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Vol. 131 - Número 11 - Agosto 2010 (en Castellano) |
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La Unidad hace la Paz
El pluralismo teosófico como marco para las relaciones interreligiosas
SOFIE VON HAUCH
La Sa. Sofie von Hauch es estudiante de un doctorado en el Centro para Estudios de Inter-fe, Universidad de Glasgow, Escocia.
Por optimista que uno pueda ser sobre las posibilidades de cooperación interreligiosa, se podría argumentar que para gran parte de la sociedad seglar occidental, la religión es considerada más como un problema que como algo bueno, debido a los interminables conflictos provocados en todo el mundo en el nombre de una u otra creencia. Fundamentalmente, la variedad de relaciones conflictivas entre las religiones, por ejemplo las guerras ‘sagradas’, está basada en la convicción de que las religiones son entidades aisladas que se desafían la una a la otra el territorio ideológico y a veces físico, los cuales se deben defender y mantener en exclusividad. El pluralismo es una actitud hacia la diversidad religiosa que elimina el terreno directo de contención exclusivista afirmando por lo menos que la salvación o la liberación se puede lograr por medio de más de una religión, y dado que esto es así, a los adherentes de una religión no se les permite imponerse ideológicamente o de ningún otro modo, sobre la gente de diferentes convicciones religiosas. Sin embargo, esta actitud pluralista no es en modo alguno necesaria para el éxito en las relaciones interreligiosas hablando de modo general, ya que existen muchos niveles de compromiso y cooperación. Por ejemplo, los eruditos contemporáneos de diálogo interreligioso, consideran tres áreas básicas de compromiso: una de tratar de solucionar temas prácticos, otra de temas espirituales donde los participantes tratan de colocarse a sí mismos en el lugar del otro creyente, y otra cognitiva en la que la verdad y un nuevo significado se buscan en un encuentro interreligioso. Parecería que incluso un exclusivista religioso de mente abierta podría participar en cierto grado en todas estas áreas. Sin embargo, a fin de beneficiarse verdaderamente del encuentro interreligioso, por lo menos es necesaria una actitud inclusiva, porque el exclusivismo implica que la religión propia es absolutamente superior y que uno no puede tener nada realmente significativo para aprender del encuentro con otras creencias. Es difícil decir qué motivo podría tener un exclusivista para iniciar un diálogo apropiado, ya que el verdadero diálogo exige una apertura para cambiar en el encuentro con un creyente con ideas diferentes. Si uno ya tiene una expresión suprema de verdad religiosa, puede haber sólo razones secundarias, y no muy fuertes, para mantener un diálogo a menos que sea convertir al otro. Lo inclusivo es la actitud media que, mientras la salvación o la liberación puede ser alcanzable por medio de otras religiones, nuestra propia religión sin embargo es superior. El pluralismo, por otra parte, supone un compromiso necesario de relaciones entre diferentes creencias y de diálogo interreligioso en particular. Según el pluralismo estándar del pionero cristiano y filósofo de religión John Hick, todas las diferentes grandes religiones encarnan variadas versiones de la respuesta humana a la experiencia de la Verdad Suprema. De modo que las religiones son todas ‘verdad’ al punto que comunican una percepción interna genuina en la relación entre lo humano y lo Real (este es el término preferido de Hick, para ‘Dios’), y los seguidores de cualquier religión pueden con relativamente poco esfuerzo aprender a comprender los términos en que esta percepción interna se expresa en diferentes religiones y de este modo obtener una comprensión más profunda de su propia religión, de la religión del otro, y con suerte también de la relación crucial humana-divina con la que finalmente se interesan todas las religiones. En este artículo voy a presentar otro modelo pluralista, particularmente el de la autora teosófica Annie Besant (1847-1933). El modelo teosófico de pluralismo está de acuerdo fundamentalmente con el modelo de Hick, presentado precedentemente, pero en vez de su base filosófica cuidadosa y exigua, el pluralismo de Besant se basa menos en la argumentación y más en firmes presupuestos teosóficos sobre la naturaleza del universo, la humanidad, y el propósito de la religión. Es sorprendente que la Teosofía sea todavía ignorada en gran parte por teólogos y eruditos de religión, porque como sistema de pensamiento contiene muchas ideas razonables y útiles, que posteriormente fueron reinventadas y están comenzando a ganar amplio reconocimiento en el ámbito académico y más allá. El tema del pluralismo religioso es un ejemplo de lo dicho. Como veremos más adelante, el pluralismo era la actitud natural hacia otras religiones entre los teósofos en la edad de oro después de 1900, pero sólo ganó cierto grado de respetabilidad académica unos setenta años más tarde con el trabajo de personas como W. Cantwell Smith y John Hick; y hoy, después de todo un siglo, finalmente está comenzando a atraer la atención general por el trabajo de estos filósofos y sus seguidores. Con su formación y autoridad en la Sociedad Teosófica, Annie Besant representa absolutamente la posición teosófica, por lo que puedo referirme a su posición como la posición teosófica como tal, y viceversa.
La Comprensión Teosófica de las Grandes Religiones Los dos puntos siguientes son fundamentales para la comprensión teosófica de la religión: En primer lugar, al hablar de las religiones como sistemas de creencia y práctica, éstas se tratan siempre en un mismo nivel, ninguna se la prefiere respecto a la otra. En segundo lugar, las religiones se las ve esencialmente como un conjunto de instrucción en el progreso espiritual; en palabras de Besant, las enseñanzas de las diferentes religiones son “dadas al mundo por hombres más sabios que la mayoría de la gente a quienes se las otorgan, y tienen como propósito acelerar la evolución humana.” Por lo tanto, en los párrafos siguientes presento el punto de vista teosófico de la constitución del hombre y de la evolución humana, cómo las religiones fueron dadas al mundo por estos “hombres más sabios que las masas”, y el modelo de relaciones entre diferentes creencias, que surge de esta comprensión de la religión. Las enseñanzas teosóficas tienden a reflejar la tradicional distinción cristiana de la constitución humana en una naturaleza triple de espíritu, alma y cuerpo, y lo hacen en la filosofía Vedanta respecto a los detalles. El espíritu es divino y como tal trasciende el tiempo y el espacio por ser inmortal, pero puede interactuar con los reinos inferiores del ser cuando está cubierto de materia y asume un ‘alma’ humana (este término es usado aquí como los aspectos psicológicos de la humanidad) y un cuerpo físico. El elemento espiritual es el nivel más profundo de la existencia humana; de modo que un ser humano es esencialmente divino y el propósito de la vida es incentivar al resto de la persona, por así decirlo, para producir el total florecimiento de esta esencia divina interna. En términos de la religión cristiana esto significa que “cada hombre es un Cristo potencial, y el trabajo de la evolución es transformar este Cristo potencial en uno activo y pleno;… la luz está allí, su trabajo es volver translúcida a la naturaleza inferior, y permitirle brillar.” Este trabajo avanza durante muchas vidas de encarnaciones consecutivas del elemento espiritual, en circunstancias adecuadas bajo la Ley de Causa y Efecto o Karma mientras la persona gana experiencias de las consecuencias de sus acciones y finalmente comprende cuál es el objetivo y se dispone a alcanzarlo. Otros dos puntos cruciales necesariamente se deducen de este punto de vista, particularmente, que las personas son responsables por su propio progreso (aunque reciban ayuda sobrenatural por medio de oraciones y rituales), y más importante aún, que las personas naturalmente están en diferentes etapas de progreso en este proceso de evolución hacia la realización del centro divino humano. Este punto es controversial, ya que algunos lo interpretan como un tipo de elitismo espiritual que menosprecia a algunos y no a otros, y crea límites de clases en el camino hacia el cielo y en él. Sin embargo, Besant lamenta tal “sentimentalismo espurio, que se opone a reconocer las desigualdades obvias de la inteligencia y la moralidad, y por lo tanto reduce las enseñanzas de los que están desarrollados espiritualmente al nivel alcanzable por los menos evolucionados, sacrificando lo elevado a lo inferior en un modo que perjudica a ambos.” Si el progreso espiritual es ciertamente un hecho, entonces la enseñanza debe necesariamente ser adaptada a diferentes etapas para beneficio de todos. La evolución espiritual del hombre sigue un modelo particular desde su inicio, en el que la persona está auto-absorbida y ocupada en la búsqueda del placer y de las cosas materiales, hasta el final, donde la expresión total de la Vida divina Una se ejemplifica en aquellos tan queridos relatos de los fundadores de las religiones y sus santos seguidores que son personas de extraordinaria gentileza, comprensión y generosidad. Porque la naturaleza humana es la misma, con el mismo objetivo y sendero de progreso, las religiones como los recipientes de instrucción espiritual, esencialmente transmiten el mismo mensaje fundamental sobre la naturaleza humana, su esencia divina, su origen y propósito, y el modo de lograrlo. En el punto de vista teosófico, este sendero de progreso espiritual está marcado por etapas definidas contenidas de forma alegórica en los misterios esotéricos de las diferentes religiones. Las etapas se denominan ‘iniciaciones’, y en el cristianismo esotérico se presentan en términos de los principales incidentes de la vida de Jesús: Nacimiento, Bautismo, Transfiguración, Crucifixión, y Resurrección/Ascensión. En la última etapa la persona está tan iluminada y transformada de forma plena por la luz divina del espíritu, que el término ‘humano’ como tal ya no se le puede aplicar; se dice que la persona ha dominado todo lo relativo a la existencia humana y por lo tanto se lo llama Maestro o Adepto. Estos Maestros juegan un rol significativo en la Teosofía y ellos pertenecen a un grupo llamado la Jerarquía Espiritual o la Fraternidad de Maestros. Según la Teosofía, este es el grupo de guardianes espirituales de la humanidad y están organizados bajo el cargo del Bodhisattva o Maestro del Mundo, actualmente ocupado por el ser que conocemos como el Cristo de los evangelios. El Maestro del Mundo, tiene como tarea fundamental instruir a la humanidad en la práctica del progreso espiritual. Esto lo hace apareciendo en persona al comienzo y al final de su periodo en el cargo (que puede ocupar varios miles de años) y el resto del tiempo él organiza las religiones y la vida social de la Tierra enviando otros Maestros y sus discípulos a las naciones para enseñar el camino común humano hacia la realidad divina y a inspirar viviendo ejemplares vidas santas. Los fundadores de las religiones del mundo son los ‘apóstoles’ del Maestro del Mundo. El concepto de un Maestro del Mundo y una sucesión de discípulos apóstoles tiene el importante alcance que las grandes creencias del mundo en el punto de vista teosófico están íntimamente relacionadas de varios modos. Sus fundadores son todos iluminados, humanos espiritualmente avanzados, o a veces seres superhumanos a quienes se los envía desde la misma fuente, es decir, del Maestro del Mundo y su Fraternidad, a fin de instruir a sus hermanas y hermanos menores en el camino de la perfección. Dado que, como ya lo hemos visto, la humanidad no está toda en la misma etapa de madurez espiritual, la enseñanza se transmite de forma simbólica, para poder ser interpretada en múltiples y distintos niveles, alimentando así con el mismo material a tantas personas como sea posible, en muchos y diferentes niveles de progreso. Los símbolos de los relatos y parábolas religiosos están seleccionados según un conjunto de “significados fijos y aceptados” que los Maestros de la Fraternidad usan. El Maestro elige las enseñanzas originales para adecuarse al grupo y tipo de gente a quien se va a dirigir y varía las enseñanzas según las regiones y las épocas. Sin embargo, las enseñanzas se originan en la misma fuente de sabiduría bajo la supervisión del Maestro del Mundo.
Pluralismo teosófico Los siguientes elementos del modelo de pluralismo teosófico, de acuerdo a lo manifestado serán claros: Todas las grandes religiones son expresiones diferentes de las mismas verdades respecto a la naturaleza humana y el sendero de la vida espiritual en progreso hacia la unión con la fuente divina; este centro común está asegurado por el hecho de que las grandes enseñanzas religiosas las dan miembros del mismo grupo de Maestros espirituales y los mitos religiosos se dan en términos de un simbolismo común; son principalmente expresiones externas diferentes de su centro de verdades internas sobre la vida espiritual y cada religión es “uno de los guardianes de la herencia espiritual del hombre”. Este pluralismo teosófico se basa en el reconocimiento, considerando las verdades espirituales y la experiencia religiosa, de que existe un reino del ser y la experiencia que no se puede expresar en términos de lenguaje común. Para Besant y los teósofos, esto lleva la implicación crucial de que el pluralismo religioso es el único enfoque razonable para la diversidad religiosa; la diversidad religiosa es un hecho natural y necesario debido a la naturaleza de la realidad y a nuestro modo de percibirla:
Todas las religiones son diferentes con un objetivo. Si las grandes verdades han de expresarse plenamente, no puede ser por medio de sólo una fe, ni con una descripción intelectual;… toda (gran religión) emite una nota diferente… No en mono tono, sino en acordes y armonía aparece la gran revelación de Dios para el hombre.
El reconocimiento de la igualdad y unidad interna de las religiones es el único camino hacia la paz y hacia el entendimiento entre las personas de diferente fe. Besant ubica el motivo de la discordia religiosa en afirmaciones religiosas exclusivas, y la consecuencia lógica de una convicción exclusivista:
El antagonismo entre religiones es una planta de crecimiento moderno, nacida de la semilla de una afirmación esencialmente moderna, la afirmación de una religión única que está exclusivamente inspirada… Porque mientras tu religión es tuya, y la mía es mía, y nadie intenta imponer su religión al otro, no aparece ninguna cuestión de persecución. Pero si digo: “Tu concepción de Dios está equivocada y la mía es correcta, sólo yo tengo la verdad, y sólo yo puedo señalar el camino hacia la salvación; si tú no aceptas mi idea, serás condenado”, entonces, si yo soy lógico y mayoritario, debo perseguir a los demás, porque es más bondadoso quemar a los no creyentes aquí, que permitirles difundir sus creencias erróneas, y de este modo condenarse a sí mismos y a otros para siempre.
El pluralismo teosófico, sin embargo, requiere de expresiones de la verdad para ser singular, porque la realidad más elevada y espiritual no se puede expresar en término finitos, y también porque reconoce que la gente es diferente y necesita que la verdad sea presentada en una variedad de formas para que por lo menos una de ellas les resulte útil en su sendero. La esperanza implícita es que en el futuro las religiones se darán cuenta de su base común y construirán la paz en esta unidad:
Así, en la Religión Mundial, las grandes religiones aún existirán, cada una atrayendo a un tipo especial de humanidad y a un temperamento especial, existiendo como sectas de una sola Fe, existiendo como ramas de un mismo árbol, comprendiendo su unidad fundamental, pero preservando su valiosa diversidad; porque por medio de la construcción y no de la destrucción se concretará la gran ley religiosa. Porque seguramente la diversidad es la condición misma de un universo y de toda su belleza. Una expresión de la verdad nunca podría agotar los contenidos de una verdad espiritual. El intelecto divide, separa, clasifica; nunca puede dar el Todo pleno de la suma, que es la Verdad. La descripción intelectual puede dar una de sus partes, uno de sus fragmentos, uno de sus aspectos; pero necesitamos tenerlos a todos, a fin de que la multifacética verdad pueda brillar para ayudar y enseñar a los hombres.
Por lo tanto, yo busco una gran Religión Mundial donde cada religión tenga un lugar, donde cada gran fe presente su propio aspecto de la verdad; pero donde todos aprendamos de cada fe, el punto de vista que tiene que enseñar, y así ampliemos nuestra mente, acrecentemos nuestro corazón, y profundicemos nuestra reverencia por la grandeza de la verdad.
Esta cita resume la posición teosófica sobre la diversidad religiosa y señala el terreno para las relaciones interreligiosas. Igualmente, lo que Besant llama ‘la Religión Mundial’ podría parecer que contradice su insistencia en que todas las religiones permanecerán para contribuir con su propia voz, pero la Teosofía no está para imponer otra religión o iglesia institucional en el mundo: “Hoy el campo religioso es un campo de combate… y si la Teosofía fuera un combatiente más, una secta rival más, el mundo bien podría arreglárselas sin ella.” Más aún, comprendo ‘la nueva Religión Mundial’ como una matriz de esas verdades internas que las religiones enseñan en su propio y diferente modo, y como tal la nueva religión mundial es simplemente pluralismo comprendido sobre una base teosófica, y nuestra propia religión tradicional interpretada a la luz de la base común de todas las religiones. De modo que la Teosofía, como Besant dice, sólo desea abrir los ojos de la gente a los elementos comunes en sus respectivas creencias, y proveer un marco para la interacción y el crecimiento mutuo, y el estímulo de aprender unos de otros. Ella propone el siguiente ejemplo de conexión:
En primer lugar, yo no creo que las religiones de la actualidad desaparecerán como religiones. Creo que estarán relacionadas a la Religión Mundial, como, digamos, las diferentes Iglesias de la Cristiandad están relacionadas al Cristianismo. Al igual que vemos muchas iglesias, muchas sectas, igual que vemos muchas variedades de pensamiento y enseñanza; pero todas miran a Cristo como el supremo Maestro, y aceptan Su evangelio como el fundamento de su mensaje.
Sobre esta base, es claro que mantener la diversidad religiosa no sólo es deseable en un sentido antiguo, sino debido a la naturaleza de la realidad y a la naturaleza de nuestra capacidad limitada para percibir lo Real. La diversidad religiosa como la presencia de un amplio rango de expresiones de la realidad más elevada es absolutamente vital para producir estímulo y un crecimiento espiritual. Y es claro que el individuo puede incorporar esfuerzos interreligiosos y diálogo interreligioso, especialmente sobre puntos de dogma, estos son cruciales ya que es sólo por medio de estos esfuerzos que una persona llegará a apreciar esas otras áreas de la experiencia religiosa que su propia tradición no enfatiza o señala. En el punto de vista teosófico, entonces, la diversidad religiosa es un acuerdo, el pluralismo religioso es una actitud natural hacia la diversidad, y la interacción religiosa y el diálogo abierto es el único enfoque razonable hacia otra persona religiosa.
Conclusión El modelo teosófico de pluralismo implica que las relaciones interreligiosas deben enfrentar la difícil tarea de intentar comprometerse en un nivel doctrinario y trabajar para reconsiderar las interpretaciones tradicionales de temas problemáticos que permanecen pendientes, de considerarse mutuamente como familiares y compañeros en un emprendimiento común, y no como enemigos de guerra. La Teosofía sugiere que el lenguaje común del simbolismo religioso es una herramienta que puede ayudar a abrir esta difícil área. Estos elementos de relaciones interreligiosas exitosas y fructíferas, no son propiedad exclusiva de una visión teosófica universal. Por el contrario, es un punto importante la afirmación de la Teosofía, de que estos principios de unidad y cooperación están presentes en todas las religiones y que la actitud pluralista es un enfoque posible de cualquier religión hacia cualquier religión. El futuro del compromiso interreligioso en este nivel fundamental requiere de dedicación, tanto de creyentes individuales como de los establecimientos religiosos como tales, y por lo tanto es un proceso a nivel micro y macro, con el potencial de transformar el aspecto de la tierra de un lugar de lucha y competencia ideológica, hacia un jardín de cooperación y crecimiento mutuo, construyendo la paz y la prosperidad sobre la base de un aprecio profundo de nuestra unidad espiritual esencial.
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