asunto de saber, sino de ser. Qué y cómo vemos y sabemos, y cómo actuamos, depende del nivel del ser de la persona, y revela el nivel de ese ser. Una comprensión de los niveles de la consciencia, del ser, de entendimiento, de claridad de percepción, es necesaria para comprender la percepción interna mística de la unidad esencial de todo lo que existe. El propósito de las disciplinas espirituales, tales como la Yoga, es la transformación de un ser humano a partir de la actual forma natural hacia la forma perfecta y genuina. El procedimiento de la Yoga corresponde al significado raíz de la palabra educación: ayuda a educir lo que en realidad ya está en nosotros, pero que no era perceptible en la forma sin pulir. La aparición progresiva de la Persona Real (Purusha) en un aspirante, es como liberar una figura de una piedra sin tallar. La práctica de la Yoga se relaciona con toda la persona, resultando en una renovación de mente, cuerpo y emociones; en pocas palabras, en un nuevo nacimiento. A diferencia de la escultura, la renovación implícita en la Yoga es esencialmente desde adentro hacia fuera, porque el yogui es el artista, la piedra y las herramientas. Pero una persona no crea el estado de libertad; si uno está adecuadamente preparado, y no insiste en poseer y controlar todo, podemos dejar que surja lo que está profundamente en nuestro interior, y ser poseídos por él. Continuando con el ejemplo de la Yoga, aunque estas afirmaciones se aplican mutatis mutandis a todas las disciplinas espirituales genuinas, ver con claridad y saber, son funciones del Purusha (la Persona Interior) y no de la mente. La mente está limitada a modos de juzgar, comparar, comunicarse, asociarse, imaginar, soñar, recordar, por medio de los cuales se apega a dimensiones de tiempo pasado y futuro. La mente con estas funciones y cualidades está limitada en posibilidades y no puede saber la verdad objetiva de nada. La mente no es el verdadero conocedor: puede calcular, hacer predicciones en el tiempo, inferir desacuerdos, aseverar con autoridad, hacer hipótesis o especular sobre la naturaleza de la realidad, pero no puede ver los objetos directamente, desde el interior, como realmente son. Para que suceda una apreciación directa, la mente, que por su misma naturaleza intenta mediar entre el objeto y el sujeto, se debe serenar. Cuando la mente está totalmente en silencio y alerta, tanto el sujeto real (Purusha) como el objeto real (Prakrti) se encuentran presentes simultáneamente: el observador está allí, lo que ha de ser observado está allí, y el ver ocurre sin distorsión. Entonces no hay comparación o juicio, no hay confusión, no se fantasea sobre cosas desplazadas en tiempo y espacio, no se dormita en desatención, y no se apega al conocimiento o la experiencia pasada; resumiendo, no hay distorsiones introducidas por los órganos de percepción, particularmente la mente, los sentimientos y los sentidos. Sólo existe el ver en el presente, el vívido momento en el eterno ahora. Ese es el estado de perfecta y libre atención; en este estado, el Observador ve por medio de los órganos de percepción más que con ellos. No es correcto decir que la Yoga no está interesada en el conocimiento de la naturaleza y está sólo ocupada del auto-conocimiento. Desde la perspectiva de la yoga, esta es una distinción errónea para comenzar, simplemente porque cualquier yo, por sutil que sea, que se pueda conocer, es una parte de la naturaleza y no es distinto a ella en sustancia, leyes o principios. Y el yo más profundo, al que sólo pertenece la verdadera visión y el verdadero conocimiento, no se puede conocer; pero se puede identificar con él. Podemos volvernos ese Yo (Âtman, Purusha) y conocer con él, desde su nivel, con su claridad. De ningún modo es Prakrti considerado irreal o meramente una proyección, es muy real, y aunque puede abrumar la mente con su dinamismo y encantos, y ocultarle la verdad, sin embargo en su lugar y función adecuados, existe a fin de servir a la persona interna (Purusha). Un antiguo texto lo expresa bellamente.[9]
Koham kathamidam cheti samsâra-malamâtatam Pravichâryam prayatnena prâjñena sahasâdhunâ.
¿Quién soy yo? ¿De dónde procede este extenso flujo cósmico? En éstos el sabio debería inquirir diligentemente, pronto, no, ahora.
Ciertamente es verdad que los procedimientos, métodos, actitudes, y percepciones implícitas en la Yoga son totalmente diferentes de los de la ciencia moderna, como lo son los objetivos de los dos tipos de conocimiento. De modo breve, podemos decir que en contraste con la ciencia moderna, el conocimiento en la Yoga es del tercer ojo, de carácter regenerativo. Es un conocimiento que no explota el objeto de su investigación; es un conocimiento que participa del objeto, antes que permanecer separado o con el objeto. Finalmente, es para ver realmente, y por la consecuente libertad que ocasiona. Puedo ser uno con Todo lo que existe, precisamente en el grado en que me doy cuenta que separado no soy nada. Como en el antiguo texto del Satapatha Brâhmana (III.8.1.2.-3) dice: “Sólo quienes puedan responder verdaderamente a la pregunta ‘Quién eres tú’, pueden entrar por la Puerta del Sol con ‘nadie’.” Es obvio que ni el Todo ni la nada de la que se habla aquí son algo de suma o resta cuantitativa. La experiencia de nuestra ‘nada’, no es de reducción o disminución personal, como tampoco la afirmación gozosa de “Yo soy Brahman”, es un asunto de auto-pretensión. Cualitativamente está en una dimensión radicalmente diferente de relación con lo que existe. El reino donde existe la libertad del sentido de separatividad es la morada del amor y no se halla en la tierra de la ganancia o pérdida personal. En la comprensión de nuestro estado de ser ‘nada’ está la plenitud. “Ser absolutamente nada es estar más allá del entendimiento”, dijo Krishnamurti. El conocimiento de la Yoga está en primer lugar orientado hacia la transformación de una persona, desde una consciencia ordinaria, hacia una consciencia unitaria, de modo tal que la Naturaleza, que nos incluye a nosotros, se revela a sí misma en su totalidad e integridad, sin violencia ni explotación. La Yoga establece el orden interno correcto que es el primer principio en la verdadera ecología. Quien realmente sabe, comprende que saber es amar. Y en esta danza de amar, conocemos y somos conocidos. En ese estado, la persona ve la unidad de todo lo que existe, y también la unicidad de cada cosa. La unicidad de cada manifestación es un subconjunto de la Unidad subyacente, no en ningún sentido opuesto a él, al igual que la multiplicidad y la diversidad son aspectos de la Unidad primordial fundamental. Los sabios de percepción clara perciben y participan directamente de esta Unidad o Absoluto que reside en la Plenitud (purnam), como lo expresa el Brhadâranyaka Upanishad:[10]
Om Putnam adah Putnam idam purnât purnam udachyate Purnasya purnam âdâya purnam evâvasishyate.
Om, Eso es Plenitud, esto es Plenitud, de la Plenitud procede la Plenitud. Cuando la Plenitud se toma de la Plenitud, lo que queda es la Plenitud.
Referencias [1] Rg Veda, I, 164,6 [2] Rg Veda, X, 114,5ab. [3] Chândogya Upanishad, VI.8.7. [4] Mândukya Upanishad, II. [5] Brhadâranyaka Upanishad, I.4.10. [6] Aitareya Upanishad, III.3. [7] Chândogya Upanishad, VI.2.1. [8] ‘The Marriage of Heaven and Hell’ (El casamiento del cielo y el infierno), en Complete Writings (Obras Completas), de Blake, ed. Geoffrey Keynes, 2da. Edición, Oxford University Press, Oxford, 1966, p.151 [9] Mahopanishad, IV.21. [10] Brhadâranyaka Upanishad, V.1.
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