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Vol. 131 - Número 12 - Septiembre 2010 (en Castellano) |
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Desde la Atalaya
RADHA BURNIER
La fraternidad universal, un camino hacia la percepción.
Podemos ver con mucha claridad, si tenemos los ojos abiertos, que la Fraternidad Universal es la base esencial para cualquier progreso de la vida humana. La fraternidad, en el sentido corriente, es lo que la mayoría de nosotros ya conocemos, en una dimensión mayor o menor. Pero el hecho de ser amable, bueno y todo aquello que implica la palabra “fraternidad” no es sino un pequeño paso adelante desde el estado salvaje. Significa ser fraterno con nuestra familia, siempre que sea una familia agradable, con nuestros amigos, colegas, etc. Pero esto se halla muy lejos de lo que queremos decir cuando hablamos de la Fraternidad Universal. Esta implica un estado de mente y corazón que hace sentir calidez y amistad por todo el mundo, tanto si son negros, blancos, amarillos o lo que sea, buenos o malos, que aprendan rápido o no. En sí misma, es una tarea difícil. Hemos de trabajar en ello para que nuestra vida sea cada vez más un ejemplo de cómo un ser humano debería vivir. La Fraternidad Universal no se puede lograr por la fuerza, la superstición, ni otros medios parecidos. Sería tan imposible como conseguir la paz mediante la guerra. Esta es una idea simple, pero no les parece así a quienes les gusta pelear para defender sus ideas. Vemos constantemente ejemplos de enfoques erróneos en un país o en otro. Es evidente que todo el mundo ha prosperado en lo material, pero es incapaz de hacer que esa prosperidad les llegue a todas las personas. Iniciar una guerra en Irak pudo parecer adecuado desde cierto punto de vista, pero eso sólo conlleva muchos otros problemas. Pueden cubrir a todas las mujeres con un burka, pero eso no va a solucionar el problema del dolor, del desprecio o de ninguna otra debilidad humana. Esto se debe a que el método es incorrecto. No sólo hay que tratar de resolver la necesidad de una verdadera igualdad y las promesas de mejorar, existe también otro gran problema. El ser humano se está convirtiendo en un ser todopoderoso respecto a la existencia misma de otras criaturas. Podemos reflexionar tranquilamente sobre este problema: qué tipo de relación deberíamos tener con el resto del mundo, para conseguir un estado de armonía, de bondad y de promesas de un crecimiento mayor. Se tienen que volver a plantear todas las relaciones del hombre con la Naturaleza, con los elementos, y con las criaturas de distintos tipos que hacen que este mundo sea un lugar maravilloso. ¿Debería el hombre utilizarlo todo para su propio placer, o sólo lo necesario para su sustento? Es ésta una cuestión seria y vital con la que nos enfrentamos actualmente, aparte de la cuestión de las relaciones con otros seres humanos. En tercer lugar, cuando consigue establecer algún tipo de buena relación incluso con personas a las que no es afín, ¿puede el hombre considerarse preparado para avanzar hacia un nivel de vida superior? Cuando el hombre se libere de todos los obstáculos, especialmente de tipo psicológico, que le perturban ahora mismo, si su actitud es una actitud de negación o de ignorancia del futuro, ¿puede seguir avanzando? Creo que no, ha de tener lo que el mundo cristiano llama “Esperanza”. Esta es la característica de una mente que no es materialista. El ser humano necesita liberarse de todas las formas de ignorancia que le encadenan actualmente, y elevarse a un estado de crecimiento como el de la planta que sale de la tierra pero que tiene que crecer más, tal vez hasta convertirse en un gran árbol. Así pues, la esperanza significa un gran impulso y se halla escondida en todos los corazones. Implica el impulso de mirar más allá de las circunstancias personales, y ver más de lo que ve una persona cuando sus ojos no se dirigen ni siquiera hacia la luz. Darle a todo esto la importancia que tiene es nuestro primer deber. También es nuestro deber como teósofos, tener cierta idea del futuro, y para ello la mente no debe revolotear entre un pasado que encadena a la persona, cegándole la visión, y un futuro que le depara cosas nuevas. Aquí es donde hay que prestar atención. A todos los temas a los que les prestamos atención, el trabajo se hace mejor. Muchas veces pensamos que hay que prestar atención a ciertas cosas importantes, mientras que con otras no importa que nuestra atención sea parcial, y no tengamos la mente concentrada totalmente en el trabajo. Esto sólo fomenta el hábito de la distracción, con una parte de la mente en el trabajo iniciado y la otra en otro lado. Qué parte está en cada lado es difícil de decir, porque depende de las circunstancias, pero el hecho sigue siendo que la mente está dividida; una parte está en una cosa y otra parte está en otro lado. La otra parte puede, de hecho, estar divagando, sin siquiera enfocarse en algo distinto a lo que se está haciendo. En el yoga existe una práctica, que siguen algunos estudiantes serios, para poder aprender a mantener la mente integrada y sostenerla en esa condición durante cierto tiempo. Según esta práctica, lo que requiere atención en un momento dado puede parecer trivial, pero de hecho no tiene por qué serlo, ya que ayuda a la mente a no dividirse, a no divagar, ni estar distraída. Todo se resuelve de forma tranquila y con plena atención. Cuando se sigue este método, el resultado es un estado de mente que no está confusa ni distraída. Parece fácil, pero estamos tan acostumbrados a estar distraídos y a dejarnos arrastrar de un lado a otro, que no somos conscientes siquiera de que nos ocurra esto. Pero a medida que la mente se va desarrollando, debería ser cada vez más consciente de lo que le está ocurriendo. A veces conocemos a personas que son menos distraídas que otras, y tienen cierta cualidad en su persona que no podemos describir; mientras que hay otras cuya mente parece vagar de una cosa a otra y que nunca dejan de vivir en un estado de confusión. Pero para que todo esto ocurra, se debe desarrollar la mente. La mente más simple, que podemos encontrar en las pequeñas criaturas, no parece estar distraída, tienen algo que hacer y la hacen. Si observamos la naturaleza, nos daremos cuenta de ello. Pero cuando la mente crece y se hace más grande y más capaz, se dedica a una gran variedad de cosas y entonces la distracción es más fácil. Una mente perspicaz es muy distinta a una mente serena capaz de concentrarse en cualquier cosa en particular. Un estudio de este tema podría ayudar a los individuos a tener más capacidad de atención y a experimentar menos confusión. Esto no pasa siempre, pero puede ocurrir. Cuando la mente está preparada, al prestarle atención a lo que está haciendo, sin dejar que interfieran cosas e ideas innecesarias, es más fácil ver que esta capacidad de atención depende de muchas cosas. Por ejemplo, puede depender de tu profesión. Un cirujano ha de prestar total atención a su trabajo quirúrgico mientras lo está haciendo, pero en otras ocasiones se vuelve una persona común, no es alguien especialmente capaz de enfocar la mente en una sola cosa. Este enfoque único de la mente ha sido mencionado en muchos contextos. Cuando aumenta la atención, podemos darnos cuenta que ser conscientes tiene un valor inmenso. ¿Cuál es la diferencia entre atención y percepción? La atención es la capacidad de atender a cualquier cosa, por más insignificante que sea, sin contacto ninguno con otras cosas; tiene un campo de operación valioso, aunque limitado. La percepción, por otra parte, es la capacidad de prestar una atención serena a casi todas las cosas. Lo vemos, por ejemplo, en J. Krishnamurti, que nos explica cómo era capaz de observar como parte de su vida, el movimiento de las hormigas o la formación de las nubes; podía tratarse de todo lo que ocurría en un momento determinado, incluyendo lo que dicen otras personas, su modo de decirlo, etc. La percepción no deja de prestarle atención a una cosa para darle atención a otra. Puede entonces comprender las razones de base del porqué se hace una determinada cosa o la incapacidad de una persona para hacer más. Cuando la percepción crece, parece penetrar en zonas que todavía no hemos tocado con nuestra conciencia. Puede ver belleza donde ni siquiera aparece. Puede encontrar una bondad oculta detrás de un tosco exterior. Por esto, impregna totalmente toda la vida. Éstos son sólo ejemplos, pero podemos ver que una persona iluminada puede derramar luz espiritual y bendiciones sobre todos las cosas, porque es capaz de ver lo que otros no ven. Es la culminación de la vida humana, según dicen personas que saben. Empieza, aquí, una nueva vida. Este principio es “el camino” y cuando hayáis encontrado el final, su luz se convertirá de repente y de forma natural, en una luz infinita. Esta nueva visión de la vida también traerá consigo un gran júbilo. Así, en el futuro, cuando la percepción despierte, se nos abrirá un nuevo mundo. No sabemos qué es, pero sabemos que existe. La vida humana tiene dentro de sí unas maravillosas puertas que se abren a un mundo de belleza, verdad y bondad.
Etapas de la iluminación Dicen que cuando todos los pensamientos y sentimientos innecesarios que perturban al hombre corriente desaparecen de la mente, todo cambia. Cuando una persona iluminada ve el mundo, lo ve distinto a como lo ve un ser humano común. La misma persona, que había sido un hombre o una mujer corriente, al alcanzar la iluminación, ve todo de forma diferente. Tal vez no sea algo totalmente diferente de la situación de las personas que no están iluminadas, aunque hay diferencias muy grandes. Algunas personas ven la belleza en la Naturaleza y otras no se fijan en nada, excepto en aquello que pueden conseguir para satisfacer sus propios deseos y necesidades. Todo en la Naturaleza, como lo ve un individuo más perceptivo, puede ser tomado como simples palabras o teorías, o incluso puede no existir, para alguien menos desarrollado. Por ejemplo, si mostramos una gran pintura hecha por un gran artista a alguien que la ve como una obra maestra, todo lo verá bellamente contorneado, coloreado y pintado, pero a los ojos de un espectador insensible, no será más que un cuadro más. Por esto, un rostro puede parecerle hermoso a alguien, aunque se trate de una cara vieja y arrugada, pero otro sólo ve la representación de alguien que ha envejecido. De igual modo, un paisaje puede resultarle bello a una persona y llegar a parecerle que es un cuadro sobrenatural, mientras que otra lo verá como un simple paisaje. Algunos de los cuadros de Van Gogh no parecen muy buenos desde un punto de vista corriente, pero están llenos de luz y belleza para los que tienen ojos para ver, y que los miran como algo nuevo. El poder de la percepción puede presentarle a la persona iluminada un mundo de gran belleza, verdad y bondad. Tal vez no esté acabado del todo, pero los ojos pueden ver lo que será en el futuro y, por consiguiente, no solamente ven las cosas tal como pensamos que son, sino tal como van a ser, ven ese cambio que está teniendo lugar. Así pues, los ojos ven la belleza tal como se muestra o se mostrará, y todas las virtudes que acabarán por mostrarse en los objetos vistos. Lo que ve la persona iluminada aquí puede ser una visión apasionante de lo que la fuente divina intenta hacer. En la escultura de un Templo ve un símbolo que describe toda la fuerza y las grandes cualidades de un ser sobrenatural, y ya no se trata de una talla entre tantas. La persona corriente no percibe nada especial, pero la persona que es capaz de ver puede percibir un símbolo de bondad en cada ser. Hay todo un mundo de diferencias en lo que ve. Lo que la persona corriente puede sentir no es la belleza y la gloria de la creación, sino una parte del amor y de la bondad universal que fluyen a través suyo. Así, todos los que todavía no estamos en la etapa de una percepción real podemos, a pesar de ello, ver hasta cierto punto la bondad y las cualidades imperceptibles de lo divino. Esto es lo que tenemos que aprender. Esto significa que gradualmente aprendemos a percibir lo divino en todas partes, en el gusano que se come lentamente una hoja, en el árbol, en el pájaro que vuela por el aire. En todo lo que existe hay belleza, verdad y bondad, pero desgraciadamente no las vemos. Pero si nuestra mente se liberara de todos sus impedimentos y aumenta nuestra percepción, nos volvemos conscientes de la verdadera dicha de la vida. Así pues, lo mejor está por llegar. Podemos entonces formar parte de la majestuosa sinfonía que se está desarrollando en la creación.
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