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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 130 - Número 3 - Diciembre 2008 (en Castellano)

 
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Alfabetismo Espiritual:

planificando el potencial humano

 

DARA TATRAY

 

La Dra. Dara Tatray es Conferencista Nacional de la Sección Australiana de la Sociedad Teosófica.

 

   Uno de los objetivos enunciados al comienzo de la Sociedad Teosófica, fue mantener vivas las intuiciones espirituales, pero incluso en la última parte del siglo diecinueve, H. P. Blavatsky y H. S. Olcott se quejaban del materialismo y superficialidad de su época.

   Lo que se perdió de vista casi totalmente en el periodo intermedio, es lo que Theodore Roszak describió una vez como la “psicología olvidada de lo super-consciente y lo extrasensorial” (Roszak 1976, p.124). Y elogió a HPB por haber rescatado esta psicología olvidada de los restos de la tradición esotérica.  En este ensayo me gustaría presentar un pequeño fragmento de esa psicología olvidada, con respecto a los escritos de ese antiguo filósofo griego, Platón, y los Yoga-sutra-s de Patanjali, los que ofrecen un tratamiento avanzado de la condición humana.  Una sociedad que no es conciente de tales filosofías psico-espirituales, y su aplicación potencial a los grandes interrogantes de la transformación personal y social, no se puede considerar espiritualmente alfabeta.

   La maestra australiana de Zen, autora y académica, Susan Murphy destacó lo siguiente:

 

En los tres siglos siguientes al Iluminismo … la imaginación cosmológica del occidente fue degradada destructivamente, paralizada, abandonada, y lo hemos pagado caro. Lo hemos pagado con la moneda del distanciamiento, el alejamiento, el desasosiego, la ausencia de un hogar, de estar abandonados en ideologías, limitados en el lenguaje, privados de un real otorgamiento de poderes. (Murphy 2001, p. 36)

 

   Esos últimos puntos, sobre ser abandonados en ideología y limitados en lenguaje, deben haber sido inspirados por su experiencia académica.  En un entorno ilustrado, existen pocas posibilidades de explorar las implicancias de tales sugerencias. Las personas cultas tienen un modo contencioso de escuchar, que en el contexto del tipo de cosas a las que nos referimos en la Sociedad Teosófica, significa que no escuchan en modo alguno.  Por el contrario, argumentan estableciendo su territorio y piensan cómo, sea lo que sea que digan, se adecua o no dentro de los límites de su disciplina, sin considerar la posibilidad de que su disciplina puede ser un obstáculo para la comprensión.  Escuchar, por otra parte, se relaciona con la facultad intuitiva, que no es analítica; implica abrirse al significado interno, a lo que no se expresa, y en permitirle a ese significado que nos impregne para que surta su efecto.

   Estas dos funciones totalmente diferentes de la mente, argumentar y escuchar, separaron las ovejas de las cabras, los buenos de los malos, durante la historia de la filosofía. Estos temas y sus ramificaciones están tal vez mejor ilustradas con referencia a la Academia de Platón, la primera universidad del mundo, fundada en el año 386 AC. En esa época, existía otra escuela en Atenas, establecida por el sofista Isócrates (no Sócrates, a quien Platón reverenciaba). Isócrates continuó la tradición de los sofistas que eran maestros itinerantes y conferencistas, viajando por el país y satisfaciendo la demanda de una educación que iba más allá del estudio de los poetas, que es en lo que consistía principalmente el sistema educativo griego. Los sofistas enseñaban casi todas las cosas, pero, como señala Desmond Lee:

 

(Dado que) el éxito en la vida es lo que la mayoría de los hombres quieren, y ya que la habilidad de persuadir a tu semejante siempre es un elemento importante en el éxito, y era particularmente importante en las democracias griegas, todas enseñaron retórica, el arte de la auto-expresión y la persuasión… Isócrates… creía que un entrenamiento en el arte de la auto-expresión, en el arte de componer y establecer un argumento coherente y persuasivo, proveía en sí mismo una disciplina educativa que era… la mejor preparación para la vida. (Platón 1955/1987, p.18)

 

   El entrenamiento en la retórica permaneció como forma tipo de educación avanzada en el mundo antiguo, y aún modela las disciplinas académicas hoy. Pero Platón fundó su Academia en premisas totalmente diferentes, y suposiciones radicalmente distintas sobre lo que constituye el conocimiento.  Nacido en una familia política en el año 427 AC, Platón vivió las Guerras del Peloponeso entre Atenas y Esparta, y presenció varios golpes de estado políticos en Atenas. Para poner un toque final, en el año 399 AC, la democracia restablecida sentenció a muerte a Sócrates, “bajo cargos de irreverencia y de corromper a la juventud”, dejando a Platón totalmente desilusionado con la política (Introducción: Platón 1955/1987, p.14/16). Hacia el fin de sus días, expresó sus sentimientos en una carta en la que se refiere nuevamente a su época:

 

Cuando consideré todo esto, cuanto más minuciosamente estudiaba a los políticos y las leyes y costumbres del momento, y cuanto más envejecía, parecía más difícil gobernar correctamente…. La ley y la moralidad se estaban deteriorando en una proporción alarmante, con el resultado de que, aunque yo había estado totalmente ávido de seguir una carrera política… llegué a la conclusión de que todos los estados existentes estaban mal gobernados, y que sus constituciones eran incapaces de una reforma sin un tratamiento drástico y una buena porción de buena suerte. Me vi forzado, ciertamente, a creer que la única esperanza de encontrar justicia para la sociedad o para el individuo, yacía en la verdadera filosofía, y que la humanidad no tendría respiro a los problemas, hasta que los verdaderos filósofos obtuvieran poder político, o los políticos se volvieran por algún milagro, verdaderos filósofos. (Platón 1955/1987, p. 16)

 

   Entonces, él abandonó su carrera política y fundó la Academia, una escuela para estadistas, donde un posible político podía ser entrenado para ser un Gobernante-Filósofo.  La tendencia general del momento, en ese momento como ahora, era enseñarle a la gente a argumentar, pero para Platón la verdadera filosofía consistía en algo más, como la contemplación: la contemplación de la Verdad, el Bien y lo Bello, y la comunión con estos.

   Platón enseñó que había dos órdenes de realidad, el mundo visible y el inteligible: el mundo que podemos ver y el que podemos conocer.  Dos tipos diferentes de conocimiento le corresponden a ambos: observación (del mundo físico) y lo que consideró que era el verdadero conocimiento (del mundo inteligible), al que usualmente lo llamaba Intellectus o Intelecto.  Un diagrama podría ayudar a aclarar esto (Diagrama 1).

 

 

 

 

Mundo Visible

El Sol

Fuente de crecimiento y luz, que da visibilidad a los objetos de los sentidos y el poder de ver, a los ojos.

 

Facultad de la vista

Mundo Inteligible

Lo Bueno

Fuente de realidad y verdad, que da inteligibilidad a los objetos del pensamiento y el poder de conocer, a la mente.

Facultad del conocimiento

Diagrama 1: Los dos órdenes de la realidad según Platón

 

   Al igual que el sol ilumina el mundo físico, haciéndolo apto para la facultad de la vista, así lo Bueno ilumina el mundo inteligible, haciéndolo apto a la facultad del conocimiento. Lo Bueno en el sistema de Platón es el principio fundamental que apuntala y causa toda la realidad: es lo más puro y elevado de lo esencial, lo abstracto, ideas o formas innatas que sustentan toda la existencia y, como tal, es el objetivo posible más elevado de la facultad del conocimiento.

   Existe un número de paralelos y contrastes interesantes entre los mundos  visible e inteligible. Sin el sol, que es la fuente de luz, ningún objeto es visible; y sin lo Bueno, Platón creía, nada es inteligible, nada podría existir. Por lo tanto el sol y lo Bueno juegan roles similares en sus campos respectivos de actividad: lo hacen posible e iluminan. De modo similar, las facultades de la vista y del conocimiento, son ambas formas de ver, cuando entendemos algo decimos “Veo”, pero hay una diferencia importante y fundamental entre las dos formas de ver.  En el sistema platónico, a la percepción sensorial  se la considera como la forma más baja del conocimiento, porque no puede captar nada que sea permanente; opera en un mundo que siempre está cambiando y está sujeta a la decadencia y a la muerte.  Por otra parte, Intellectus, o el conocimiento propiamente dicho es totalmente extrasensorial, y su propio campo de actividad es lo Eterno. En palabras de Owen Barfield: “el conocimiento adecuado es ‘la contemplación por la inteligencia pura de las ideas divinas, y principalmente del Bien Supremo’” (Barfield 1965, p. 46).

   La posición de alguien que no ha aprendido a discernir entre lo real y lo irreal, lo visible y lo inteligible, lo perecedero y lo permanente, fue descrita por Platón en la analogía de un número de cautivos que habían pasado sus vidas en una caverna, encadenados de modo tal que les impedía dirigirse a la entrada.  Debido a su posición obligada, su visión estaba limitada al juego de sombras sobre la pared de la caverna iluminada por el fuego que ardía afuera de la cueva. La vida pasaba detrás de ellos, pero ellos sólo veían las sombras, que las tomaban como la realidad absoluta.  Platón nos pide considerar qué le pasaría a los cautivos si fueran liberados:

 

Supón que uno de ellos fuera liberado, y se le obligase a levantarse súbitamente y a girar su cabeza, mirar y caminar hacia el fuego; todas estas acciones serían dolorosas y estaría encandilado como para ver adecuadamente los objetos de los que solía ver las sombras. ¿Qué piensas que diría si se le dijese que lo que solía ver eran irrealidades, y que ahora estaba más cerca de la realidad y de ver correctamente?… ¿No piensas que tendría gran dificultad, y pensaría que lo que solía ver era mucho más real que los objetos que ahora le eran señalados?... Y si se le forzase a mirar a la luz misma del fuego, ¿no sentiría sus ojos doloridos y trataría de huir, volviéndose hacia las sombras que podía contemplar con facilidad, y pensaría que son más claras que las cosas que se le mostraban?... Y… si lo llevasen a la fuerza por la áspera y escarpada subida y no lo soltasen hasta enfrentarlo a la luz del sol, el proceso sería doloroso y se opondría, y al llegar a la luz sus ojos estarían tan encandilados por el resplandor que no podría ver ninguno de los objetos que se le indicaban como verdaderos… Porque, por supuesto, necesitaría crecer acostumbrándose a la luz antes de poder ver las cosas en el mundo superior fuera de la caverna… (Platón 1955/1987, p. 318/9)

 

   He citado totalmente esto porque es una analogía tan clara del estado de ausencia de iluminación, el estado normal del ser humano que no ha visto la verdad de la realidad, y del ascenso al conocimiento.  También explica por qué no podemos ver por nosotros mismos las verdades de la vida espiritual sobre las que a veces leemos: no hemos desarrollado o adaptado nuestra visión.  Según la terminología de Susan Murphy, nos movemos con “ojos adaptados parcialmente”, y lo que se necesita para ver adecuadamente la luz, es “ojos adaptados totalmente” (Murphy 2001).  O, como lo expresó en cierta ocasión Samdhong Rinpoche: “Nuestra mente, como es, no está realmente calificada o equipada para buscar en las profundidades de nosotros mismos…  Debemos entrenarnos para mirar nuestro interior” (Rinpoche, 1988, p. 6). Y ese entrenamiento consiste primero en educarnos sobre la posibilidad de tal visión, y luego someterse a la disciplina requerida.

   Platón trató este proceso en términos bastante generales, sin dar detalles (por lo menos no en La República de donde se tomó el esquema precedente), pero él creía que lo que realmente define al ser humano, su capacidad central, es la capacidad para adquirir sabiduría, para ver lo Real en su sentido más abstracto, natural y completo.  La sabiduría, como se señala a menudo, no es conocimiento o información, sino, como Platón creía, la facultad innata del alma.  Sin embargo, como se mencionó, esta capacidad debe desarrollarse.

   En uno de los poemas de T. S. Eliot, aparecen las líneas siguientes, algunas de las cuales se citan a menudo:

 

El eterno ciclo de idea y acción, invención constante, experimento permanente, (que) trae conocimiento de movimiento, pero no de quietud; conocimiento del habla pero no del silencio, conocimiento de palabras, e ignorancia de la Palabra. Todo nuestro conocimiento nos acerca a nuestra ignorancia, toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte, pero la proximidad a la muerte no es cercanía a Dios. ¿Dónde está la Vida que perdimos en vivir? ¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que perdimos en la información? Los ciclos del Cielo en veinte siglos nos alejan de Dios y nos acercan al polvo. (Eliot 1936/1963, p. 161)

 

   La visión de Eliot de la situación humana presenta una posibilidad un tanto sombría, y el tono general de su poema es de añoranza nostálgica de algún estado más noble, y más elevado en el que la sabiduría no se pierde en palabras y en la que nuestro conocimiento nos acerca a la Verdad. Platón no dio grandes detalles sobre el sendero espiritual, pero en los Yoga-sutra-s Patanjali sí lo hizo.

   A primera vista los Yoga-sutra-s son para recibir un impacto, si uno capta el tipo de preparación y esfuerzo requerido, que es verdaderamente sorprendente.  Como el Dr. Taimni sugirió, sería comprensible si la mayoría de las personas cerraran el libro con la impresión de que esta es una tarea imposible.  Ciertamente, este sistema de meditación no es para el pusilánime.  Pero tampoco lo era asistir a la Academia de Platón, con ese fin. Como Taimni lo expresó en La Ciencia de la Yoga:

 

No existe duda alguna que la búsqueda seria del ideal de la yoga es una tarea difícil y no puede ser asumida como un mero hobby o para encontrar un escape de la presión y tensión de la vida diaria.  Sólo puede asumirse al percibir totalmente la naturaleza de la vida humana, y la miseria y sufrimiento que son inherentes en ella, y la mayor comprensión de que la única forma de terminar con esta miseria y sufrimiento permanentemente es encontrar la Verdad que está consagrada dentro nuestro, por medio del único método disponible, particularmente la disciplina del Yoga. (Taimni 1961/1999, p. xii)

 

   Existen muchos otros sistemas de meditación y yoga que exigen mucho menos de nosotros, pero el estado de Iluminación, o kaivalya, en el que el Yo está establecido en su verdadera naturaleza, es sin embargo la meta final de la meditación. Lo que es extremadamente valioso sobre los Yoga-sutra-s y otros sistemas tradicionales de meditación que no toman muy seriamente la disciplina, es que ofrecen guía excelente sobre el tipo de preparación necesaria antes que uno comience seriamente la vida de quien medita. Patañjali ofrece consejos útiles al principiante y al practicante más avanzado. Como sucede, el consejo es el mismo.

   Taimni señala que el logro de la Auto-Realización “es un asunto a largo plazo y el aspirante  debería estar preparado a pasar un número de vidas… en esta incondicional y decidida búsqueda” (1961/1999, p. xii). Entonces, antes de comenzar es importante ver si esto es realmente lo que queremos.  Si hay incertidumbre de cualquier tipo, es mejor buscar otro objetivo valioso: los obstáculos intrínsecos en el sendero son lo suficientemente grandes, sin agregarle los causados por una voluntad vacilante, que añora otras cosas.  Pienso que el consejo de Taimni en este punto no sólo es útil, sino también muy profundo:

 

Quienes no se sientan capaces de enfrentar esta tarea, no tienen ninguna obligación de intentarlo inmediatamente. Pueden continuar el estudio teórico del Yoga, pensar constantemente en los problemas más profundos de la vida, tratar de purificar su mente y fortalecer su carácter, hasta que su poder de discernimiento se vuelva lo suficientemente fuerte para permitirles penetrar a través de las ilusiones ordinarias y ver la vida en su realidad desnuda. Ciertamente, este es el propósito de Kriyâ Yoga. Cuando los ojos internos del verdadero discernimiento comienzan a abrirse como resultado de la práctica de Kriyâ Yoga cesarán de preguntarse si son lo suficientemente fuertes para emprender este largo y difícil viaje hacia su verdadero hogar. (Taimni 1961/1999, p. xii-xiii)

 

   Fundamental para el Kriyâ Yoga o el sendero preparatorio, es la teoría de las klesa-s o los obstáculos.  Klesa es un término técnico que significa ‘atormentar, molestar, problematizar’.  De modo que klesa-s son cosas que molestan, atormentan o nos causan problemas, obstáculos o aflicciones (1961/1999, p. 130).  El propósito de la Kriyâ Yoga es debilitar su dominio. Pero estos obstáculos no son externos a nosotros, tales como vecinos molestos, o trenes demorados, son estados de la mente y estructuras de la conciencia.  Son tan naturales como la limitación e impermanencia características de la existencia en un cuerpo. Pero identificarse con estos ´altos y bajos de la vida cósmica´ es, según Patañjali, la causa raíz de todo sufrimiento (Feuerstein y Miller 1971, p. 89).  Nos identificamos con la realidad externa, o lo conocido, debido a la ignorancia de nuestra verdadera naturaleza como  el conocedor. Recuerden las dos órdenes de la realidad de Platón, y será evidente que se estaba dirigiendo al mismo hecho psico-espiritual.  El vidente debe cesar de identificarse con el mundo visible de los sentidos si ha de ser conciente de su naturaleza verdadera, esencial, como Conocedor del mundo inteligible.

   No darnos cuenta del error que cometemos al identificarnos con lo visto y lo conocido, es la ignorancia fundamental conocida en el pensamiento hindú como avidyâ. Y avidyâ, usualmente traducida como ignorancia, pero literalmente no conocer, es el ‘campo’ en el que surgen otras causas de sufrimiento. Ignorancia de nuestra verdadera naturaleza como el conocedor del mundo inteligible, se dice que hace surgir las otras causas del sufrimiento, y estas son: asmitâ, yoidad; râga, apego; dvesha, aversión; y abhinivesa, ansias de vivir.  Como se expresa en los Yoga-sutra-s: “La carencia de conciencia de la Realidad, el sentido de egoísmo o ‘yoidad’, atracciones y repulsiones hacia objetos y el fuerte deseo por la vida son las grandes aflicciones o causas de las miserias en la vida” (Sâdhana Pâda, 3). Estas son las klesa-s.

   Patanjali no está haciendo un juicio de valores aquí o sugiriendo que hay algo anormal en estas cualidades: ciertamente, ellas resumen bastante bien la constitución de la psiquis humana.  Pero causarán sufrimiento tan seguramente como las ruedas del carro siguen al caballo.  Otro modo de expresar esto es decir que conducen al renacimiento más que a la liberación.  La práctica de Kriyâ Yoga, el sendero preparatorio, consiste en liberarnos totalmente de las klesa-s, de forma que luego comencemos a ver claramente y a actuar libremente. Pero, aunque la Kriyâ Yoga se considera como entrenamiento preparatorio para la vida yoguica, es capaz de conducir al aspirante durante todo el camino hacia la liberación o kaivalya, la meta final o yoga. En el segundo libro de los Yoga-sutra-s se dice: “Kriyâ Yoga se practica para atenuar las klesa-s y producir el Samâdhi” (Sâdhana Pâda: 2). De esto queda claro, como lo expresa J. Krishnamurti, que el primer paso es igual al último.

   Un diagrama ayudará nuevamente para ilustrar este punto:

                        

 

   Las similitudes entre las dos órdenes de la realidad en el sistema de Platón, y el entrenamiento ofrecido en su Academia, y la teoría de las klesa-s y su atenuación, me parecen bastante sorprendentes. Se han expuesto varias razones para explicar los notables paralelos entre el pensamiento antiguo griego y el hindú. Generalmente se desplazan en tres líneas: que Grecia tomó de India, o India de Grecia; que las filosofías de ambos surgieron de un sólo origen común en una civilización Indo-Aria; o que se desarrollaron independientemente la una de la otra de modo paralelo (Ranade 1926/1986, p. 73/4). Apoyando la teoría de tomar o transferir el conocimiento, los analistas señalan que hubo mucho tráfico comercial e intelectual entre India, Persia, Mesopotamia y Grecia, incluso antes de la época de Alejandro Magno. Apoyando la existencia de un origen común en una civilización más temprana H. P. Blavatsky la da en casi todos sus libros.  En La Clave de la Teosofía argumenta que la Religión-Sabiduría era una en la antigüedad, y que “se enseñaron a los Iniciados doctrinas idénticas durante los Misterios, una institución difundida universalmente en el pasado” (Blavatsky 1889/1987, p. 4).

   Considero, sin embargo, que la verdadera explicación de la universalidad del conocimiento trascendental se encuentra en la naturaleza de Intellectus, el conocimiento real del sistema de Platón, que también podríamos considerar como percepción directa o sabiduría trascendental (prajña).  Esta forma de conocimiento o de conocer es la ‘verdadera relación’. Según los Yoga-sutra-s, la consciencia al alcanzar la máxima pureza de las etapas superiores de samâdhi, se vuelve rtambhara, se convierte en la relación correcta o verdadera relación, porque en ese estado no existe separación entre el conocedor y lo conocido; hay percepción directa de la verdad, que es nuestra propia naturaleza.

   Respecto a los Veda-s, se ha dicho frecuentemente que no fueron otorgados ni aprendidos, ni concebidos: los Rshi-s los vieron. Rshi significa vidente, pero el vidente no del mundo visible, material, sino de las formas más elevadas, los órdenes más sutiles de la realidad, los principios abstractos más elevados sobre los que se basa toda la vida: la verdad sobre la realidad como es.  Todos los que ven de este modo, ven el Uno, la realidad universal subyacente que es la verdad misma. Esta es la razón por la que, con algunas diferencias culturales, las explicaciones sobre la realidad última terminan siendo sorprendentemente iguales.

 

Referencias

 

Barfield, O., Saving the Appearances: A Study in Idolatry, HBJ, Nueva York, 1965.

Blavatsky, H. P., ´What is Truth?´ Lucifer 1 (6), Febrero 1888, 425-33.

Blavatsky, H. P., La Clave de la Teosofía. The Theosophy Company, Los Angeles, California, 1889/1987.

Eliot, T. S., Collected Poems 1909-1962, Faber and Faber, London and Boston, 1936/1963.

Feuerstein, G. y J. Miller, A Reappraisal of Yoga: Essays in Indian Philosophy, Rider and Company, London 1971.

Murphy, S., ´From ideological to cosmological radicalism´. Ecopolitics Thought & Action 1 (2) Octubre 2001, 35-45.

Platón, La República, Penguin, London y Nueva York. 1955/1987.

Ranade, R. D., A Constructive Survey of Upanishadic Philosophy, Bharatiya Vidya Bhavan, Bombay. 1926/1986.

Rinpoche, S., Buddhist Meditation. The Theosophical Publishing House, Adyar, Chennai, 1988.

Roszak, T., Unfinished Animal. The Aquarian Frontier and the Evolution of Consciousness, Faber and Faber, London, 1976.

Taimni, I. K., The Science of Yoga.  The Theosophical Publishing House, Adyar, Chennai, 1961/1999.

 

 

 

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