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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 131 - Número 9 - Junio 2010 (en Castellano)

 
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Desde la Atalaya

 

 

RADHA BURNIER

 

 

Un centenario digno de señalar

Este año, en toda la India y también en algunos otros lugares, nuestros  miembros están celebrando el centenario de la publicación del texto A los pies del Maestro. El nombre oficial que se le dio al autor fue el de Alcyone, una de las estrellas del firmamento, pero naturalmente, todo el mundo sabe que se estaba hablando de J. Krishnamurti. Decían que cuando era muy joven, cada noche recibía enseñanzas de su Maestro. El libro se ha estado vendiendo continuamente desde hace cien años y ha significado mucho para numerosos lectores.

   E. A. Wodehouse, hermano del famoso P. G. Wodehouse, escribió lo siguiente:

 

Lo que nos asombró especialmente fue su naturalidad, sin rastro alguno de afectación o segundas intenciones. Era, sin embargo, de naturaleza retraída, modesto y respetuoso con sus mayores y cortés con todo el mundo. Además, mostraba un afecto profundo, singularmente atrayente, con las personas de su agrado. De su cargo “oculto” parecía totalmente inconsciente. Nunca hablaba de ello, nunca, ni por un momento, dejaba entrever la más mínima señal ni en sus palabras ni en su modo de actuar… Otra cualidad que tenía era una generosidad serena. Parecía no estar lo más mínimo preocupado por sí mismo… Nosotros no éramos fanáticos suyos, dispuestos a no ver en él más que la perfección. Éramos gente mayor, educadores y con cierta experiencia con los jóvenes. Si hubiera habido alguna traza en él de vanidad o falsedad, o modales de “niño santo”, o una conciencia de sí mismo algo pedante, indudablemente habríamos dado un veredicto adverso.

 

   Esta cualidad de la modestia, de una cortesía para todos y de una ausencia total de orgullo, la “generosidad serena” que le hacía no ver nada importante en sí mismo, las mantuvo durante el resto de su vida. Era ciertamente consciente de que le embargaba un poder mayor cada vez que tenía que dar una conferencia, y había períodos cada día y cada noche, en los que parecía estar en otro mundo, pero aparte de esto, no había ningún sentimiento de superioridad en su comportamiento. Este sentimiento de poca importancia iba siempre con él como la fragancia que desprende una hermosa flor, aunque por su posición conocía y trababa amistad con gente muy importante, siempre estaba dispuesto a entregar su afecto a cualquier persona que le respondiera. Recuerdo a Munuswamy, chófer de la Sociedad en esa época, que permaneció a cierta distancia una vez que fui a ver a Krishnaji, pero Krishnaji se le acercó espontáneamente, le tomó las manos y le mostró un gran afecto. Lo hacía con mucha gente sencilla que no era capaz de comprender las conferencias que daba.

   El librito A los pies del Maestro, aunque nunca fue reivindicado por él,  ha llegado al corazón de miles de personas. El lenguaje es muy simple porque el escritor era joven y no conocía muy bien el inglés. Esto ha sido una ventaja para miles de personas que han leído el libro, porque no han necesitado conocer palabras ni frases difíciles en inglés. Podían seguir lo que decía.

Hay algún pasaje ocasional que no parece ser suyo, sino de C. W. Leadbeater.

Seguramente se debía a que, al no conocer el inglés lo suficiente, necesitaba ayuda de otra persona para expresar lo que quería decir. Pero eso no significa que el libro expresara el pensamiento de otra persona. Incluso el primer párrafo ya nos transmite algo de las profundidades en las cuales él se movía y de lo que a él se le decía.

   Este centenario no se parece a ningún otro. Aporta a quienes estudian el libro una parte de la gran sabiduría que se encuentra detrás de él. Le transmite al lector el sabor de una enseñanza que puede elevarlo al nivel de una persona devota e interesada por la verdad. ¿Qué más podemos pedirle a un librito que cualquier persona puede leer y comprender?

 

La naturaleza de la enseñanza respecto al Sendero

   Los Maestros hablan de su mundo como de un mundo distinto al humano, a nuestro mundo. Nos es más fácil entenderlo cuando pensamos en una persona ciega de nacimiento. No puede ver todas las cosas que vemos nosotros, ni la belleza de la tierra ni los colores del cielo. Pero sigue oyendo sonidos, puede oler, notar el sabor de las cosas, etc., y experimenta el mundo de una forma totalmente distinta a la nuestra. No hay modo de transmitirle las experiencias que nosotros tenemos gracias a nuestra visión. De modo similar, tenemos el ejemplo de otras criaturas, animales, pájaros etc., que viven en su propio mundo. En ese mundo apenas se razona, y todas las experiencias que tienen que ver con el razonamiento en la vida humana no tienen ningún significado para ellos.

   El ser humano recibe afecto de esas criaturas, pero ellas no pueden comprender la experiencia humana. El ser humano, de igual modo, no puede entenderlos totalmente, porque viven por instinto, que es un tipo de conciencia diferente al razonamiento. Por analogía, podemos tratar de entender que tal vez haya gente que lleve una vida muy distinta a la nuestra. Su mundo no es el mismo que el nuestro, porque lo que es esencial y vital en su mundo no tiene importancia para nosotros; y lo que parece importante para nosotros tiene poca relevancia en el mundo donde ellos viven.

   En el mundo humano, el tiempo es muy importante; en la actualidad, mucho más que en el mundo antiguo. Todas nuestras organizaciones e instituciones dependen del tiempo para funcionar. Si los seres humanos no fueran conscientes del tiempo, estas organizaciones desaparecerían. Pero eso es a nivel externo. Esta ilusión del tiempo nos hace enfrentarnos psicológicamente al mundo de cierta manera. La primera regla que leemos en Luz en el Sendero dice “Mata toda ambición”. La ambición existe porque estamos bajo el control del tiempo. La ambición es el deseo de alcanzar algo; de conseguir hacer algo en un tiempo determinado.

   Todo en la naturaleza crece, existe y muere según los dictados de la Naturaleza. Un niño nace y no hay que hacer nada para que crezca. Plantamos una semilla y si las condiciones son las correctas, germinará, se convertirá en un tallo y después quizás en un árbol grande, con flores y frutos. Todo eso ocurre por sí mismo.

   Hay numerosos ejemplos de cómo tiene lugar la expansión, no sólo a través del crecimiento físico, sino del crecimiento de las facultades.

   Cada ser humano tiene facultades extraordinarias, no sólo la capacidad del razonamiento, sino las facultades que despiertan el sentido de la belleza, que lo hacen consciente de la paz, etc. Estas facultades han crecido dentro de la conciencia humana por sí mismas. Tal vez no aceptemos que el crecimiento, la expansión y todo lo demás estén conectados con ellas. Pero, debido al valor del tiempo, sentimos que dentro de nuestra vida en particular, hemos de llegar a algún sitio o hemos de conseguir algo.

   El tiempo es ilusorio. El tiempo transcurre de modo diferente si estamos contentos o si no lo estamos. Si estamos en una cola, el tiempo pasa muy despacio. Si llegamos al principio de la cola, entonces ya no irá tan despacio. Tiene pues, algo que ver con nuestro deseo. Si estamos al final de la cola deseamos con toda nuestra fuerza estar delante, y el tiempo pasará despacio. Pero si estáis al principio de la cola, entonces no seréis conscientes de que vaya tan despacio.

   Por esto tal vez Krishnamurti dijo la frase siguiente “El deseo es el tiempo”. La ambición es un tipo de deseo, un deseo intenso. Causa toda clase de dificultades en las relaciones. Las guerras que han tenido lugar en el mundo y han causado miseria a millones de personas, son productos de la ambición en la mente humana. La ambición hace que la gente quiera tener cada vez más cosas que le satisfagan. Tal vez tengamos la ambición de conseguir una satisfacción espiritual o intelectual, además de satisfacción sensorial. Pero todo es la misma cosa.

   Es causado por el deseo de lograr cosas en esta vida o en un período de una vida. Pero los animales no tienen ambición, porque no tienen sentido del tiempo. A diferencia de los seres humanos, viven libre y espontáneamente y no sienten la necesidad de que otros animales reconozcan que han ido mucho más allá que sus amigos. Pero el ambicioso ser humano quiere que todo el mundo sepa que él ha superado a los demás. Parte de la satisfacción que nos da la ambición es la de compararse a uno mismo con todos los demás. Yo he corrido más rápido que todos los demás y he conseguido la medalla de oro olímpica. Pero el animal corre de prisa, inconscientemente, sin tratar de impresionar a nadie. La competencia en este mundo es la fuente de muchos males.

   En uno de los trabajos de Madame Blavatsky, en el librito Ocultismo práctico, la autora señala cómo es perjudicial la competencia en el mundo moderno. Es una parte del mundo en la cual la ilusión del tiempo es muy fuerte. La ambición, el deseo, el logro, son todas expresiones de la mente humana que está bajo la ilusión del tiempo. Pero en el mundo del Maestro, este sentido del tiempo no oprime a ninguno de Ellos. Los Maestros saben cómo esperar que las cosas crezcan de acuerdo con el fluir de la Naturaleza.

   A veces la gente pregunta ¿Por qué no intervienen y arreglan las cosas? ¿No podrían hacer desaparecer rápidamente algunas de las características negativas del ser humano? Es como preguntar: ¿Por qué la planta pequeña no es un  árbol grande? Si no pensamos en términos de tiempo, veremos cómo la planta se convierte en un árbol. Nos daremos cuenta de que lo que llamamos un hombre malo se transformará lentamente en un hombre bueno, sin tener que forzarlo, modelarlo, cambiarlo, ni hacer todas esas cosas que los seres humanos quieren hacer. Lo que llamamos, pues, la paciencia es una de las grandes características que prevalece en el mundo de la luz, que es el mundo del Maestro.

   Ellos saben lo que ha ocurrido y lo que ocurrirá, porque todo existe ya en la eternidad. Somos prisioneros del tiempo, psicológicamente, pero Ellos viven en lo eterno. En Luz en el sendero, se señala repetidamente este contraste entre ese mundo de luz y el mundo ilusorio. Cuatro veces se nos dice “Vive en lo eterno”. Y desde ese punto de vista eterno todas las actividades, especialmente los cambios psicológicos y las actitudes que existen en el ser humano y se basan en el tiempo, son falsos. Por eso es mâyâ.

 

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