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Vol. 131 - Número 11 - Agosto 2010 (en Castellano) |
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Desde la Atalaya
RADHA BURNIER
El mayor obstáculo en el Sendero Puede ser importante darnos cuenta de que el sentido del ego, comparado con todos los demás, es el mayor obstáculo en el sendero espiritual. Los maestros budistas han insistido en la importancia que tiene liberarse de este sentido de “yoidad”. Es un sentido falso, porque la importancia del yo no es real, sino imaginaria, la mente la elabora para satisfacción propia. En la literatura budista se menciona una serie de trabas que esclavizan a la persona impidiéndole avanzar. Si consideramos esas trabas y las estudiamos detenidamente, veremos que están relacionadas con el problema del ego. Por ejemplo, tomemos el impedimento de la duda, que es un problema en el sendero. ¿Cuál es la base de la duda? El sendero que se sigue normalmente es una inmersión cada vez más grande en el materialismo, es creer que las cosas de valor material nos aportarán beneficios a nosotros y a nuestra familia, etc. Pero el camino es totalmente distinto, porque es la realización, muy tenue al principio, pero cada vez más clara a medida que vamos avanzando, de que estos objetivos materiales no nos supondrán un beneficio ni para nosotros ni para nadie. Si existen dudas, la persona no estará segura de si realmente quiere abandonar los valores de la vida material y proceder hacia algo más elevado o ver si la vida espiritual se adapta a él o no. Seguirá viviendo en el sentido material. La mayoría de la gente quiere reconciliar, de forma imposible, cosas contradictorias, como servir a Dios y a Mamón al mismo tiempo. Pero no es posible. Se ven implicados en situaciones en las que tienen dudas sobre si hacer esto o aquello y se les plantea la duda de seguir las inclinaciones hacia las cosas materiales o no. ¿Qué me ocurrirá después de la muerte? Todo es muy confuso en este tema. Por eso muchas personas tienen miedo antes de morir o cuando van envejeciendo. ¿Qué me pasará? Todo es oscuro, no sabemos nada realmente. Leemos libros sobre el estado post-mortem, pero tenemos dudas al respecto. ¿En qué grado tendrán razón todos estos autores y conferenciantes? No lo sé realmente. Así pues, tenemos dudas y confusión en la mente. También aparecen dudas en la mente sobre la vida espiritual. Te dicen que vas a experimentar una felicidad más real y los beneficios que obtengas serán de otro tipo, etc., pero la mente no está segura de todo eso. ¿Son solamente promesas o este método es realmente beneficioso? ¿No será más que un deseo egoísta? Quiero estar seguro, quiero tener la certeza. Si sigo el camino material, quiero estar seguro de que después de que mi cuerpo muera estaré bien y no iré al infierno. Afortunadamente, muy pocas personas creen en el infierno hoy en día, pero la gente se pregunta qué les va a ocurrir, por ello existe incertidumbre basada en lo que les pueda pasar. Los fanáticos y los fundamentalistas no conocen realmente la verdad de aquello que normalmente defienden con mucha violencia, de aquello por lo que luchan y por lo que están dispuestos a verter sangre. Se engañan afirmando decir la verdad, porque el sacerdote o las escrituras lo dicen. Ellos también buscan esa seguridad para el “yo”. Como alguien que se sujeta a un madero para no ahogarse, esa persona se agarrará a cualquier creencia, a cualquier serie de ideas, que le den la mayor seguridad de que estará bien. Así pues, se dice que tanto la duda como la certeza son trabas en el camino, pero no se explican. Si exploramos la cuestión, veremos que ambas surgen del deseo que tiene la mente egoísta de encontrar lo que más le conviene. ¿Existe un estado que no sea ni de certeza ni de duda, siendo estos los dos lados del filo de la navaja? Existe un camino entre los dos, y todo lo que está entre este tipo de dilemas es lo que podemos considerar como parte de ese camino. En el medio está el camino seguro, mencionado en la “Escala de Oro”: la Mente Abierta.
Mente abierta ¿Somos capaces de mantener la mente abierta no sólo intelectualmente, sino abierta al conocimiento intuitivo? Eso es mucho más difícil. Significa que hemos de ser pacientes, seguir observando, estudiar los procesos de la vida, estudiar no sólo de libros, sino mirar realmente los movimientos de la vida, y tratar de comprender qué son. Si no tengo la mente abierta, puedo creer que no soy egoísta cuando en realidad sí que lo soy, o en una situación determinada, si mi ego se interpone, no me daré cuenta, porque no estoy practicando una atención verdadera y total. No estoy observando de forma objetiva e imparcial. Si observo bien, entonces empezaré a ver cada vez más. La observación se detiene en el momento de llegar a una conclusión, o cuando uno se queda atascado en la idea de tener que llegar a una conclusión. Pero vivir sin querer llegar a conclusiones significa tener una posición equilibrada. Debido a que el equilibrio se pierde con mucha rapidez, es como el filo de la navaja. Para ver al ego en acción hemos de ser conscientes de la naturaleza de las relaciones, no sólo de nuestras relaciones con la gente, sino de nuestra relación con las ideas, con los objetos o las tradiciones del pasado, y también ser conscientes de la naturaleza de las relaciones en general. Si intentamos comprender a otra persona cuando tiene un problema, finalmente descubriremos que el problema está en su propia mente. Una señora que es miembro de la Sociedad Teosófica desde hace muchos años, estudiaba los libros teosóficos tratando de difundir estas enseñanzas, cuando se le murió un pariente muy cercano. ¿Cuál fue su reacción? Tenía la mente muy perturbada, experimentaba una gran sensación de soledad y dolor, y quería a toda costa averiguar dónde estaba su pariente, qué hacía etc. Toda su mente era pura agitación. Y lo mismo pasa cuando discuten dos personas. Intentan convencer a los demás de que el otro está equivocado. ¿Por qué hay que convencer a los demás de que la otra persona está equivocada? ¿Por qué hay que convencer a los demás si uno ya está seguro de eso? Cuando observáis la vida, especialmente las acciones humanas, sin juzgar a nadie, muchas veces veréis conceptos del ego relacionados con el dolor, con la agitación o cosas por el estilo. Si la acción no es serena, equilibrada ni bondadosa, entonces podemos estar seguros de que el ego está allí. Pero el problema es que cuando encontramos esta situación en nuestra propia mente, rápidamente llegamos a la conclusión de que no es así. Sólo cuando le ocurre a los demás, lo vemos con claridad. Y si continuamos observando, tal vez podamos llegar a reconocer ese impulso egoísta que se halla detrás de todo esto. Cuando me enfado, cuando digo algo que no es realmente amable, cuando me siento ofendido por alguna tontería, o irritado, orgulloso, etc., cuando quiero hablar demasiado e imponer mis ideas a los demás, cuando vemos las numerosas situaciones de la vida sin condenar nada, podemos observar la verdad de todo. Tal vez veamos que el ego está allí todo el tiempo, agazapado o dispuesto a entrar en acción. Ese es el primer paso para poder ver por nosotros mismos. Por esa razón dicen que desde el principio del sendero hasta el final, hay que practicar el discernimiento. Practicamos sólo con la observación, que tiene que ser totalmente objetiva. Por ejemplo, digamos que yo soy una persona de posición alta (incluso en una situación de poca relevancia se puede pensar que uno tiene un estatus más alto que los demás). Pero todo esto sólo es imaginación, ¿no? ¿Acaso existe realmente una cosa llamada “yo”? No es más que una sensación fisiológica. Llegamos a cierta conclusión sobre nosotros mismos, nada más. Algunas personas han dicho que es una forma de pensamiento que nosotros creamos. Naturalmente, acaba convirtiéndose en una forma de pensamiento muy fuerte, muy difícil de destruir. Pero primero debemos empezar no añadiendo ladrillos a este concepto mental. Cuando el Buda emergió de su iluminación, se dice que pronunció algunos versos. Si habló, no lo sabemos, pero según la tradición, él sabía que había salido de la prisión y había descubierto quién era el constructor de la prisión. Obviamente, es un largo camino el que hay que recorrer, pero hemos de trabajar persistentemente en ello, porque mientras sigamos encerrados en la cárcel que nos construimos nosotros mismos, enteramente construida por el pensamiento, no somos libres para seguir adelante. Nos bloquea en todo sentido. En palabras de Annie Besant, el sentido de espiritualidad consiste en no sentirse separado de nada. Pero el “yo” hace lo contrario. Si estáis dentro de la cárcel y todo el mundo está fuera, estaréis siempre separados. Así que los muros de la cárcel que nos rodean tienen que derribarse. No podemos entrar en el Nirvâna, ese estado de felicidad profunda y constante sólo con desearlo, o haciendo todo tipo de otras cosas; tenéis que apagar el fuego de la ambición, del deseo, del engaño, de la lujuria, etc. Ante todo, hay que apagar el fuego dejando de añadirle combustible. Si dejáis de alimentarlo, entonces morirá por sí solo. Eso es lo que tenemos que hacer todos en la vida diaria, en todas nuestras relaciones. Tanto si el ego está presente de forma sutil o de forma muy explícita, habéis de reconocerlo como una creación falsa de la mente. HPB decía que “la mente no es ni vuestra mente ni la mía”. La mente impura funciona en todo el mundo, en vuestra mente, en mi mente, en la mente de todos. Ved cómo actúa esa mente impura, que es la mente egoísta. Si vemos que el problema está dentro de nosotros, entonces podremos librarnos de él. Y éste debe ser nuestro propósito constante, si queremos contribuir a un estado de bondad, de tranquilidad, de paz y de todo lo bueno en la vida.
Aprendamos a prestar atención
El centenario del libro A LOS PIES DEL MAESTRO trae a nuestra atención muchas cosas que tienen que ver con el Sendero, aunque este comentario que hago pueda sonar irrazonable. Mas todo con cuanto nos topamos ayuda al Sendero, o lo obstaculiza. Todos los grandes libros tienen un beneficioso valor, ya que lo que ellos tienen que decir puede considerarse desde diferentes puntos de vista. De cualquier modo, tomando como ejemplo A LOS PIES DEL MAESTRO, sabemos que hay lo que podríamos considerar factores de importancia, pero que de hecho no lo son. Por ejemplo, nuestra actitud hacia una persona por pertenecer a una religión particular, un hombre rico o pobre, educado o no formado, etc., parecen importar, al menos hasta cierto punto; pero podrían importar mucho más, en proporción al crédito que le otorgamos, porque todas las pequeñas cosas de la vida son parte de una situación en el camino que estamos siguiendo.
Si tomamos la primera de las cualidades, el discernimiento, éste tiene muchas aplicaciones. El libro no puede hacer una lista de todas, naturalmente. Tenemos que ver por nosotros mismos dónde colocamos lo correcto y lo incorrecto, lo útil o lo menos útil y el libro nos da varios ejemplos. Hemos de permanecer despiertos y asegurarnos de no carecer de la percepción de aquello que hace que la vida sea más espiritual. Tal vez alguien dice algo que os imagináis que se refiere a vosotros, cuando en realidad esa persona quizás estaba de mal humor o no se encontraba bien. Cada alma tiene sus propios problemas. Y esto se puede aplicar a todas las cualidades mencionadas. Esas virtudes que tenemos que absorber aunque no se mencionen en el librito son muchas y nos hacen ser conscientes de cuál es la acción correcta. Podemos tal vez dar otro ejemplo, relacionado con el amor. El amor no es algo que debamos sentir sólo por nuestra familia y amigos, o incluso por toda la humanidad. Es una cualidad que debería ser como una llama que arde con brillo en nuestro interior, de modo que sintamos igualmente la belleza de la vida en la más pequeña criatura y en todas esas cosas que no apreciamos, como seres vivos, incluyendo la tierra, las piedras y muchos objetos a los cuales no solemos prestar atención. Dicen que hay una roca en el camino que va desde el Manor hasta la playa de Sydney que puede sentir alegría o indiferencia según la gente que le presta atención. Puede que éste sea el caso de todas las cosas en la naturaleza, las que responden cuando expresamos nuestros sentimientos de alegría o de otro tipo cuando pasamos a su lado. Por esto, tal vez este librito que nos hace prestarle atención a la vida en su totalidad, ha seguido siendo un best seller, y ha influenciado, de formas desconocidas, el corazón y la mente de muchas personas.
Aprende a distinguir a Dios en cada uno y en cada cosa. J. Krishnamurti
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