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Vol. 130 - Número 4 - Enero 2009 (en Castellano) |
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Yoga y Meditación
ANÓNIMO
Yoga literalmente significa ‘volverse uno con’. Proviene de la raíz yuj, ‘unir’. Es un error sugerir que en la práctica de la meditación como un sâdhanâ yóguico, es decir, como un medio de volverse uno con Dios, se necesite abandonar la vida común. Mientras menos abandono, mejor. Dios no quiere que alguno de sus hijos permanezca en la ignorancia. Él desea que todos conozcan la Verdad y por lo tanto ha impuesto condiciones previas muy simples para los diferentes caminos en que sus hijos puedan aproximársele, cada uno de ellos de acuerdo a sus preferencias y oportunidades en la vida. Las únicas condiciones importantes aplicables a todas las formas de acercamiento son: sinceridad de propósito; una real aspiración para aprender y practicar la verdad; y un deseo honesto de entregarse a Su voluntad de buena fe. Todas estas condiciones mencionadas están dentro de la capacidad de cada uno de nosotros de cumplirlas mientras vivimos nuestra vida común. Es un error suponer que la práctica de las austeridades físicas es un preliminar necesario. Un buen estado y bienestar físico, si es posible, son una buena ayuda para las prácticas del yoga. Ni austeridades ni indulgencias como hábitos perjudiciales deberían por lo tanto permitirse si destruyen el buen estado y bienestar físicos. Tampoco es necesario para una meditación buena y exitosa practicar dolorosas posturas físicas mientras se medita. La relajación física, si es posible, es una buena ayuda para la meditación, pero esta relajación no significa posturas perezosas, soñolientas o irrespetuosas y ofensivas. Sentarse con las piernas cruzadas de la manera corriente pero cómodamente, no necesariamente en el âsana del loto, es más que suficiente. Permita que todo se realice de manera natural, simple y de modo fácil. La meditación es un acto de disciplina mental. La mente es sutil, ágil, engañosa. La meditación es un intento de entrenarla en diferentes formas de conducta. ¿Por qué deberíamos crear más dificultades innecesarias en nuestra tarea sometiendo al cuerpo a posiciones difíciles cuando tiene que ocuparse de un oponente tan sutil, ligero y engañoso? Sentarse con las piernas cruzadas sobre el suelo, sobre un trozo de esterilla o alfombra específicamente destinada a este propósito es suficiente y es preferible a sentarse de la misma manera sobre un banco o una silla. La razón es que al sentarnos en el suelo estamos más directamente en contacto con el magnetismo de la tierra que es útil como energizante. Sentarse en el suelo es también preferible porque así evitamos la tendencia e inclinación a la pereza. Y encontramos más fácil mantener una espalda recta que ayuda a concentrarse sobre el Chakra Âjña (entre las cejas) o incluso sobre el Chakra Brahma ubicado sobre la coronilla de la cabeza. En cuanto a esta concentración, el que suscribe tampoco ve la necesidad de estropear los ojos fijando la mirada sobre la punta de la nariz, cuando la concentración sobre el Chakra Âjña se puede conseguir mucho más fácilmente fijando nuestra atención sobre el punto entre las cejas por detrás de los huesos del cráneo. Esta es una técnica muy simple que todos practican cuando están profundamente concentrados. No es doloroso, ni echa a perder los ojos y es en realidad una manera simple y fácil de hacer las cosas. El propósito de la meditación es la expansión de la consciencia. El Chakra Âjña está en el cuerpo manásico y concentrándose en él evitamos la motivación excesiva de los chakras en el cuerpo astral y el exponernos al riesgo de sobre-estimular nuestros deseos y sentimientos. Además el Chakra Âjña es la ubicación del ojo de Siva, al que popularmente se lo conoce como el tercer ojo, aunque en realidad este chakra es diferente del ojo del alma o del espíritu que es realmente hablando, el tercer ojo. Este tercer ojo reside en el alma y no en el Chakra Âjña. Por lo tanto, el funcionamiento de este chakra no debe confundirse con el funcionamiento del tercer ojo u ojo espiritual. Además, al concentrarnos en el chakra Âjña Manásico estamos tratando de activar la mente que en su esencia es la Consciencia. Así, por medio de esta concentración estamos intentando estimular nuestra consciencia hacia la expansión. La primera etapa de meditación se ha descrito como aquella de la consciencia intelectual. Todos estamos trabajando en esta etapa aún en la vida diaria, y lo que hacemos en la meditación es simplemente profundizar e intensificar esta consciencia intelectual. Pero pronto llegamos a una etapa en que vemos que no podemos ir más allá de esta línea intelectual. Por lo tanto abandonamos el esfuerzo consciente en esta línea y esperamos ver si algunos impulsos llegan espontáneamente, ya sea desde nuestra propia alma, o desde alguna fuente externa que no agregan nada a nuestro conocimiento o consciencia de la Divinidad que, debe recordarse, es el objetivo de nuestra búsqueda. Cuando tales impulsos comienzan a llegar a nuestra consciencia física hemos alcanzado la segunda etapa de la consciencia intuitiva en nuestros esfuerzos meditativos. La condición esencial de esta etapa es la serenidad de la mente. Cuando esta serenidad aumenta con la práctica, los impulsos intuitivos se vuelven más fuertes y más frecuentes y aumenta el poder y campo de acción de la consciencia intuitiva. Aquí estamos entrando en un sutil, indivisible e involuntario, y por lo tanto, inconsciente contacto con nuestra alma, y a través del alma con nuestro Âtmâ o espíritu. Es el comienzo de la Auto-realización. Para establecernos en la Auto-realización tenemos ahora que intentar hacer este contacto con nuestra alma, de modo voluntario y conscientemente. En nuestros nuevos esfuerzos meditativos invitamos a nuestra alma a ser la guía consciente y siempre presente, directora y regidora de todos nuestros pensamientos, palabras y actos durante las veinticuatro horas del día, y esperar pacientemente esta manifestación del alma en nuestra consciencia física. Esta manifestación puede tener lugar a través de señales, símbolos o imágenes, pero debe resultar finalmente en la comunicación directa a través de las palabras. Cuando se establece esta comunicación directa con el alma, podemos utilizar nuestras recuerdos ocultos de vidas pasadas y beneficiarnos con lo que se llama regresión de la memoria. La próxima pregunta es ¿cómo meditar acerca de Dios? Aquí también mientras más simple la técnica, mejores las posibilidades de éxito para el individuo común. Seleccione cualquier nombre de Dios de acuerdo a su predilección, y manténgase repitiéndolo suavemente mientras fija su atención sobre el Chakra Âjña, y déjese llevar por decirlo así, por sus vibraciones pero sin esfuerzo. Esta actitud sin esfuerzo le asegurará el pleno movimiento de las vibraciones, mientras que cualquier esfuerzo establecerá otras vibraciones que obstaculizarán el pleno movimiento de las vibraciones del nombre de Dios en usted. Si le cuesta comprender el maravilloso poder de cualquiera de los nombres de Dios, recuerde que un gran criminal y asesino, de nombre Valia Koli, se convirtió en el gran Rishi Vâlmiki repitiendo la palabra ‘Râma’. Otro punto importante es no esperar resultados. Aquí también Nishkâma Karma o acción sin deseos ayudará bastante. Es una afirmación común entre los fakires musulmanes que por cada paso que das hacia Dios, Él da diecisiete pasos hacia ti. Cada día, cuando usted medita por un breve momento, está dando un paso hacia Él, y usted da otro paso hacia Él cada noche si adopta la técnica del ‘servicio mientras dormimos’. Estos dos pasos suyos unidos con los treinta y cuatro (17 más 17) pasos de Dios, automáticamente le conducirán treinta y seis pasos más cerca de Dios cada día. Usted no sabe cuál es la distancia entre usted y Dios. Depende de su pasado. Usted por lo tanto no puede saber qué tiempo le tomará individualmente cubrir la distancia, pero puede estar seguro que su búsqueda, y debemos suponer que es sincera, está seguramente llevándolo más cerca Suyo cada día. Si le complace a Dios, Él puede acortar la distancia cualquier día, y darle Su Gracia mucho antes del tiempo en que comúnmente lo haría. Este acortamiento de la distancia y del tiempo será en proporción a su sinceridad en aproximarse a Él.
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