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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 131 - Número 11 - Agosto 2010 (en Castellano)

 
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Parsifal de Wagner (Parte III)

 

ALAN SENIOR

 

(El Sr. Alan Senior a menudo da conferencias sobre Arte, Música y Teosofía y es el Editor de Círculos, la revista de la Sociedad Teosófica en Escocia.  Este artículo aparece en tres partes.)

 

 

Acto II

   El castillo mágico de Klingsor está situado en la ladera opuesta a la montaña de Monsalvat.  El mago no es un malvado común, sino uno cuyo egoísmo interno le impidió alcanzar su deseo de santidad.

   Observando a Parsifal acercándose, quien el mago sospecha que puede ser el liberador de Amfortas, planea atraerlo hacia la destrucción y llama a Kundry quien, recordarán, representa el principio de la Materia, la Forma y la Separatividad.  Ella lucha contra esto pero Klingsor sugiere que el caballero que se aproxima puede ser el que la libere de la maldición, entonces va a prepararse.  Parsifal se encuentra ahora con el Jardín de los Placeres de Klingsor, y las lascivas ‘bellas mujeres’ (más amorosas que las flores) quienes se esfuerzan por atraerlo.  Aquí podemos recordar La Voz del Silencio: “Los Sabios no se detienen en los terrenos placenteros de los sentidos.  (Ellos) desoyen las halagadoras voces de la ilusión” (1:30-31).  Estas flores no se dan en las fuentes originales y las toman de Los Vencedores.  Ellas representan los poderes sutiles de la decepción, que nos apartan del auto-control y del discernimiento, nublando nuestro juicio con los atractivos velos de las impresiones sensoriales y de los deseos pasionales (mâyâ y kâma) que pueden confundirse con la realidad.

   Pero Parsifal puede resistirse a sus caricias, negándose a quedar atrapado por el glamour.  Kundry, que ahora aparece como una joven mujer fascinadora y amorosa, aleja a las bellas mujeres y trata de armar su propio hechizo erótico.  Pero tales pasiones no tienen poder perdurable o compulsivo sobre él, entonces Kundry le cuenta de sus primeros años, usando todas sus artes de seducción.  Ella habla de la muerte de su padre, cómo su madre trató de protegerlo del sufrimiento, cuidándolo del mundo (existe aquí una relación con lo ocurrido en los primeros años de vida de Buddha), y cómo ella murió con el corazón roto cuando él la abandonó. Ella le ofrece su amor para redimirlo de la culpa de la muerte de su madre y lo besa apasionadamente.  Pero Parsifal se sobresalta horrorizado, sintiendo el dolor de la herida de lanza de Amfortas, y no se tienta.  Por el contrario, tiene una visión del Grial, siente “el gran dolor de la humanidad” y le inunda una compasión inmensurable.  En palabras de Sri Sankarâchârya: “Cuando todos los deseos están totalmente agotados, la realización de âtman no tiene obstrucciones.”

   Una vez más vemos la influencia de ambos, Schopenhauer y la filosofía oriental en el concepto de ‘no separatividad’, es decir que lo que le hacemos a otros, nos lo hacemos a nosotros mismos.  El sobresalto del beso de Kundry destruyó el velo de Mâyâ (lo que Schopenhauer llamó las ilusiones que nos ocultan el mundo como realmente es)  y Parsifal ahora sabe que es uno con Amfortas, sintiendo el dolor, la tentación, y la herida como si le estuviera sucediendo a él.

   ¿Nos ha ayudado el entorno moderno a vernos en el contexto de un todo mayor, en un planeta que se vuelve cada vez más pequeño? El dolor y la pérdida de las guerras que ocurren ahora en diferentes partes del mundo entran vívida y diariamente a nuestros hogares.  Presenciamos la agonía del conflicto, la tortura, heridas y a menudo hambrunas, que pueden disgustarnos, pero también nos permite sentir profundamente en nuestro interior el gran dolor y sufrimiento de la gente que está padeciendo esto.

   Esto seguramente da origen a la compasión, un cambio en la consciencia y un sentimiento de unidad, de conexión, una comprensión de que todo ser está inter-relacionado.  Lo que le afecta a uno de nosotros, le afecta a todos, una respuesta tan fuerte que surge un ansia de justicia y muchos se mueven a la acción para ayudar a aliviar el sufrimiento.  Hemos mencionado que la respuesta a la pregunta “¿a quién sirve el Grial?”, puede ser a “aquellos que sirven”, logrado por individuos que, como Parsifal, destruyen el velo de la ignorancia, la separatividad, la avaricia y los dogmas, eligiendo por el contrario ser los instrumentos de la curación, en sintonía con un mundo, un corazón, una mente.  Por lo tanto Parsifal no necesita más hacer la pregunta, porque ahora puede ofrecer un servicio impersonal para curar no sólo al rey, sino a la debilitada Fraternidad del Grial.

   Todos los intentos de dificultar la misión de Parsifal fueron rechazados.  Con claridad de visión él oye el llamado de la voluntad divina de la redención.1 Ha ocurrido la transformación como resultado de su vívida percepción del sufrimiento universal.  Kundry, también se da cuenta que aquí por fin hay alguien a prueba de sus encantos, entonces llama a Klingsor pidiéndole ayuda.  Aparece instantáneamente y le tira la Lanza a Parsifal.  Pero está prohibido usar esta Lanza sagrada, la Voluntad, para sí, y en vez de dar en el blanco, permanece suspendida sobre la cabeza de Parsifal (un relato similar se encuentra en antiguos cuentos budistas donde Mâra, la gran tentadora, o el Señor de la Ilusión, trata de hacer lo mismo para evitar que Buddha obtenga la iluminación). Parsifal hace la señal de la cruz, consagrando la Voluntad a su sagrado propósito.  Ahora no existe el deseo fortaleciendo los objetos ilusorios, porque Parsifal está totalmente despierto.  Habiendo alcanzado el estado final de santidad se ha vuelto indiferente al placer y al dolor (denominado virâga en sánscrito).  Sólo se percibe la Verdad y Parsifal no puede ser lastimado por ataques malvados.  Sucede un violento terremoto y se cae el castillo de Klingsor, mientras que el Jardín de Mâyâ se convierte en el desierto que siempre fue.  La terrible experiencia concluyó; Kundry se hunde en el terreno y Parsifal está a cargo de la Lanza y de la situación, mientras la música de Wagner representa tanto la naturaleza transitoria de las cosas materiales y la permanencia del espíritu.

 

Acto III

   El Preludio del Acto III narra muchos de los motivos de toda la obra, proveyendo en términos musicales las experiencias de Parsifal desde el principio de su búsqueda.  También escuchamos un nuevo motivo llamado el tema de la Desolación, que describe la tristeza de los caballeros debido al fracaso de Amfortas en conducirlos durante la ceremonia del Grial; por lo tanto, la música del Grial se vuelve fragmentada y distorsionada.  Pero también hay un tema de Promesa, claro y triunfante, representando el espíritu inconquistable del héroe que tiene la fuerza y el coraje de superar todos los obstáculos.

   Algunos años después, es Viernes Santo y un sentimiento de paz impregna la tierra.  Ahora Parsifal está totalmente en afinidad con “el gran corazón y mente de toda la humanidad”, habiendo deambulado solo para completar su misión auto-impuesta.  Gurnemanz se convirtió en un ermitaño y vive en una choza al lado de un arroyo sagrado, mientras que Amfortas rechazó descubrir el Grial debido al dolor que le produce.  En otras palabras la mente inferior es consciente de su propia impureza y falta de mérito, retrocediendo ante cualquier intento de producir lo espiritual porque el yo limitado personal carece de poder.

   Gurnemanz lamenta la condición sin propósito y pasividad de los caballeros cuando descubre a Kundry que yace inerte bajo tierra en su atuendo de penitente, y lentamente restablece su consciencia.  Ella grita: “¡Déjenme servir! ¡Déjenme servir!”. Cada vez que cambió su lealtad, cayó en un estado cataléptico, indicando Laya (disolución) o, en La Doctrina Secreta, Punto Laya o Centro Laya, el estado donde la sustancia (Prakriti) es homogéneo, incapaz de actuar o discernir.  Ella siempre necesitó pasar por este estado crítico a fin de servir, pero ahora que los poderes de Klingsor sobre ella se han roto, ella es una verdadera penitente, despierta nuevamente a la lealtad del Grial.

   Parsifal entra usando una armadura (para Wagner simboliza la voluntad activa) y lleva la Lanza sagrada.  Gurnemanz lo increpa por llevar un arma en un Viernes Santo, pero cuando Parsifal se saca la armadura y se arrodilla en silenciosa oración ante la Lanza, el viejo caballero y Kundry lo reconocen a él y a la Lanza. Ahora Parsifal sabe del estado lamentable de la Fraternidad y de la muerte de Titurel, sintiendo intensa pena y compasión por el sufrimiento de Amfortas.  Kundry lava y unge sus pies, secándolos con su largo cabello, que nuevamente nos recuerda a María Magdalena cuando unge los pies de Cristo.  Esto es para purificar el pensamiento y para despertarlo a una consciencia plena respecto a la tarea que se encuentra frente a él.  Todo lo que Parsifal va a hacer, renovar, regenerar, y cambiar la situación en el Castillo del Grial, debe lograrse más allá del nivel mental que está basado en los sentidos (simbolizado por los pies que tocan la tierra).  Mezclando este nivel del pensamiento con el de la Mente Superior, no puede llevar a la trascendencia o a un nivel elevado de la verdad; el hombre físico no puede identificarse con el hombre espiritual.  Parsifal le pide a Gurnemanz que le haga lo mismo a su cabeza (el Manas Superior) y ahora, como caballero del Grial y redentor consciente, fuerte, compasivo y auto iluminado, vierte agua del arroyo sobre la de Kundry la penitente, esto es su liberación y santificación final, de modo que su deseo está apegado a su Yo Superior.  Prakriti, trascendido, ahora existe verdaderamente sólo para servir.

   Parsifal ve todo con ojos nuevos, sintiendo la unidad con la Naturaleza a su alrededor, que parece estar llena de magia, y él comenta sobre esto.  Gurnemanz le dice que la causa es el hechizo del Viernes Santo.  Un sentimiento de perfecto reposo entró en el alma de Parsifal y una bendita serenidad parece haber descendido sobre la Naturaleza dado que la paz reina en el bosque y en las praderas.  La música de Wagner para este Hechizo de Viernes Santo exhala “la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento”. Tipifica el gran proceso transformador de la expiación de Kundry con lo espiritual (Parsifal), un proceso alquímico que ha elevado al aspirante al nivel de Grado de Maestría.  Ahora la visión de la vida Una prevalece totalmente –la consciencia búdica revelando con gran felicidad al Yo, alcanzado por un largo sacrificio, un verter vida de modo gozoso y voluntario, para que otros puedan compartirlo.  Un repique de campanas lejano los guía al Templo del Grial donde los caballeros llevan el ataúd del santo Titurel, seguido del sufriente Amfortas sobre su lecho de paja.

   Los caballeros le imploran a Amfortas descubrir el Grial por última vez, pero no puede, descubre su herida y les suplica que lo maten.  Retroceden y Parsifal se adelanta para tocar el costado de Amfortas con la Lanza sagrada, un acto más dramático en el papel de Wagner que en el simple proceso de preguntar.  La Voluntad, aunque se había mezclado con el Deseo, ahora puede curar la consciencia inferior cuando se rinde a la consciencia espiritual.  Sólo quienes carecen totalmente de egoísmo, acompañados del más fino discernimiento, están dotados del poder espiritual simbolizado con la Lanza;  por lo tanto Parsifal puede curar.  Asciende los escalones del santuario y toma el Grial del altar, descubriéndolo y arrodillándose ante él en oración.  Brilla una hermosa luz y se difunde por todo el hall mientras regresa la Lanza a su debido lugar;  el poder oculto se une al conocimiento oculto bajo aquél que logró la liberación, referido en la “Revelación”: “Para aquel que lo supere construiré una columna en la casa de mi Dios: de allí no saldrá más.” Pero aunque Parsifal alcanzó “la otra orilla”, como Guardián del Grial ha elegido permanecer sobre la tierra como un bodhisattva o nirmânakâya, un buda de Compasión por derecho, y un bodhisattva por elección, permaneciendo en el mundo siendo capaz de servir a todos los seres vivos.  “Vestir las humildes túnicas de Nirmânakâya es preceder una bendición eterna para el Yo, ayudar a la salvación del hombre” (Frag.II:145, La Voz del Silencio).  Parsifal alcanzó la bendición del Nirvâna y renunció a él, el paso final en el Sendero de la Renunciación.

   El Grial brilla con un resplandor cada vez mayor, y una paloma blanca (el Âtmâ) desciende y queda suspendida sobre la cabeza de Parsifal.  La Trinidad ahora se ha manifestado en la consciencia del hombre perfecto, Lanza, Grial y Paloma unidos como Poder, Sabiduría y Amor.  Kundry,  mirando a Parsifal, cae sin vida al piso, el principio material es metafóricamente eliminado por los principios más elevados que ahora están plenamente manifiestos.  Parsifal sostiene el Grial bendiciendo a los caballeros, mientras Amfortas (redimido y unido al Manas Superior) y Gurnemanz, que representa el Antahkarana, el puente entre el Manas inferior (Amfortas) y el Manas Superior o Buddhi-manas (Parsifal), ambos se arrodillan ante él, en homenaje. El ciclo de iluminación se cierra con la evocadora belleza del motivo del Grial. De este modo, el ‘Parsifal’ de Wagner es la culminación de las numerosas expresiones de verdad esotérica del compositor, dadas para “aquellos que tienen oídos para oír”, arrojando un torrente de luz en la consciencia de los buscadores.  Wagner estaba trabajando totalmente al nivel del Yo Superior, agregando detalles iluminadores a los mitos antiguos y a las tradiciones esotéricas de la Edad Media.  Como afirmó: “¡Trabajo para quienes están despertando!”

 

 

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1 -  Erlösung, cuando se traduce al inglés y luego al español como ‘redención’, es inexacta, ya que a menudo se asocia con ‘comprar nuevamente’, como en una casa de empeño.  Literalmente significa ‘liberar’ o ‘absolver’;  en el caso de Amfortas, liberación de su agonía o separación del Yo infinito y superior.  Con Kundry significa liberación de la maldición de infinitos renacimientos como seductora y como penitente, y para el reino del Grial significa restablecer la tierra y su gente a la fertilidad y al bienestar.  Finalmente, para Parsifal significa liberación de todas las ilusiones (pratyâhâra), que la ha alcanzado en esta etapa.

 

 

 

Referencias y Lectura Complementaria

 

 

 Parzival, Wolfram von Eschenbach, edit. André Lefevere, Continuum, Nueva York, 1991.

Parsifal, un Estudio y una Interpretación, Arnold S. Banks, Theosophical Publishing Society, 1908.

Misterios de las Grandes Óperas, Max Heindel, Rosicrucian Fellowship, Mt. Ecclesia, Oceanside, California, 1921.

‘Parsifal’ de Los Dramas Musicales de Wagner Analizados, Gustav Kobbé, Putnam, Londres, 1927.

Música Esotérica de Richard Wagner, Corinne Heline, New Age Bible and Philosophy Center, Santa Mónica, California, 1986.

Reencarnación: el Misterio ígneo del Fénix, compilado por J. Head y S. L. Cranston, Julian Press/Crown Publishers Inc., Nueva York, 1977, p. 294-296, 327-330.

‘La Religión de Richard Wagner’, Clement Antrobus Harris, El Teósofo, TPH, Adyar, Dec. 1914.

‘El Santo Grial’, Christine Hartley, El Teósofo, TPH, Adyar, Agosto 1984.

‘El Sagrado Recipiente, el Santo Grial’, Jeanine Miller, El Teósofo, TPH, Adyar, Oct. y Nov. 1989.

‘La Búsqueda: de Tonto Simple a Servidor del Grial’, I. M. Oderberg, Sunrise, Theosophical University Press (TUP), Nov. 1978.

‘El Parsifal de Wagner’, Rolf May, Sunrise, TUP, Oct-Nov. 1992 y Dic. 1992, Enero 1993.

Ver también ‘Monsalvat: la ‘Home Page’ de Parsifal’ en Internet, con artículos escritos y seleccionados por Derrick Everett, 1996-2004.

 

 

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