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Vol. 130 - Número 6 - Marzo 2009 (en Castellano) |
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Desde La Atalaya
RADHA BURNIER
¿Nos avergonzamos del sentimiento moral?
Actualmente, hay muchas cosas que se hacen sin tener en cuenta para nada su carácter moral. La misma palabra “moralidad” ya se considera ridícula, porque la atención actual está enfocada casi totalmente en el éxito. El éxito no depende de la acción moral. Hay personas muy exitosas que ganan dinero mediante cualquier medio, porque conseguir riqueza es una acción aprobada. Muy poca gente considera la moralidad como algo de valor; creen que esta vida es la única, y todo lo que es placentero vale la pena tratar de lograrlo. Este mismo sentimiento existe en distintos grados, que van desde los más ricos en la cima, hasta los niveles más bajos de la escala. Hay personas que están empezando a cuestionar todo esto y han llegado a distintas conclusiones. En el periódico The Guardian Weekly (30-1-2009) se publicó un artículo sobre la clave de la Benevolencia, en el que citan a Adam Phillips y Barbara Taylor, que escribieron sobre la virtud de la benevolencia, algo que enseñan muchas religiones. La Sra. H.P. Blavatsky dice que el altruismo incluye muchas virtudes y que le podemos dar muchos nombres. Los budistas tienden a llamarlo compasión, algo que abarca a todos los seres vivos. Ningún verdadero líder espiritual en el mundo ha dejado de abogar por un sentimiento de buena voluntad, de compasión o lo que queramos llamarlo, hacia los llamados pecadores, personas que actúan por ignorancia, y hacia la gente sabia y reflexiva. La benevolencia es una de las maneras de demostrar el espíritu altruista, pero no una benevolencia para alcanzar un fin, sino un sentimiento que surge por un deseo de ayudar a todos cuantos necesitan apoyo, incluyendo a los reinos inferiores de animales, plantas y otras criaturas. En la actualidad, se considera normal maltratar e incluso destruir a gran número de criaturas. Dicen que en la Isla Macquarie, a medio camino entre Australia y la Antártida -que había sido antaño un hermoso refugio natural- el equilibrio de la Naturaleza se ha visto repetidamente perturbado, y en estos momentos están poniendo en marcha un plan de emergencia de dieciséis millones. De forma imprudente se introdujeron criaturas en la isla y acabaron matando a gran número de gatos, ratones, ratas, conejos y otros animales cuando el problema se les fue de las manos. Dicen que en 1985 acabaron con el último gato, y después aumentó la población de los conejos. Esto sólo demuestra que los esfuerzos que ha hecho el hombre para mejorar los procesos naturales que mantienen un equilibrio en todas partes, no ha tenido éxito. Sin razón alguna, se está experimentando con distintos animales, para ver si las medicinas utilizadas con los seres humanos son seguras. En Europa se ha ordenado la experimentación sin animales en varios casos, pero América sigue utilizándolos; se prueban productos químicos, drogas y cosméticos para determinar si son perjudiciales para los seres humanos o no. “La razón por la que usamos animales en experimentos es porque el proceso nos es más cómodo…. no porque nos aporte más información” dicen los más prudentes. Necesitamos tomar decisiones, pero los experimentos con animales ya no son el único criterio científico para tomarlas. Nuestro trato con los seres humanos no es muy distinto. Pensamos que algunas personas merecen ser bien tratadas mientras que otras pueden pasar muchas privaciones, porque en realidad no importa. Por ejemplo, están vertiendo una gran cantidad de desechos electrónicos en países muy pobres como Gana, a veces con el pretexto de que todas esas cosas serán destinadas a escuelas y hospitales. Se nos informa que más de un millón de ordenadores llegan a Lagos cada mes, tres cuartas partes de los cuales son sólo basura y se venden como tal. La Unión Europea se ha dado cuenta y ha tomado medidas, pero siguen habiendo muchísimas actividades ilegales. Cada vez se comercializan más ordenadores en el mercado mundial y lo que pase con ellos cuando ya no sirvan no le importa a nadie. Mientras ésta es la situación respecto a un problema, podemos hacer muchas otras preguntas sobre distintos temas. ¿Qué les ocurre a las mujeres y a los niños que salen de los países pobres, esperando una vida mejor en un mundo más rico? Muchos de ellos acaban arruinando su vida de distintas formas. El lector puede chequear los otros problemas que surgen, y la conclusión es obvia, porque evidentemente este mundo es inmoral. Primero tenemos que despertar moralmente, y después espiritualmente, para poder conseguir que nuestras relaciones sean dignas del ser humano. Ahora vivimos para comer y ganar dinero por encima de todo y, si podemos, explotamos a otras criaturas en beneficio propio. Se necesita la moralidad en este mundo por encima de todo lo demás, pero ¿qué es la moralidad? Es algo que existe realmente junto con una conciencia universal, que siente lo trágico de todo. Tal vez la moralidad consiste en usar lo mínimo posible de los recursos del mundo, sin causar dolor y miseria a los demás. y en no utilizar a otras personas y otros recursos para beneficio de uno mismo. La felicidad no depende de la cantidad de dinero que tengamos o del placer que podamos experimentar. Hay quienes son perfectamente felices con poco, con sólo lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas. Estos se encuentran en muchos lugares de la tierra, viviendo libre y felizmente con lo que un hombre moderno consideraría como nada. La felicidad no nace de las posesiones, sino del interés por toda la vida. “Es la benevolencia, fundamentalmente, lo que hace que la vida sea digna de ser vivida, y todo lo que vaya contra esa benevolencia es un ataque a nuestra esperanza”.
La riqueza y el problema global
Hay mucho orgullo, envidia y otros sentimientos, involucrados en las diferencias de riqueza que existen en todo el mundo. Los muy ricos están muy satisfechos con su propia condición; los pobres, que son numerosos en todos los niveles, siguen viviendo en la pobreza y miran constantemente a los más ricos con el deseo de ser ellos también un poco más ricos. En algunos países del mundo que son muy ricos generalmente hablando, viven también personas muy pobres. En los Estados Unidos, por ejemplo, hay unas cuantas personas extremadamente ricas, tal vez ni siquiera saben lo ricos que son. La satisfacción de su propia riqueza les hace sentir indiferencia hacia los pobres, que ascienden a un número altísimo en ese país. Hay algunas personas, como Bill Gates, que dan grandes cantidades de dinero a los demás para que lo usen y lo disfruten de una manera u otra, sin que eso los afecte en su riqueza, en lo más mínimo. Tenemos que felicitarlos, a pesar de todo, al menos porque piensan en los que tienen menos. Actualmente, en algunos países, como Suiza, están muy sensibilizados hacia las desigualdades que hay en su población y a mucha gente le gustaría ver cómo los pobres adquieren lo suficiente como para no necesitar ayuda. Una de las personas que dirige la conocida organización benéfica llamada Cáritas dice: “Uno de los países con mayores diferencias en términos de distribución de la riqueza, casi comparable a una república bananera, es Suiza, donde la distribución sólo puede describirse como algo feudal, porque la riqueza está cada vez más acumulada en manos de unos pocos, especialmente de aquellos que no han hecho nada para ganársela. El diez por ciento de las familias más ricas posee diez veces más que la renta media del hombre corriente. Pero en lo que respecta a impuestos y contribuciones, se les da el mismo trato a ricos y pobres. Lo que es particularmente inaceptable para la gente que protesta, es que aquellas personas con un sueldo más alto reciben también beneficios adicionales, aparentemente justificados como medidas motivadoras. Parece que fue la Fundación Cáritas la que sacó a la luz pública esta estrategia, que desató un escándalo. Más del catorce por ciento de la población no puede cubrir sus gastos básicos y tiene que depender del estado para que le ayude a sobrevivir día a día. En los países más ricos del mundo, las diferencias pueden ser mayores que en los países pobres. En la India, que es un país pobre, hay unas cuantas personas que se enriquecen más cada día y cuya riqueza total se halla fuera de toda comparación con la de una persona normal y corriente. Y seguro que hay países con diferencias todavía más grandes. ¿Cómo se puede cambiar todo esto? Cada movimiento genera otro movimiento en contra, porque dicen que el estado de pobreza no tiene nada que ver con el ingenio o con la inteligencia de una persona.
¿Qué podemos hacer?
Probablemente las diferencias no se pueden eliminar totalmente, aunque puedan reducirse desde la situación actual hasta un nivel algo más razonable. Ciertamente debería intentarse erradicar completamente esta horrible violación de la justicia natural que reina en el mundo. Se debe encontrar una solución para que nadie sufra hambre y se vea privado de las necesidades básicas de la vida. Esto podría ocurrir si hubiera un mayor sentido de la moralidad. Un hombre entre miles siente algo por los pobres, como hace Bill Gates, a juzgar por sus actos. Pero la gran mayoría de la gente rica no parece ser demasiado generosa en su ayuda a los pobres. Este sentido de la moralidad puede surgir solamente cuando hay un sentimiento general de igualdad y de responsabilidad moral. Por consiguiente, este aspecto de la vida no puede ignorarse. Podemos tolerar que haya gente con una riqueza tan inmensa que nunca podrá utilizar, pero no podemos hacerlo cuando hay un gran número de personas desnutridas que están pasando hambre y miserias. Naturalmente, exhibir un aparente sentido de moralidad no es lo mismo que tener un verdadero sentido de moralidad que conoce realmente las necesidades de los pobres. Y por esto surge la pregunta ¿qué podemos hacer? Una cosa es que ya con los programas educativos debería concienciarse a la gente, desde las primeras etapas, de que no podemos tolerar la pobreza. Actualmente se les enseña a los niños a competir con los demás para escalar dentro de la sociedad, pero no se les dice que hay millones de personas que no tienen nada que comer. Es una vergüenza para la humanidad en general, porque todos somos responsables de esto. De modo que por lo menos algunos niños deberían poder captar la idea de que la vida significa una preocupación por todo lo que vive en esta tierra, no sólo por aquellas personas que por casualidad, están conectadas con nosotros. En segundo lugar, deberíamos aprender a ser generosos de modo espontáneo y natural, cuando sabemos que otra persona tiene necesidades. Annie Besant, famosa en todo el mundo por su extraordinaria generosidad, lo aprendió cuando era niña. Su maestra, la Srta. Marriott, estimulaba a los pocos niños que cuidaba, a ser generosos con los que tenían más necesidades y a darles una parte de lo que tuvieran. Hay que inculcar este espíritu en los niños y en los jóvenes, antes de que aprendan el egoísmo con el que se hacen las cosas. La sociedad actual se afana para concienciar a la gente de que tienen que hacer lo posible por ganar el máximo de dinero, de poder, de reputación etc. Casi ni se menciona a los jóvenes la conveniencia de compartir con los necesitados, que son un número incalculable de personas en todo el mundo. Los pobres tampoco tienen modelos adecuados, y ven solamente la desigualdad de las posesiones que otros poseen. En el pasado, a la sociedad no le interesaba tanto ayudar a la gente a ganar dinero para sí mismos. El bienestar de todos era importante y esa actitud de preocupación por la gente es la que deberíamos cultivar. Las personas en general no se preocupaban por lo que ganaban los ricos, mientras ellos tuvieran lo suficiente, y con esto todos en general conseguían ser más felices; también debería esta actitud formar parte de la cultura. ¿Podemos cambiar para lograrlo? Esto significa que desde la más temprana edad debería impartirse un tipo diferente de educación, cuyo objetivo único no sea el de cultivar la inteligencia y la capacidad de escalar alto en la vida sino también el de fomentar una preocupación genuina por todas las personas del mundo que necesitan ayuda, es decir, por todos. Esta preocupación, de por sí, contribuirá a cambiar el carácter de la humanidad en general. |
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