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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 131 - Número 11 - Agosto 2010 (en Castellano)

 
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Desintegración y Progreso - Parte II

 

 P. KRISHNA

  

 

   En el curso de la evolución, el ser humano se distingue por una memoria mejorada, una mayor habilidad para pensar y para aprender un lenguaje, y una mejor capacidad para la imaginación, que todo niño, a medida que aprende su lengua, adquiere.  Pero la Naturaleza no determina cómo deberíamos usar estos dones. ¿Hemos usado estas capacidades adicionales para ser más bondadosos, gentiles, protectores de la tierra, de nuestro medioambiente, e incluso de nuestra propia especie?  En los últimos diez años los seres humanos han matado en guerras a treinta millones de los de su propia especie.  ¡Qué horrendo es este proceso del ego!  Es la causa raíz de peleas dentro de la familia, entre hermanos, entre marido y mujer, y de la actitud dominante.  La causa de la guerra es el mismo deseo de dominio que se proyecta a sí mismo de modo magnificado, entre naciones.  Pero la guerra es sólo una manifestación en una escala mayor, mientras que su raíz, la causa, es la misma.

   Debemos examinar la causa más profunda.  ¿Cómo se inicia?  Si observamos un niño creciendo y lentamente volviéndose egoísta, veremos que cuando las capacidades para la imaginación, el pensamiento y una memoria mejorada se combinan con el instinto para buscar el placer y evitar el dolor, se vuelve una búsqueda de placer psicológico, y miedo de dolor psicológico.  La mente está calculando si puede obtener más seguridad y placer.  El deseo de acumular y de protegerse a sí mismo de cualquier tipo de dolor en el futuro parece perfectamente natural.  Surge en todo niño.

   ¿Estamos completamente atrapados en el proceso del ego, o podemos liberarnos aprendiendo acerca de él?  El biólogo explica cómo la violencia llegó a nosotros desde nuestro pasado biológico, y su explicación no es errónea.  Un ser humano puede aumentar la violencia y convertirse en un Hitler, o eliminarla y convertirse en un Gandhi o un Krishnamurti.  Existe cierta cantidad de libertad que la Naturaleza le ha dado al hombre, pero no a los animales.  No podemos hacer que un tigre sea vegetariano, pero un ser humano, aunque nazca en un medio no vegetariano, puede volverse vegetariano, puede llegar a conocer la compasión.  Tenemos esta capacidad para el cambio.  Toda la cuestión sobre lo que es moral y correcto o lo contrario, surge sólo en el hombre.  Si está completamente determinado por su pasado y por lo tanto no es responsable por lo que hace, ¿cómo podemos culparlo?  Pero esto no es totalmente así.  Por lo tanto debemos ejercer estas capacidades para aprender por nosotros mismos, y así por medio del auto-conocimiento podemos liberarnos del desorden en la consciencia.

   Eso es lo que dice Krishnamurti:

 

Habéis cultivado la investigación respecto al mundo exterior, como ciencia, investigando la Naturaleza;  habéis cultivado la investigación en problemas sociales a fin de solucionarlos; pero no habéis cultivado la investigación a fin de comprenderos a vosotros mismos.  Sois tan ignorantes de vosotros mismos.

 

En su libro Educación y el Significado de la Vida, dice:

 

El hombre ignorante no es el que no aprendió (es decir el carente de educación),  sino aquél que no se conoce a sí mismo.  Y el hombre educado es estúpido cuando cree que su conocimiento le dará comprensión.

 

Buddha, Sócrates y varios más, señalaron cosas similares.  Les tenemos una alta consideración, pero, ¿los hemos escuchado?  No.  ¿Por qué no?  ¿Se debe a que no estamos realmente convencidos de la verdad de lo que dicen, incluso después de conocer todos los argumentos?

   Lógicamente se puede mostrar cuán destructivo es el ego.  Tomen cualquier virtud, cualquier cualidad, agréguenle el ego y vean en lo que se transforma.  Tomen el amor, agréguenle el ego y se convierte en apego, posesión, celos, dependencia.  Tomen la humildad, agréguenle el ego y se vuelve consciencia de inferioridad, servilismo.  Tomen el poder, la habilidad de hacer cosas, agréguenle el ego y se convierte en dominio, explotación.  Tomen la sexualidad, agréguenle el ego y se vuelve lujuria, pornografía.  El problema no está con lo que algo es;  el problema es el ego.  Es la fuente de todos los problemas, tanto en nuestra vida personal como en la sociedad, porque ‘nosotros somos el mundo’.  Si comprendemos, entonces  pase lo que pase en la sociedad, es un reflejo o una proyección de lo que ocurre dentro nuestro, en nuestra consciencia.

   ¿Es posible liberarnos de este proceso del ego?  Si es algo que la Naturaleza ha creado en nosotros, como los riñones o los pulmones, no podemos deshacernos de él, sólo podemos sobrellevarlo.  Pero si es algo que creamos a partir de nuestro propio pensamiento o del modo en que enfocamos la vida, entonces podemos aprender a no enfocar la vida de ese modo.  ¿Podemos percibir el peligro de esto, como percibimos el peligro del fuego?, no sólo intelectualmente, por medio del argumento, diciendo ‘Estoy de acuerdo porque es lógicamente correcto’.  Eso no funciona.  Pero si percibimos el peligro directamente, entonces la acción lo acompaña.  No es nuestra acción.  Entonces es la inteligencia de la Naturaleza la que actúa.  La Naturaleza ha dotado a cada organismo vivo con inteligencia para que se proteja.  Pero cuando lo transformamos en una virtud, diciendo ‘No debo ser egoísta’, pero no vemos el peligro de ello directamente, entonces continúa creando conflicto entre lo que somos y lo que pensamos que deberíamos ser.

   ¿Por qué no somos conscientes de este peligro, aunque lógicamente podemos crear estas ecuaciones, como lo hemos hecho recién: ‘Sí, el ego es malo para el hombre.’? Esto no desaparece sólo porque hayamos concluido de este modo. No está dentro de nuestra volición.  Nuestras decisiones son cosas muy pequeñas.  Pueden decidir qué casa comprar, por cuál trabajo optar, qué auto conducir, etc.; pero no pueden decidir no preocuparse, ser felices, amar, incluso hacer amigos o percibir la belleza.  Las cosas más importantes en la vida son aquellas que no podemos decidir tener, pero pueden venir a nosotros.  Son un subproducto de comprendernos a nosotros mismos y a la vida, de encontrar sensibilidad, un modo de vida correcto.  De modo que tenemos que descubrir si este proceso del ego puede terminar, y si no, por qué no.  No termina porque yo quiero que termine, solamente sucede si percibo su peligro.

   Esta es la gran ilusión de la humanidad.  El hombre piensa que actuar por auto-interés resulta en beneficio propio.  Esto es lo que hemos hecho por miles de años, cada uno actúa por auto-interés,  y eso es lo que ha llevado al mundo a su estado actual.  ¿Es realmente en nuestro beneficio?  Nos estamos apurando hacia una catástrofe.  El mundo en su etapa siguiente podría eliminarnos a todos.  Obviamente, no es en nuestro beneficio.  Y sin embargo, sí parece serlo, porque si puedo obtener alguna ganancia, parece que obtendré beneficios de ello.  Este es el resultado de una visión estrecha.  Cuando veo sólo hasta aquí, siento que es beneficioso.  Si pudiera ver más lejos, tanto en tiempo como en espacio, ¡entonces estaría claro que es desastroso!  Entonces, ¿cómo expandimos la visión?, y ¿por qué está tan limitada?

   Volvamos al ejemplo del niño.  Crece apegado a sus padres y familia.  Crece en cierta sociedad, etc.  Rotula su entorno, ‘mi casa, mi religión, mi familia’, y se siente seguro.  Este es un proceso natural.  Pero si atrapa mi pensamiento, entonces mi mente está constantemente interesada en asegurarse una ganancia, beneficiar a ‘mí’, y a lo que llamo ‘mío’, que es la esencia del proceso del ego.  ¿Puedo ver el peligro de esta trampa?  Si no puedo, mi proceso de pensamiento ya no es libre para inquirir, sino que está constantemente buscando justificar el ‘mí’ y lo ‘mío’.  Esto significa que mientras esté buscando ganancias, o satisfacción para ‘mí’ y lo ‘mío’, no estoy buscando la verdad.  Por lo tanto, aunque es muy fácil de decir ‘Soy un buscador de la verdad’, sólo estamos buscando satisfacción en una forma u otra.

   ¿Puede ser tan fuerte la pasión por aprender, que pueda superar este instinto de buscar placer y evitar el dolor?  La verdad puede herirme.  A menudo viene como una revelación, como desilusión.  Uno iba con una ilusión que era cómoda y agradable, entonces la verdad nos impacta.  A menos que estemos dispuestos a enfrentar dolor psicológico y tal vez físico también, no podemos decir que estamos seriamente buscando la verdad.  La mente dice ‘Todo esto es para un Buddha, yo no soy un Buddha, soy un hombre ordinario’, y así continúa.  Si seguimos así, no tenemos derecho a quejarnos de las peleas, de las guerras, de nuestros hijos que mueren en la guerra, porque todo eso es una consecuencia de ese tipo de vida.  Cuando nos quejamos, es ilógico, irracional.  Ver la verdad de esto es ver que todo desorden y división surge de la ilusión.

   Krishnamurti fue por todo el mundo señalando nuestro estado, y diciendo: ‘¡Por Dios!, investiguen, vean la importancia de no seguir en la ilusión.’ Ilusión significa tomar algo como verdad cuando no lo es, o darle una importancia tremenda a algo cuando realmente no es tan importante en la vida.  Descubrir por uno mismo el lugar correcto de todo en la vida, es descubrir orden.  De modo que esto es algo que uno debe descubrir, algo desconocido.  La verdad es lo desconocido.  Esta es la razón por la que Krishnaji la llamaba ‘el arte de vivir’.  Un arte es algo que no se puede obligar.  No pueden tener sugerencias de cómo hacer un bello cuadro. Cuando todo está en la proporción correcta crea belleza.  Puede que no sepamos cuál es la proporción correcta, pero tenemos un modo de saber cuándo algo crea desorden, porque creará conflicto en nuestro interior.

   Generalmente buscamos la causa externa del conflicto, pero eso no es importante, aunque sea necesario considerarlo socialmente.  Lo importante es descubrir la causa interna del conflicto y usarlo como base del aprendizaje acerca de nosotros mismos.  Luego se vuelve un instrumento del auto-conocimiento.  Sin aprendizaje sobre nosotros mismos, no existe la base para nuestra meditación y prácticas.  En otras palabras, somos seres humanos confundidos, eligiendo entre lo agradable y lo desagradable.  La elección de una mente confundida sólo aumenta la confusión.  La búsqueda de la verdad y de encontrar claridad es más importante que cualquier elección.  Esa es la única solución, y somos capaces de lograrla.

   La Verdad es eterna. Siempre está allí y siempre ha estado allí, porque es un hecho existencial.  Puedo culpar a la televisión y a la propaganda, puedo culpar a mis padres por condicionar mi mente, pero si ellos no lo hubieran hecho, alguna otra cosa sí lo habría logrado.  No hay nada entre yo y la verdad excepto yo mismo.

   Estoy buscando percibir la verdad y ¡yo mismo obstaculizo el camino! ¿Cómo nos podemos salir del camino?  Tenemos que morir al ‘mí’, al proceso del ego.  No podemos decidir morir, pero explorándolo y observándolo, sin condenarlo o justificarlo, podemos ver cómo surge, y qué le está haciendo a nuestra vida y relaciones.  Tal vez al observar, puede aparecer en la consciencia que soy yo mismo quien lo crea y yo mismo soy el responsable de crear miseria en mi vida.  Y cuando veamos el peligro de ese proceso, tal vez concluya.

   El problema del odio, celos, apego, deseo, y frustración son como las muchas ramas de un gigantesco árbol, cuya raíz es el proceso del ego.  Cuando se manifiesta uno de estos problemas, comenzamos a inquirir a fin de resolverlo, y cuando está solucionado, nos detenemos. No se detengan en ese punto.  Continúen con la búsqueda aunque el dolor haya desaparecido.  Cada rama tiene el potencial, si la rastreamos hacia atrás lo suficiente, de llegar a la raíz,  y de poder desarraigar todo el árbol. No tiene sentido cortarle sólo una rama porque, cuando la raíz está todavía allí, otra rama crecerá.  Krishnamurti solía decir: “Observen constantemente, comiencen con lo que esté ocupando vuestra mente, pero no acepten respuestas simples, no escapen, no se satisfagan solucionando los problemas inmediatos; pregunten por qué surgió y profundicen en ello.”  Esto nos da la oportunidad de aprender sobre nosotros mismos profundamente.

   Es posible que no nos hayamos dedicado a esto.  Tenemos que hacer de ello una pasión.  No es cuestión de analizar y pensar, porque el pensamiento aparece de la memoria, y todos los condicionamientos están almacenados en la memoria. Por lo tanto el pensamiento no es un instrumento libre, está coloreado, pero tiene el valor de la comunicación, de crear la pregunta.  Pero el pensamiento no puede responder esa pregunta, excepto como conclusión intelectual.  Entonces, ¿existe otro instrumento en nosotros que sea incorruptible por el condicionamiento?  La respuesta es ‘sí’.  Es volverse conscientes, sin lo cual nunca tendremos la libertad de salirnos del condicionamiento.  Esa es la razón por la que Krishnamurti habló sobre ‘una consciencia sin elección’.  Observen sin elegir, no discutan, tomen el debate sólo como una pregunta.  La respuesta llega de observar, no de concluir.  La verdad no es una conclusión lógica.  Las conclusiones lógicas funcionan en la ciencia, ¡pero no en la búsqueda religiosa!

   Para poder observar sin elección, debemos descubrir la mente exploradora, vigilante.  Krishnamurti diría, “Deben arar el terreno con el pensamiento, el análisis, con preguntas, y luego dejarlo sin nada.” Dejarlo sin nada es importante, porque en ese silencio se regenera.  El pensamiento no es el instrumento de la regeneración, pero tiene el valor de crear la pregunta.  Debemos explorar esa pregunta en nuestra propia vida, en nuestra propia consciencia, para recibir de ella la sabiduría que pueda dar.  Cada uno de nosotros debe crecer en sabiduría.  Esto significa que la búsqueda, la mente investigadora, que busca qué es verdad y qué es falso, debe anclar en cada niño, en cada estudiante.  Es más importante crear este espíritu de exploración en la mente, que promover la investigación científica.  Debemos educarnos y poner el mismo énfasis en el conocimiento y en el auto-conocimiento, creando así una mente que es tanto científica como religiosa.

 

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