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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 131 - Número 8 - Mayo 2010 (en Castellano)

 
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Consciencia de la Luz y

Luz de la Consciencia

 

 

DARA TATRAY

 

 La Dra. Dara Tatray es Presidenta Nacional de la Sección Australiana de la Sociedad Teosófica. Charla dada en diciembre 2009, en Adyar

 

   Un número de frases repetidas llegan a la mente cuando consideramos a la ciencia y al espíritu de los tiempos, desde la perspectiva de la Teosofía o del ocultismo. “Tan cerca y sin embargo tan lejos”, es uno de ellos; y “cuanto más cambian las cosas, más permanecen igual” es otra. Como hoy veremos, H. P. Blavatsky expresó cierto optimismo respecto a algunas afirmaciones hechas por científicos en sus días que parecieron augurar lo bueno de la ciencia, pronto, no en el futuro, resultando ser el mejor aliado. Pero ¿qué vamos a hacer respecto al hecho de que hoy nos encontramos no mucho más avanzados que en la década de 1880? Los descubrimientos actuales en física y biología parecen apoyar las ideas claves de la filosofía perenne y de la ciencia oculta o esotérica: pero sucedió lo mismo en la época de HPB. De modo tentador, parece que estuviéramos cerca y al mismo tiempo lejos.

   Consideremos la luz por ejemplo. La naturaleza de la luz es una de las características más importantes de la cosmología. Casi todo lo que sabemos sobre el universo, todo lo que vemos, ha llegado a nosotros por la luz, y lo que sabemos sobre la naturaleza de la luz está íntimamente conectado con lo que sabemos sobre la naturaleza de la realidad total. En temas espirituales que tratan de meditación y yoga, la naturaleza de la consciencia es igual de esencial, y en esos temas podríamos estar inclinados a decir que todo se nos transmite por la luz de la consciencia, o la luz de la inteligencia. Existe una analogía obvia aquí, y una conexión importante para hacer entre la luz de Einstein y Newton, y la luz de la consciencia. Pero se requeriría de un verdadero ocultista para educir las implicancias de la conexión, y todavía habría que desarrollar un científico del calibre de Einstein, que también sea ocultista o teósofo.

   Sin embargo, surge naturalmente la pregunta, si ciertamente existe una división rígida entre la luz de la consciencia y la luz como tema de la cosmología. Considero que no. ¿No son dos formas o expresiones de una fuerza? Ciertamente se sugiere en las Cartas de los Mahatmas que el Dios de los teístas y la fuerza de la ciencia son una y la misma (orden cronológico Carta Nº 65 - ML 11). Sin embargo, ya sea que la llamemos Fuerza, Energía, Materia o Dios, estamos simplemente dándole un nombre a un poder o sustancia misteriosa, cuya forma exacta permanece desconocida. HPB la describió una vez como el Omnipresente Proteo del universo, el elemento eterno y uno, imperfectamente conocido como Espíritu-Materia. Desafortunadamente, a pesar de los enormes pasos dados por ciertas ramas de la ciencia en la dirección de la metafísica y del misticismo en años recientes, no parece que estuviéramos ahora más cerca de comprender esta sustancia proteica que en su época.

   Sin embargo, el énfasis nuevo y en aumento respecto a la primacía de la consciencia, es un paso mayor en la transformación de la ciencia, de archienemigo a aliado. William A. Tiller ha especulado que la cuestión de la consciencia, que es claramente evidente como el próximo gran tema en la ciencia, resultará en breve en una nueva fórmula o ecuación para competir con la E=mc2 de Einstein, una ecuación que tomará en cuenta a la consciencia, de modo que no sólo estaremos pensando en términos de inter-convertibilidad de materia y energía, sino de materia, energía y consciencia.

   Este movimiento tendiente a tomar en cuenta la consciencia, no es la única tendencia alentadora en la ciencia. Un número de desarrollos prometedores parecen estar trayendo a la ciencia más cerca de la Teosofía y de la filosofía perenne. Claramente, existe más en el universo que materia y energía, espacio y tiempo. Ervin Laszlo y otros han propuesto otro campo que conecta y relaciona los campos gravitacional, magnético y atómico. Laszlo ha llamado a esto el Campo Âkâshico o el Campo-A porque muchas de sus cualidades se asemejan bastante a lo que la metafísica hindú propuso hace mucho tiempo sobre Âkâsha. Más aún, nuevas teorías sobre el cerebro y sobre la materia, consideran ahora un amplio rango de lo que solía ser descripto como fenómeno paranormal, al igual que la reencarnación, curación espontánea, estados de consciencia alterados y estados mentales anómalos tales como telepatía o transmisión de pensamiento. Existe entonces razón para el optimismo, pero se requiere paciencia. Todavía hay una reacción por parte de los científicos que niegan la posibilidad de cualquier fenómeno para-normal, o capacidades mentales anómalas, a pesar del hecho de que no tienen razones estrictamente científicas para negarlo. La ciencia está actualmente de nuestro lado: pero parece que no cambia mucho. Y esto es bastante preocupante, o por lo menos desconcertante, cuando consideramos el hecho que la situación era exactamente la misma en la década de 1880. Ciertamente, mientras por un lado la ciencia moderna puede todavía terminar como nuestra mejor aliada, como lo es en principio, otro refrán llega a mi mente, igual de frecuente, que cuanto más cambian las cosas, más permanecen igual.

   Como mencioné al comienzo, HPB expresó bastante optimismo al escribir sobre varios eminentes científicos que se habían convertido al espiritualismo en la década de 1880; científicos que comenzaron como escépticos o abiertamente hostiles, pero después de haber presenciado fenómenos mediumnísticos, se vieron forzados a cambiar su opinión. Estos científicos se encontraban entre los científicos de su área, y se vieron forzados a admitir que los fenómenos eran genuinos e imposible de adulterar. El gran naturalista Sir Alfred Russell Wallace determinó que los hechos son concluyentes, y que éstos le habían obligado a aceptar la validez del espiritismo.[1] HPB estuvo particularmente sorprendida con la afirmación hecha por el Prof. Wagner de San Petersburgo que se convenció de “la necesidad de ampliar el dominio de la ciencia reconocida”[2] para tener en cuenta tales fenómenos. Una afirmación similar se escuchó unas pocas décadas más tarde, expresadas por William James, el padre de la Psicología norteamericana, quien manifestó:

 

La ciencia, hasta ahora, mientras niegue tales hechos excepcionales, permanece postrada en el polvo, y la necesidad intelectual más urgente que siento actualmente es que la ciencia se reconstruya nuevamente de modo que tales hechos tengan un lugar positivo.[3]

 

   En la época de HPB los escépticos afirmaban a menudo que un mago profesional podía producir los efectos mostrados en las salas de los médiums. De modo que ella estaba evidentemente muy orgullosa de tres conversos entre la fraternidad de magos del espectáculo, incluyendo al famoso Robert Houdin, que concluyó que “levitaciones sin contacto, como se producían en presencia de médiums, eran hazañas totalmente más allá del poder del malabarista profesional”. Otro mago del espectáculo sugirió que no había pruebas que los espíritus de los muertos eran los responsables de esos efectos extraordinarios, pero que una cosa era segura: Los que él presenció no se podían fingir.[4]

   Considerando que las afirmaciones hechas, tales como las precedentes, fueron realizadas por eminentes hombres de ciencia y por magos profesionales en la década de 1880, podríamos esperar que se hubiera hecho considerable progreso desde ese entonces, pero éste no parece ser el caso. En 1883 HPB pudo citar a un eminente académico que dijo que: “El hombre de ciencia verdadero, difícilmente negará aquello que tenga la más remota posibilidad que alguna vez le sea demostrado”.[5] Y con la creciente evidencia de la existencia de poderes notables latentes en el ser humano, ella sintió que la marea estaba definitivamente regresando; que como ella lo expresó: “un terco escepticismo no intelectual que no conoce terrenos medios y es totalmente rebelde de llegar a un acuerdo, ya está disminuyendo”.[6] Sin embargo, esto puede haber sido demasiado optimista, porque lo que ella describió correctamente como un terco escepticismo no intelectual, todavía está con nosotros, de modo destacado en las muy publicitadas declaraciones del ateísta más enérgico del mundo, Richard Dawkins.

   A finales de la década de 1880, como ahora, los descubrimientos diarios en las ciencias minan el todavía paradigma dominante materialista. HPB lo expresó de modo poético del modo siguiente:

 

Si personificáramos a la materia, podríamos decir que despertó una bella mañana para encontrarse a sí misma transformada en fuerza, de modo que los materialistas tienen que, a pesar de sí mismos,  convertirse en Energistas.[7]

 

   Desafortunadamente, los materialistas silencian al baluarte de la ciudadela, y el estudio de la energía en un nivel sutil no ha progresado bien desde la década de 1880; el estudio de campos energéticos sutiles, son todavía de dominio de la ciencia alternativa y un terreno ampliamente desconocido. El biólogo T. H. Huxley afirmó en cierta oportunidad que “el científico tiene el juramento y el deber de sostener su teoría ligeramente, y abandonarla alegremente cuando está en conflicto, de algún modo, con los hechos”. Pero parece que los defensores de las teorías científicas están más dispuestos a arrastrar sus pies que a salirse alegremente del camino. De modo que una vez me afirmaron que la ciencia progresa de funeral en funeral.

  Aún así, no hay dudas que algún trabajo sigue adelante y existen motivos de optimismo. La opinión del mundo en círculos científicos ha cambiado dramáticamente incluso en la década pasada. Ahora se cree que la materia, como la conocemos, sólo constituye el cinco por ciento de la densidad de la energía en el universo, cuya mayor parte constituye a los seres humanos y los objetos materiales que ellos usan, y lo cierto es que hay que admitir que es desconocida. Las secciones de la ciencia popular de las librerías, tienen ahora títulos tales como The Matter Myth: Dramatic Discoveries that Challenge Our Understanding of Physical Reality by Paul Davies (Simon & Schuster 1992); The Self-Aware Universe: How Consciousness Creates the Material World de Amit Goswami (Simon & Schuster 1993); y Science and Human Transformation: Subtle Energies, Intentionality and Consciousness de William A. Tiller (Pavior 1997). De especial interés para los miembros de la Sociedad Teosófica es la Biblioteca del Congreso para el libro de Tiller, el que se refiere a:

  1. Parapsicología y ciencia
  2. Ocultismo y ciencia
  3. Consciencia

   Que la ciencia y el ocultismo debieran ponerse juntos de este modo, en la Biblioteca del Congreso, debe considerarse seguramente como una pequeña victoria para la Teosofía y el ocultismo, y estoy segura que HPB lo hubiera anotado como tal.

   Desde la formación de la Sociedad Teosófica hubo considerable progreso en el estudio de lo que en la ST se conoció como los poderes latentes en el hombre, los que en algún otro lado se describen como capacidades mentales anómalas: anómalas porque aparecerían como imposibles de acuerdo a las leyes de la naturaleza conocidas por la ciencia. Pero tales cosas como la transmisión de pensamiento, independiente del espacio y del tiempo ciertamente ocurre, y existe un gran cuerpo de investigación basada en evidencia apoyando tal fenómeno. Sin embargo, aunque esa investigación es llevada a cabo por científicos de buena fe de acuerdo con el método científico, empleando experimentos de doble control ciego, y otros parecidos, otros científicos todavía prefieren ignorarlo.

   Por lo tanto, uno está casi tentado a decir que lo único que permanece en el camino de una luz mayor que se vierte sobre la naturaleza de la realidad, es el científico. Y si no fuera por el  terco escepticismo del científico promedio tal vez estaríamos cerca de comprender tanto la luz como la consciencia, como el gran mago proteico que da origen a cada forma y cada ser vivo. Si no fuera por el escepticismo no inteligente, estaríamos mucho más cerca del día en que la ciencia y la religión caminaran de la mano hacia el infinito, como lo hicieron en el pasado.

 

Referencias

 

[1] Blavatsky, H. P., Collected Writings (Recopilación de Escritos), vol. 3 (1881-82), TPH, Wheaton, Il., 1968, p.235.

[2] Blavatsky, H. P., Collected Writings (Recopilación de Escritos), vol. 3 (1881-82), TPH, Wheaton, Il., 1968, p.235.

[3] Citado en Mayer, E. L., Extraordinary Knowing: Science, Skepticism and Inexplicable Powers of the Human Mind, Random House, New York, 2007.

[4] Blavatsky, H. P., obra citada, p.238.

[5] Blavatsky, H. P., CW (RE), vol.4 (1882-83), pp.309 y 310.

[6] Blavatsky, H. P., CW (RE), vol.4 (1882-83), pp.309 y 310.

[7] Blavatsky, H. P., CW (RE), vol.4 (1882-83), pp.309 y 310.

 

 

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