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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 130 - Número 2 - Noviembre 2008 (en Castellano)

 
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La mujer que cambió

el mundo de las mujeres

 

ELINA JUUSOLA-HALONEN

 

 

La Sa. Elina Juusola-halonen, miembro de la S.T., vive en Queensland, Australia, da conferencias en todo el mundo sobre Estudios de Temas de Mujeres.

 

 

El Espíritu no tiene raza, ni nacionalidad, ni religión. Está más allá de toda identificación. Quien es espiritual se siente libre de observar las cosas desde cualquier punto de vista y no se compromete a nada parcial o exclusivo.[1]

N. Sri Ram

 

 

 

   Hace unos pocos años atrás, en Estados Unidos de Norteamérica se publicó un libro llamado 365 Mujeres que lograron un cambio  pero, no importa cuánto busquemos, un nombre permanece ausente: el de Helena Petrovna Blavatsky. Ocurre lo mismo si uno busca en el movimiento moderno feminista, investigando sus raíces en el movimiento sufragista de finales del siglo diecinueve. El mismo modelo continúa en otras disciplinas académicas, dentro del sistema general, al ser considerada Helena Blavatsky demasiado “no-científica” para calificarla dentro de la corriente principal de la academia. Un teósofo ocasional la mencionará como tratando de preparar el terreno, pero generalmente ella es tabú, junto con todas las “demás cosas espirituales” que no se consideran lo suficientemente científicas como para examinarlas. Sin embargo, permanece siendo un sujeto digno de estudio en cualquier contexto de transformación de la conciencia moderna, dentro de una disciplina científica.  Ella contribuyó más a los cambios de nuestro mundo que la mayoría de los más destacados científicos o informadores de investigación se atreven a admitir.

   ¿Qué se necesita de alguien que va a cambiar el mundo?  Según el punto de vista teosófico y psicológico, se requiere un cambio de consciencia. La consciencia se relaciona con nuestros pensamientos y con las palabras que usamos. A su vez, los pensamientos, palabras y acciones cambian nuestra consciencia y el mundo interno y externo. El propósito subyacente del movimiento teosófico es producir una transformación dentro de la psiquis humana, en los aspectos masculino y femenino. Si esto es así, entonces es lógico asumir que la evidencia de lo que se necesita para llevar a cabo este objetivo, se encontrará en libros y escritos de Helena Blavatsky. También se puede concluir bastante lógicamente que ella misma sería un sujeto digno de investigación como mujer, en un mundo creado por hombres. Más aún, el estudio de Blavatsky debería proveer material útil con el cual reflexionar sobre la estructura y filosofía de la Sociedad Teosófica, cuando se la compara con cualquier organización religiosa, o de otro tipo, donde tanto hombres como mujeres pueden ingresar.

   Una revisión de la investigación feminista moderna que se ha conducido desde 1960, revela amplia evidencia de que hombres y mujeres están tan distantes como puede imaginarse, en lo que se refiere a la consciencia, y dentro de la psiquis humana como un todo. Una mirada dentro de la escuela Jungiana y otras, tanto de psicología como de lingüística, muestra un gran número de mujeres teorizadoras lo suficientemente “libres espiritualmente” como para disociar la consciencia femenina y masculina, y estudiarlas como disciplinas separadas a fin de ganar una comprensión del todo. Ya que la teorización de las diferentes etapas de la conciencia femenina, a diferencia de las diferentes etapas de la conciencia masculina, está ahora en la arena del debate académico científico, podemos asumir que en algún lugar se plantaron las semillas para el florecimiento de la libertad, para explorar la conciencia de este modo. Ya que no podemos encontrar el catalizador para este desarrollo en Jung mismo (porque era demasiado joven), o Freud, o alguna teorizadora famosa históricamente, debemos asumir que la fuente está en algún otro lado.  En este artículo se argumenta que la fuente se puede encontrar en Helena Blavatsky: que es ella la que posibilitó la transformación de la conciencia femenina, junto con la modificación de la conciencia masculina, actuando así como un catalizador para la transformación de la conciencia humana. También se argumenta aquí que, después de ciento veinticinco años de existencia del movimiento teosófico, podemos encontrar algunos modelos en esta modificación si los buscamos. Más aún, se argumenta que los maestros que le enseñaron a Blavatsky no revelaron el significado real y profundo del género del “cuerpo más psíquico en dos siglos” (Cartas de los Maestros) como medio para producir la variación de la conciencia humana como un todo. Como Adeptos pueden haberlo hecho así, pero como personas masculinas, fueron el producto de su propio condicionamiento.

   ¿Cómo sembró Helena Blavatsky las semillas que crecieron en esta transformación? Primero debemos mirar la vida de Helena Blavatsky como representante de su propio sexo, mientras también fue un catalizador en el proceso de transformación.  ¿Cuál fue su herencia femenina? Sylvia Cranston en su libro The Extraordinary Life and Influence of Helena Blavatsky (La Extraordinaria Vida e Influencia de Helena Blavatsky) investiga las mujeres que participaron en la crianza de Helena. Su abuela, Helena Pavlovna (Elena Fadeeva, 1784-1860),[2]  fue una princesa rusa, pero más importante aún, fue botánica y arqueóloga. Como científica y erudita, todavía se la considera “un nombre” en el mundo científico ruso. La madre de Helena, Helena Andreyevna von Hahn (1814-42) fue escritora. En Rusia, se la consideró como defensora de los derechos de las mujeres y de los pobres. Fue comparada con la francesa y contemporánea George Sand, una activista de los derechos de las mujeres.  Su hermana, Vera Petrovna (Vera Zhelikhovskaya, 1835-96), también escritora, se comparó con Alcott como autora de literatura para niños. Ella tradujo gran parte de las obras de Blavatsky al ruso. La madre y la abuela de Helena fueron responsables de su enseñanza y estuvieron muy interesadas en asegurarse que tanto Helena como su hermana recibieran una buena educación.

   Algunas de las acciones de Helena Blavatsky son típicas de esas mujeres de su época que lucharon por ser reconocidas en pie de igualdad con los hombres en el mundo, los que tuvieron un estricto código de comportamiento para las mujeres. De joven se vistió como un hombre[3], al igual que George Sand, la novelista Mary Ann Evans, para que le resultara más fácil ser admitida en igualdad de condiciones al viajar por el mundo y al estudiar ciencias espirituales. Fumaba cigarrillos, un hábito que probablemente adoptó de las mujeres de la aristocracia francesa, que lo hacían para ubicarse en una categoría diferente a las otras mujeres, en una época en que las que fumaban se consideraban anormales. Se la reconoció como una amazona excepcional, y se unió a la batalla en Mentana (Italia, 1867) junto con los hombres, y fue seriamente herida. También fue un músico talentoso, y mujer de negocios.  Para comenzar el movimiento teosófico tuvo que superar tres prejuicios: tener el género equivocado, tener una formación ajena al habla inglesa, en un mundo regido por “el correcto inglés”, y sufrir de una carencia de educación formal. Un comentario hecho por KH[4] en Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett, sobre la apremiante situación de las mujeres, ilustra las penurias que Helena tuvo que superar: “La mujer, verdaderamente es una calamidad atroz en esta quinta raza” (1127/93). En su Mundo Oculto, Sinnet escribió refiriéndose a Helena Blavatsky: “Después de todo ella es una mujer… y esto tal vez le ha impedido alcanzar grados más elevados en ocultismo, que de no ser así, podría haber logrado”[5] (mi énfasis).  A pesar de todo esto, se las arregló para progresar.

   En segundo lugar, a fin de ver cómo Helena Blavatsky sembró las semillas de la transformación que iba a ocurrir, podemos observar algunos conceptos centrales de la consciencia femenina considerados hoy dentro del movimiento feminista que Helena Blavatsky describió primero en su publicación inicial Isis sin Velo (1877). Podemos notar el efecto que esta introducción tuvo en la conciencia femenina, comparado con la reacción masculina de la época.

   Helena Blavatsky escribió:

 

¿Es suficiente para el hombre saber que existe? ¿Es suficiente estar formado como ser humano, para permitirle merecer el apelativo de HOMBRE? Es nuestra impresión y convicción claras, que para volverse una entidad espiritual genuina, lo que tal designación implica, el hombre primero debe crearse de nuevo, por así decirlo, es decir, eliminar totalmente de su mente y espíritu, no sólo la influencia dominante del egoísmo y otras impurezas, sino también el virus de la superstición y el prejuicio.[6] (Mi énfasis)

 

   En Isis sin Velo, Blavatsky usa el idioma inglés como se usaba en ese momento, pero frecuentemente después de usar el término general “hombre” para significar un ser humano, ella continúa explicando que en realidad se refiere a ambos, hombres y mujeres. De modo que para ella, tanto hombres como mujeres, tienen el potencial para “una entidad espiritual genuina”. Cuando ella habla de mujer como género, ella escribe “mujer” y continúa explicando de modo directo que “femineidad” es una condición, incluso cuando explica las teorías de Platón.[7] Después que ella introdujo “mujer” como condición, la “naturaleza femenina” se estableció firmemente en el debate feminista.

   Otro debate extremadamente esencial dentro del movimiento feminista, ha sido el concepto de matriarcado en sus diferentes definiciones.  En 1861 Jacob Bachofen (1815-87) en su libro Das Mutterrecht, introdujo el término matriarcado, “derechos de la madre”, la contraparte de patriarcado, “derechos del padre”.  Su objetivo fue mostrar que de acuerdo con la teoría de Darwin, el matriarcado, que para él era una realidad y según su opinión reinaba en el mundo de las Amazonas, era de un orden inferior. De esto se deduce que el patriarcado era de un orden superior y que las mujeres deberían mantenerse en su lugar “adecuado”. Su libro fue claramente una reacción contra el movimiento sufragista incipiente. Su advertencia era para los hombres. Dijo que era difícil para ellos, en cualquier momento y bajo cualquier religión, liberarse de la materia de la Naturaleza y alcanzar su objetivo más elevado, particularmente el “patriarcado celestial”[8]. Engels también insinúa al respecto que la división de trabajo entre hombres y mujeres se basó en el orden natural. Blavatsky revirtió los términos y consideró a la Naturaleza como un proceso cíclico. La única forma de descubrir la verdad era develando Isis, el principio femenino. Ella le escribió a su hermana Vera:

 

Bien Vera, lo creas o no, hay sobre mí algún hechizo. Es difícil que imagines en qué mundo encantado de imágenes y visiones vivo. Estoy escribiendo Isis; no escribiendo, sino copiando y sacando lo que Ella personalmente me muestra.[9]

 

   El modo de su forma de hablar de Isis, para ella el símbolo de la Naturaleza, es siempre femenino, como lo es Espacio, la gran matriz que sostiene y alimenta todo, creando formas que sirven para expresar la consciencia. Ella influenció mujeres como Matilda Joslyn Gage,[10] que tomó a Blavatsky como valor nominal y escribió en su libro Mujeres, Iglesia y Estado (1893) que nunca hubo un tiempo más civilizado o recto, que durante el Matriarcado, la época en que el principio femenino reinaba.[11]

   El debate sobre este tema ha continuado por más de ciento cuarenta años.  El consenso es que nunca existió un Matriarcado como opuesto al Patriarcado, pero a pesar de esto, ese concepto ha sido una de las principales herramientas psicológicas en el proceso de transformación del aspecto femenino de la consciencia.

   Luego Blavatsky explicó qué había detrás de la idea de la Inmaculada Concepción. Ella trató la idea cristiana y la examinó hasta sus orígenes simbólicos antiguos. Lo que encontró fue la Serpiente o el poder del Dragón: 

 

Virgen Persephoneia, no pudiste escaparle al matrimonio

Pero te uniste en la boda del Dragón,

Cuando Zeus enroscado, su semblante cambió

La novia del Dragón trazó círculos en pliegues inspiradores de amor,

Prosiguió al santuario de la Virgen oscura

Agitando su rústica barba… Por las nupcias Etéreas del Dragón

La matriz de Persephone fue agitada por un joven fructífero

Produciendo a Zagreus, el Niño con cuernos.

 

   Aquí está el secreto de la adoración de Orphite, y el origen del relato cristiano, revisado con posterioridad, de la Inmaculada Concepción.[12]

   Sus alegorías poéticas, junto con sus comentarios en The Theosophist[13] inspiró a muchas autoras como Charlotte Perkins Gilman, que tomó tanto la idea del Matriarcado como la de la Inmaculada Concepción, y las combinó a ambas en su libro Herland, publicado primero como una serie en 1915 en The Forerunner, y finalmente en un libro en 1979.  Es la historia del mundo de una mujer solitaria, visitada por dos hombres.

   Una de las contribuciones más importantes a la iconografía teosófica fue el debate de Blavatsky de la forma espiralada y su asociación con la creación del Mundo. Isis sin Velo introduce tales conceptos como el Huevo Espiritual, que los vientos impregnan, la idea Divina “incubándose sobre el Caos” y la Luz Astral.  Ella expresó:

 

Esta “forma espiralada” es una figura que expresa el movimiento vibratorio de la Luz Astral, con el que los antiguos sacerdotes estaban perfectamente familiarizados, aunque podrían haber discrepado con los científicos modernos en sus puntos de vista del éter, porque en el Éter ellos ubicaron la Idea Eterna impregnando el Universo, o la Voluntad que se vuelve una Fuerza, y crea u organiza la materia.[14]

 

   Cuando se examinan los conceptos en los dos volúmenes de Isis sin Velo, llegamos a asociar la forma espiralada con el movimiento fundamentalmente femenino, particularmente después que Blavatsky equipara la Luz Astral con el concepto cristiano del Espíritu Santo y afirma que es femenino.[15] Después de esto, la forma espiralada se volvió uno de los conceptos centrales de la emancipación femenina, y durante las dos décadas de debate feminista entre 1970 y 1990 fue llevado a un extremo por autores tales como Mary Daly.[16] El concepto también se ha observado como una imagen particularmente feminista en la literatura de mujeres, siendo la novela de Monique Witting, Les Guerilles (1969) un excelente ejemplo moderno de este estilo de escritura. Los capítulos de su libro están escritos en forma continua circular, uno le sigue al otro, repitiendo los mismos conceptos básicos una y otra vez, e introduciendo otros nuevos a intervalos, profundizando el debate de lo general a lo particular.[17]

   El concepto del tiempo como no necesariamente dependiente de la tradición cristiana, también fue tratado por Blavatsky. Con esto convalidó la Sabiduría Antigua como un importante proceso continuo. Ella expresó:

 

Porque, aunque según opina la mayoría de nuestros contemporáneos, hubo sólo un día de aprendizaje, en cuya penumbra permanecieron los filósofos más antiguos, y cuya luminosidad de mediodía es toda nuestra, y aunque el testimonio de veintenas de pensadores antiguos y medievales probaron no ser de valor para los experimentadores modernos, como si el mundo datara del año 1 AC, y todo el conocimiento fuera de desarrollo reciente, no perderemos la esperanza o la osadía.[18]

 

  Las investigadoras usaron la misma validación para señalar que el proceso de determinar la edad del tiempo en que se basa el Cristianismo como antes y después de AD 1, es un concepto conveniente que en realidad es una ilusión.[19]

   En Octubre de 1879 se publicó la primera tirada de The Theosophist,  y en éste hay un curioso relato titulado A World without a Woman (Un mundo sin mujeres), sobre un valle apartado donde un rey pone un grupo de muchachos a vivir sin la influencia de mujeres. La historia es parecida a la novela de William Golding The Lord of the Flies (El Señor de las Moscas), pero termina con uno de los muchachos que escapa, y cuando regresa explica sobre las mujeres lo siguiente:

 

“¿Y no tiene la mujer los defectos del hombre?, ¿sólo ella es perfecta?”

 

“¿Cómo puede ser perfecta” -contestó Saron- “dado que sólo es un hombre femenino?”

 

“Pero ¿es ella superior a él?”

 

“No, ni superior, ni inferior, sino diferente. Sus defectos no son los de él, ni tampoco sus cualidades. Ella no puede contar con su coraje, ni él con su ternura. Ella no tiene su poder de aplicación diligente, y él carece de su rápida intuición. Él se apoya en el lado material de la vida, ella tiene un sentimiento más profundo de su poesía y aspiraciones. Ella se apoya en su fuerte brazo y poderosa voluntad, y él se dirige a ella como a la tranquila luz que ilumina su corazón y su hogar. La rivalidad entre los sexos es peor que inútil, porque sus intereses son idénticos, y la naturaleza los diseñó para formar las dos mitades de un todo armónico”.[20]

 

   Esto muestra que Blavatsky como editora no era exclusiva sino que era conciente del escenario en el que actuaba.

   En 1881, el concepto de “Fraternidad” se agregó a la plataforma de la Sociedad Teosófica, al enunciar el Primer Objetivo: “Formar un núcleo de la Fraternidad de la Humanidad”. Alrededor de 1886 este concepto se amplió, especificando “sin distinción de raza, credo y color”. En 1888, todo el Primer Objetivo se enunció como está actualmente: “Formar un núcleo de la Fraternidad Universal de la Humanidad, sin distinción de raza, credo, sexo, casta o color”.

   Alrededor de 1889 Blavatsky usó los conceptos “Brotherhood” (hermandad entre varones), y “Sisterhood” (hermandad entre mujeres), como sinónimos.  En La Clave de la Teosofía, escribió:

 

En la sociedad, como en todas las ramas de la verdadera ciencia, la ley de causación universal se sustenta bien. Pero esta causación necesariamente implica, como su consecuencia lógica, esa solidaridad humana en la que tan fuertemente insiste la Teosofía. Si la acción de alguien reacciona sobre las vidas de los demás, y esto es una idea científica verdadera, entonces es sólo si todos los hombres se vuelven hermanos, y todas las mujeres hermanas, y si todos practican en sus vidas diarias la verdadera fraternidad, que la real solidaridad humana, que yace en la raíz de la elevación de la raza, puede alguna vez lograrse. Es esta acción e interacción, esta verdadera fraternidad, en la que cada uno vivirá para todos, y todos para cada uno, que es uno de los principios teosóficos fundamentales, que todo Teósofo debería sentirse obligado, no sólo a enseñar, sino a practicar en su vida individual.[21]

 

   Finalmente, en 1890 Helena Blavatsky formó el grupo interno de la Sección Esotérica de la Sociedad Teosófica que ella había fundado antes eligiendo como discípulos a seis mujeres y seis hombres, entre sus colaboradores más confiables.[22] Reflejado en unos pocos miles de años de historia de discipulado segregacionista, o simplemente dominio masculino en el discipulado espiritual, este sencillo acto se vuelve el más poderoso en la serie de acciones llevadas a cabo por ella, a fin de producir un cambio en la consciencia de la humanidad.

   Si observamos la idea de que sus escritos serían debatidos seriamente sólo durante los siglos siguientes, podemos ver claramente que hay mucho más para considerar que puede verse en la superficie. Incluso si investigamos la bibliografía citada por los primeros miembros del movimiento de mujeres, encontramos que la mayoría, desde Mathilda Joslyn Gage a Virginia Woolf, [23] reconocieron a Isis sin Velo en sus bibliografías. Previamente, muchas activas feministas como Annie Besant y Clara M. Codd, se volvieron famosas teósofas.  Los hombres a su vez, reaccionaron quejándose. Argumentaron que Blavatsky no tenía estructura racional para sus argumentos, dijeron que era caótica, examinaron sus credenciales. Después de la publicación de Isis sin Velo, Olcott mismo le escribió a la tía de Blavatsky, Nadya, preguntándole sobre su educación. Los críticos dijeron que ella cometió muchos errores, y finalmente la acusaron de ser una “sacerdotisa de Isis”.[24] Helena Blavatsky, por supuesto, admitió los errores y los corrigió, pero también dijo que todo lo que podía ser develado estaba en Isis sin Velo, que debería ser velado, pero que estaba allí.

   Si miramos a la Sociedad Teosófica, comparada con algunas entidades contemporáneas, religiosas o filosóficas, encontramos que las mujeres y los hombres operan más libremente en diferentes posiciones en la escala estructural. No se espera que sólo los hombres mantengan los cargos de liderazgo en la Sociedad, y existe un historial para demostrarlo. Podríamos preguntar: ¿se debe esto a que Helena Blavatsky estableció el escenario para la realización de un nuevo método de trabajo para el sendero espiritual y se volvió un ejemplo de cómo podría hacerse? Este artículo sugiere que ella lo hizo así basándose en que de igual modo, hombres y mujeres podrían hacer los cambios que transformarían la humanidad. A principios del siglo veintiuno, es vitalmente necesario e importante reconocer el rol de Helena Petrovna Blavatsky como catalizadora de la transformación de la conciencia femenina junto con la transformación de la conciencia masculina, y como mujer que cambió al mundo.

   En el contexto teosófico se nos enseña una verdad simple: “el Universo trabaja por analogía”. Por lo tanto es importante para la mente inquiridora reconocer el simple cliché siguiente: “en la consciencia superior no existe el género”, y verlo como es: un cliché. Con respecto a Helena Blavatsky, confiando que a sus escritos se les concederá seria consideración, por lo menos en los siglos venideros, nos atreveríamos a tomar un desafío tal como, por ejemplo, la interpretación de sus comentarios sobre el significado más profundo de la expresión “el Ocultista Eminente”.[25] Esto fue escrito como pie de página en la obra de Eliphas Levi, Paradoxes of the Highest Science:

 

… La mujer no debe ser considerada sólo como un derecho del hombre, ya que no fue hecha para su beneficio o placer solamente, no más que lo fue él para ella, pero ambos deben reconocerse como poderes iguales aunque diferentes individualidades.

 

La misión de la mujer es volverse la madre de futuros ocultistas, de aquellos que nacerán sin pecado.  La redención y salvación del mundo se apoya sobre la elevación de la mujer. Y no será hasta que la mujer rompa las cadenas de su esclavitud sexual, a la que siempre ha sido sometida, que el mundo obtendrá un pálpito de lo que ella es realmente, y de su lugar adecuado en la economía de la naturaleza.[26]

 

   Producir la transformación de la conciencia de toda la humanidad es el objetivo de la Teosofía. Intentos serios deberían hacerse para equilibrar la balanza entre la transformación de los aspectos masculino y femenino de la conciencia, y el enfoque sería holístico en vez de estar basado en el género.  Ha llegado el momento de asumir el desafío, y encontrar más respuestas que “no están comprometidas con algo parcial o exclusivo” (N. Sri Ram) a fin de ser conscientes de esta transformación.

 

 

Notas


 

[1] N. Sri Ram, Pensamientos para Aspirantes, Quest Books, 1984, p. 116.

[2] Las referencias a las mujeres en la familia de Blavatsky se pueden encontrar en The Dictionary of Russian Women Writers (1994) (Diccionario de Escritoras Rusas).

[3] Es una tendencia muy común actualmente en la investigación de feministas modernas, develar todas aquellas mujeres de siglos pasados que tuvieron que vestirse como hombres a fin de lograr sus objetivos.  Muchas de estas mujeres sólo fueron descubiertas al morir, o dando a luz en situaciones públicas.

[4] KH eran las iniciales de un Brahman Kashmiri, Mahatma Koot Hoomi, uno de los maestros de Helena Blavatsky, y Fundador de la Sociedad Teosófica.

[5] A. P. Sinnett, Mundo Oculto, TPH, 1984.

[6] H. P. Blavatsky, Isis sin Velo, TPH, 1972, I.39.

[7] Ibid., I.27.

[8] Georgoudi Stella, ´Creando un Mito de Matriarcado´, edicitores Duby y Perrot. Ed. Schmitt Panel. A History of Women: From Ancient Goddesses to Christian Saints, (Una Historia de Mujeres: desde las antiguas diosas hasta las Santas Cristianas), The Belknap Press of Harvard University Press, p. 455

[9] H. P. Blavatsky, Isis sin Velo, introducción, I.21

[10] Según Sylvia Cranston (The Extraordinary Life of Helena Blavatsky, Founder of the Modern Theosophical Movement, - La Extraordinaria Vida de Helena Blavatsky, Fundadora del Movimiento Teosófico Moderno, p. 482), Matilda Joslyn Gage se hizo miembro de la S.T. en Marzo de 1885.  Fue presidenta de la Asociación Sufragista Nacional de Mujeres. Además de su libro Women, Church and State (Mujeres, Iglesia y Estado), 1893, colaboró con Elisabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony a escribir The History of Women Suffrage. De su parte, influyó a su yerno, I. Frank Baum, autor de El Mago de Oz, en su sendero teosófico.

[11] Matilda Joslyn Gage, Women, Church and State, Pantheon Books, p. 9.

[12] Blavatsky, Isis sin Velo, II.505

[13] En The Theosophist de Agosto 1884, Helena Blavatsky comentó sobre la Inmaculada Concepción bajo el título ´The Future Occultist´ (El Futuro Ocultista).

[14] Blavatsky, Isis sin Velo, I.56-7.

[15] Primera asociación ibid, I.130 y andrógina en II.229 pie de página.

[16] El debate de Mary Daly comenzó con su libro Gyn/Ecology y contginuó con Pure Lust (Pura Lujuria). Ejemplos más modernos son las lingüistas francesas.

[17] Morya, el Maestro de Blavatsky, enfatiza en Las Cartas de los Maestros a A. P. Sinnett, p. 118, el concepto de “´método sintético” argumentando de lo general a lo particular como método válido para la introducción de la doctrina teosófica. Se puede inferir que el modo de escribir Isis sin Velo de Blavatsky puede ser una interpretación femenina de ese modo.

[18] Blavatsky, Isis sin Velo, I. 38.

[19] En su libro, When God was a Woman (Cuando Dios era mujer), Merlin Stone tomó el debate de la validez del tiempo nuevamente del mismo modo que Blavatsky lo había hecho antes.

[20] J. Bates, ´A World Without a Woman´, en The Theosophist, octubre 1879.

[21] Blavatsky,  La Clave de la Teosofía, p. 234.

[22] H. P. Blavatskyn opetukset sisâiselle ryhmâlle, p. 14.

[23] Virginia Woolf fue miembro de un grupo de estudio teosófico y escribió un libro con influencia teosófica, llamado Orlando, en el que el tema es la reencarnación.

[24] Juusola-Halonen, An Introduction to Helena Petrovna Blavatsky: A Preliminary Study on Her Ideas of Nature, Umea Universitet, 1984, p. 14.

[25] Este ´Ocultista Eminente´ se dice que es KH.

[26] Blavatsky, Collected Writings, TPH, VI, 259

 

 

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